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El español en el mundo

El español, ¿lengua de pensamiento?

Ignacio Sotelo

7. La filosofía idealista de la lengua

A comienzos de los años veinte del siglo xix, Guillermo de Humboldt señalaba como cuestiones abiertas en la investigación «la naturaleza del modo de influir de la lengua sobre el pensar... la fijación de las propiedades de la lengua... que producen una determinada diversidad del pensamiento, la dependencia o independencia en que la nación se encuentra respecto a su lengua»13. Transcurridos 182 años, todas estas preguntas, sin haber perdido nada de su actualidad, permanecen abiertas. La interrelación entre pensamiento y lengua, que formula Humboldt en sus primeros balbuceos, se ha convertido a partir de la primera mitad del siglo xx en uno de los temas centrales del pensamiento filosófico. Hemos pasado de «la filosofía de la conciencia», el sujeto cognoscente posibilita y limita el pensamiento, a «la filosofía del lenguaje», la lengua es la que posibilita y limita el pensamiento. Más aún, «el pensar no depende sólo del lenguaje en general, sino que hasta cierto punto cada lengua lo determina»14.

La singularidad de cada lengua implicaría un modo distinto de pensar, constituyendo de algún modo el horizonte dentro del cual pensamos. «La diversidad de las lenguas no consiste simplemente en diferencias de sonidos y signos, sino en diferentes visiones del mundo (Weltansichten)»15. Entendemos el mundo a través de la estructura de la lengua, que a su vez es producto de una historia. En este sentido, «las diversas lenguas constituyen los órganos de los modos peculiares de pensar y sentir de las naciones»16. «En el fondo la lengua (...) no es simplemente la externa, sonidos y estructuras, sino a la vez la interna; la unidad de ambas permite pensar, es decir, la lengua es la nación misma en el sentido más auténtico de la palabra.»17

Aunque no resulte fácil mostrar en concreto la interrelación entre la estructura de la lengua y la forma de pensar, en principio, parece muy plausible, sobre todo la existente entre léxico y pensamiento, pues cada manera de pensar exige sus propios conceptos. Dicho esto, conviene advertir que en el afán de descubrir el alma o interpretar la historia de un pueblo a partir de su lengua se ha llegado a no pocas exageraciones, y hasta a veces a despropósitos notorios.

El hecho es que si, como parece probable, cada lengua lleva implícita una manera de pensar, empero, resulta muy difícil de captar18, entre otras razones, porque se trata de una relación nada estable. Si la lengua impregna el pensamiento, el pensamiento por su propia evolución interna a su vez va modificando la lengua, como también la cambian la historia vivida y otros muchos factores extralingüísticos. El mismo Karl Vossler, a quien se le ha reprochado haber ido demasiado lejos en la senda que trazara Humboldt, reconoce que «estamos aún muy lejos de poder interpretar y establecer, siquiera sea una pequeñísima parte de los usos gramaticales de las lenguas románicas, como formas características de una fisonomía nacional o del estilo de un idioma»19.

En alguna parte, cito de memoria, Vossler describe la diferencia entre el alemán y el español, diciendo que el alemán piensa cada uno por sí, empeñado en marcar la diferencia con los otros, pero que, a la hora de actuar, lo hace conjuntado y de manera disciplinada; en cambio, el español se inclinaría a pensar lo mismo que los demás, sin atreverse a distanciarse lo más mínimo de la opinión dominante, aunque a la hora de la acción cada uno vaya por su lado. El español sería anárquico en la acción y dogmático, incluso fanático, al pensar; el alemán, en cambio, original en el pensar y concertado en la acción. Este tipo de juicio sobre los caracteres nacionales puede ser a veces brillante, pero rara vez fundado. Entre nosotros es sin duda Américo Castro el que ha arriesgado más, pero también el que ha obtenido los mejores frutos, en la hazaña de extraer de la lengua el modo de sentir y la forma de ser y de pensar de los españoles.

  • (13) Cf. W. V. HUMBOLDT, Über den Einfluss des verschiedenen Charakters der Sprachen auf Literatur und Geistesbildung. Werke III, Schriften zur Sprachphilosophie, Darmstadt, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 5. Aufl. 1979, págs. 26-27. volver
  • (14) Cf. W. V. HUMBOLDT, Über das vergleichende Sprachstudium in Beziehung auf die verschidenen Epochen der Sprachentwicklung, ibíd., pág. 16. volver
  • (15) Ibíd., pág. 20. volver
  • (16) Ibíd., pág. 26. volver
  • (17) Ibíd., pág. 27. volver
  • (18) Cf. E. LORENZO, en su trabajo «Sobre el talante y el semblante de la lengua española» (1978), ha puesto de manifiesto lo poco que da de sí el talante de la lengua para describir un modo específico de pensar en español. Cf. E. LORENZO, El español y otras lenguas, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1980, págs. 9-26. volver
  • (19) «La fisonomía literaria y lingüística del español», en C. VOSSLER, Algunos caracteres de la cultura española, Buenos Aires, Colección Austral, 1946, pág. 65. volver
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