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El español en el mundo

Presentación

Jon Juaristi
Director del Instituto Cervantes

En coherencia con la tradición iniciada desde su primera entrega en el año 1998, en la sexta edición de El español en el mundo, Anuario del Instituto Cervantes, seguimos dedicando nuestra atención prioritaria al análisis del estado de la enseñanza y el aprendizaje del español como lengua extranjera en distintos espacios y ámbitos. Esfuerzos pioneros, pues la mayoría de las veces son escasos los estudios que se hayan planteado su análisis o poco actualizados los datos de que se dispone.

La lengua va pareja a la cultura y al pensamiento, y sus imbricaciones abren la presente edición del Anuario. En los escenarios del tercer milenio es decisiva la inteligente administración y aplicación de las nuevas tecnologías para la difusión de la cultura y de la lengua. Sin embargo, es en este ámbito donde no se ha sabido tomarle el pulso al tiempo, ni en la pantalla de tela ni en la de cristal, como revelan los dos trabajos que encabezan el volumen. El primero pone de manifiesto la imperante actitud apocalíptica y de rechazo de las nuevas tecnologías, principal causante de que el español llegue con patente retraso al desafío que constituyen las llamadas máquinas de la lengua —no se ha de olvidar que, desde el ordenador hasta los videojuegos pasando por Internet y los móviles, estamos ante «máquinas» que «hablan» una lengua—. En el segundo, una mirada retrospectiva sitúa el español en relación con las peripecias de la transición del cine mudo al sonoro —sagazmente aprovechada en Hollywood para sentar las bases hegemónicas de la industria cinematográfica norteamericana—.

Teniendo en cuenta que fue el latín y no el español la lengua que eligieron grandes figuras del pensamiento español como Vitoria o Suárez en los Siglos de Oro, y que posteriormente y hasta bien entrado el siglo xix el mundo hispánico se mantuvo en las afueras de la modernidad y dio la espalda a la filosofía y a las ciencias, cabría preguntarse por el papel de la lengua española como vehículo de pensamiento. El Anuario se aproxima a esta cuestión por medio de dos estudios. El primero tiene un sello reivindicativo en contra de las afirmaciones tópicas que clasificarían el español como una lengua muy adecuada para la literatura, pero no tanto para el pensamiento filosófico, y que, a grandes rasgos, provendrían de la sobrestimación del pensamiento de cuño centroeuropeo. En el segundo se pone de relieve la unidad del español como lengua de pensamiento a ambos lados del Atlántico: tanto es así que podemos leer a pensadores de la talla de Sarmiento, Menéndez Pelayo, Martí, Rodó, Unamuno, Ortega, Picón-Salas, Reyes, Borges o Paz, sin apreciar la diferenciación regional propia de toda lengua histórica, en el sentido de Coseriu.

Si en ediciones anteriores constatábamos con satisfacción un aumento considerable de la demanda de español en Estados Unidos y Brasil, y, más tímido, en Europa, especialmente en Alemania y Francia, en esta ocasión el Instituto Cervantes les invita a desplazarse a tres escenarios: la Europa Centro-Oriental y del Este, Israel y el Norte de África. Los distintos estudios que componen la sección del Anuario dedicada a la situación del español en el mundo arrojan una luz optimista, cuando no esperanzadora, sobre el grado de interés que suscita nuestra lengua en estas zonas del globo. En ellos se analiza el perfil de los alumnos de español en los distintos niveles del sistema educativo (enseñanza primaria, secundaria y universitaria), así como en el resto de las instituciones, tanto de carácter público como privado, que imparten español en los países objeto de estudio. Otros aspectos relevantes son el número de docentes, los créditos que recibe nuestra lengua dentro de los planes de estudios, la existencia de asociaciones de profesores de español o hispanistas, así como la imagen que en general suscita la cultura hispánica en los distintos espacios investigados.

El primer trabajo que compone esta sección del Anuario es un extenso análisis sobre la situación del español en la Europa Centro-Oriental y del Este. Abarca una vasta región geográfica dividida en tres grupos: los países que integran el grupo de los PECO (Países de Europa Centro-Oriental), la región de los Balcanes y cuatro Estados miembros de la CEI —la Federación Rusa (principalmente las ciudades de Moscú y San Petersburgo), Bielorrusia, Ucrania y Moldavia—. El trabajo de campo llevado a cabo demuestra el auge del español en toda la región —especialmente en los PECO— y traza las líneas directrices de una posible política de difusión del español en esa área.

El estudio dedicado a Israel revela que la gran mayoría de los alumnos eligen español por razones afectivas («estudio español porque me gusta»). He aquí que, igual que en otras áreas, las tan denostadas telenovelas latinoamericanas están causando furor y arrastran al público literalmente en masa a las aulas de español. Desde 2001 se ha producido un aumento considerable del número de centros de secundaria que imparten nuestra lengua, sin menoscabo de que, antes del impacto de este género televisivo, se estudiara como asignatura en la mayoría de las universidades del país.

En los países árabes, especialmente en Egipto, Marruecos y Túnez, se suceden generaciones de andalusistas e hispanistas de sólida formación. El hispanismo árabe —y egipcio en particular— nace en el seno del arabismo español, y comienza con el recuerdo vivo e imborrable de Al-Andalus, donde la cultura árabe alcanzó un florecimiento extraordinario, que pervive en el imaginario colectivo de los países musulmanes.

En Egipto, la inclusión de la enseñanza de nuestra lengua en los planes de estudio es muy reciente: el español fue introducido en la enseñanza media en 1990. Al contrario que en Israel, la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios de Filología Española lo eligen por razones instrumentales («estudio español porque lo necesito para mi profesión»). Por otro lado, la puesta en marcha por parte del Consejo Superior de Cultura de Egipto de un proyecto Nacional de Traducción, en el que la traducción de las obras maestras de la literatura hispana ocupa un lugar destacado, ha despertado el interés del gran público por la cultura hispana: tanto es así que el español es, después del inglés, la segunda lengua más traducida al árabe.

En cuanto a los países del Magreb son muy distintos los factores que condicionan la difusión de nuestro idioma en la orilla sur del Mediterráneo: muy propicios en Marruecos, esperanzadores en Argelia y menos halagüeños en Túnez. En Marruecos el español se enseña como asignatura optativa en casi la mitad de los centros de enseñanza secundaria y su demanda aumenta tanto en la educación secundaria como en la superior. En Argelia, la asignatura de español ha sufrido una serie de vicisitudes —implantada en la enseñanza secundaria en 1973, desaparece en 1984 y se vuelve a implantar en 1991—, sin embargo es previsible la recuperación del peso de la lengua española a juzgar por las peticiones de distintos sectores económicos y sociales. En Túnez, la presencia cultural de España es escasa y el español ha de hacer todavía esfuerzos gigantescos.

Como curiosa muestra de lo que fue la enseñanza de nuestra lengua en Marruecos durante el Protectorado español, cierra el Anuario un trabajo que rescata del inmerecido olvido un método abreviado de español publicado en 1921.

Confiamos en que los esfuerzos plasmados en estos estudios contribuyan a esclarecer la situación del español en el mundo, así como a encaminar las acciones necesarias para su difusión, tarea apasionante con la que renovamos nuestro compromiso.

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