Emilio Lamo de Espinosa y Javier Noya
Como hemos visto en uno de los primeros apartados, la utilización de las encuestas nos permite medir la utilidad percibida de las lenguas, es decir, la importancia subjetiva de las lenguas para los hablantes. Esto puede servirnos de contraste con los índices de utilidad «objetiva» construidos por los lingüistas.25
A modo de ilustración necesariamente concisa y exploratoria, apoyándonos en los datos del Eurobarómetro 54, podemos comparar la importancia objetiva de las lenguas obtenida por Jaime Otero, con la atribuida por los europeos. En particular, nos interesa determinar si las ponderaciones atribuidas por el lingüista a distintos factores (exportaciones, número de hablantes, etc.) tienen la misma relevancia para los hablantes o posibles demandantes de una lengua a la hora de valorar la utilidad de las lenguas.
En la tabla 12 presentamos las correlaciones del índice de importancia objetiva (Otero), por un lado, y de la utilidad percibida de la lengua (Eurobarómetro), por otro, con cada una de las variables que Otero incluye en su índice de importancia: número de hablantes, índice de desarrollo humano (IDH), número de países, exportaciones, traducciones y reconocimiento como lengua oficial en la ONU. Las lenguasincluidas en el análisis son seis del total de las diez consideradas por Otero (inglés, francés, español, alemán, italiano y sueco).
La utilidad percibida está más relacionada con aspectos económicos o de bienestar (índice de desarrollo humano o exportaciones), y menos con factores políticos o lingüísticos, que el índice de importancia objetiva del lingüista. Una primera iniciativa a tomar puede ser incorporar la utilidad percibida a los índices de importancia de las lenguas, aunque sólo sea como factor de corrección o fuente de error a tener en cuenta en una medición multi-rasgo.
A la postre, parece recomendable profundizar en la investigación sociológica de la importancia de las lenguas y, en particular, de las motivaciones en la demanda de las segundas lenguas. Esto sólo puede lograrse mediante una estrecha colaboración entre la sociología y la lingüística que en otros campos de estudio de las lenguas ya ha dado sus frutos.