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El español en el mundo > Anuario 2003 > A. A. Murcia y J. M. de Sagarra. Nuevos mercados
El español en el mundo

El español en Europa Centro-Oriental y del Este

Abel A. Murcia Soriano y Josep Maria de Sagarra Àngel

9. Nuevos mercados

Como ya hemos indicado en varias ocasiones a lo largo del presente trabajo, el establecimiento o restablecimiento de relaciones entre España y las antiguas «democracias populares», así como los países de nueva creación en Europa Centro-Oriental y del Este, data de fecha reciente —en cualquier caso, no anterior a la transición española—, especialmente reciente si la comparamos con la tradición de relaciones entre dichos países y otros Estados miembros de la Unión Europea, como Francia, Italia, Alemania o Gran Bretaña.

Las relaciones económicas entre España y los países de la región no suponen, en este contexto, una excepción: hasta prácticamente el inicio del nuevo milenio, las relaciones en este terreno se han visto limitadas a los intercambios comerciales; y no es hasta a partir de 2000 cuando comienza a advertirse un creciente interés de la inversión directa española por la región centroeuropea

Hasta mediados de los años noventa, España fue un país eminentemente importador de capitales, por lo que, hasta esa fecha, podemos considerar el interés de los inversores españoles por Europa Centro-Oriental y del Este como muy escaso o prácticamente nulo (véase la tabla 12/1993-1998). Por otro lado, el aproximadamente 90 % de la inversión exterior española correspondiente a dicho período se ha venido concentrando en países de la Unión Europea e Iberoamérica, lo que ha venido a retrasar, más si cabe, la penetración de los mercados de esta parte de Europa.

Aunque a partir de 1998 puede observarse un incremento sustancial de la inversión española en Europa Centro-Oriental —doblando su volumen año tras año (véase la tabla 12/1999-2002)— hasta fecha reciente ésta se ha encontrado aún por detrás de la inversión de países como Grecia, Portugal o Irlanda, y sigue distando mucho del volumen de inversión de países como Alemania, Francia, EE. UU., el Reino Unido, Italia u Holanda118. A consecuencia de ello —como ya se ha indicado más arriba—, España ha perdido en Estados clave de Europa Centro-Oriental (como Polonia o Hungría) la oportunidad de una participación destacada en las grandes privatizaciones, llevadas a cabo, precisamente, durante los últimos años de la década de los noventa.

A su vez, en el terreno de la balanza comercial, los resultados negativos para España en casos de países como Bulgaria, Lituania, Macedonia, Moldavia, Rumanía, la Federación Rusa o Ucrania, se deben a la presencia de patrones de comercio poco diversificados119; mientras que en casos de países como la República Checa, Eslovenia, Hungría o Polonia nos encontramos frente a patrones ricos y diversos, fruto de la rápida liberalización de estos mercados y de una progresiva adaptación al marco legislativo comunitario, que ha favorecido especialmente el desarrollo de las relaciones comerciales120, así como fruto de la existencia en dichos países de sectores productivos tecnológicamente más avanzados.

En la actualidad, buenas oportunidades para la inversión española en Europa Centro-Oriental se encuentran en el sector eléctrico privatizado, en el sector de la construcción (mediante la absorción de los futuros fondos estructurales), en los sectores de telecomunicaciones (informática, telefonía rural, etc.) y bancario, así como en el sector de la pequeña y mediana empresa.

Según hemos podido observar en el capítulo dedicado a la motivación de los estudiantes de español en cinco países de la región («¿Para qué estudia usted español?»), éstos declaran un interés por nuestra lengua preferentemente con fines personales (satisfacer inquietudes vinculadas al ocio, la cultura, relacionarse con hispanohablantes, hacer turismo, etc., así como a satisfacer el afán por ampliar la propia formación), mientras que el aprendizaje del idioma en relación con objetivos profesionales y laborales se ve relegado a un segundo plano. Estimamos, pues, que una mayor actividad inversora española, unida al creciente esfuerzo desplegado por la acción exterior, redundaría no sólo en una mayor presencia del español en el ámbito empresarial121, sino también en una mayor proyección del español en los ámbitos social y cultural, pues, como hemos apuntado en el capítulo dedicado a la difusión cultural («La difusión cultural a cargo de los agentes locales y la acción cultural exterior»), la actividad comercial y empresarial y la difusión de la cultura y el idioma son complementarias, y de su interacción dependen su desarrollo y afianzamiento en los distintos ámbitos.

  • (118) En la actualidad, la inversión directa española no supera, en ningún país de la región, el 0,1 % del total de nuestra inversión exterior, salvo en algún que otro caso puntual de inversión financiera.
    Asimismo, en el caso de la Federación Rusa, las exportaciones y las inversiones directas españolas se concentran, básicamente, en el área de Moscú. volver
  • (119) Con un predominio de importaciones de combustibles y materias primas (maderas, metales, cueros y pieles en bruto), productos químicos orgánicos, etc. volver
  • (120) Véanse los índices de la balanza comercial en la tabla 11. volver
  • (121) A este respecto, conviene destacar aquí los cursos de español para empresas, impartidos por los centros en el exterior del Instituto Cervantes (véase la nota 74 del epígrafe «El Instituto Cervantes en Europa Centro-Oriental y del Este» volver
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