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El español en el mundo > Anuario 2005 > B. Betancur. El territorio de lo inmemorial
El español en el mundo

El Quijote, manual de vida

Belisario Betancur

2. El territorio de lo inmemorial

¿Por qué llegó y cómo llegó Cervantes a su obra genial? «¿Cómo es posible que Cervantes —se preguntaba Ernesto Sábato en el X Coloquio Cervantino de Guanajuato—, habiéndose propuesto una regocijante parodia, haya finalmente escrito la gran parábola de la condición humana?» Sábato se responde: «Porque cuanto más se ahonda en el propio corazón, más ahondamos en el corazón de todos los seres humanos».

Estas preguntas conducen a otro aspecto de la supervivencia floreciente de ciertos títulos literarios o filosóficos, en los cuales su gran interés hace surgir estudiosos que arraigan una obra en el tiempo, y la llevan al territorio de lo inmemorial. Sea cual fuere su origen, es lo que ha ocurrido con los libros sagrados de las distintas culturas. Sucedió así con los trágicos y cómicos griegos; y, cerrando el gran arco milenario, sucedió con Shakespeare y con Cervantes. Un capcioso preguntaría:¿acaso no bebieron nuestros genios en aquellas fuentes? ¿Y eso qué?, podemos responder. Aunque en ámbitos bien distintos, ello equivaldría a demeritar, por ejemplo, la traducción —por su musicalidad casi superior al original en francés— que don Pedro Salinas hiciera de En busca del tiempo perdido, la novela-río de Marcel Proust.

El trabajo incansable de aquellos analistas brinda nuevas ventajas al lector de otras épocas, porque le enriquece escenarios y personajes, y porque le hace ver la interacción de la literatura y el mundo de losdías y los años. Pienso en la ambientación mental que producen las noticias anteriores de Martín de Riquer sobre el bandolerismo del siglo xvi en Cataluña; y sus comentarios de la presente edición; pienso en el problema de los moriscos en la misma época, a propósito de los nombres de Roque Guinart y Ricote; y pienso en las especulaciones acerca del tiempo en que se escribió el Quijote; todo ello para entender qué buscaba Cervantes al soltar por los caminos a un alucinado que, a poco andar, ya no lo era tanto, pues por lo menos sus sentidos no lo engañaban, pretendía describir sin exagerar y moralizar sin regañar.

Desaliñado el lenguaje, sí porque era el habla popular: pero siempre dialogante, siempre conviviente, siempre libertario y combatiendo siempre por ideales impregnados de nobleza, de altruismo, de bondad. Así eran Cervantes y don Quijote, en más de una ocasión confundidos en un solo ser. Un carácter que sintetiza la condición humana en todas sus contradicciones, según ha escrito el cervantista cubano Lisandro Otero.

Y pienso, en fin, en que el tema de la risa, referido a la literatura, desde el Siglo de Oro empezó a desplazarla en importancia. Montaigne prefería libros divertidos en el sentido que él mismo tomaba sus ensayos: algo denso y serio pero agradable de leer. La risa era un recurso festivo de primera mano, la cultura cómica de la Edad Media pertenecía al pueblo, al que hablaban don Quijote y Sancho. La misma Iglesia celebraba misas al burro, en las cuales el sacerdote rebuznaba tres veces a modo de bendición, y en la Pascua el cura hacía bromas para hacer reír a los feligreses. Así Cervantes en todas las salidas de don Quijote.

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