Abel A. Murcia Soriano y Josep Maria de Sagarra Àngel
La apertura de los nuevos mercados de Europa Centro-Oriental y del Este, acompañada de la liberalización de las economías de la región, ha permitido, desde inicios de la década de los años noventa, el desarrollo y posterior consolidación de una iniciativa privada que ha redundado en la aparición de una clase media, con creciente poder adquisitivo, que empieza a pasar regularmente sus vacaciones en el extranjero.
Gracias a una excelente y diversificada oferta calidad-precio, entre los llamados destinos turísticos «meridionales» o «mediterráneos», España ocupa un lugar preferente, especialmente en alza a partir de los conflictos en la antigua Yugoslavia, destino tradicional junto a Bulgaria del turismo procedente de las antiguas «democracias populares». En los gráficos 3, 4 y 5 (elaborados a partir de datos recabados de las páginas electrónicas del Instituto Nacional de Estadística [INE] y de Turespaña), puede observarse la evolución a este respecto122:
La fidelidad de dicho público a nuestros destinos turísticos, acompañada, en ocasiones, de la adquisición de una segunda vivienda, favorece el desarrollo del llamado turismo idiomático o lingüístico y del turismo cultural123, precedido de cursos de inmersión en el país de origen, siendo, en este sentido, fundamental la labor de promoción llevada a cabo por las Consejerías del Ministerio de Turismo, adscritas a las Misiones diplomáticas, así como por las Comunidades Autónomas a través de sus representaciones en el exterior, o de la canalización de sus programas de divulgación a través de las representaciones del Estado (Consejerías de Turismo y Centros en el exterior del Instituto Cervantes).