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El español en el mundo > Anuario 2005 > M. Ariza. Léxico
El español en el mundo

Algunas notas de fonética y de léxico del judeoespañol

Manuel Ariza

3. Léxico

El léxico judeoespañol no está en el Diccionario de la Real Academia Española. No hay ninguna abreviatura que nos indique «judeoespañol» o «ladino» o cualquier otra denominación. Es una grave carencia, pues si he criticado que el judeoespañol ignore a la Real Academia, la misma crítica hay que hacer a este organismo. Ignoro el porqué de esta situación. Urge corregir esta ausencia, urge que haya un organismo que pueda hablar en régimen de igualdad con las demás Academias hispánicas. Claro es que eso va a depender de la voluntad de integrarse de la comunidad judeoespañola en el mundo hispánico. Y en ello —perdonen la insistencia— va a influir poderosamente el tema de las grafías. Dudo que la Asociación de Academias admita grafías como yave, shavón o caza, porque —repito— la ortografía unitaria del mundo hispánico es ajena a la realización de cada fonema. Y no creo que haga excepciones.

No voy a insistir en las características del léxico judeoespañol, tan conocidas, por lo que solo me voy a detener en el comentario de algunas palabras a mi modo de ver interesantes y que pueden ser muestra de lo que todavía queda por hacer.

Para mi estudio me voy a detener en el examen de dos vocabularios: el de Recuero y el de Nehama. Ya sé que dejo fuera otros muchos, pero no pretendo hacer un estudio exhaustivo, sino solo presentar algunos problemas o aspectos.

Siendo como es un idioma sin apenas tradición escrita, no es de extrañar que aparezcan formas que siguen vivas en el español hablado y/o vulgar, como probe, haiga, muncho, ande17 o ansí y ansina, y que no son raras en el antiguo español. Hoy aparecen únicamente en textos dialectales, es decir: no solo en textos leoneses o aragoneses, sino en textos murcianos, extremeños, andaluces, etc. Quiere esto decir en primer lugar que son voces que pertenecen al español hablado en amplísimas zonas de España y que —como dice Mantcheva de ansí— no pueden ser consideradas como ejemplos de arcaísmos —concepto en sí problemático—, por más que el español «normativo» no las admita. En segundo lugar, que es lógico que aparezcan en los textos judeoespañoles que presentan la característica de ser reflejo de un habla, por decirlo de alguna forma.

Uno de los aciertos del diccionario de Nehama es que ofrece las etimologías de las palabras. Bien es cierto que algunas no son correctas, pero en general se puede decir que acierta. Y ello es muy interesante porque podemos observar los numerosísimos turquismos y hebraísmos. Interesantes son también los galicismos e italianismos. Me voy a detener brevemente en algunos de ellos. Jamón es un galicismo del español, ya atestiguado en el siglo xiv; sin embargo, como bien dicen Corominas-Pascual, «que no era vocablo general a fines del siglo xv se ve por la j española con que lo pronuncian los judíos de Marruecos». Aunque no estoy de acuerdo con lo último, lo que sí es claro es que la forma žambón de Nehama es claramente un galicismo relativamente reciente, aunque él no lo señale como tal. Tampoco señala como italianismo akwistar (comprar), ni tampoco aktrice, que alterna en Salónica con la patrimonial aktriz, sin que se nos diga si hay o no alguna diferencia de significado o uso entre ambas. Otra alternancia similar es la de antikitá y antigwedad. No creo que sea un italianismo anĉuya (anchoa).

Según Nehama agora es de origen portugués. No necesariamente. Como es sabido era la forma general castellana en la Edad Media e incluso en el siglo xvi y en el habla perdura en nuestros días en amplias zonas. Tampoco es portuguesismo tútano, que es forma tradicional y que hoy todavía pervive en algunas zonas.

También en Recuero hay algunas referencias equivocadas, así adufle no es de origen catalán, sino que se trata de uno de esos arcaísmos18castellanos del judeoespañol. Ensuto no es gallego pues existió y existe todavía en el español. Maxina no puede ser italiana, por la palatal, sino francesa. Más problemática es meze (mies), considerada como italianismo supongo que por la falta de diptongación, que tampoco es un factor determinante; lo extraño es la sonora, pues tanto en italiano como en español era sorda. Preciosa es la deformación por etimología popular del galicismo leontine < legwentina.

Nada dicen los diccionarios hispánicos sobre la pervivencia real de la voz azogue, pero es normal que perviva en judeoespañol puesto que el cultismo mercurio no penetra hasta el siglo xvii (no lo recoge Covarrubias y Autoridades dice que así «llaman los Chimicos y Boticarios al azógue», lo que nos habla de su no aceptación general). La forma que recoge Nehama, azogre, debe su r seguramente a un cruce con azufre. Baraž a (disputa, pelea) es voz que el castellano desechó a lo largo del siglo xvi. También es arcaísmo bierme (gusano), que ya no está en Nebrija y que, al parecer, ha desaparecido del judeoespañol actual. Más duró comblesa, que siguió viva en el Siglo de Oro y que parece también haberse dejado de usar en judeoespañol. Arcaísmo es también murta, que llegó al siglo xviii.

Normal es que aparezca la forma lumbral porque era la forma que aparece desde Nebrija a Covarrubias, aunque ya en el siglo xviii predomina la forma actual. Es interesante la nota de Nehama: «Ahora se dice portal».

Se acepta generalmente que la voz marchito es de origen mozárabe, por ello es interesante la forma que recoge Recuero marchido, pues nos muestra una forma con sonora desconocida, a no ser que se trate de una forma analógica.

La voz sieso tiene dos acepciones, una la supuestamente general de «culo», y otra la de «persona despreciable». Esta segunda acepción es la que ahora me interesa porque es claramente un andalucismo. La pregunta que se nos plantea es, pues, ¿la acepción del judeoespañol ha nacido paralela e independiente de la andaluza o es indicio de su antigüedad?

De la voz albear (blanquear) el Diccionario histórico no recoge ejemplos hasta el siglo xviii. Y la acepción de «amanecer» hasta el siglo xx. De nuevo el testimonio del judeoespañol nos habla de la existencia de una voz y unas acepciones muy antiguas y no testimoniadas.19 Mayor es la importancia de sunrra (órgano viril), de la que no tenemos testimonios históricos, por lo que solo el judeoespañol nos habla de su existencia desde la Edad Media.

La etimología del español jaramugo o samarugo (pececito) es discutida y esta voz castellana es la que Nehama pone en relación con jarambusa (bagatela); si es así, sería muy interesante desde un punto de vista cronológico, porque la primera documentación castellana es del siglo xviii.

Desde un punto de vista semántico es interesante adefla (hiel, bilis). Esta forma judeoespañola, que es la etimológica y que dejó de usarse en español al parecer a mediados del siglo xv, ha adquirido un significado desconocido en el dominio hispánico. Como es sabido es planta venenosa, de sabor amargo, y seguramente por un uso metafórico ha adquirido el significado actual.

También es arcaísmo escosa en sus dos acepciones, que solo ha pervivido en el asturiano —ya no está en Nebrija—. Esta voz además es interesante desde un punto de vista etimológico. Nehama y Recuero la dan con /s/ sorda, y precisamente esta realización es la que hace que Corominas considere que la etimología es el latín excursa (escurrida); sin embargo S. Marcus la escribe con /z/ copiada de la traducción del Pentateuco de Constantinopla, lo que indica un sonido sonoro, si no estoy equivocado, lo que favorecería la etimología absconsa (escondida), no obstante, en mi opinión habría que seguir considerando la primera, habida cuenta de que es difícil creer en un ensordecimiento.

Finalmente sorprende la voz yoven pues no parece haber sido popular en la Edad Media, de hecho fue considerada voz culterana y hoy sigue sin ser voz popular en ámbitos rurales.

  • (17) Nehama dice que se dice más bien onde. volver
  • (18) Aunque en el Diccionario histórico los testimonios llegan al siglo xx. volver
  • (19) El fascículo del Diccionario histórico es del año 1974 y el diccionario de Nehama es de 1977, por lo que no pudo emplearse en la redacción del artículo. volver
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