Abel A. Murcia Soriano y Josep Maria de Sagarra Àngel
Aunque en determinadas épocas España y la política española han tenido un importante peso específico en la región de Europa Centro-Oriental y del Este, no cabe decir lo mismo de la presencia y difusión de la cultura y de la lengua españolas en los países de la región.
Desde una perspectiva histórica, a los reinados de los Austrias, a los Siglos de Oro, les corresponde un mayor interés de España por Europa Centro-Oriental que viceversa (esto es: de los países del área centroeuropea por España), interés emanante como hemos tenido ocasión de ver más arriba de la estrategia española respecto a Europa en su conjunto, estrategia desarrollada, fundamentalmente, en el terreno político y diplomático, pero no acompañada de una presencia directa en la región a escala suficiente como para poder hablar de penetración cultural98. Por el contrario, en siglos posteriores, del xviii en adelante, advertimos un mayor interés de los países de la región especialmente de Polonia por España, interés igualmente motivado por unos objetivos políticos, aunque en esta ocasión sí redundara en la difusión en Europa Centro-Oriental de una imagen de España y de la cultura española que, en cierta medida, hasta hoy ha prevalecido (aunque no sea ésta producto de un programa y de una voluntad específica por parte española).
Así, pues, podemos observar cómo salvo excepciones contadas99 la presencia y divulgación de la lengua y de la cultura españolas en los países objeto de nuestro estudio se ha limitado, tradicionalmente, a aquellas manifestaciones pertenecientes al acervo de la cultura universal, transmitidas, en parte, a través de los filtros de las culturas italiana y francesa100, y, en parte también, a través de las impresiones recabadas mediante autopsia y más tarde difundidas en sus países de origen por viajeros, estudiosos, militares o comerciantes.
Entrado ya el siglo xx, cuando el desarrollo de los medios de comunicación y de los canales y circuitos de difusión cultural podía haber dado lugar a un notable incremento de los contactos e intercambios culturales directos entre España y los países de la región centroeuropea, situaciones políticas divergentes no favorecieron, de uno y otro lado, la normalización de las relaciones y la difusión de las culturas y lenguas respectivas, viéndose ésta limitada a la divulgación a cargo de los mencionados agentes terceros101 y, a resultas de ello, a menudo sometida a la distorsión y a la desnaturalización propias del tópico y del prejuicio.
Aun así, en lo referente al conocimiento recíproco, en términos generales puede decirse que existe una mayor noción de la realidad histórica y cultural española por parte de las sociedades de los países de Europa Centro-Oriental que de la realidad de dichos países entre la sociedad española (tradicionalmente más impermeable a la adquisición y asimilación de tradiciones culturales ajenas), para la cual aún hoy la región centroeuropea sigue siendo, en su conjunto, una gran desconocida. Semejante desconocimiento ha podido igualmente advertirse hasta tiempos recientes entre los agentes comerciales y los empresarios españoles, e incluso en el terreno académico, donde los logros alcanzados en los países de Europa Centro-Oriental, así como en la Federación Rusa en el ámbito, por ejemplo, del estudio de las relaciones históricas aventajan considerablemente la labor de los investigadores españoles. No obstante, son todavía muchos los aspectos pendientes de estudio o en los que aún no se ha abundado suficientemente (el comparativismo histórico, la economía histórica, las influencias recíprocas en el terreno del arte, por citar algunos ejemplos), aspectos en los que se adivinan prometedoras perspectivas de desarrollo mediante un esfuerzo conjunto.
Habitualmente, en la penetración de un nuevo espacio político y geográfico, la actividad mercantil precede a la actividad cultural; a la relación comercial suele seguir el interés por las respectivas lenguas y culturas de los agentes de dicha relación. Así, el establecimiento de relaciones comerciales constituye el paso previo al desarrollo de un conocimiento mutuo en el terreno lingüístico y cultural, a menudo en un primer estadio como mero apoyo a la propia relación comercial (interpretación del discurso de los agentes comerciales, conocimiento de la realidad sociocultural del mercado que se pretende ganar, difusión en éste de la realidad sociocultural de la región de procedencia del producto que se pretende introducir, etc.). Al desarrollo de relaciones comerciales y culturales, sigue el establecimiento de relaciones políticas, que fijan el marco de la cooperación entre los Estados con el objeto de favorecer e incrementar los contactos ya existentes, que, a su vez, se amplían a ámbitos como las inversiones directas, la cooperación cultural y científica entre organismos públicos, los intercambios de expertos y, finalmente, el desarrollo de programas conjuntos en terrenos como el tecnológico, el científico, las infraestructuras, la defensa, etc.
En el caso que nos ocupa, nos encontramos frente a un fenómeno atípico: ante la ausencia prolongada de una actividad mercantil o la ocasionalidad e inconstancia de ésta hasta época reciente, así como ante la ausencia de una acción cultural exterior estructurada sobre la base de un programa complejo y diverso, capaz de abastecer la demanda local de contenidos específicos combinando la divulgación de una cultura general básica con manifestaciones culturales y artísticas de calidad, hasta tiempos recientes la difusión de la cultura en español en el área centroeuropea se ha concentrado en la actividad de los agentes locales y, más concretamente, de los estrechos círculos de especialistas y profesionales102.
En líneas generales, puede decirse que tal ha venido siendo la difusión del español y de la cultura española en los países de la región de Europa Centro-Oriental y del Este hasta inicios de los años noventa, cuando un mayor interés por parte de la acción exterior española, plasmada en el incremento de lectorados, así en la enseñanza media como superior regladas103, y la puesta en marcha de programas más complejos y diversificados de difusión cultural, a través de las agregadurías culturales de las misiones diplomáticas y de los Institutos Cervantes operantes en la región (Centros de Varsovia y Bucarest; más recientemente, Centro de Moscú), imprimió un cambio fundamental en la situación. Dicho cambio se ha traducido en importantes progresos en el terreno de las relaciones culturales directas sobre una base de reciprocidad, coincidiendo, a su vez, con una mayor receptividad de la sociedad española en relación con las culturas de los países del área que nos ocupa, así como con la incorporación a nuestra enseñanza superior reglada de contenidos relacionados con la región de Europa Centro-Oriental y del Este (especialmente del dominio eslavo). Este fenómeno ha venido, de una parte, a llenar lagunas «endémicas» en las Humanidades españolas (especialmente en los estudios filológicos)104 y, de otra, ha redundado en la formación de cuadros de especialistas y profesionales españoles, lo que no sólo ha favorecido de forma considerable el impulso de dichas relaciones directas, sino que ha empezado a aportar resultados tangibles en el marco de una acción exterior actualmente en auge.
Así, pues, hoy por hoy podemos afirmar que, merced a la labor desarrollada durante décadas por los agentes locales a menudo en inimaginables condiciones de precariedad y merced al progresivo aumento de la acción exterior española, en la doble vertiente de llenar las lagunas aún existentes y de ampliar y diversificar los contenidos objeto de divulgación, contamos con una sólida plataforma sobre la que construir unas eficaces redes de difusión cultural, sobre la base de la colaboración entre los agentes locales y la propia acción exterior.
Al ritmo de la apertura de las economías de los países de la región centroeuropea sobre todo de los PECO, han emergido incipientes redes comerciales de difusión cultural (especialmente en los ámbitos de la música, las artes plásticas, la cinematografía y las artes escénicas), gestionadas por operadores locales independientes, quienes, en la actual etapa de consolidación de dichas redes, a menudo buscan el apoyo, eminentemente económico más raramente en relación con la aportación de contenidos, de la acción exterior española. Se trata, a grandes rasgos, de una iniciativa privada con unos objetivos comerciales a corto plazo, no siempre capaz de garantizar la continuidad y calidad de los contenidos que ofrece, pero con una capacidad gestora más operativa y una infraestructura a menudo superior a la de las instituciones públicas locales. La colaboración de la acción cultural exterior con dichos operadores es posible, siempre y cuando se den unas garantías de competencia en la gestión, respecto a los contenidos, así como una difusión eficaz y al alcance de un público mayoritario.
A su vez, en la actual etapa de adaptación de las economías de los países de la región a los requisitos comunitarios, la capacidad gestora de los organismos públicos locales encargados de la difusión cultural se encuentra fuertemente condicionada por unos recursos limitados así económicos como materiales (infraestructuras obsoletas), circunstancia, ésta, que lleva al sector público ora a colisionar, ora a colaborar con los mencionados operadores independientes. Por otra parte, una gestión y un concepto de la difusión cultural no siempre acordes con la imagen de modernidad que la acción exterior española pretende trasladar, dificultan, en ocasiones, la colaboración con dicho sector público, que, por lo demás, suele condicionar sus apoyos al principio de reciprocidad.
Por otro lado, la dificultad del propio sector público local para garantizar una oferta cultural sostenida y autosuficiente, así como la inestabilidad de las redes comerciales de difusión cultural, empujan a los propios organismos públicos, operadores independientes y creadores a buscar el apoyo de patrocinadores privados, que, gracias a una favorable legislación en materia de mecenazgo, encuentran en la difusión cultural una sólida plataforma para su autopromoción105.
Esta diversidad de circuitos, operadores y agentes incrementa el grado de complejidad de la labor de los responsables de la acción exterior, los cuales deben asumir la tarea no sólo de divulgar contenidos, sino de introducir unos hábitos y una cultura de gestión, lo que a menudo implica la participación activa en el proceso de producción e incluso en la elaboración de los propios contenidos de los eventos que se organizan, con el objetivo de ejercer un mayor control sobre dicho proceso y garantizar la genuinidad de los mismos.
Tradicionalmente, los principales ámbitos de incidencia de la acción exterior española en el terreno cultural han venido siendo: las artes escénicas (teatro y danza), las artes cinematográficas, la música, las artes plásticas, y la literatura y el pensamiento. En una etapa más reciente, atendiendo a criterios de modernización y diversificación, se ha procurado ampliar esta oferta a ámbitos como la ciencia y la tecnología, la historia y la arqueología, la sociología, la cultura popular y la antropología, así como la popularización del turismo lingüístico o idiomático y el turismo cultural. Asimismo, se ha incrementado la participación en proyectos conjuntos con instituciones locales y representaciones exteriores de otros Estados (particularmente de la Unión Europea), con el fin de relacionar a artistas e instituciones, así como con el objeto de encontrar otras vías de difusión, mediante la implicación en dichos proyectos de creadores y agentes locales interesados por contenidos de tema español106.
Entre dichas manifestaciones, trataremos aquí de aquellas mayormente relacionadas con la palabra como instrumento y vehículo de transmisión cultural, destacando aquellos aspectos que, a nuestro juicio, serían susceptibles de mejora en relación con la labor difusora: nos referimos a las artes escénicas (más concretamente, al teatro de texto), al cine y a la industria editorial.
En el terreno de las artes escénicas, en la región de Europa Centro-Oriental y del Este, amén de los clásicos del Siglo de Oro (Calderón, Lope de Vega, Tirso de Molina, Cervantes) y también de José Zorrilla, todos ellos de una larga tradición, tanto en cuanto a puestas en escena como a adaptaciones107, resulta particularmente llamativa, bajo las «democracias populares» (especialmente Polonia y la República Democrática de Alemania), la habitual presencia en los escenarios de la práctica totalidad del teatro de García Lorca, figura que, como víctima del franquismo, suscitó una especial simpatía en ese período en Europa del Este.
Después de Lorca, aunque con desigual fortuna en cuanto a la recepción de su obra, es quizá Valle-Inclán el clásico más recurrente. Asimismo, de forma más esporádica, a lo largo de los años sesenta y setenta, se traducirían y representarían obras de Jacinto Benavente, Azorín, Machado, Alejandro Casona, Gregorio Martínez Sierra, Unamuno, Buero Vallejo o Alfonso Sastre, por citar algunos ejemplos. De fecha más reciente es la introducción de dramaturgos actuales, como Sergi Belbel, José Sanchís Sinisterra, Josep M. Benet i Jornet, Javier Tomeo, Francisco Nieva o Rudolf Sirera, traducidos y, en parte, escenificados, gracias a la acción cultural exterior y a las ayudas a la traducción de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes108.
Sin embargo, hasta la fecha la presentación en los países de Europa Centro-Oriental de la dramaturgia arriba indicada se ha venido desarrollando, eminentemente, en el marco de producciones con reparto, dirección de escena y escenografía locales; más raramente se ha dado el caso de puestas en escena en lengua original a cargo de compañías españolas o hispanohablantes. Ello se debe a que, tradicionalmente, el teatro de texto en español ha tenido y sigue teniendo escasa difusión en el exterior (no sólo en los países de la región que nos ocupa), debido a la práctica inexistencia en España de compañías públicas de teatro de texto con un programa de giras destinado al exterior109, así como a la menor popularidad del español frente al inglés, francés o incluso el italiano entre los potenciales públicos receptores110.
Los países de Europa Centro-Oriental y del Este cuentan con una larga tradición teatral, basada en el modelo de compañía estable de repertorio; asimismo, existe en la región una nutrida red de certámenes internacionales de teatro dramático, callejero, de títeres, alternativo, etc. Polonia, Hungría y la Federación Rusa constituyen, en este sentido, importantes «potencias». En este contexto, una mayor presencia del español en los escenarios centroeuropeos requeriría de mayores dotaciones a compañías españolas que permitieran a éstas, de una parte, la participación asidua en los mencionados festivales internacionales y, de otra, las visitas en calidad de compañías invitadas a las grandes escenas centroeuropeas, en el marco de intercambios entre teatros y compañías, miembros de asociaciones internacionales como, por ejemplo, la Unión de Teatros de Europa (UTE) u otras. Paralelamente, convendría avanzar en el sentido de la creación de una compañía estatal de teatro de texto, especializada en itinerancias en el exterior.
En fin, un terreno aún por explotar en el contexto de las artes escénicas y con grandes posibilidades de proyección es el amplio repertorio zarzuelístico, cuya novedad y diversidad debería, sin duda, despertar el interés de los públicos centroeuropeos.
Por su parte, las producciones cinematográficas ofrecen al público la posibilidad del contacto directo con el español, dado que, en las salas comerciales centroeuropeas, éstas raramente suelen exhibirse traducidas. En este terreno, conforme a la apertura de los mercados y a la consolidación de las redes comerciales de distribución, se aprecia una evolución desde el interés por el cine de autor (Buñuel, Saura, Camus, Almodóvar), bajo las «democracias populares», a un interés compartido, en fecha más reciente, por realizadores e intérpretes111. Igualmente, en la difusión de nuestro cine en el área centroeuropea, cabe destacar la labor de la Filmoteca del Ministerio de Asuntos Exteriores y del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), así como la labor de divulgación del cine en español preferentemente mexicano, argentino, cubano y chileno, a cargo de las correspondientes representaciones diplomáticas, habitualmente en colaboración con las representaciones españolas112.
Así, pues, el repertorio más novedoso, distribuido a través de las redes comerciales, encuentra su complemento en la acción cultural exterior, con la divulgación de la filmografía menos conocida o simplemente desconocida de etapas precedentes, así como de obras de realizadores cuya difusión se reduce al ámbito restringido del circuito nacional y que de otro modo no llegarían a las pantallas centroeuropeas. En este sentido, desempeñan un importante papel los ciclos temáticos, bien sobre la filmografía de determinado realizador, actor o colectivo, bien alrededor de determinada etapa de la historia del cine español, de determinado género o contenido temático; ciclos, éstos, habitualmente presentados en el contexto de festivales, semanas o muestras dedicadas al cine español, hispanoamericano o europeo, organizados en el marco de eventos locales sujetos a periodicidad, o bien en el marco de la actividad propia de las misiones diplomáticas y de los Institutos Cervantes113.
A su vez, en el terreno de la difusión de la literatura española en las lenguas locales, se advierten dos claras tendencias en la actividad de los traductores: por un lado, observamos la labor de los filólogos hispanistas, ocupados en la traducción de obras fundamentales de la literatura española (preferentemente clásicos: Cervantes, Quevedo, Bécquer, Lope de Vega, Fernando de Rojas, entre otros), con el fin de llenar las lagunas existentes, así como de ofrecer en lengua local el material de apoyo necesario para el desarrollo de los estudios hispanísticos; la edición de dichas versiones suele correr a cargo de editoriales universitarias o especializadas. Por otro lado, observamos la labor de los profesionales de la traducción, centrados en la difusión, en consonancia con la demanda del mercado editorial, de la literatura en español actual114.
En el aumento, en los últimos años, del volumen de traducciones de todo tipo, del español y de otras lenguas de España, han desempeñado un papel fundamental las ayudas a la traducción de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes115. (Merece la pena también destacar que, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de traducciones directas, de buena calidad, a menudo anotadas y acompañadas de introducciones y comentarios.)
Asimismo, el apoyo de la acción cultural exterior a la actividad editorial local encuentra su complemento en la promoción de las versiones en lenguas locales de obras literarias originalmente en español y en otras lenguas de España, mediante la organización de presentaciones con la participación de autores, traductores y editores; actividades, éstas, en las que la presencia directa de la lengua desempeña un destacado papel.
En fin, una de las grandes tareas pendientes, en el marco de la cooperación cultural y científica con los Estados de la región de Europa Centro-Oriental y del Este, consiste en la recuperación y publicación de los testimonios de la presencia histórica española en la región y de las relaciones históricas con España, a través de la catalogación y edición crítica de los fondos documentales españoles o relativos a España, guardados en archivos públicos y privados de dichos países.
En la actual coyuntura de integración europea, la recuperación del pasado común y de la relación histórica en algunos casos harto lejana en el tiempo tiene por objeto el estrechamiento de lazos entre nuestro país y los Estados de la región, con los que recientemente España ha establecido o ha intensificado sus relaciones, así como el acercamiento de la historia de España a las sociedades centroeuropeas desde una perspectiva crítica y científica. Esta laboriosa tarea debe ser llevada a cabo necesariamente por equipos de historiadores, filólogos y otros especialistas, españoles y de los países de la región centroeuropea, con el apoyo de instituciones públicas, como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) o el Ministerio de Asuntos Exteriores en España y las correspondientes Academias de Ciencias en los países de Europa Centro-Oriental y del Este, en el marco de los convenios vigentes de cooperación cultural y científica116.
En relación con lo expuesto más arriba acerca de la difusión cultural a cargo de la acción exterior española en Europa Centro-Oriental y del Este, creemos advertir, pues, la conveniencia de diversificar los ámbitos de actuación con el objetivo de satisfacer la demanda de los distintos tipos de público, concentrando, de forma particular, el esfuerzo en tres vertientes: el apoyo a la labor académica y filológica del hispanismo local, mediante la organización de congresos, la aportación de fondos bibliográficos, la promoción del sector editorial en ferias y otros certámenes, sin olvidar los programas de ayudas a la traducción; así como la colaboración con agentes locales (instituciones públicas y operadores independientes) en la coorganización de actividades de difusión en los terrenos de las artes plásticas, la música y la cinematografía; y, en fin, el fomento de la reciprocidad117, mediante la puesta en contacto de entidades y organismos españoles y de los países de la región centroeuropea lo que implica una importante labor de información, tarea, ésta, fundamental, que permitirá rentabilizar la inversión realizada y ampliar la acción difusora sobre la base de una sólida red de apoyos locales.
(Sobre los manuscritos árabes, Leningrado, 1947), de la pérdida de contacto con sus colegas españoles a raíz de la contienda civil: «En 1933 cuenta Krachkovski, los arabistas españoles concibieron un valiente propósito nunca hasta entonces llevado a cabo en la historia de nuestra ciencia de editar, bajo el título de al-Andalus, una revista especializada de arabística. (...) Redacté varios artículos [para ella], pero pronto en España estalló la guerra y los verdes cuadernos de al-Andalus, a los que ya me había acostumbrado, dejaron de llegar a Leningrado; la revista dejó de aparecer» (citado a partir de la edición polaca, Nad arabskimi rekopisami, Varsovia, 1952, pp. 230-232).