Andrés Elhazaz Molina y Miguel Marañón Ripoll
El primer planteamiento que se formuló a la hora de poner en marcha el CVC fue buscar una forma tangible de medir el tipo de acceso que se produciría, no en ese momento preciso solamente, sino en el futuro. Parecía obvio que la World Wide Web había tomado una evidente ventaja como servicio central y que había absorbido en buena medida a los restantes. Así pues, se apostó desde el primer momento por crear un centro basado en este servicio.
Los destinatarios de los contenidos del CVC son, por supuesto, todas aquellas personas que están interesadas en cualquiera de los ámbitos en los que se desenvuelve el Instituto Cervantes; por extensión, más allá de las misiones de difusión de la lengua y la cultura, está todo un público interesado con un perfil profesional común, que tiene la lengua española como objeto o instrumento profesional: traductores, periodistas, terminólogos, profesores de español e hispanistas, y también, por supuesto, profesionales de la información como bibliotecarios o documentalistas.2