Mahmud Ali Makki
Firmado el convenio cultural entre Egipto y España y acordada la fundación del Instituto, el ministro Taha Husayn fue invitado oficialmente a España para su inauguración, que se celebró en octubre de 1950 en un acto solemne en el que participaron, además del Ministro egipcio, D. Ramón Menéndez Pidal y D. Emilio García Gómez. En su discurso inaugural, Taha Husayn fijó los tres objetivos del nuevo centro: formar un equipo de egipcios especializados en el estudio del legado cultural hispanomusulmán en colaboración con los arabistas españoles y europeos, extender estos estudios a la cultura española e hispanoamericana y, finalmente, contribuir al estudio del legado cultural de los países norteafricanos, estrechamente vinculado a España a lo largo de la historia, desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna.
Con el fin de formar ese equipo egipcio destinado a trabajar en los campos indicados, Taha Husayn eligió a siete jóvenes recién graduados en diversas universidades, de El Cairo, Alejandría y al-Azhar. Estos jóvenes debían preparar sus tesis doctorales en la Universidad Complutense de Madrid bajo la dirección de D. Emilio García Gómez, misión que cumplieron entre los años 1954 y 1955.
El Instituto Egipcio de Estudios Islámicos (al fundarse, todavía bajo el régimen monárquico, se llamaba «de Faruq I») marca una nueva etapa en las relaciones entre España y Egipto, pues iba a representar un refuerzo para el movimiento arabista español y al mismo tiempo ser cuna de futuros hispanistas. La rica biblioteca con que fue dotado desde el momento de su creación era frecuentada por generaciones de arabistas y otros estudiosos interesados en la cultura del Oriente árabe e incluso en egiptología. El Instituto organizó cursos para la enseñanza del árabe y ciclos de conferencias.
El primer director del Instituto, M. 'Abd al-Hadi Abu Rida, era catedrático de Filosofía. Le asistía con notable eficacia el subdirector, al-Ahwani, residente en España desde 1947, de una vasta cultura y que, siendo una autoridad en los estudios de la poesía estrófica andalusí (moaxajas y zéjeles), fue el primero que se interesó por la literatura española medieval y la del Siglo de Oro. Se le debe la primera traducción, aunque incompleta, de El Quijote. Entre los años 1954 y 1969, el Instituto fue dirigido por Husayn Mu'nis, siendo subdirector el que suscribe estas páginas, ambos andalusistas e hispanistas al mismo tiempo.
Algunos de los miembros de la primera misión de becarios enviada por Taha Husayn volvieron más tarde a ocupar el cargo de directores del Instituto, entre ellos Ahmad Mujtar al-'Abbadi, especializado en la historia de la Granada nazarí y catedrático de Historia en la Universidad de Alejandría, Ahmad Haykal, futuro ministro de Cultura, y Salah Fadl, de una generación posterior, hoy director de la Biblioteca Nacional de El Cairo, todos ellos distinguidos autores de estudios andalusíes con participación en el terreno hispanista.
Completa este cuadro la creación por parte de las autoridades españolas del Instituto Hispano-Árabe de Cultura en el año 1954, cuyo primer director fue D. Emilio García Gómez. Este instituto, que, aunque bajo otra denominación, sigue funcionando y cuyos objetivos eran similares a los del nuestro, constituyó otro nexo cultural entre España y el mundo árabe. Con su edición de textos hispanoárabes y de traducciones de literatura española clásica y moderna prestó servicios valiosísimos tanto a arabistas como a hispanistas.
España dio otro paso en esta magna empresa, al crear en los países árabes más importantes centros culturales españoles que hoy están agrupados bajo el nombre del Instituto Cervantes. Entre estos países, Egipto tuvo un trato preferente, ya que fue aventajado con dos de estos centros en El Cairo y Alejandría. Son muy variadas las actividades de los centros citados: enseñanza del español, ciclos de conferencias, exposiciones, representaciones teatrales, proyecciones cinematográficas, ayudas a los departamentos de español en las universidades en sus tareas docentes, colaboraciones con hispanistas, que tienen a su disposición el material bibliográfico del centro, etcétera. La dirección de esos centros ha estado a cargo de arabistas prestigiosos de la talla de Pedro Martínez Montávez, Federico Corriente Córdoba, Serafín Fanjul, Federico Arbós y otros que no proceden del campo del arabismo pero igualmente competentes en conducir la labor de difusión cultural y docente.
En cuanto al Instituto Egipcio en Madrid, siguiendo fielmente su misión, recibía desde finales de los años sesenta promociones sucesivas de jóvenes graduados que iban a proseguir sus estudios superiores en las universidades españolas, en todas las especialidades. Muchos de estos jóvenes, licenciados en los departamentos de español en Egipto, iban a preparar sus tesis doctorales en temas de literatura española o hispanoamericana, formando así un círculo cada vez más amplio de futuros hispanistas.
Coincide con estos años la creación de departamentos de lengua y literatura españolas en las universidades egipcias. El primer departamento, establecido en 1962, fue el de la Facultad de Lenguas de al-Alsun, Universidad de Ein Shams (Heliópolis), heredera de la escuela del mismo nombre que creara Rifa'a al-Tahtawi hacía un siglo. Su primera directora fue la Dra. 'Aliyya al-'Inani, miembro de la primera promoción de becarios enviada a España en 1950. En el mismo año le siguió al citado departamento otro en la Facultad de Lenguas y Traducción de la Universidad de al-Azhar, dirigido por Ahmad Basim 'Abd al-Gaffar y, actualmente, por Hamid Abu Ahmad. En 1984 se creó en la Universidad de El Cairo el tercer departamento, cuyo fundador y primer director fue Mahmud 'Ali Makki. Entre los directores que le siguieron, citamos a Mahmud al-Sayyed 'Ali y 'Abd al-Fattah 'Awad.
En los últimos años se han creado otros dos departamentos, uno en la nueva Universidad de Helwan, en las afueras de El Cairo, y el otro en la de la provincia de Minia, dependiente de la Universidad de al-Azhar.
Esta expansión en la enseñanza del español se debe a la creciente demanda de esta lengua, aunque el español no está en posición de competir con las dos lenguas extranjeras de arraigada difusión en el mundo árabe, el inglés y el francés.
Otra ventaja que han tenido estas dos lenguas es que se estudiaban, la primera, desde la instrucción primaria, y la segunda, desde la enseñanza media. En cambio, los alumnos que admitíamos en los departamentos universitarios de español no estaban en posesión de ninguna base anterior y tenían que comenzar desde cero. Para remediar esta deficiencia, negociamos y acordamos en 1988 con el Ministerio de Educación Nacional la inclusión en un número de institutos de enseñanza media de cursos de español como lengua opcional. El relativo éxito de la experiencia, en la que nos respaldó el Centro Español, ha contribuido a la mejora del nivel de los alumnos que deseaban continuar el aprendizaje del español en la carrera universitaria, aunque todavía estamos lejos de obtener para la lengua de Cervantes un trato igual al de las dos lenguas citadas.
Una labor muy positiva, por cuanto despertó el interés del gran público por la cultura española, fue la traducción al árabe de obras maestras de su literatura. Comenzada esta tarea por la primera generación de hispanistas y proseguida por sus sucesores, salieron a la luz en versión árabe decenas de obras literarias de toda índole: poesía, narrativa, teatro, crítica literaria, etc. Las traducciones no se han limitado a lo escrito por españoles, sino que se han extendido también a las obras producidas por hispanoamericanos. El Consejo Superior de Cultura de Egipto ha puesto en marcha un Proyecto Nacional de Traducción, en que las obras en castellano ocupan un lugar destacado. Últimamente se ha creado, mediante un convenio entre la Embajada de España y la Universidad de Ein Shams, el Premio Mahfuz-Cervantes para las mejores traducciones del español al árabe y viceversa. Varias editoriales privadas dan la bienvenida a los títulos españoles.
La iniciativa emprendida por Egipto de abrirse a la cultura española desde el año 1950 fue seguida más tarde por otros países árabes del Oriente, como Siria, el Líbano, Iraq, Arabia Saudí y algunos países del Golfo. Desde los sesenta, becarios de estos países afluyen a España, constituyendo núcleos de andalusistas e hispanistas que con el tiempo se van desarrollando paulatinamente de un modo satisfactorio. En cuanto a los países del norte de África, cuyas relaciones con España por su antigüedad son tradicionales, ya tenemos varias generaciones de hispanistas de sólida formación, especialmente en Marruecos y Túnez.
Todos estos esfuerzos, tanto en el campo de la enseñanza del castellano, como en el de la divulgación de obras literarias, proyectan una imagen optimista y alentadora para el futuro de la cultura hispánica en el mundo árabe.
Esperamos que, con la cooperación generosa que hemos recibido de las autoridades españolas, lleguemos a reanudar unas relaciones humanas que se remontan a muchos siglos atrás.