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El español en el mundo

El español en Europa Centro-Oriental y del Este

Abel A. Murcia Soriano y Josep Maria de Sagarra Àngel

2. Un nuevo concepto de Europa del Este

Describir la situación del español en Europa Centro-Oriental y del Este implica la tarea ineludible de definir la presencia española en esta vasta región geográfica, así como las relaciones de España con los países que la integran —y no sólo en función de la coyuntura actual: también desde una perspectiva histórica—, analizar la trayectoria de dicha presencia —desde el punto de vista de la acción exterior española, pero sin olvidar la aportación de los agentes locales—, así como la evolución de la imagen de España en el conjunto de la zona.

Teniendo, pues, en cuenta que la región que nos disponemos a estudiar constituye un área geopolítica tradicionalmente poco conocida o alejada de la sociedad española y con escasa presencia en nuestro imaginario cultural, nos ha parecido oportuno, antes de proceder al análisis de la difusión en ella del español y de la cultura en español, llevar a cabo una breve exposición de su historia reciente, así como de la historia de las relaciones de España con los Estados y naciones que la componen. Para ello, parece, ante todo, fundamental definir y acotar la región, una región que, a lo largo de los dos últimos decenios, ha sido escenario de profundas trasformaciones, de cambios sin precedentes en la historia del continente europeo5.

Existen diversos criterios posibles (políticos, geográficos, históricos, lingüísticos u otros) a la hora de agrupar los Estados de la zona que nos ocupa, siendo todos por definición arbitrarios y, al mismo tiempo, cada uno de ellos igualmente válido, en función de los objetivos y necesidades de la clasificación. En el presente estudio hemos optado por un criterio mixto (político, geográfico e histórico), en la confianza de que esta opción nos facilitará la aproximación al área que nos disponemos a abordar. Proponemos, pues, una clasificación en los tres grupos siguientes6:

  • Grupo I: Los llamados PECO (Países de Europa Central y Oriental), candidatos al ingreso en la Unión Europea: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y Bulgaria (criterio político)7.
  • Grupo II: La región de los Balcanes: Croacia, Bosnia-Herzegovina, Unión de Serbia y Montenegro, Macedonia (ERYM)8 y Albania (criterio geográfico).
  • Grupo III: Cuatro Estados restantes (en mayor o menor medida tradicionalmente vinculados al Estado ruso), todos ellos miembros de la CEI: la Federación Rusa, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia (criterio histórico).

En nuestro estudio, pues, no tendremos en cuenta ningún Estado de la Unión Europea, Turquía, así como ningún Estado de Transcaucasia ni de Asia Central.

Asimismo, como hemos indicado más arriba, la consideración aquí de la Federación Rusa, ineludible tanto desde el punto de vista histórico, como político y geográfico, así como de la tradición de la presencia de la cultura española en la cultura y la sociedad rusas, plantea el problema de abarcar la totalidad de este vasto país9, el mayor del mundo, con una superficie territorial superior a los 17 millones de km2 (mientras que la suma de las superficies de los restantes países apenas supera los 2 millones de km2). Debido a ello, los datos tocantes a la Federación Rusa que aportamos en el presente trabajo son parciales y reflejan la situación del español en la zona de mayor incidencia de la acción exterior española, así como de mayor difusión de nuestra lengua y de la cultura en español: las ciudades de Moscú y San Petersburgo.

1. El espacio político

La reunificación de Alemania, con el episodio ya histórico de la caída del muro de Berlín (1989), es, probablemente, el exponente más llamativo del reencuentro de dos Europas —las hasta entonces llamadas «Europa Occidental» y «Europa Oriental» o «del Este»10— y de un cambio radical de perspectiva en la mentalidad de las diversas sociedades europeas sobre la integridad y diversidad del continente. En realidad, el episodio de la caída del muro constituye el punto crítico de un proceso de desintegración del área de influencia soviética, que tuvo su origen en el movimiento liderado por el sindicato polaco Solidaridad (1980), seguido de profundas reformas en el seno de la propia Unión Soviética durante la llamada «era Gorbachov» (1987-91), que condujeron a la desmembración de la URSS (1991)11 y al surgimiento, en el lugar de las antiguas Repúblicas Socialistas Soviéticas, de diversos Estados independientes: la Federación Rusa, Bielorrusia, Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, así como nuevos Estados en las regiones de Transcaucasia y Asia Central, seguidamente agrupados, en parte, bajo la llamada Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Asimismo, en Europa Centro-Oriental, el reflejo de las transformaciones acaecidas en el seno de la Unión Soviética se expresó no sólo en un impulso de la democratización de los sistemas de gobierno y el tránsito progresivo hacia unas economías de mercado: también en una reorganización de los Estados y de las alianzas12.

La construcción del nuevo espacio geopolítico en la región de Europa Centro-Oriental y del Este se ha desarrollado con desigual fortuna: desde la partición pacífica de Checoslovaquia hasta el conflicto múltiple de los Balcanes. En general, puede decirse que el proceso de democratización en los distintos antiguos y nuevos Estados ha transcurrido de forma pacífica en los países ya existentes con anterioridad a las transformaciones (con la excepción, quizá, de la revolución rumana). Sin embargo, en relación con los países de nueva creación, han abundado los conflictos (a menudo derivados en enfrentamientos bélicos) de origen étnico, cultural o religioso, fruto de la concurrencia en los nuevos territorios de minorías nacionales o confesionales que bien se han visto discriminadas por las mayorías dominantes, bien han reclamado una consideración especial o han optado por la secesión13.

No obstante, en la actualidad, transcurridos más de diez años desde el inicio de las transformaciones, se puede hablar de una situación generalizada de regímenes democráticos consolidados —capaces de garantizar una alternancia de partidos— o bien en proceso de consolidación14, una vez resueltos los respectivos contenciosos internos o de vecindad. Esta situación ha permitido, a fines de los años noventa, el inicio de negociaciones para la incorporación a la Unión Europea de varios países de Europa Central y Oriental (los PECO), proceso que, tras el reciente cierre de un primer proceso negociador, culminará con el ingreso en la UE, en mayo de 2004, de Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Estonia, Letonia y Lituania, y con la perspectiva del ingreso en 2007 de Bulgaria y Rumanía15.

La actual coyuntura permite, pues, que nos mostremos optimistas respecto al desarrollo e intensificación de una cooperación cultural y científica con los nuevos y viejos Estados, que, con la perspectiva de una progresiva integración en la Unión Europea, al ritmo de los procesos de democratización y de desarrollo económico, favorezca la difusión, en este nuevo marco geopolítico, de las llamadas «lenguas vehiculares» —entre las cuales, el español ocupa el segundo lugar a escala mundial y el cuarto a escala europea—, así como de las culturas que tienen en ellas su medio de expresión.

2. Viejos y nuevos Estados

Desde un punto de vista historiográfico, el período de un mayor interés español por Europa Centro-Oriental y del Este corresponde a los siglos xvi y xvi, esto es, a los reinados de la casa de Austria, y se circunscribe, ante todo, a las relaciones con el Reino de Polonia (asociado confederativamente al Gran Ducado de Lituania, cuyas fronteras se extendían por aquel entonces desde el mar Báltico hasta el mar Negro, abarcando Bielorrusia y buena parte de Ucrania) y el Gran Ducado de Moscovia (posteriormente Rusia)16, dos poderosos Estados eslavos en una Europa Centro-Oriental cuyo escenario completaban, en esa época, los territorios bajo la soberanía de la rama austriaca de los Habsburgo, con el emperador a su cabeza, y los territorios bajo el dominio de la Sublime Puerta, en la zona meridional de Europa Centro-Oriental.

En dicho escenario y período, la política española se esforzó por fomentar (no siempre con éxito) las buenas relaciones entre austriacos, polacos y moscovitas —con el objetivo de contener la amenaza turca en ese confín de Europa—, así como por procurar la incorporación de Polonia a los Estados centroeuropeos bajo control de los Habsburgo, favoreciendo la candidatura de un archiduque austriaco al trono polaco (objetivo jamás alcanzado) y, eventualmente, el concierto de alianzas y políticas comunes con Polonia en el contexto general de la política europea17.

Posteriormente, con el cambio de dinastía reinante en España y la consiguiente disminución de los intereses políticos españoles en Europa Central (que asumiría la rama austriaca de los Habsburgo), tanto España como Polonia se verían progresivamente desplazadas hacia sus respectivas periferias18, proceso que se intensifica a lo largo del siglo xviii y que culmina, entre los siglos xviii y xix, con la disminución drástica de su presencia en ultramar, en el caso de España, coincidiendo con el auge de Gran Bretaña y Francia en Europa Occidental, y con la pérdida definitiva de la soberanía (1795), en el caso de Polonia (Hungría la había perdido ya, en favor de Austria, en 1687), permaneciendo Rusia como Estado hegemónico en Europa del Este19, a la par que, en tanto que gran potencia emergente, iniciaría su expansión hacia Siberia y Asia Central, expansión que pronto la llevaría a colisionar con los intereses británicos en esta última zona.

A lo largo, pues, de la segunda mitad del siglo xviii—en función de la pérdida de peso político de Polonia y, más aún, al hacerse efectivo su reparto—, se advierte un interés creciente de España no sólo por entablar relaciones comerciales directas con Rusia: también por encauzar un diálogo político fluido con este Estado, con el objetivo claro de contrarrestar las influencias inglesa y francesa en Occidente20. En la instrucción, de 1761, de Carlos III a su embajador en San Petersburgo, el marqués de Almodóvar, podemos leer:

Aunque la remota situación de Moscovia respecto de nuestros dominios aleja también los recíprocos intereses de ambas monarquías, el poder de esta potencia y los influjos que va extendiendo sobre todas las negociaciones y los sucesos de Europa hacen más apetecible cada día su amistad21.

Asimismo, España buscaría la alianza con Rusia en relación con el proceso de emancipación de las colonias inglesas en América del Norte (apoyadas por el comercio español), así como para la formación de un frente común contra la amenaza de la Revolución Francesa.

3. Viejas y nuevas relaciones

En la coyuntura arriba descrita, la presencia española en la región de Europa Centro-Oriental y del Este se vería, pues, reducida a las relaciones con las Cortes de Viena, Berlín, San Petersburgo y Constantinopla, representativas de los intereses supranacionales de los territorios bajo sus respectivos dominios, mas no de las naciones particulares que los integraban.

Habría que esperar al resurgimiento de los sentimientos nacionales, en la segunda mitad del siglo xix, en diversas áreas de la región, y a la restauración de viejos Estados —y la creación de otros nuevos—, a efectos del Tratado de Versalles (1919), para el establecimiento de nuevas relaciones entre España y dichos Estados, relaciones cuyo ulterior desarrollo se vería, no obstante, pronto truncado por las consecuencias de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial: esto es, por la instauración del régimen franquista en España y de «democracias populares» en los países bajo influencia de la órbita soviética, a efectos de la aplicación del Tratado de Yalta (1945).

A pesar de ello, bajo el franquismo se establecieron relaciones comerciales y consulares con algunos países de la región, como Hungría, Polonia o Bulgaria22. Sin embargo, el definitivo restablecimiento de relaciones diplomáticas con la mayoría de países del «bloque del Este» data de 1977, coincidiendo con el inicio de la transición española23; relaciones, éstas, que, a su vez, experimentarían un «relanzamiento», con el inicio de procesos democratizadores en los países de la región centroeuropea (fines de los años ochenta, principios de los noventa). Posteriormente, a la primera mitad de los años noventa corresponde el establecimiento de relaciones con los nuevos Estados, surgidos a raíz de las transformaciones acaecidas en Checoslovaquia, la Unión Soviética y Yugoslavia24.

No obstante, habría que esperar a la segunda mitad de los años noventa (coincidiendo con la Presidencia española de la Unión Europea de 1995) para que se produjera un aumento del interés político de España por Europa Centro-Oriental, que se traduciría en un mayor despliegue de recursos y de la presencia directa en la región25.

Así, pues, en la historia de las relaciones de España con los países de Europa Centro-Oriental y del Este a lo largo del siglo xx, cabría distinguir, a grandes rasgos, las siguientes etapas:

  1. Desde los tiempos más antiguos hasta 1936: relaciones históricas; surgimiento de nuevos Estados en Europa Centro-Oriental a efectos del Tratado de Versalles (1919) e inicio de nuevas relaciones; casos de: Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, Rumanía.
  2. Desde 1936 hasta 1939: guerra civil española; instauración del régimen franquista; reconocimiento del nuevo régimen, casos de: Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumanía; durante la Guerra Civil, relaciones del gobierno de la República con la Unión Soviética.
  3. 1939-1945: segunda guerra mundial.
  4. Desde 1945 hasta 1975: Tratado de Yalta (1945), instauración de «democracias populares» en Europa Centro-Oriental y del Este; ruptura de las relaciones con España, seguida de una tímida apertura de relaciones comerciales y consulares, en los años cincuenta y sesenta, con diversos Estados centroeuropeos.
  5. Desde 1976 hasta 1989: transición democrática española, restablecimiento de las relaciones diplomáticas; casos de Yugoslavia (1976), Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía, la Unión Soviética (1977) y Albania (1986).
  6. Desde 1989 hasta la actualidad: caída del muro de Berlín, inicio de la apertura política de los países de Europa Centro-Oriental y del Este; intensificación de las relaciones ya existentes y establecimiento de relaciones con nuevos Estados; casos de: Estonia, Letonia y Lituania (1991); Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Moldavia y Ucrania (1992); Eslovaquia y la República Checa (1993); Macedonia (1994) y la entonces República Federativa de Yugoslavia —hoy Unión de Serbia y Montenegro— (1996).

En suma, pues, en las relaciones más recientes de España con los actores del actual escenario de Europa Centro-Oriental y del Este cabe distinguir, básicamente, dos grupos de países: aquellos Estados ya existentes con anterioridad al proceso de transformaciones de últimos de los ochenta, primeros de los noventa (Polonia, Hungría, Rumanía y Bulgaria) —las relaciones con los cuales se caracterizan por una mayor tradición y consolidación—, y los Estados de nueva creación (resto de países)26.

  • (5) Salvo que nos remontemos a la época de las grandes migraciones de los siglos iv-vi, o a la consolidación de los primeros Estados nacionales en Europa Centro-Oriental y del Este, coincidiendo con la cristianización de los mismos, en el umbral del segundo milenio. volver
  • (6) A esta clasificación nos atendremos en lo sucesivo a lo largo del presente estudio. Véase la distribución geográfica de los tres grupos propuestos en el mapa 1, «Europa Centro-Oriental y del Este». volver
  • (7) Los dos últimos Estados, Rumanía y Bulgaria, podrían, de hecho, formar aquí un subgrupo, a tenor de la fecha prevista de su incorporación a la Unión Europea, en 2007, tres años posterior a la del resto de países, prevista para mayo de 2004. En el momento de terminar la redacción de este trabajo, se ha producido la solicitud de Croacia de ingresar en la UE en 2007, junto con Rumanía y Bulgaria. volver
  • (8) Siglas cuyo desarrollo es «Ex República Yugoslava de Macedonia» («Former Yugoslav Republic of Macedonia»), nombre oficial de este país. volver
  • (9) Un problema, en realidad, tan antiguo como la propia ciencia geográfica, desde Herodoto hasta nuestros días: la definición de los confines entre Europa, Eurasia y Asia. volver
  • (10) Por otro lado, si bien la situación geográfica de buena parte de los países que nos ocupan justifica claramente el apelativo de países de «Europa Centro-Oriental y del Este», más discutible sería el caso de otros Estados considerados en este trabajo, como los países de los Balcanes y Bulgaria, en la conciencia de cuyas sociedades pesa más el concepto de meridionalidad y mediterraneidad que la pertenencia a un mismo bloque junto con los países septentrionales de su misma longitud geográfica. volver
  • (11) Por la declaración de Brest, de 9 de diciembre, según la cual la URSS dejaba de existir como sujeto de Derecho Internacional y realidad geopolítica. volver
  • (12) Entre los acontecimientos más llamativos de este proceso —o cadena de procesos—, cabe destacar las transiciones pacíficas de Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria; la revolución rumana, saldada con la caída del dictador Ceaucescu (1989); la creación del llamado Grupo de Visegrado (1990)*; la consolidación de las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania, tras el intento frustrado de golpe de Estado en la Unión Soviética (agosto de 1991); la desmembración de la URSS y posterior creación de la CEI (1991); la aparición de las Repúblicas Checa y Eslovaca, fruto de la partición de Checoslovaquia (1993)**; la desmembración de la antigua Yugoslavia en cinco Estados independientes (1991-1992), que dio lugar a diversos episodios bélicos acaecidos entre 1991 y 1995***; la democratización del régimen albanés y los conflictos en relación con las comunidades albanesas de Kosovo (Serbia) y Macedonia; asimismo, en la zona de Europa Oriental, cabe destacar la desigual andadura de las Repúblicas de Bielorrusia y Ucrania, esta última con evidente vocación de integración europea, en tanto que Bielorrusia —con un régimen de carácter marcadamente «postsoviético»— con una clara voluntad de mantener una relación subsidiaria respecto a la Federación Rusa.
    *El Grupo de Visegrado es la comunidad de Estados de Europa Central (Polonia, Checoslovaquia y Hungría), creada en Bratislava en 1990 y, posteriormente, ampliada a las Repúblicas Checa y Eslovaca tras la partición de Checoslovaquia. Los objetivos fundacionales de esta comunidad eran el mutuo apoyo en el terreno político, económico y de defensa, y su principal logro fue la suscripción, en 1992, del Acuerdo Centroeuropeo sobre Libre Comercio (CEFTA), al que posteriormente se unirían Bulgaria, Eslovenia y Rumanía, constituyendo un mercado común centroeuropeo de más de 100 millones de consumidores. A efectos de la estabilización de la región y el posterior ingreso en la OTAN (1999) de sus miembros, el Grupo de Visegrado vio restringida la dimensión de sus objetivos fundacionales; no obstante, el contenido político de esta comunidad de Estados se ha visto recientemente fortalecido, con el consenso de una posición común de sus miembros, bajo el liderazgo de Polonia, en el tramo final de las negociaciones de ingreso a la Unión Europea.
    **En noviembre de 1992, la Asamblea Federal Checoslovaca aprobó la Ley sobre la Disolución de la Federación, con efectos a partir de 1 de enero de 1993.
    ***Episodios entre los que cabe destacar, como los más cruentos, las guerras serbo-croata y serbo-bosnia, concluidas con la Paz de París, de 21 de noviembre de 1995, fruto de los acuerdos de Dayton (Ohio, EE. UU.), de 1 de noviembre, y de Erdut (Croacia), de 12 de noviembre.
  • (13) Nos referimos a los casos de las diversas entidades surgidas tras la desmembración de la antigua Yugoslavia; de las diversas comunidades albanesas; de Moldavia, en relación con las minorías ucraniana y turca de las regiones de Transniestria y Gagauzia, respectivamente; o de los contenciosos, pacíficamente resueltos, surgidos en las repúblicas bálticas con las minorías rusas en ellas residentes. volver
  • (14) Con la única excepción, quizá, de Bielorrusia. volver
  • (15) Asimismo, el previo ingreso, en 1999, en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de los miembros del Grupo de Visegrado (Polonia, la República Checa, Eslovaquia y Hungría), así como la perspectiva del pronto ingreso de Eslovenia y de las repúblicas bálticas, ha contribuido a crear un nuevo marco de seguridad y estabilidad en la zona de Europa Centro-Oriental, imprescindible para la ampliación de la Unión Europea hacia esta región.A su vez, el ingreso en la OTAN ha abierto, en los nuevos Estados miembros, un proceso de modernización de sus ejércitos, que, en términos generales, se puede concretar en la reducción de efectivos, la modernización de armamentos y la formación de cuadros de mando en relación con sus nuevos cometidos en el contexto de la Alianza. Aspecto, éste —el de la formación de mandos—, que incluye el aprendizaje de lenguas extranjeras, como veremos más adelante, en el epígrafe «El Instituto Cervantes en Europa Centro-Oriental y del Este». Añadamos también aquí que la presencia de tropas españolas en el conflicto de la antigua Yugoslavia favoreció el desarrollo en esa región —especialmente en Bosnia-Herzegovina— de programas de difusión del español (el llamado «Programa Cervantes»), iniciativa que en el momento actual parece ver peligrar su continuidad (véase el apartado dedicado a Bosnia-Herzegovina en el epígrafe «El español como lengua extranjera en Europa Centro-Oriental y del Este»). volver
  • (16) El primer embajador polaco cerca de la Corte española fue Juan Dantisco (sus embajadas de 1518-1519, 1522-1523 y 1524-1529); la primera embajada rusa, enviada a Madrid por el zar Alexis Mijáilovich y presidida por el stolnik Piotr Potiomkin, data de 1667, aunque no podemos hablar de relaciones estables hasta la embajada del duque Golitsyn (1722).
    A su vez, a pesar de numerosas visitas de embajadores extraordinarios, la primera embajada española cerca de la Corte de Varsovia fue la del conde de Bena (1745-1749); mientras que la primera embajada española cerca de la Corte de Petersburgo fue la del duque de Liria (1727-1730), si bien hay que esperar a 1761, con la embajada de Pedro Luján, marqués de Almodóvar, para el establecimiento de unas relaciones duraderas. volver
  • (17) Para la interesante historia de las relaciones diplomáticas hispano-polacas en los siglos xvi y xvii, véase: Jerzy Axer y Antonio Fontán eds., Españoles y polacos en la Corte de Carlos V. Cartas del Embajador Juan Dantisco, Madrid, 1994; «Elementa ad fontium editiones», t.os VIII, XI, XII, XV, XVI, XIX y XX: Documenta polonica ex Archivo Generali Hispaniae in Simancas (ed. Walerian Meysztowicz), Institutum Historicum Polonicum Romae, Roma 1963-1970; Maria Bogucka, “Misja Franciszka Mendozy i jego opinie o Polsce. Z dziejów stosunków polsko-hiszpan´skiech w kon´cu XVI w.” (“La misión de Francisco de Mendoza y su opinión sobre Polonia. Acerca de la historia de las relaciones hispano-polacas a fines del s. xvi”), [en:] Odrodznie i Reformacja w Polsce, t. XIX, 1974, págs. 173-185; Jan Kieniewicz, “España y las relaciones polaco-españolas en la historiografía del siglo xx”, [en:] La science historique polonaise dans l’historiographie mondiale, rédigé par M. Leczyk, Wrocéaw 1990; Rajnold Przezdziecki, Diplomatie et protocole à la cour de Pologne, t. II, París 1937, págs. 215-245; Ryszard Skowron, Dyplomaci polscy w Hiszpanii w XVI i XVII wieku (Diplomáticos polacos en la España de los siglos xvi y xvii), Cracovia 1997; Cezary Taracha, “Z´ródéa do dziejów Polski i polonika w archiwach hiszpanskich” (“Fuentes para la Historia de Polonia y documentos polacos en los archivos españoles”), [en:] Kwartalnik Historyczny, t. CIII, 2/1996, págs. 45-54.
    Para la historia de las relaciones diplomáticas hispano-rusas, véase: Ana María Schop Soler, Las relaciones entre España y Rusia en la época de Carlos IV, Universidad de Barcelona, Barcelona, 1971; Manuel Espadas Burgos ed., Corpus diplomático hispano-ruso (1667-1779), Biblioteca Diplomática Española, Sección Fuentes, n.º 2, Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1991; así como Emilio Sáez y Carlos Sáez, El fondo español del Archivo de la Academia de Ciencias de San Petersburgo, Universidad Complutense, Alcalá de Henares, 1993. volver
  • (18) Para la historia de las relaciones hispano-polacas en el siglo xviii, véase: Jerzy èojek, “Polska misja dyplomatyczna w Hiszpanii w latach 1790-1794” (“La misión diplomática polaca en España en los años 1790-1794”), [en:] Kwartalnik Historyczny, t. LXXII, 2/1965, págs. 325-345; J. Morawski, “Espagne et Pologne. Coup d’oeil sur les relations des deux pays dans le passé et le présent”, [en:] Revue de Littérature Comparée, t. XVI, 1936; Barbara Obtuéowicz, “Hiszpania wobec trzeciego rozbioru Polski» («España frente al tercer reparto de Polonia”), [en:] Przeglad Historyczny, t. XC, 3/1999, págs. 337-342; Didier Ozanam, Les diplomates espagnols du xviiie siècle. Introduction et répertoire biographique (1700-1808), Madrid-Burdeos, 1998; Rajnold Przezdziecki,Op. cit., págs. 246-261; Cezary Taracha, “Ambasada hiszpanska w Polsce w latach 1760-1764. Organizacja i funkcjonowanie” (“La embajada española en Polonia en los años 1760-1764. Organización y funcionamiento”), [en:] Przeglad Historyczny, t. LXXXVI, 4/1996, págs. 769-793; Elz·bieta Wierzbicka, “Stosunki Saksonii i Polski z Hiszpania i Neapolem za panowania Augusta II i Augusta III do 1759 r.” (“Relaciones de Sajonia y Polonia con España y Nápoles durante los reinados de Augusto II y Augusto III, hasta 1759”), [en:] Przeglad Historyczny, t. XC, 3/1999, págs. 285-303. volver
  • (19) Frente a las dos grandes áreas de influencia: la germana (prusiana y austriaca) y la turca. volver
  • (20) Véase: Ana María Schop Soler, Las relaciones entre España y Rusia en la época de Fernando VII (1808-1833), Universidad de Barcelona, Barcelona, 1975; Eiusdem, Un siglo de relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Rusia, 1733-1833, Ministerio de Asuntos Exteriores, Dir. Gral. de Relaciones Culturales, Madrid, [1984]. volver
  • (21) Espadas Burgos ed., op. cit., pág. 137.volver
  • (22) En 1951, España inició intercambios comerciales con Hungría, aunque éstos no fueron significativos hasta 1958; en 1957, España y Polonia firmaron un acuerdo sobre pagos y, al año siguiente, en 1958, se firmó un acuerdo similar con Bulgaria. En 1967, España y Rumanía restablecieron las relaciones consulares y comerciales, rotas en 1946; asimismo, en 1969, el embajador de España en París firmó sendos acuerdos con sus homólogos polaco y húngaro por los que se creaban representaciones consulares de estos países en Madrid, y españolas en Varsovia y Budapest; en 1970, se firmó en París un acuerdo similar con Bulgaria. volver
  • (23) En general, conviene destacar la importante referencia que ha supuesto la transición democrática española para todos los países de Europa Centro-Oriental —particularmente para los PECO— en relación con los procesos de democratización de sus respectivos sistemas. volver
  • (24) España mantiene en la actualidad misiones diplomáticas residentes en: Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, la República Checa, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Polonia, Rumanía, la Federación Rusa, Ucrania y la Unión de Serbia y Montenegro; así como misiones en régimen de acreditación múltiple en: Albania (Embajada de España en Roma), Bielorrusia (Embajada de España en Moscú), Estonia (Embajada de España en Helsinki), Letonia (Embajada de España en Estocolmo), Lituania (Embajada de España en Copenhague), Macedonia (Embajada de España en Sofía) y Moldavia (Embajada de España en Bucarest), con la perspectiva de una pronta apertura de embajadas residentes en las tres repúblicas bálticas. volver
  • (25) Además de un mayor apoyo a la promoción de nuestra lengua y cultura, mediante la creación de dos centros en el exterior del Instituto Cervantes, en Varsovia y Bucarest, así como de una mayor presencia institucional en las enseñanzas media y superior regladas, mediante la acción de las Asesorías Técnicas de Educación, creadas en 1991 en varios países, y de los lectorados MAE (véanse las tablas 1No se incluyen aquí las Consejerías de Educación de Varsovia y Sofía, mencionadas en la nota 48, por tratarse de delegaciones aún no operativas en el momento de redactar el presente trabajo., 2En esta tabla, así como en las tablas sucesivas, las casillas en blanco designan el conjunto vacío, mientras que los guiones indican la falta de datos, 3 y 4) volver
  • (26) Si bien, en algunos casos, como el de la República Checa o de la Federación Rusa (y, en cierta medida, el caso de la Unión de Serbia y Montenegro) parece más procedente hablar de continuidad, antes que de construcción de una nueva relación; asimismo, en el caso de las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania, cabría, de hecho, hablar de restablecimiento de relaciones, interrumpidas a raíz de las contiendas española y mundial. volver
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