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El español en el mundo > Anuario 2003 > I. Sotelo. Introducción
El español en el mundo

El español, ¿lengua de pensamiento?

Ignacio Sotelo

1. Introducción

Tal vez extrañe el signo de interrogación en el título. A unos porque, al tomar el término «pensamiento» en el sentido estricto de «filosofía» o «ciencia», se preguntan si el español es una lengua de pensamiento de la misma manera que lo son el griego y el alemán, el latín y el inglés, el italiano y el francés; cabe dudar de que en español podamos encontrar un pensamiento en el que valga la pena detenerse. Tenemos ciertamente una literatura en sus momentos de grandeza comparable con la más sobresaliente de Europa, y en las artes plásticas destacan algunas cumbres, pero nada similar ocurre en el pensamiento; de manera que muchos se preguntarán a qué viene plantearse la cuestión del español como lengua de pensamiento. Otros, en cambio, darán a la palabra «pensamiento» un significado mucho más amplio y concluirán que el español, como cualquier otra lengua, es vehículo de pensamiento.

No sólo se piensa en español, lo que es obvio, sino que además en el ámbito de esta lengua nos encontramos con la figura del «pensador», denominación que compite con la de «filósofo» en la nueva acepción que adquiere en el xviii; luego, a finales del xix sustituida en parte por la de «intelectual», importadas ambas con estos contenidos del francés. Sin la menor duda, contamos con una literatura ensayística muy digna, expresión cabal de un pensamiento en español. Pues bien, el que desde una argumentación o desde la otra quepa distanciarse del signo de interrogación, es lo que quizá lo justifique. Como ambas posiciones, por opuestas que parezcan, llevan su parte de razón, habrá que empezar a desbrozar el tema, ocupándonos de las dos.

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