María Mercedes Vázquez Vázquez
Se podría afirmar, por consiguiente, que al enseñar español en Hong Kong se parte de cero, en general. ¿Qué implicaciones tiene esto para la enseñanza? Como he señalado arriba, el hecho de que los estudiantes no dispongan de conocimientos previos de castellano no significa que los estudiantes de Hong Kong no estén acostumbrados a aprender lenguas ni tengan miras de apertura hacia lo hispanohablante.
La lengua materna de la mayoría de los estudiantes de español en Hong Kong es el cantonés. Ellos lo llaman generalmente dialecto chino, en lugar de lengua, aunque el mandarín y el cantonés son tan diferentes como el castellano y el francés, por ejemplo, si bien no cabe entrar en este artículo en estas interesantes cuestiones sociolingüísticas. Como está comúnmente admitido que el cantonés no tiene forma escrita, ya que utiliza la del mandarín, los hongkoneses parecen tener siempre en mente la necesidad de abrirse a otras lenguas quizá consideradas más aptas para la transmisión de «alta» cultura. Por supuesto también hay que tener en cuenta la historia de Hong Kong, y la crisis de identidad que conlleva la pertenencia a un régimen colonial. Tras retornar oficialmente a China en 1997, la discusión sobre la lengua de instrucción en Hong Kong (mandarín, cantonés o inglés) se ha convertido en una «cuestión palpitante». Quizá debido a todos estos factores, en Hong Kong es común encontrar a gente que hable bien tres o más lenguas. Es raro que la gente con un nivel de educación medio no hable, al menos, inglés. Y, a pesar de las continuas críticas al nivel de inglés de la población, el nivel general es, sin duda, infinitamente mejor que el de la población española.
La enseñanza de castellano se ve, pues, influida por la enseñanza de inglés. Aunque se da el caso de estudiantes que prefieren a profesores de lengua materna cantonesa que desarrollan la mayor parte de la clase de lengua extranjera en cantonés, la percepción más común de la sociedad es apreciativa hacia el profesor cuya lengua materna es la lengua extranjera que imparte, y los mejores centros de enseñanza ofrecen este «servicio» normalmente. Ahora bien, cuando un estudiante de Hong Kong se anima a estudiar castellano, normalmente ya ha recorrido un largo camino en enseñanza de su propia lengua y lenguas extranjeras y este camino ha condicionado en gran medida su idea sobre una «buena» clase de lengua extranjera. En este punto hay que distinguir entre estudiantes sometidos a métodos receptivos, como si de clases magistrales se tratase, y estudiantes que han recibido instrucción con métodos comunicativos. Los estudiantes que proceden de métodos de enseñanza tradicional, mayoritarios en escuelas públicas de Hong Kong o procedentes de la RPC, encuentran difícil, si bien interesante, la adaptación a métodos comunicativos, aunque necesitan detalladas explicaciones gramaticales, a veces en detrimento de la potenciación del desarrollo de las destrezas oral y auditiva. Por el contrario, los alumnos que han estudiado en buenos colegios internacionales suelen estar acostumbrados a métodos de enseñanza/ aprendizaje más comunicativos.
Cualquiera que sea la procedencia del estudiante y su experiencia discente anterior, en general se puede observar una reticencia considerable a la participación individual en clase, mucho más acentuada que la de estudiantes de otras nacionalidades occidentales, pero según mi experiencia, esta resistencia es sólo parcial y aparente hasta cierto punto. Si se ofrecen las condiciones favorables y se conduce a un grupo de estudiantes chinos de manera que se tenga en cuenta su bagaje cultural y educativo, la participación se puede favorecer en gran medida.
En suma, el profesor de castellano que imparta clases a chinos debería tener en cuenta su posible aprecio por la enseñanza de los aspectos formales de la lengua y su experiencia educativa previa, de manera que el curso se adecue a las expectativas del alumnado y se favorezca la participación en clase.