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Los que niegan que el español
haya destacado en el ámbito del pensamiento entienden este
término en un sentido restringido, ajustado a la nueva filosofía
de la modernidad, de la cual se desprenden las ciencias a lo largo
de los siglos XVII y XVIII
e incluso en el XIX. En grandes líneas
aunque siempre quepa mencionar una excepción no demasiado
significativa el ámbito del español permaneció
al margen de este proceso. Pese a progresos indudables, americanos
y españoles estamos todavía lejos de haber eliminado
por completo los factores que produjeron «el cortacircuito
de la modernidad», para decirlo con la atinada expresión
de Claudio Sánchez Albornoz.
Hasta bien entrado el siglo
XIX el mundo hispánico se mantuvo a
las afueras de la modernidad, luchando desde entonces con suerte
diversa por su modernización en lo económico, en lo
social, en lo político, y cómo no, en el afán
de desarrollar las ciencias. Llegados tarde a la industrialización,
etapa irrecuperable en las condiciones actuales, la dependencia
del exterior resulta en lo económico a menudo aplastante;
las estructuras sociales siguen caracterizándose por una
enorme desigualdad, en parte heredada del pasado; pese al avance
realizado en los últimos decenios, la democracia no logra
consolidarse en todos los países hispánicos. Asimismo,
la filosofía y las ciencias modernas siguen sin penetrar
en el tejido social, con lo que continuamos siendo meros receptores
de ciencia y tecnología. Han ido cambiando los países
a la cabeza del mundo hispánico Argentina, en la primera
mitad del siglo XX; México, en los
años cincuenta y sesenta; España, a comienzos del
XXI pero, aun en los momentos de mayor
esplendor, en todos ellos se constatan déficits importantes
en el desarrollo científico y tecnológico. Incluso
la España de hoy, con algunos indicadores que la colocan
en el mundo desarrollado, se halla a la cola en el número
de patentes industriales que solicita. Las universidades y centros
de investigación no están a la altura del grado de
desarrollo socioeconómico alcanzado, lo que depara un futuro
aún mucho más incierto.
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