Mahmud Ali Makki
A partir de los años 1516 y 1517, el panorama del Oriente Medio cambia radicalmente. En estos años las huestes turco-otomanas de Salim I conquistan Siria, Egipto y más tarde el resto del mundo árabe excepto Marruecos. Egipto pierde el papel de hegemonía política y espiritual que ostentaba hasta estos años sobre el mundo del Islam y pasa a ser una provincia del Imperio Otomano. La economía sufre un grave revés, pues los puertos mediterráneos egipcios y sirios dejan de ser importantes emporios comerciales y con ello desaparecen gradualmente los consulados y los intermediarios lingüísticos. La actividad intelectual, lo mismo que los demás aspectos de la vida, sufren un marcado retroceso. A lo largo de los tres siglos siguientes los países árabes caen en un prolongado letargo.
Habrá que llegar a los principios del siglo xix, cuando Muhammad ‘Ali, gobernador semiindependiente de Egipto, pone en marcha su proyecto de modernizar el país. Así comienza a soplar el viento renovador de la llamada nahda (‘renacimiento’), y Egipto, una vez más, recupera su papel precursor de este movimiento en el Oriente árabe. Durante el siglo xix y principios del xx, son enviados a Europa centenares de jóvenes para formarse en las ciencias modernas. Entre ellos, uno de los más brillantes fue Rifa‘a Rafi‘ al-Tahtawi (1801-1873) que, de vuelta de Francia, fundó la Escuela de Idiomas (Madrasat al-Alsun), destinada a las tareas de traducción. Los discípulos que formó en esta escuela vertieron al árabe bajo su dirección centenares de obras que abarcaban toda suerte de ciencias y letras. Las lenguas objeto de esta grandiosa labor de traducción eran el francés y el inglés y más tarde, en menos cantidad, el alemán. El español, ya olvidado, no hacía acto de presencia.