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El español en el mundo

El español en Europa Centro-Oriental y del Este

Abel A. Murcia Soriano y Josep Maria de Sagarra Àngel

3. La construcción de un nuevo marco de relaciones

La política europea de España se encuentra definida por una clara voluntad de nuestro país de desarrollar una participación activa en las instituciones y políticas de la Unión Europea —no sólo en el terreno económico: también en los importantes capítulos de la política exterior y de la defensa europeas—, así como en los procesos encaminados a la ampliación de la Unión hacia la región de Europa Centro-Oriental, ampliación a la que España en todo momento se ha declarado favorable, como lo demostró el impulso dado a las negociaciones para la adhesión de los PECO durante la Presidencia española de la UE, en el primer semestre de 2002.

A su vez, la importante presencia política que en la actualidad España mantiene en la región de los Balcanes, con Embajadas residentes en la práctica totalidad de los Estados de la zona y activos programas de cooperación y desarrollo (entre los que se cuentan programas de difusión cultural y lingüística, plasmados, por ejemplo, en la reciente creación de las Aulas Cervantes de Zagreb y Belgrado), es reflejo del importante compromiso español en relación con los diversos conflictos registrados en la región —también con respecto al conflicto albanés de Kosovo—, a raíz de la desintegración de la antigua Yugoslavia, entre 1991 y 1995, así como de la voluntad española de contribuir a la estabilización y al desarrollo de la región de los Balcanes en su conjunto.

Por otro lado, en los últimos años España ha apostado por una intensificación de las relaciones con la Federación Rusa, desarrolladas, de una parte, en el contexto de la política global española y, de otra, en el de las posibilidades de las inversiones estratégicas españolas en este vasto territorio. Menos desarrollados se encuentran los lazos con Ucrania y con Bielorrusia, países cuyas relaciones con España podrían intensificarse una vez se haga efectivo el ingreso de los PECO en la Unión Europea; si bien, en el caso de Bielorrusia, un eventual acercamiento se encuentra hoy por hoy condicionado a la democratización del actual régimen bielorruso.

Relaciones de España con los Países de Europa Centro-Oriental (PECO)

En el terreno, pues, de las relaciones bilaterales con los países de la región de Europa Centro-Oriental y del Este, la intensidad de la presencia española en ellos —y, en consecuencia, las posibilidades de difusión del español y de la cultura en español— se encuentra directamente relacionada con la importancia estratégica de determinados Estados en función de los intereses políticos y económicos españoles, contexto en el que los PECO ocupan un lugar preferente.

Respecto a este grupo de países, la política española viene incidiendo de forma particular en el fortalecimiento de lazos con aquellos Estados que, por su superficie territorial y volumen de población, su balanza comercial con España y posibilidades de inversión directa española27, su estabilidad política y posición en las correspondientes áreas de influencia, así como la existencia de un interés por España y lo español y la presencia de instituciones locales con voluntad y capacidad de obrar como plataformas de apoyo a la acción exterior española, se perfilan como socios naturales de España en la región centroeuropea, así como en la futura Unión Europea ampliada. Serían, éstos, los casos de Polonia, Hungría, Bulgaria y Rumanía28; especialmente de Polonia, país llamado a ocupar una posición hegemónica en Europa Centro-Oriental.

A su vez, España está desarrollando una política de estrechamiento de relaciones —acompañada, a lo largo de los últimos años, de la conclusión de tratados y acuerdos de cooperación en diversos terrenos: también en el ámbito cultural y educativo29— con Estados como Eslovaquia, Eslovenia y las repúblicas bálticas, con el objetivo de extender al conjunto de la región el tejido ya existente en el grupo de países mencionados más arriba, así como de incrementar la presencia directa en toda la región centroeuropea.

1. Polonia, Estado destinado a ejercer una hegemonía en Europa Centro-Oriental

España y Polonia, dos países situados en los extremos de Europa, a pesar de su alejamiento, a pesar de la diversidad de razas y del carácter nacional, a pesar de la disparidad de los principios fundamentales de sus regímenes políticos, tienen en común el apego inquebrantable a la religión católica y la lucha en dos frentes extremos contra el enemigo común de la Cristiandad (...) En las grandes horas, cuando el peligro parecía particularmente grave y amenazante, cuando el peligro era más inminente, polacos y españoles supieron salir de sus reductos y correr a la llamada de Roma, para recoger inmortales laureles en Lepanto y en Viena.

Con este afectado párrafo iniciaba el conde Rajnold Przezdzierski —él mismo diplomático— el capítulo dedicado a los embajadores de España en Polonia, en su estudio sobre diplomacia y protocolo en la Corte polaca30. El capítulo en cuestión, redactado a inicios de la guerra civil española y en vísperas de la contienda que sería una de las mayores catástrofes en la historia de Polonia, la segunda guerra mundial, deja entrever, amén de una evidente nostalgia por un lejano pasado glorioso, la eufemística advertencia —en referencia a las victorias española y polaca sobre el Imperio Otomano en Lepanto (1571) y Viena (1683)— acerca de dos nuevas amenazas para Europa: la Rusia soviética y las emergentes dictaduras de corte fascista o nacional-socialista.

No obstante, cabe decir que el análisis de Przezdzierski sobre el modelo de colaboración hispano-polaca es, en lo esencial, acertado: a pesar de dos caracteres nacionales distintos, a pesar de dos sistemas de gobierno divergentes (la monarquía absoluta en el caso de España; la monarquía electiva en el caso de Polonia), una coincidencia de intereses políticos y económicos en la región de Europa Central y del Este, en el contexto más amplio de una política internacional centrada en el escenario europeo, propiciaron, en diversos momentos favorables de la relación histórica, cuando menos el desarrollo de políticas comunes y, en determinados casos, la posibilidad de concertar alianzas31.

Sin embargo, en la Europa de nuestros días no son —como pudieron serlo en los siglos xvi y xvii— la igualdad de confesión o los intereses dinásticos factores decisivos en la articulación de políticas comunes. Otros indicadores, como el peso institucional o la capacidad de los Estados para ejercer una influencia sobre determinada área, gracias a una situación estratégica privilegiada, constituyen en la actualidad importantes parámetros para considerar en la construcción de alianzas y políticas comunes.

Así, pues, hoy podemos afirmar que Polonia, con una población de 38,4 millones de habitantes (similar, por tanto, a la española), se perfila como un futuro aliado natural de España en la Unión Europea ampliada. Ambos países parecen, efectivamente, destinados a desarrollar una estrecha colaboración en el futuro Consejo Europeo, en el que Polonia contará con el mismo número de representantes que España (27)32, con lo que los representantes españoles y polacos, sumados a los de uno o varios países terceros, podrían llegar a constituir una fuerza importante en el seno de la política europea.

Asimismo, con un territorio de dimensiones superiores a los 300.000 km2, fronterizo con siete Estados de Europa Central y del Este, Polonia se perfila no sólo como el país destinado a ejercer una hegemonía en su área de influencia, sino como un Estado con vocación de convertirse en portavoz de las inquietudes de otros Estados de la región —también en el terreno de la difusión cultural—, siguiendo en ello, precisamente, el ejemplo español:

Gozando de contactos amistosos con la práctica totalidad de los Estados de Europa Centro-Oriental, Polonia dispone de la mayor red de diplomacia cultural, abierta, sin ningún tipo de paternalismo, a la colaboración con dichos Estados para la presentación, en países terceros, de su acervo cultural y sus lazos —en ocasiones centenarios— con el conjunto de la región. (...) A partir de cierto momento, ante el sistema polaco lato sensu de acción cultural exterior, surge el ejemplo de España, que ha asumido su presencia histórica en los países de Hispanoamérica no sólo como una oportunidad para sí misma, sino como una obligación hacia dichos países, a resultas de lo cual se ha convertido en una gran difusora de la cultura hispanoamericana. En el año 2000, ha dejado de ser ya una vana fantasía pensar en la diplomacia polaca como en la principal animadora de la difusión cultural exterior de toda la región, pensar en el Instituto Adam Mickiewicz33 como en una institución implicada, por ejemplo, en la acción cultural exterior de Lituania o de Ucrania.

Así lo manifestaba, en 1999, el, a la sazón, director del Departamento de Diplomacia Cultural del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, Rafal Wiz·niewski, en su artículo de presentación del primer Anuario de la diplomacia cultural polaca34, publicación en la que resultan llamativas las frecuentes referencias a España y al Instituto Cervantes, como modelos a imitar (cf. págs. 7, 13, 14, 29, 263).

Viceversa, una eficaz articulación de las relaciones con Polonia podría, a nuestro parecer, constituir la llave para la difusión del español y de la cultura en español en otros Estados de Europa Centro-Oriental y del Este, con los que Polonia ha encauzado o se encuentra en vías de encauzar unas relaciones privilegiadas: Lituania, Ucrania, Eslovaquia y, en un futuro quizá, Bielorrusia35.

Creemos, pues, que no sería arriesgado aventurar la hipótesis de que una profundización en las ya excelentes relaciones bilaterales entre España y Polonia pudiera, en un futuro, llegar a materializarse en la consolidación de una suerte de eje «Norte», España-Francia-Alemania-Polonia, en el cual se encontrasen representadas las políticas comunes de estos cuatro Estados en materias tan trascendentales para la Unión Europea como la agricultura, los fondos de cohesión, la política exterior europea, la defensa europea y, naturalmente, también la difusión cultural y lingüística; la existencia de este marco contribuiría sin duda a afianzar el papel de España como uno de los motores de la Unión Europea e imprimiría un mayor dinamismo a la presencia española en la región centroeuropea, así como a la difusión en ella del español y a la circulación de productos culturales españoles.

2. Bulgaria y Rumanía

En un sentido análogo al arriba indicado en relación con Polonia, estimamos que se podría barajar —sin abandonar el terreno de lo hipotético— la perspectiva de un segundo eje «Sur-Mediterráneo», España-Italia-Bulgaria-Rumanía, en el que se encontrasen representadas políticas comunes en aspectos tan primordiales para estos países como la agricultura, la política mediterránea, los fondos de cohesión social, etc. El trazado propuesto integraría a Italia, país hasta la fecha poco partícipe en las alianzas en el seno de la Unión Europea, así como dos Estados, Bulgaria y Rumanía, que, a pesar de un nivel de desarrollo inferior al de los restantes PECO —su incorporación a la Unión Europea está prevista para 2007—, se perfilan, no obstante, como países con perspectivas de llegar a tener un significativo peso político en el futuro Consejo Europeo ampliado36.

España, a su vez, en tanto que Estado miembro de la Unión, capaz de auspiciar las candidaturas de Bulgaria y Rumanía, así como de apoyar sus intereses durante las negociaciones de adhesión, gozaría de una ventajosa posición para el liderazgo de dicho eje «Sur-Mediterráneo», teniendo en cuenta la tradición de buenas relaciones, así como el buen conocimiento de la realidad y de la lengua españolas en ambos países.

Especial mención merece, en este último sentido, el caso de Bulgaria, país con un elevado número de hispanistas y en el que la presencia de la lengua española resulta particularmente notable (la importancia de la tradición sefardí37 y el desarrollo de unas estrechas relaciones con Cuba en tiempos de la República Popular de Bulgaria parecen ser, entre otros, algunos de los motivos que explicarían este fenómeno), siendo, en estos momentos, el español la lengua extranjera de más rápido crecimiento en este país38.

Rumanía, a su vez, constituye un caso particular en la región, por su condición de único país de lengua románica, lo que, con una población superior a los 22 millones de habitantes (segundo país en volumen de población en Europa Centro-Oriental, después de Polonia), lo convierte en un importante «mercado potencial» para la difusión del español. De ahí la creación, en 1995 —a partir de un ya existente Centro Español en Bucarest—, de un centro en el exterior del Instituto Cervantes en la capital rumana39. Asimismo, la excelente relación desarrollada entre España y Rumanía durante la Presidencia española de la Unión Europea, en 2002, y el decidido apoyo español a la candidatura rumana a la ampliación de la Unión Europea han redundado en el fortalecimiento de la relación política bilateral, así como en un incremento de los hermanamientos y de los programas de cooperación.

3. El caso especial de Hungría

Paralelamente al fomento de relaciones privilegiadas con los países «grandes» de Europa Centro-Oriental, como prioridad de la política española destacan el fortalecimiento de las relaciones bilaterales y el incremento de la presencia directa en el resto de los PECO, independientemente de las políticas comunes que éstos puedan desarrollar con otros Estados de la Unión en el marco de unas relaciones especiales (por ejemplo, Eslovenia con Italia, la República Checa con Alemania o las repúblicas bálticas con los países escandinavos).

En este contexto, conviene destacar el caso especial de Hungría, país con un volumen de población similar al de Bulgaria y con relaciones históricas muy antiguas con España —especialmente con Cataluña—, aunque el interés por la lengua y cultura españolas sea de fecha más reciente. En el contexto de Europa Centro-Oriental, Hungría se revela como un país con evidente vocación centroeuropea, pero, al mismo tiempo, con claros lazos con la Europa meridional; es decir, un país a mitad de camino entre los dos ejes propuestos más arriba; creemos, pues —discurriendo siempre en el ámbito de lo hipotético—, que una posible política de España en relación con Hungría, en el marco de la futura Unión Europea ampliada, podría contemplar la atracción de este país hacia alianzas coyunturales bajo la forma de una «prolongación húngara» de los mencionados ejes «Norte» o «Sur-Mediterráneo».

En el ámbito de la difusión cultural y lingüística, y para dar respuesta al creciente interés de la sociedad húngara por España, a la creación del Aula Cervantes de Budapest debe añadirse el importante esfuerzo realizado por introducir el español en la enseñanza media reglada, con la apertura de una sección bilingüe en la capital y secciones bilingües en otras cuatro ciudades del país40; actuaciones, éstas, que, en un futuro, podrían verse culminadas con la apertura en Budapest de un centro en el exterior del Instituto Cervantes, proyecto actualmente en fase de negociación.

Por otro lado, no hay que olvidar que Hungría es el país más desarrollado entre los PECO (ya lo era en tiempos de las «democracias populares»), motivo por el cual la penetración del mercado húngaro requiere, en la actualidad, de un importante esfuerzo, así en volumen como en calidad, del sector privado español —especialmente en el terreno de las inversiones41—, esfuerzo, éste, imprescindible para garantizar el éxito de la acción exterior en relación con una mayor difusión del español y de la cultura en español en este país.

Otra importante baza para España en relación con el estrechamiento de lazos con Hungría se encuentra en el incremento y fidelización de la constante afluencia de turismo húngaro a nuestro país, tendencia iniciada a partir de los conflictos de los Balcanes en tanto que alternativa al Adriático. Iniciativas a considerar en este terreno podrían ser el incremento y la diversificación de la oferta turística, entre la que el turismo cultural y lingüístico deberían ocupar un lugar destacado.

4. La República Checa, Eslovaquia, Eslovenia y las repúblicas bálticas

La República Checa, Eslovaquia, Eslovenia y las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania constituyen un grupo de países que, merced a un volumen de población más reducido, en comparación con el del resto de los PECO, y a unas economías en mayor o menor medida saneadas, han experimentado una rápida evolución, que les ha llevado a encontrarse en el primer grupo de candidatos a la ampliación de la Unión Europea; candidaturas, éstas, que España ha apoyado con especial énfasis. La relación de España con este grupo de países es reciente y, en general, se encuentra en fase de consolidación. El incremento de las relaciones comerciales y de las inversiones directas en la República Checa, Eslovenia y Eslovaquia se ha traducido, recientemente, en una intensificación de la presencia y un estrechamiento de las relaciones culturales, mediante la firma de tratados de cooperación, el incremento de lectorados en universidades y la apertura de un Aula Cervantes en Praga, así como la próxima apertura de Aulas Cervantes en Liubliana y Bratislava42.

A su vez, las repúblicas de Estonia, Letonia y Lituania constituyen una realidad geopolítica de muy reciente incorporación al horizonte de la acción exterior española. En la actualidad, España se encuentra representada en los tres Estados en régimen de acreditación múltiple43 —aunque, en un futuro próximo, está prevista la apertura de una Embajada residente en cada país—, circunstancia, ésta, que sin duda ha supuesto hasta ahora un freno a la penetración española.

No obstante, y aunque la inversión española ha perdido —al igual que en Hungría— la oportunidad de participar en buena parte del proceso de privatizaciones, el creciente desarrollo de las relaciones comerciales con las repúblicas bálticas (con una balanza negativa para España en los casos de Letonia y Lituania), acompañado de una creciente emigración hacia nuestro país, ha despertado el interés por el estudio del español y el conocimiento de nuestra cultura, lo que ha redundado en el inicio de colaboraciones (de momento con Lituania, en un futuro próximo con Estonia) en el terreno de la formación del profesorado de español como lengua extranjera, así como en la próxima organización de los exámenes oficiales para la obtención del Diploma de Español como Lengua Extranjera (DELE) en Vilna y Tallin; en la actualidad, dichas iniciativas están siendo coordinadas por el Instituto Cervantes de Varsovia44.

En suma, pues, podemos afirmar que —exceptuando las relaciones históricas con Polonia y Rusia, así como las discontinuas relaciones a lo largo del siglo xx con diversos países de la región—, debido a un distanciamiento hasta bien entrados los años setenta de las prioridades de la política exterior española (concentradas hasta entonces en Europa Occidental, Iberoamérica, el Magreb y EE. UU.), hoy por hoy nuestras relaciones con los países de Europa Centro-Oriental y del Este adolecen de cierto retraso, en comparación con el camino ya recorrido por otros Estados de la UE. Nuestra presencia en el horizonte de las sociedades centroeuropeas es, sin duda, mucho más reciente que la de Francia, Italia o Alemania, países con una larga tradición de estrechas relaciones, bien en tanto que referentes culturales, bien a efectos de un pasado de uniones dinásticas, bien, en fin, por meras razones de vecindad.

Asimismo, hasta época muy reciente —segunda mitad de los años noventa—, la región de Europa Centro-Oriental y del Este no ha empezado a atraer la atención de los comerciantes y empresarios españoles, cuya presencia en los países de la región ha ido evolucionando, en este tiempo, del simple pionerismo a posiciones más o menos consolidadas. Aun así, a día de hoy podemos afirmar que, si bien las balanzas comerciales arrojan un buen nivel de crecimiento, no cabe decir lo mismo de las inversiones directas españolas —muy deficitarias en Europa Centro-Oriental—, las cuales, paradójicamente, siguen priorizando su presencia en mercados con un índice de riesgo mayor, como pueden ser los mercados iberoamericanos.

Por otro lado, la difusión del español y de la cultura en español en Europa Centro-Oriental y del Este cuentan, en esta región de más de 195 millones de habitantes (sin tener aquí en cuenta la Federación Rusa), con la ventaja y la oportunidad que suponen la práctica ausencia en el pasado de conflictos bélicos o de grandes intereses encontrados, una opinión recíproca básicamente positiva —sin olvidar la referencia fundamental que representa España en relación con las transiciones de los respectivos países hacia regímenes democráticos—, unos grandes activos que ofrecer: una lengua vehicular universal (la segunda a escala mundial y la cuarta en Europa) y una herencia cultural insoslayable, así como una coyuntura —la actual— especialmente favorable a la expansión del español y de la cultura en español en la región, mientras que otras lenguas de mayor tradición atraviesan una fase de estancamiento o, incluso, de regresión.

A nuestro juicio, pues, la acción exterior española en la región debería incidir en un incremento generalizado de la presencia directa en la zona, aunque priorizando las relaciones con aquellos países que, por los motivos ya expuestos, pueden llegar a constituir la llave para la difusión de nuestra imagen y, por consiguiente, de la lengua y cultura españolas en el conjunto de la región. Para ello, no obstante, resulta necesaria —insistimos— una mayor inversión pública que se traduzca en la apertura de nuevas Embajadas y Consulados, Oficinas Comerciales y de Turismo, Asesorías y Consejerías Técnicas de Educación, así como mediante la extensión de la Red Cervantes, en las modalidades tanto de Aulas Cervantes como de centros en el exterior. A su vez, el esfuerzo de la acción exterior debería contar con el apoyo de una inversión privada mayor que la registrada hasta la fecha —necesaria en tanto que plataforma para el desarrollo de las relaciones comerciales y culturales—, para lo cual quizá resultaría apropiada la organización, por parte de las Administraciones Central y de las CC. AA., así como de las Cámaras de Comercio españolas —en colaboración con las de los países de la región—, de campañas de promoción con el objetivo de atraer y despertar el interés de la iniciativa privada española por Europa Centro-Oriental y del Este.

  • (28) Obsérvese que se trata de los Estados ya existentes con anterioridad a las transformaciones de 1989. volver
  • (29) Véase, a este respecto, la relación de tratados y convenios actualmente en vigor con los Estados de Europa Centro-Oriental y del Este. volver
  • (30) Diplomatie et protocole à la cour de Pologne, par le Compte Renaud Przezdziecki, t. I-II, París, 1934-1937; el fragmento citado en: t. II, pág. 215. volver
  • (31) A guisa de ejemplo citamos el proyecto, concebido en la primera mitad del siglo xvii, de concertar una alianza militar para el control naval del Báltico, con el fin de cortar el abastecimiento de trigo a las provincias rebeldes de Flandes, así como para atajar el dominio sueco en el mismo mar. Véase, al respecto: L. Boratyn´ski, «Stefan Batory, Hanza i powstanie Niderlandów» («Stefan Batory, la Hanza y la insurrección de Flandes»), [en:] Przeglad Historyczny, t. VI, 1908, págs. 50-56, 173-194, 321-334; Ryszard Skowron, «Misja Adama Ma?kowskiego na dworze madryckim w latach 1622-1623. Geneza wspóépracy polsko-hiszpan´skiej w okresie wojny trzydziestoletniej» («La misión de Adam Ma?kowski en la Corte de Madrid en los años 1622-1623. La génesis de la colaboración hispano-polaca durante la Guerra de los Treinta Años»), [en:] Studia Iberystyczne, t. I (Teresa Eminowicz y Ewa Nawrocka red.as), Cracovia, 1999, págs. 35-48; Eiusdem, Olivares, Wazowie i Baétyk. Polska w polityce zagranicznej Hiszpanii w latach 1621-1632 (Olivares, los Waza y el Báltico. Polonia en la política exterior de España en los años 1621-1632), Cracovia, 2002.
    En el terreno de la defensa, resulta asimismo llamativa la proximidad de las actuales políticas polaca y española —quizá por la mencionada condición de «confines de Europa» de ambos países—, con una marcada vocación «atlantista», particularmente en el caso de Polonia, lo que se ha puesto de manifiesto en la reciente adquisición por las Fuerzas Aéreas polacas de un nuevo avión de combate, el F-16 (misma tecnología que posee España), con la perspectiva de una implicación decidida no sólo en la defensa europea, sino también en el contexto de la Alianza Atlántica. volver
  • (32) En la siguiente tabla ofrecemos el número de representantes por países en el Consejo Europeo de la futura Unión Europea ampliada. volver
  • (33) El organismo creado, en 1999, por iniciativa de los Ministerios de Cultura y de Asuntos Exteriores de Polonia, encargado de surtir de contenidos la acción cultural de las misiones diplomáticas y los Institutos de Polonia en el exterior. volver
  • (34) Rocznik polskiej dyplomacji kulturalnej — 1999, Varsovia, 1999; el fragmento citado en: «Ku polskiemu modelowi diplomacji kulturalnej» («Hacia un modelo polaco de diplomacia cultural»), págs. 14-15. volver
  • (35) Siguiendo este planteamiento, el Instituto Cervantes de Varsovia organizó, en 2002, diversos cursos de formación de profesores de español como lengua extranjera en Lituania, Eslovaquia, Croacia y la Federación Rusa. A la misma perspectiva obedecería la reciente creación de una Consejería de Educación, adscrita a la Embajada de España en Varsovia, cuyo radio de actuación está previsto que abarque, además de Polonia, otros países de la zona de Europa Centro-Oriental. volver
  • (36) Véase tabla en nota 32. volver
  • (37) Al parecer, al inicio de la segunda guerra mundial, numerosos sefardíes búlgaros acudieron a la Cancillería española con el deseo de repatriarse a España, aportando viejos documentos toledanos, granadinos, salmantinos y barceloneses, según se hace constar en la monografía, de enero de 2002, de la Oficina de Información Diplomática (OID) dedicada a Bulgaria (pág. 27). volver
  • (38) Ante este importante interés local por el español y por la cultura en español, en mayo de 2000, el Instituto Cervantes inauguró, en la Universidad de San Clemente de Ojrid, un Aula Cervantes, primer centro de recursos de estas características abierto en la zona de Europa Centro-Oriental, al que, posteriormente, han seguido las restantes cuatro aulas de Praga, Budapest, Zagreb y Belgrado. Por otro lado, al igual que en Polonia, a fines de 2002, ha sido creada una Consejería Técnica de Educación, adscrita a la Embajada de España en Sofía, con el objeto de coordinar la difusión del español en la enseñanza media reglada en otros países de la zona.
    Cabe también señalar la intensificación, en los últimos años, de la colaboración entre España y Bulgaria con el objeto de ampliar las relaciones comerciales, así como en materia de protección de las inversiones, desarrollo de programas de cooperación, defensa y promoción turística. volver
  • (39) Centro desde el cual se apoya, mediante la organización de cursos de formación de profesores, la difusión de nuestra lengua en la vecina República de Moldavia, donde, en noviembre de 2000, se inauguró en Chisinau un centro de Hispanística, adscrito a la Universidad del Estado. volver
  • (40) Sin olvidar aquí el importante trabajo de difusión de la lengua y la cultura españolas llevado a cabo por el Departamento de Español del Instituto de Enseñanza Internacional de Lenguas de la Universidad de Ciencias Económicas de Budapest (UCEB). volver
  • (41) En el terreno de la balanza comercial y de la inversión directa, aunque en términos generales puede decirse que la empresa española ha perdido la ocasión de participar en las grandes privatizaciones llevadas a cabo en Hungría en los últimos años, una interesante oportunidad que actualmente se abre ante las pymes españolas sería la participación en la construcción del tejido húngaro de pequeñas y medianas empresas —hoy por hoy aún poco desarrollado—, en el marco de la colaboración entre el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) y la Sociedad Pública para la Promoción de las Inversiones y el Desarrollo del Comercio en Hungría (ITDH). volver
  • (42) SS. MM. los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía inauguraron el Aula Cervantes de Liubliana el 4 de julio de 2002. La inauguración del Aula Cervantes de Bratislava está prevista para 2004. volver
  • (43) Siendo España, Bélgica, Portugal, Grecia y Luxemburgo los únicos Estados miembros de la Unión Europea que no poseen Embajadas residentes en las repúblicas bálticas, mientras que éstas las abrieron en Madrid hace años. Véase nota 24 en el epígrafe «Un nuevo concepto de Europa del Este». volver
  • (44) En Lituania, en colaboración con el Centro Pedagógico de Perfeccionamiento del Profesorado de Vilna; en Estonia, con la Universidad Pedagógica de Tallin, donde existe un lectorado oficial de español que ha permitido la apertura de un centro de difusión de la lengua y la cultura españolas en esta capital. En el mismo contexto, conviene también destacar la importante labor de difusión del español y de la cultura en español, desarrollada en la Universidad de Tartu (Estonia) desde el Departamento de Español de la Cátedra de Lenguas Románicas de dicha universidad, donde, asimismo, existe un lectorado oficial de español. volver
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