Michel Moner
La recepción de Don Quijote en Francia no es sino un largo, complejo y continuo proceso, que se inicia casi en las mismas fechas de la salida a la luz de la edición príncipe de la obra maestra (Madrid, Juan de la Cuesta, 1605) y de sus avatares editoriales.1 No obstante, cabe precisar que las primeras huellas de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en las prensas ultramontanas poco o nada tienen que ver con la gran figura del caballero andante: traductores y editores se dedicaron en un principio a dar a conocer algún que otro episodio o relato anejo o intercalado, como, por ejemplo, la historia de Marcela y Grisóstomo, el «cuento» del capitán cautivo, o la «novela» del curioso impertinente.2 En cuanto a la traducción completa del Quijote de 1605, sabido es que son los ingleses los que se adelantaron a los franceses —y al resto del orbe— con la traducción de Thomas Shelton (Londres, Blount & Barret, 1612), si bien la primera traducción al francés, llevada a cabo por César Oudin (París, Jean Fouët, 1614), tampoco tardó mucho en publicarse.3 Lo que sobresale, en cualquier caso, en vista de estos primeros datos, es que la fortuna del Quijote en Francia llegó a tanto éxito como para que se hicieran traducciones parciales e incluso saliera a la luz una versión completa de la primera parte antes de que el propio Cervantes llegara a publicar su segunda parte (Madrid, Juan de la Cuesta, 1615). La traducción francesa de ésta, por François de Rosset, que apenas tardó tres años en salir a la imprenta (París, Veuve Jacques de Clou & Denis Moreau, 1618), no hace sino confirmar el fuerte impacto de la novela en las élites y el lectorado francés, en los mismos años de su publicación, o sea, antes que El Quijote se convirtiera en una obra maestra de la literatura universal, y que sus personajes pasaran a la categoría de mito. Ahora bien, los primeros avatares de la recepción del Quijote en Francia han sido estudiados —y bien estudiados— en varios trabajos dedicados a la posteridad ultramontana de las obras de Cervantes, entre las cuales El Quijote ocupa, como era de esperar, un lugar sumamente privilegiado. Baste con mencionar al respecto el enjundioso estudio de Maurice Bardon (1931), y las magistrales síntesis de Paul Hazard (1931) o de Alexandre Cioranescu (1983), a los que remitimos, para mayor información. En el presente trabajo no se pretende sino presentar, a modo de complemento a estos estudios de fondo, un simple muestrario de las traducciones y adaptaciones francesas del Quijote, entre las que marcaron las postrimerías del siglo xx y los principios de este siglo, acompañado de una breve retrospectiva de los datos más sobresalientes, para cada uno de los apartados. 4 En una palabra, tan sólo nos limitaremos aquí a pasar revista a unos cuantos avatares literarios de la obra maestra de Cervantes, haciendo caso omiso del enorme impacto que tuvo y sigue teniendo en los demás campos de la cultura y de la producción artística.