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Pasaron felizmente aquellos años oscuros de la censura... aunque aún
en España se sigan doblando las películas extranjeras, quizá como
consecuencia de la inercia del público educado ya en tal aberración,
aunque también, por supuesto, por la presión de compañías
multinacionales norteamericanas que no están dispuestas a prescindir
del ventajoso regalo franquista de que sus actores hablen en español.
Actualmente, en algunas grandes ciudades españolas es posible ver
películas en versiones originales subtituladas, como en Portugal o en
todos los países de América Latina.
Asombrosamente, algunas de esas películas
subtituladas están habladas originalmente ¡en español! Hay casos
notables como La vendedora de rosas, que el colombiano Víctor
Gaviria dirigió en 1998, o La perdición de los hombres (2000)
del mexicano Arturo Ripstein. Su español autóctono puede llegar
a hacer imposible la comprensión de los diálogos en otros lugares
de habla española.
No hay, pues, una lengua española universal en el cine.
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