Mahmud Ali Makki
Si la España presente era ignorada por nuestra intelectualidad del siglo xix, en cambio, la del pasado, es decir la musulmana, al-Andalus, era «el paraíso perdido» pero cuyo recuerdo era vivo, imborrable. Recordemos que a principios del siglo xvii, cuando se procedía a expulsar a los últimos moriscos, un literato magrebí originario de Tremecén, Ahmad ibn Muhammad al-Maqqari (1578-1631), escribía en El Cairo su magna enciclopedia histórico-literaria sobre al-Andalus, titulada Nafh al-tib. Esta voluminosa obra, una especie de elegía y apología y manantial de información acerca del «paraíso perdido», ha sido una de las de mayor circulación, todavía en manuscritos desde su composición hasta el día de hoy. Por ello, fue una de las primeras publicadas en El Cairo en 18626.
Fue este libro durante los siguientes años la fuente principal de multitud de obras de creación literaria inspiradas en la historia de al-Andalus. Pero se advierte que a la mayoría de los autores de las citadas obras les importaba muy poco el hecho de que el al-Andalus de ayer fuera la España de hoy, como si no hubiera relación de continuidad entre las dos Españas, la musulmana y la cristiana. Sin embargo, no faltaron algunas pocas excepciones, representadas por dos insignes hombres de letras que miraban con cierta simpatía a la España de su tiempo. El primero fue el poeta egipcio, declarado «Príncipe de los Poetas Árabes», Ahmad Sawqi (1868-1932), a quien las autoridades británicas decidieron desterrar en el año 1914 a causa de su postura patriótica a favor de la independencia de Egipto. Al dejarle escoger el país de su exilio, el poeta eligió España, donde pasó más de cuatro años. Los poemas que Sawqi enviaba a la prensa egipcia y en los que expresaba la nostalgia de su patria y al mismo tiempo describía los vestigios de la civilización árabe en Andalucía, eran muy celebrados por el público árabe. No faltaban en este primer contacto árabe con la España moderna frases elogiosas al país anfitrión que lo acogió con toda clase de atenciones7.
El segundo personaje fue el libanés Sakib Arsilan (1869-1946), amigo de Sawqi, ensayista e historiador de gran prestigio en el mundo árabe. Residió entre Francia y Suiza durante veinticinco años, durante los cuales hizo varias visitas a España a partir del año 1930. Fruto de este contacto directo con España fue su obra de viaje titulada al-Hulal al-sundusiyya,en tres volúmenes, que constituyen la primera descripción de las ciudades de España, y en las que se dedica más interés a las de historia musulmana más prolongada. Arsilan publicó también una traducción de El último Abencerraje de Chateaubriand, seguida por una breve historia de la España musulmana. Las obras de este literato libanés pueden considerarse la primera aproximación científica a la historia de al-Andalus basada en una visión directa y actualizada de la España del primer tercio del siglo xx.
Por estos mismos años, el gran pensador egipcio Taha Husayn (1889-1973), calificado de «Decano de las Letras Árabes», formulaba su proyecto sobre el futuro de la cultura en Egipto plasmado en el libro que lleva este título8. En él, este invidente pero visionario renovador de las letras árabes insistía en la necesidad de reanudar las relaciones históricas y culturales con los países mediterráneos: Grecia, Italia, Francia y España. De este último país decía que la cultura andalusí, que floreció en la Península a lo largo de ocho siglos, podía servir de plataforma para conocer la gran cultura española en sus dos vertientes: la islámica y la cristiana. Había que comenzar por exhumar los tesoros de la cultura andalusí que aún permanecían inéditos. El primer paso en este camino fue el proyecto patrocinado por Taha Husayn, por aquel entonces decano de la Facultad de Letras de la Universidad de El Cairo, de editar la enciclopedia literaria andalusí al-Dajira, del autor Ibn Bassam, de Santarén (m. 1147). Para llevar a cabo la edición de esta obra, eligió a cinco jóvenes recién graduados en el Departamento de Lengua y Literatura Árabes, entre los cuales figuraba ‘Abd al-‘Aziz al-Ahwani, de cuya carrera hablaremos con más detalle. Entre los años 1939 y 1945, la comisión formada por estos jóvenes pudo editar tres volúmenes de al-Dajira, pero más tarde cuatro de ellos se dedicaron a otros campos de investigación y el único que mantuvo su interés por los estudios andalusíes fue al-Ahwani. La curiosidad que despertó Taha Husayn por el pasado andalusí en sus alumnos hizo que dos de ellos se interesaran por la historia del Islam en España. El primero fue Muhammad ‘Abd Allah ‘Inan (1898-1986), abogado de profesión pero dedicado plenamente a los estudios históricos. Desde el año 1936 comenzó a escribir una historia de al-Andalus en varios volúmenes, desde la conquista árabe hasta la caída de Granada. En las sucesivas ediciones de esta obra, pudo mejorar su contenido gracias a sus repetidas visitas a España y a la consulta de fuentes europeas y especialmente españolas.
El segundo fue Husayn Mu’nis (Monés) (1909-1996), de formación académica, pues era catedrático de Historia en la Universidad de El Cairo. Su profesionalidad, su dominio de varias lenguas y su cultura enciclopédica le hicieron capaz de realizar una grandiosa labor. Desempeñó por dos veces el cargo de director del Instituto Egipcio en Madrid a lo largo de más de diez años, gracias a lo cual pudo dominar la lengua española y escribir en ella estudios muy valiosos. Su obra es muy variada: trabajos originales, traducciones del español al árabe, edición de textos, etcétera.
La ambición de Taha Husayn no se limitaba a estimular y orientar a sus alumnos, y llevarles de la mano por el camino arduo de la investigación. Su proyecto tenía el objetivo de crear una institución que garantizara la continuidad de las relaciones culturales con los países mediterráneos, comenzando por España. Cuando en el año 1950 fue nombrado Ministro de Educación Nacional, consideró oportuna la realización de su sueño: negoció con las autoridades españolas un convenio en el que se estipulara la creación de un Instituto Egipcio en Madrid que sirviera de nexo cultural permanente entre Egipto y España.