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El español en el mundo

Cervantes y el Islam. Sin la luz de la fe

Emilio Sola

6. V

La expresión del punto de vista del esclavo cristiano en la frontera, con este marco global, ya no será un discurso de burda propaganda, a pesar de las oraciones a Cristo y a la Virgen María, a la de Montserrat incluida, y hasta el milagro de un león que guía a Orán a un cautivo huido (T. IV, 1.991 y ss.), sino un discurso/narración con rasgos propagandísticos muy matizados. La única alusión injuriosa a la «ley de Mahoma» está en boca del cautivo cristiano Aurelio, y parece hacer alusión, más que a asuntos de creencias religiosas, a su tolerancia con esa nueva empresa económica moderna que forzaba las viejas leyes de la Edad de Oro, la ley de la naturaleza, del amor y de la libertad.

¡Oh secta fementida de Mahoma,
ancha casaca poco escrupulosa,
con qué facilidad los simples domas! (T. III, 1.886-1.888)

Esta alusión explícita al islam —pudiera decirse— se sitúa en otro marco más amplio, a su vez, el de los motivos del «renegado», del que deja su ley cristiana para hacerse muladí, musulmán nuevo o «turco de profesión». El niño cautivo Juan que se convierte en Solimán —«¿Hay más gusto que ser moro?» (T. III, 1.842)— para «mejorar» en esta vida, por pura inconsciencia según su hermano Francisco: «Estos vestidos le han muerto: / que él ¿qué sabe qué es Mahoma?» (T. III, 1.821-1.822), o el apicarado cautivo Pedro, que realiza todo tipo de acciones mañosas con tal de «mejorar», que pretende un cambio de ley fingido pues «ni niego a Cristo ni en Mahoma creo» (T. IV, 2.150), y que lo único que pretende lo sintetiza el cautivo Sayavedra en un endecasílabo perfecto y memorable: «alcanzar libertad en esta vida» (T. IV, 2.250).

Un remate final paradójico cierra este espléndido «aviso» dramático de Cervantes. La libertad de Aurelio y de su amada Silvia la concederá el propio rey de Argel, Azán —su modelo real Hasán Veneciano, para Cervantes arquetipo de la crueldad—, fiado de la palabra del cautivo español de que le pagará una vez vuelto a su patria: «Y así, sobre vuestra fe, / os partiréis luego a España» (T. IV, 2.426-2.427). El propio rey Azán, bárbaro por cruel e interesado a la vez que respetuoso de la palabra/fe ajena, resumirá ese marco general generado por las leyes enfrentadas, la nueva frontera: «De pérdida y de ganancia es este juego» (T. IV, 2.382).

En El trato de Argel hay mucho verismo y alusiones expresas a sucesos verídicos del momento, así como a personajes reales —los nobles rescatados Antonio de Toledo y Francisco de Valencia, los redentores Juan Gil y Jorge de Olivar como los más documentados (T. IV)—, lo que convierte al texto teatral, a la vez que en una premeditada y refinada pieza propagandista en favor de los esclavos hispanos en Berbería, en un discurso/aviso de lo que está sucediendo en la frontera mediterránea: el ascenso de la nueva ley de la «pérdida» y la «ganancia», el verdadero «juego», el «trato» que da título a la pieza teatral.

Los baños de Argel puede considerarse como una nueva exposición sobre el mismo asunto de El trato de Argel. Desde la escena primera, con la definición que el «renegado» bueno Hazen hace del «renegado» malo Yusuf —que acaba de traer cautivos a Argel a los de su pueblo de origen y muchos de esos cautivos son familiares suyos incluso—, Cervantes da un paso adelante en la expresión de su «intención»/ «opinión» sobre el problema de las leyes enfrentadas en la frontera:

Dejo aparte que no tengas
ley con quien tu alma avengas,
ni de la gracia ni escrita,
ni en iglesia ni en mezquita
a encomendarte a Dios vengas.
con todo, de tu fiereza
no pudiera imaginar
cosa de tanta estrañeza
como es venirte a faltar
la ley de naturaleza. (B. I, 777-785)

En aquella «nación confusa» (B. I, 346) que es la ciudad berberisca, la «ley de la naturaleza» puede resolver el problema de la confusión de lealtades, de fes y leyes, y en esta formulación está el Cervantes más moderno, precursor de los iusnaturalistas barrocos sin duda.

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