Belisario Betancur
Cada quien tiene, a manera de canción u oración o guía filosófica, una escena, una página, un consejo, un refrán, una frase del Quijote. Cada quien posee su Quijote personal. Estamos ante un «manual de vida». Y hay quienes han deseado sabérselo de memoria. Para quien les habla, la apoteosis del ingenioso hidalgo se produce con su regreso a la verdad verdadera del abandono de sus imaginaciones. Empieza aquel trance cuando su sobrina le pregunta:
—¿Qué es lo que vuestra merced dice, señor? ¿Tenemos algo de nuevo? ¿Qué misericordias son estas, o qué pecados de los hombres?
—Las misericordias, sobrina —respondió don Quijote—, son las que en este momento ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa leyendo otros que sean luz del alma [...].
Vale la pena terminar nuestro itinerario con este lamento, digno del más puro de los músicos y poetas que en el mundo hayan sido:
¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire, no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron, cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana [...].