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El español en el mundo

El español, ¿lengua de pensamiento?

Ignacio Sotelo

4. Sociedad aristocratizante y «edad conflictiva»

Con ironía finísima Cervantes nos pone sobre la pista de algunas de las causas que explican el poder omnímodo de la Inquisición, y es que encaja de manera perfecta con el orden aristocrático de una sociedad en la que, al menos en valores y creencias, prevalecen los de la alta nobleza, que comparten hidalgos y labriegos, tres grupos sociales que por distintas razones desconfían de los sectores medios urbanos, en los que hasta su expulsión en 1492 habían dominado los judíos. La relación, tan íntima y personal, que tiene el señor don Quijote con su escudero Sancho es algo inconcebible en el resto de Europa, donde las distancias sociales han estado siempre, y pienso que siguen estándolo, marcadas por una frialdad, digamos más educada. Castilla, que se forja con una frontera abierta en continuo litigio, no pudo consolidar el tipo de feudalismo que cuajó en la Europa central; el siervo podía escapar a las zonas recién conquistadas, cuyos pobladores contaban con fueros que garantizaban su libertad. En su primera fase Castilla se construye con hombres libres; después de la conquista de Andalucía, aunque suele ser el morisco el que queda sujeto a la tierra, el latifundio señorial y eclesiástico configura toda la vida social. La familiaridad entre las clases que observamos en España proviene de que señores y criados asumen los mismos ideales aristocratizantes; en cambio, es enorme la distancia entre castas.

Si bien es cierto que vida y pensamiento de los españoles vienen marcados de manera indeleble por el «conflicto entre las tres castas», que en los siglos xvi y xvii configura la que Castro ha llamado «edad conflictiva»5, un acontecer de tal envergadura no se entiende únicamente atendiendo a sus raíces religiosas, ideológicas o culturales, aunque tal vez tampoco baste para explicarlo, como insiste Castro, un marxismo elemental que lo reduzca al enfrentamiento de una sociedad llegada demasiado tarde al feudalismo con una burguesía naciente. Aceptando la autonomía de los fenómenos culturales, ideológicos y religiosos, no cabe, sin embargo, desconectarlos por completo del sustrato socioeconómico. El «conflicto» se engendró en los siglos xiv y xv, al desplomarse el anterior equilibrio de fuerzas entre cristianos y musulmanes, del que los judíos, al moverse con bastante libertad entre ambos mundos, se habían beneficiado. Castilla había sido, todavía en el siglo xiii, un modelo avanzado de convivencia y tolerancia religiosa, que en Europa, no se olvide, cuajó después de la paz de Westfalia en 1648. En cambio, cuando algunas ciudades del continente ya han iniciado una profunda reconversión económica, social y cultural, en Castilla se consolida una aristocracia terrateniente que, estrechamente vinculada a una Iglesia con la que comparte el monopolio de la tierra, establece una dominación férrea que no deja espacio para la convivencia pacífica de las tres religiones. Las guerras civiles de los siglos xiv y xv tienen como trasfondo unas ciudades que llegaron muy pronto a ser libres y la feudalización tardía de la tierra con la expansión conquistadora en Andalucía.

Después de casi un siglo de guerras civiles, a costa de la población urbana de comerciantes y artesanos, entre la que en algunas ciudades el número de judíos era alto, los Reyes Católicos lograron fundir a la nobleza y a la Iglesia terratenientes con la Monarquía. La Inquisición, establecida en 1478, tiene como función principal consolidar el poder que resulta de esta fusión. Inquisición y expulsión de los judíos convergen en la consolidación de una sociedad aristocrática que, por paradójico que parezca, cuenta con el apoyo de amplios sectores populares, orgullosos de su linaje de cristianos viejos. Las grandes perdedoras son las ciudades, las únicas preparadas para el advenimiento de las corrientes humanísticas, en lo ideológico, y comerciales y financieras, en lo económico, que son las que en la Europa central llevarían a cabo la revolución de la modernidad. La España imperial de Carlos V es también la de su fragilidad económica, social y cultural; sólo los metales preciosos que empiezan a llegar de las Indias hacen posible que se sostenga un orden social trasnochado. El desplome de la cultura y de la economía españolas en la segunda mitad del siglo xvii son acontecimientos congruentes que van a marcar por siglos la vida española y, por tanto, su lengua y su pensamiento.

  • (5) Cf. A. Castro, De la edad conflictiva. Crisis de la cultura española en el siglo xvii, Madrid, Taurus, tercera edición ampliada, 1972. volver
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