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A comienzos de los años
veinte del siglo XIX, Guillermo de Humboldt
señalaba como cuestiones abiertas en la investigación
«la naturaleza del modo de influir de la lengua sobre el pensar...
la fijación de las propiedades de la lengua... que producen
una determinada diversidad del pensamiento, la dependencia o independencia
en que la nación se encuentra respecto a su lengua»13.
Transcurridos 182 años, todas estas preguntas, sin haber
perdido nada de su actualidad, permanecen abiertas. La interrelación
entre pensamiento y lengua, que formula Humboldt en sus primeros
balbuceos, se ha convertido a partir de la primera mitad del siglo
XX en uno de los temas centrales del pensamiento
filosófico. Hemos pasado de «la filosofía de
la conciencia», el sujeto cognoscente posibilita y limita
el pensamiento, a «la filosofía del lenguaje»,
la lengua es la que posibilita y limita el pensamiento. Más
aún, «el pensar no depende sólo del lenguaje
en general, sino que hasta cierto punto cada lengua lo determina»14.
La singularidad de cada lengua
implicaría un modo distinto de pensar, constituyendo de algún
modo el horizonte dentro del cual pensamos. «La diversidad
de las lenguas no consiste simplemente en diferencias de sonidos
y signos, sino en diferentes visiones del mundo (Weltansichten)»15.
Entendemos el mundo a través de la estructura de la lengua,
que a su vez es producto de una historia. En este sentido, «las
diversas lenguas constituyen los órganos de los modos peculiares
de pensar y sentir de las naciones»16.
«En el fondo la lengua (...) no es simplemente la externa,
sonidos y estructuras, sino a la vez la interna; la unidad de ambas
permite pensar, es decir, la lengua es la nación misma en
el sentido más auténtico de la palabra.»17
Aunque no resulte fácil mostrar en concreto la interrelación
entre la estructura de la lengua y la forma de pensar, en principio,
parece muy plausible, sobre todo la existente entre léxico
y pensamiento, pues cada manera de pensar exige sus propios conceptos.
Dicho esto, conviene advertir que en el afán de descubrir
el alma o interpretar la historia de un pueblo a partir de su lengua
se ha llegado a no pocas exageraciones, y hasta a veces a despropósitos
notorios.
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El hecho es que si, como
parece probable, cada lengua lleva implícita una manera de
pensar, empero, resulta muy difícil de captar18,
entre otras razones, porque se trata de una relación nada
estable. Si la lengua impregna el pensamiento, el pensamiento por
su propia evolución interna a su vez va modificando la lengua,
como también la cambian la historia vivida y otros muchos
factores extralingüísticos. El mismo Karl Vossler, a
quien se le ha reprochado haber ido demasiado lejos en la senda
que trazara Humboldt, reconoce que «estamos aún muy
lejos de poder interpretar y establecer, siquiera sea una pequeñísima
parte de los usos gramaticales de las lenguas románicas,
como formas características de una fisonomía nacional
o del estilo de un idioma»19.
En alguna parte, cito de
memoria, Vossler describe la diferencia entre el alemán y
el español, diciendo que el alemán piensa cada uno
por sí, empeñado en marcar la diferencia con los otros,
pero que, a la hora de actuar, lo hace conjuntado y de manera disciplinada;
en cambio, el español se inclinaría a pensar lo mismo
que los demás, sin atreverse a distanciarse lo más
mínimo de la opinión dominante, aunque a la hora de
la acción cada uno vaya por su lado. El español sería
anárquico en la acción y dogmático, incluso
fanático, al pensar; el alemán, en cambio, original
en el pensar y concertado en la acción. Este tipo de juicio
sobre los caracteres nacionales puede ser a veces brillante, pero
rara vez fundado. Entre nosotros es sin duda Américo Castro
el que ha arriesgado más, pero también el que ha obtenido
los mejores frutos, en la hazaña de extraer de la lengua
el modo de sentir y la forma de ser y de pensar de los españoles.
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NOTAS
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13.
Cf.
W. V. HUMBOLDT, Über den Einfluss des verschiedenen
Charakters der Sprachen auf Literatur und Geistesbildung.
Werke III, Schriften zur Sprachphilosophie, Darmstadt, Wissenschaftliche
Buchgesellschaft, 5. Aufl. 1979, págs. 26-27.
14.
Cf.
W. V. HUMBOLDT, Über das vergleichende Sprachstudium
in Beziehung auf die verschidenen Epochen der Sprachentwicklung,
ibíd., pág. 16.

15.
Ibíd.,
pág. 20.

16.
Ibíd.,
pág. 26.
17.
Ibíd.,
pág. 27.
18.
Cf.
E. LORENZO, en su trabajo «Sobre el talante y el semblante
de la lengua española» (1978), ha puesto de manifiesto
lo poco que da de sí el talante de la lengua para describir
un modo específico de pensar en español. Cf.
E. LORENZO, El español y otras lenguas, Madrid,
Sociedad General Española de Librería, 1980,
págs. 9-26.
19.
«La
fisonomía literaria y lingüística del español»,
en C. VOSSLER, Algunos caracteres de la cultura española,
Buenos Aires, Colección Austral, 1946, pág.
65.
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