Manuel Ariza
En las páginas precedentes hemos realizado algunas reflexiones sobre la fonética y el léxico del judeoespañol. Ha sido inevitable hacer alguna referencia al problema de las grafías, tan enconado y, por otra parte, tan inútil. Desde un punto de vista filológico lo que debemos hacer es seguir con las investigaciones serias, con la edición fiable de los textos inéditos, tanto literarios como los demás, crear un banco de la palabra —si no existe— para que queden para siempre las voces de los que todavía hablan judeoespañol.
En otro orden de cosas, sería deseable la creación de una Academia de la lengua sefardí que se pusiese en contacto con la Asociación de Academias, y, al mismo tiempo, la continuación de la colaboración con el Instituto Cervantes, que tan buenos frutos da y puede dar en el futuro.