María Mercedes Vázquez Vázquez
Los comienzos de la enseñanza de español en Hong Kong se remontan a principios de los años setenta por parte de la llamada Sociedad Hispánica. La primera razón de ser de esta asociación era ofrecer a los hispanohablantes, especialmente iberoamericanos y filipinos residentes en Hong Kong, entre los que se encontraban miembros de origen chino, un marco para mantener relaciones sociales. A partir de aquí surgieron los primeros cursos de español, impartidos en un principio por religiosos o ex religiosos. En los primeros años, aproximadamente dos terceras partes del alumnado eran británicos del Gobierno colonial hongkonés que tenían normalmente propiedades en España y el resto era chino.
En un principio, los enseñantes eran mayoritariamente religiosos, pero la situación ha ido cambiando con el tiempo. Hace unos treinta años, al seminario del centro de frailes dominicos de Hong Kong acudían, además de hongkoneses, frailes de Vietnam, de la China continental, de Formosa, Japón y Filipinas. Todos ellos tenían que combinar sus estudios de Filosofía y Teología con el español. Sería fácil pensar que este requisito no tuvo repercusión en la vida civil, pero el hecho de que un decano de la City University de Hong Kong haya pertenecido a este grupo de frailes y sea hablante de español ha motivado precisamente la creación reciente de una sección de enseñanza de castellano y el apoyo a actividades relacionadas con la lengua y la cultura hispanas por parte de esta institución pública.
Casi al mismo tiempo que la Sociedad Hispánica de Hong Kong se atrevía tímidamente con sus cursos de castellano, alrededor del año 1975 o 1976, la sección de enseñanza para adultos de la Universidad de Hong Kong, entonces denominada Extramural y actualmente SPACE, empezó a ofrecer cursos nocturnos para adultos. Los primeros docentes eran también religiosos. Hay que tener en cuenta que por aquel entonces había en el Hong Kong colonial únicamente unas cuarenta o cincuenta personas con pasaporte español, de las cuales sólo veinte eran españoles de nacimiento y los demás habrían obtenido el pasaporte español por derechos de descendencia. De aquellos veinte, la mayoría eran frailes y monjas, mientras que el número de españoles residentes en Hong Kong por razones de negocios era mínimo.
Aparte de la incursión del español en Hong Kong a partir del ámbito religioso, dos hechos curiosos hicieron notar también la débil presencia del castellano en Hong Kong: el exilio masivo de chinos procedentes de México tras la Revolución mexicana y una cierta presencia oficial en los institutos de secundaria públicos. En los años sesenta y hasta el año 1974 el Gobierno de Hong Kong ofrecía la posibilidad de hacer un examen de español oficial al finalizar los estudios de secundaria, ya que el español era una de las terceras lenguas optativas en la secundaria, junto con el alemán y el francés. No obstante, esto no parece haber repercutido realmente en una mayor presencia del castellano en Hong Kong a largo plazo.
Conviene notar que ninguno de los cursos mencionados hasta el momento tenía un carácter propiamente académico. No será hasta el año 1993 que el castellano formará parte realmente de la enseñanza reglada. Ese año, la Asociación de Empresarios Españoles de esta ciudad propuso a la Universidad de Hong Kong, la más antigua de esta región y una de las más prestigiosas del mundo, apoyar la creación de cursos de español en el ámbito universitario. La buena acogida de esta propuesta inicial se sumó al casi inmediato apoyo del entonces Ministerio de Educación y, un poco más tarde, de la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional), institución esta última que continúa promocionando la enseñanza del castellano en esta parte del mundo, como puedo atestiguar personalmente por haber servido como lectora durante mis tres primeros años de estancia aquí.
A juzgar por estos datos, se podría afirmar que la traducción e interpretación no ha desempeñado en absoluto un papel importante en el surgimiento de los estudios de castellano en Hong Kong, en contraste con sus orígenes en la República Popular China. El origen en China parece ser muy puntual, por necesidad de traductores, según indica la profesora Chen Chu Lan (Qiu, 2003). De hecho, los inicios del interés por el castellano motivado por la necesidad de traducciones parece ser un motivo bastante común, a juzgar por la relevancia del papel desempeñado por la traducción en la República Checa también (Mistinova, 2003). Por el contrario, en Hong Kong los orígenes parecen estar más supeditados a las necesidades de la propia comunidad hispanohablante, en un principio y, más adelante, a la popularidad general de los estudios de lenguas europeas en la región, la influencia de la importancia del castellano en los Estados Unidos y el desempeño de trabajo con empresas hispanohablantes.