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Aunque la presencia del
español en los sistemas educativos de los países escandinavos es relativamente
reciente, su desarrollo ininterrumpido y particularmente rápido en los últimos
años lo sitúa ya, en algunos casos y en determinados niveles, por encima de
lenguas mayoritaria o tradicionalmente enseñadas en estos países. En una
primera visión de conjunto —y generalizando una situación que se singularizará
después para los países que nos ocupan—, se puede adelantar que la presencia
del español es excelente en la enseñanza secundaria y de adultos, incipiente
pero con favorables perspectivas de desarrollo en los niveles de enseñanza
obligatorios,2 y saludable y sostenida en la educación superior.
La distancia geográfica y las
reducidas cifras de población de los países nórdicos (véase tabla 1) influyen a
veces negativamente en la visión que se tiene de su interés como mercado en
todos los terrenos.
Y el aspecto cultural y lingüístico no es una excepción.
No haría falta, sin embargo,
mencionar la importancia de tener una presencia destacada en países con un alto
nivel de desarrollo social y económico, con índices elevados de participación y
de consumo cultural entre la población y que, comparativamente, destacan por su
inversión en educación y cultura con porcentajes de gasto público muy por
encima de la media de los países europeos y de la OCDE.3 De todo
ello se benefician también —en cifras de «clientes culturales» y, en ocasiones, en forma de subvenciones económicas nada desdeñables—
los países extranjeros que cuentan con institutos de cultura en suelo
escandinavo, como es el caso, desde hace muchos años, de Francia, Alemania o
Italia. Lamentablemente, la presencia institucional española en este campo es
aún escasa y sus acciones—loables— se limitan a las promovidas por las Consejerías de Cultura y/o de
Educación de las Embajadas residentes en los respectivos países.4 En
Suecia, Dinamarca y Noruega, la acción educativa se impulsa desde la Consejería
de Educación de Alemania y Escandinavia, residente en Berlín, que cuenta con
dos Asesorías Técnicas en el Norte: una en Suecia y, desde el curso 1999-2000,
otra en Dinamarca, que asume también a su cargo la promoción del español en
Noruega. En Finlandia no hay Consejería de Educación acreditada. La anunciada
apertura de un Instituto Cervantes en Estocolmo fortalecerá, sin duda, la
todavía escasa representación cultural de nuestro país en Escandinavia.
Dos factores de la tradición
educativa y de los usos sociales de estos países los hacen, además,
particularmente atractivos para la inversión de recursos en promoción cultural
y lingüística: la importancia que conceden al estudio de las lenguas
extranjeras y el extraordinario desarrollo del área de la educación de adultos.
El aprendizaje de segundas
lenguas no es sólo un objetivo educativo prioritario en todos los casos sino una necesidad estratégica, dada la
condición minoritaria de las respectivas lenguas nacionales, sólo habladas en
el interior de sus fronteras. La sensibilización por el tema lingüístico se
plasma, asimismo, en medidas concretas para proteger los derechos de todos los
grupos, tanto en lo referente a las lenguas de inmigrantes como a las propias.5 En general, todos los países escandinavos destacan en el contexto europeo por
el número de lenguas que estudian los alumnos o por la temprana edad en que se
introducen. Hay que añadir que, en muchos casos, las reformas previstas o
recientemente aprobadas en distintos niveles de sus sistemas educativos
subrayan la importancia de la dimensión internacional de la enseñanza,
refuerzan el estudio de las lenguas extranjeras y favorecen, en general, las
perspectivas de desarrollo del español.
La educación de adultos es
otro campo que cuenta con una larga tradición en Escandinavia y atrae
anualmente a millones de personas a la amplísima oferta existente dentro y
fuera del sistema reglado. Seis de cada diez daneses de entre 15 y 69 años (más
de dos millones de personas) participaron, por ejemplo, durante el año 2002 en
algún tipo de formación permanente. El concepto de Folkeoplysning o «ilustración popular», nacido a raíz de los movimientos sociales y religiosos
del siglo XIX, es la base de toda la tradición cultural y educativa de ese
país, pero, en distintas fórmulas (universidad popular, educación abierta,
escuelas superiores, de tiempo libre, nocturnas, asociaciones educativas...),
la herencia pedagógica de Grundtvig se encuentra hoy presente en todos los
países nórdicos. Además de las enseñanzas regladas de tipo general o
profesional, son frecuentes los cursos de distinta duración sobre los más variados
temas (humanidades, ciencias sociales, ciencias naturales, disciplinas
artísticas o creativas, deportes, idiomas...), que se suelen combinar con
ciclos de conferencias, grupos de estudio, viajes o actividades de carácter
recreativo y social. La participación en un curso es la forma habitual en que
los escandinavos canalizan —y socializan— sus intereses y aficiones.6 Los idiomas forman parte de la oferta habitual y el español es, con mucho, una
de las lenguas más populares en todos los países, en ocasiones por encima del
inglés. Ello tiene su lógica, ya que la presencia reciente del idioma en los
sistemas reglados lo ha excluido por fuerza de los currículos escolares de
muchos de los adultos que participan en estos cursos. La mayoría de los
participantes, además —el 66% en el caso de los daneses, según datos del
Instituto de Estadística referidos a 2002—, prefiere formarse por esta vía en
materias diferentes o en un área distinta a las de su formación original o en
curso. El español atrae así tanto a los de más edad, como a los jóvenes que no
lo estudian en el sistema ordinario. El éxito de la lengua entre la población
joven no deja de tener algo, por otra parte, de signo generacional que les
permite distinguirse de sus padres.7
Por tradición y peso internacional
como lengua franca, el inglés —en la actualidad casi «segunda lengua materna»
en las sociedades nórdicas— prevalece, no obstante, como primera lengua
extranjera obligatoria en todos los niveles no universitarios. El alemán, por
cercanía geográfica y cultural, vínculos históricos, comerciales y de todo
tipo, también tiene una larga tradición en sus currículos y conserva
actualmente una posición importante, sobre todo como segunda lengua en los
niveles de enseñanza obligatorios. En otros, sin embargo, compite desde hace
décadas con el francés (primera lengua románica que se introdujo en las
universidades y sistemas educativos escandinavos) y, en los últimos años, con
el español, que en la enseñanza secundaria y universitaria se acerca ya o
empieza a superar a ambas.
De la saludable situación del
español en los países nórdicos dan cuenta, si bien parcialmente —la rápida
expansión del idioma hace más lamentable la caducidad de estadísticas con más
de tres años de antigüedad—, los escasos análisis comparativos existentes sobre
el tema de las lenguas extranjeras. El estudio de la Comisión Europea Las
cifras clave de la educación en Europa,8 referido al curso
1999-2000, muestra ya cifras de estudiantes de español en Escandinavia muy
destacadas en Europa. En ese curso, los países que tenían un mayor porcentaje
de estudiantes de español en el nivel de secundaria —sumadas la inferior y la
superior (ISCED 2 y 3)— eran Francia (37%), Suecia (14%) y, compartiendo el
tercer puesto con Luxemburgo, Dinamarca (7%). Lo más llamativo —dada la escasa
población de estos países en comparación con la de, por ejemplo, Francia o
Alemania—, es que, incluso en cifras absolutas, Suecia y Dinamarca, siguen
ocupando unos destacados tercer y quinto puesto, respectivamente, en el ranking de países con mayor número global de alumnos de español en los dos niveles de
secundaria —el puesto de Dinamarca es meritorio ya que el español sólo se
ofrece en la secundaria superior—. El orden, en esta ocasión, es el siguiente:
Francia (1.710.800), Alemania (128.600), Suecia (50.200), Italia (30.800),
Dinamarca (21.100) e Irlanda (14.800). Si nos limitamos a la secundaria
superior, que es —como decíamos— el nivel en que el español goza de mejor salud
junto con la educación de adultos, sólo Francia (735.200 alumnos-50,2% de los
alumnos del nivel), Alemania (79.000-7,8%) e Italia (29.100-1,5%) presentan
cifras superiores a las de Dinamarca (21.100-21,1%) y Suecia (11.600-26,7%).
Lamentablemente, el estudio no recoge las cifras de Noruega, que en el curso
1999-2000 —y sólo en ese nivel— estarían cercanas a los 7.000 alumnos. Los 6.000 alumnos de Finlandia y los 900 de
Islandia (un 4,6% y un 6%, respectivamente, de los alumnos del nivel) tampoco
son desdeñables. Sin necesidad de calculadora, más de 85.000 alumnos de español
en secundaria en un ámbito que, en conjunto, no llega a los 25 millones de
habitantes es, sin duda, una cifra destacable.9
Las estadísticas de Eurostat
referidas a un curso posterior (véase tabla 2) muestran, por otra parte, una clara tendencia a la baja en el número
de alumnos de alemán y de francés de este nivel desde 1998 en todos los países
—en menor medida en Finlandia; los datos de Noruega siguen sin estar disponibles—.
Destaca en Dinamarca el espectacular descenso de 10 puntos del alemán y de 8,9
del francés tan sólo en el último año de referencia. La tendencia inversa del
español no es ajena a ello.
Las razones del auge del
español en Escandinavia no son distintas de las que están impulsando su
desarrollo en otras partes del mundo. Se podrían destacar, sin embargo, algunos
factores que favorecen el interés por la lengua y la cultura españolas en estas
latitudes. El atractivo de una oferta relativamente nueva en sus sistemas de
enseñanza,
sumado a la afición y necesidad de ser políglotas, es, como adelantábamos, uno
de ellos. El turismo, por supuesto, es otro. España es el destino vacacional
preferido (estancias de más de cuatro noches) en los tres países que estudiamos,
por delante de Francia, Grecia u otros destinos mediterráneos, que son nuestros
principales competidores. En el año 2002 se produjeron un total de 632.428
viajes de daneses a España, nos visitaron 763.594 turistas noruegos (en 2001
los noruegos representaron el 1,45% del total de turistas que recibió España),
y un 15% de los viajes de los islandeses al exterior (23.4000) en 1996 tuvo
como destino España.10 No son pocos los escandinavos que tienen una
segunda residencia en la Costa Blanca o en la Costa del Sol;
significativamente, de las veinte escuelas que tiene Noruega en el extranjero,
cuatro están en España (dos en Alicante, una en Málaga y otra en Gran Canaria).
La dura climatología de estos países hace que las vacaciones de sol y playa
sean en todos los casos el motivo principal de los viajes,11 pero
empiezan a ganar puestos los viajes con motivo de conferencias o congresos o
formas alternativas de turismo cultural, como las visitas a ciudades (Barcelona
es uno de los destinos preferidos).
Aunque los escandinavos que
nos visitan ya no lo hacen con los ojos de Andersen en sus viajes por España
—la participación en los mismos foros y organismos internacionales ha
aproximado nuestras relaciones con la asiduidad y el roce de la normalidad—,
todavía hay una cierta nostalgia de la diferencia o una —podríamos llamar—
«búsqueda del sur» que influye en su interés por nuestro país y, sobre todo,
por Hispanoamérica, que colma, con su diversidad, mucho más sobradamente sus
ansias de «exotismo». Latinoamérica focaliza, en efecto, buena parte del
interés por lo hispano —sólo en Islandia parece ser mayor el interés por
España— y es un destino de viaje frecuente para muchos jóvenes que se toman un
año sabático al terminar sus estudios de secundaria. La gastronomía, el
folclore, la música (no es difícil encontrar, en las grandes ciudades, escuelas
de salsa, tango, flamenco o locales especializados en música latina o
restaurantes de tapas) son atractivos para la gran masa. El cine (español e
hispanoamericano) también empieza a ser popular entre el público general: las
últimas películas de Almodóvar —que ocupa en este momento, por el interés que
suscita, el lugar que tenía Saura años atrás— han sumado recaudaciones
importantes;12 pero el conocimiento menos superficial de nuestra
cultura queda restringido al público más especializado (profesores de español y
mundo universitario).
Las traducciones de literatura
española o hispanoamericana no destacan por su volumen,13 aunque van
aumentando en los últimos años y son conocidos autores como Pérez Reverte,
Muñoz Molina, Fernando Savater, Javier Marías, Rosa Montero, Eduardo Mendoza,
Juan José Millás, Luis Landero y otros más jóvenes, como Lucía
Etxebarría o Espido Freire en Noruega; las tiradas, sin embargo, raramente
superan los 1.500 ejemplares. El único éxito de ventas en los tres países es
Isabel Allende, de la que se han traducido y publicado todos los títulos desde La
casa de los espíritus, en todas las ediciones posibles y en más de una
tirada. García Márquez, Carlos Fuentes y Borges también suscitan interés
editorial. Fuera de la literatura contemporánea, como en otros ámbitos de la
cultura (Dalí, Picasso...), los nombres se reducen a los universales: Lorca y,
por supuesto, Cervantes. El Quijote se ha traducido recientemente en
todos los países: en Dinamarca compiten en el mercado dos ediciones que
salieron simultáneamente tan sólo hace dos años;14 en Noruega la
nueva edición (2003) de la editorial Aschehoug renueva la anterior, que ya
tenía cien años (su traductor, Arne Worren, ha traducido el mismo año una
selección de las Novelas ejemplares); en Islandia el escritor Gudbergur
Bergsson —a quien debe mucho el interés por la literatura y la cultura
españolas en ese país—,15 lo traduce de nuevo después de treinta
años.
El turismo, por sus
características, no siempre contribuye a aumentar la curiosidad cultural por
nuestro país o a deshacer los tópicos todavía frecuentes en el terreno de la
«cultura con minúscula». Sin embargo, el creciente turismo lingüístico, los
viajes por estudios y los intercambios estudiantiles constituyen hoy en día un
importante factor de acercamiento cultural entre España y el mundo escandinavo.
Según datos de la OCDE (Education
at a Glance, 2003), en el año 2001 un total de 1.386 estudiantes escandinavos
cursaban estudios de educación superior en España: casi el 3% de todos los
estudiantes escandinavos de ese nivel en el extranjero. Destacan los
porcentajes de Dinamarca (5,3%), Finlandia (3,41%) y Suecia (2,95%).16 Aunque aún hay mucho campo para la cooperación bilateral en este terreno y la
lengua puede ser todavía un obstáculo para los escandinavos que quieren cursar
estudios con obtención de grado académico en nuestro país —frente a Alemania,
Reino Unido, Estados Unidos y otros países nórdicos—, es elocuentemente menor,
por ejemplo, el número de estudiantes que eligen como destino Italia —un país,
en principio, con atractivos similares a los de España—; y Francia tampoco
atrae más que España a los universitarios finlandeses y daneses. Los porcentajes
de noruegos (1,85%) e islandeses (0,74%) que cursan estudios superiores en
España son menores, en parte, porque en los dos países la cifra total de
estudiantes de nivel terciario en el extranjero es mucho más elevada que en sus
vecinos nórdicos. En Noruega, sin embargo, en el curso 2001-2002, España era
uno de los destinos preferidos para cursar estudios parciales, según su
Instituto de Estadística (398 estudiantes de todos los niveles).
El dato está en relación con
el incremento de la movilidad estudiantil entre España y Escandinavia y con el
atractivo que tiene nuestro país como destino para los estudiantes y profesores
que participan en los programas de intercambio comunitarios. Según las
estadísticas de la Comisión Europea relativas al programa Erasmus, en el curso
2001-2002, un total de 1.088 estudiantes (el 12,37% de todos los estudiantes
Erasmus de Escandinavia) y 159 profesores (el 10% de los participantes en el
programa) eligieron España como país de destino. Para los estudiantes islandeses,
fue el segundo destino (12,92% de los participantes), después de Dinamarca.
Para los noruegos, España es el primer destino y la opción del 20% de todos los
estudiantes Erasmus, con un elocuente ascenso en los últimos años, según
muestra el gráfico 1. Los 1.640 estudiantes españoles que eligieron
Escandinavia (el 9,42% del total) prefirieron, por este orden, Suecia (589),
Dinamarca (472), Finlandia (426), Noruega (135) e Islandia (18).
Como muestra adicional, un
informe de CIRIUS (el Centro danés para la colaboración internacional y la
movilidad educativa),17 que analiza la participación de los daneses
en diferentes programas de intercambio de una estancia mínima de cinco días
durante el curso 2000-2001, muestra que, globalmente, España (con 640
visitantes) es el tercer país preferido, sólo por detrás del Reino Unido (904)
y Alemania (858). El gráfico 2 muestra la distribución de los participantes por
países de destino y el gráfico 3 desglosa la participación de los daneses en
los diferentes países por programas.
Como refleja el gráfico,
España ocupa el segundo lugar en los programas más populares: Erasmus (con el
16% de los participantes, detrás del Reino Unido) y Comenius (con el 24,5% de
los participantes, en este caso, después de Italia). Los programas donde atrae
a menos estudiantes son los de tipo profesional (Leonardo o prácticas en el
extranjero): en ese capítulo, los daneses prefieren claramente Alemania o el
Reino Unido. Las cifras inversas —de extranjeros en Dinamarca— muestran que los
participantes españoles constituyen el grupo más numeroso (557) de los que
eligieron Dinamarca como país de destino, seguidos de alemanes (402), franceses
(395) e italianos (390).
Las estancias por estudios en
nuestro país de jóvenes que llegan con otras inquietudes que las del turista
medio satisfacen y a la vez generan el interés por la lengua y la cultura. En
las universidades de los países de origen ese interés se manifiesta en una
cifra de alumnos estable o con tendencia a aumentar y en la mayor resistencia
del español, en comparación con otras lenguas, ante el declive generalizado que
sufren los estudios de Filología. Es, sin embargo, en los estudios de lenguas
aplicadas o con un perfil económico y comercial, con mayores salidas
profesionales, donde el español crece de manera más significativa. Ello indica
que, a todos los factores de interés que señalábamos, hay que añadir también la
valoración de la utilidad de la lengua por motivos prácticos o profesionales.
El dinamismo económico de nuestro país, las nuevas posibilidades de los
mercados americanos y la activa implicación de los países nórdicos en
organizaciones y programas de ayuda al desarrollo son factores que, sin duda,
influyen. Pero, si atendemos a las cifras de intercambio comercial entre España
y Escandinavia, se deduce que el factor afectivo tiene también cierta
influencia en la elección de los alumnos. Alemania, Reino Unido, Estados Unidos
y los países vecinos son, con mucho, los principales socios comerciales de los
países nórdicos; y también Francia ocupa una posición relativa bastante mejor
que la de España. La actividad comercial, sin embargo, no deja de aumentar y
sobresale, con cifras menos modestas, el capítulo de las exportaciones, que en
Dinamarca, por ejemplo, han crecido un 106% entre 1997 y 2002, y en Islandia
suponían un 5,2% del total en el año 2002 (5.º puesto), según sus respectivos
Institutos de Estadística. La tabla 3 recoge las cifras de la balanza comercial
entre España y Escandinavia referida al año 2001.
Del factor, también relevante,
de la cercanía física —mayor o menor presencia de población hispanohablante— nos ocupamos en el apartado siguiente. |