José María Davó Cabra
El español se puede estudiar en Francia dentro de dos marcos: el de la enseñanza reglada y el de la enseñanza no reglada. El primero de ellos coincide con el sistema educativo, mientras que el segundo abarca toda la enseñanza del español fuera del mismo.
En el caso de la enseñanza reglada, el aprendizaje del español está unido a las demás materias que componen los distintos cursos, tanto en los centros públicos como privados. Se trata de un mercado que no es accesible a priori, en lo que se refiere a la enseñanza misma del idioma por estar integrado en el sistema educativo, aunque sí sería interesante en el aspecto relativo a la metodología de enseñanza. Ésta ha de ser entendida como un «saber hacer» inmaterial distinto del material didáctico, aunque íntimamente ligado a él. Sin embargo, este mercado está totalmente condicionado por la política del Ministerio de Educación francés y, más concretamente, por las directrices que imponen los inspectores pedagógicos (generales y regionales).
Dentro de este sector se incluye toda la enseñanza de lenguas que no forma parte de los planes de estudio oficiales (y más concretamente de la enseñanza primaria, secundaria y superior). Este tipo de enseñanza puede ubicarse bajo la denominación de formación continua.
Ésta se desarrolla gracias a la obligación legal de las empresas de formar al personal activo (mencionada en el epígrafe anterior) y a la multiplicación de cursos de formación en el marco de acción pública a favor del empleo, e iría orientada principalmente a dos tipos de público objetivo:
Las fuentes de financiación de este tipo de formación provienen principalmente de tres sectores:
La formación profesional de los activos ocupados representa el 55% de los gastos de formación. En principio, concierne a los centros internos de las administraciones o empresas. Sin embargo, esta población es también la clientela de los organismos privados.
El mercado de la enseñanza no reglada de lenguas extranjeras es un mercado difícil de investigar debido a su atomización y a la falta de asociaciones fuertes del sector. Es importante destacar que en él concurren tanto instituciones públicas (en especial los ayuntamientos y consejos regionales) como academias privadas.
Los ayuntamientos de las principales ciudades de Francia ofrecen cursos de idiomas a unos precios relativamente asequibles, ya que están subvencionados. El español es un idioma que siempre está presente en estos cursos, por ser uno de los más demandados tras el inglés.
También existen centros de formación de adultos del Ministerio de Educación, llamados GRETA. Estos centros imparten cursos destinados principalmente a los trabajadores y demandantes de empleo, aunque los estudiantes también pueden beneficiarse de esta formación (con un precio aproximado de 10 euros por hora).
En lo que se refiere a las academias privadas, existe un gran número de ellas de tipo familiar que atienden a un público muy local. También hay cadenas de academias, algunas de ámbito regional y otras extendidas por todo el territorio francés. El idioma más enseñado en aquéllas es el inglés, por la gran demanda que existe de este idioma en el mercado de trabajo, hasta el punto de que muchas academias de idiomas están especializadas exclusivamente en esta lengua. Sin embargo, otras muchas ofrecen un abanico más amplio, en cuyo caso casi siempre suele estar presente el español, junto con el alemán y, en menor medida, el italiano.
No podemos dejar de señalar el papel desempeñado por los institutos y centros culturales de los diferentes países en Francia. En el caso de España, el Instituto Cervantes, que cuenta con centros en Burdeos, París y Toulouse. Además de impartir cursos de español, el Instituto Cervantes organiza numerosas actividades culturales y gestiona el examen DELE.
La necesidad cada vez mayor de acreditar los conocimientos de idiomas está originando la aparición de diversos diplomas, que conforman un interesante mercado. El principal diploma de español existente en Francia es el DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera), expedido por el Instituto Cervantes y la Universidad de Salamanca, aunque también debemos mencionar los títulos de la Cámara Oficial de Comercio de España en Francia, los de la Asociación Francesa de Cámaras de Comercio (estos dos más orientados hacia un ámbito profesional y comercial) y, recientemente, el DSCL (Diplôme Supérieur de Competènce en Langues) del Ministerio de Educación francés.
A pesar de la preeminencia del DELE, éste no ha conseguido todavía la popularidad de sus homólogos británicos o estadounidenses en lengua inglesa. En estos momentos, y debido al gran número de alumnos que está estudiando español, nos encontramos en una coyuntura favorable para que el DELE se convierta en el referente lingüístico del español en Francia. Para ello habría que aumentar los recursos dedicados a la difusión de este título. Ésta se podría enfocar hacia tres públicos-objetivo:
Algunas escuelas universitarias francesas están incluyendo el DELE dentro de sus planes de estudio, haciéndolo equivaler a un determinado número de créditos. Estas escuelas suelen ser de comercio o de ingenieros.
Un factor negativo para los diplomas de español es el hecho de que muchos alumnos, tras afrontar el coste de un título (o varios) de inglés, son reticentes a la hora de realizar un nuevo desembolso para lograr el diploma de su segundo idioma.
A medio camino entre el turismo y los cursos académicos, las estancias lingüísticas en el extranjero son un complemento importante para el aprendizaje de idiomas. La tipología de cursos que se ofrecen y el público al que van dirigidos han aumentado considerablemente en las dos últimas décadas.
Las estancias lingüísticas pueden definirse como «todo desplazamiento de una persona fuera de las fronteras de su país, superior a seis días e inferior a un año, destinado al aprendizaje in situ de una lengua extranjera por diversos medios y a familiarizarse con la cultura del país de acogida, mediante el contacto con sus habitantes y disfrutando de los atractivos culturales y turísticos de este país»1.
Dentro de las estancias lingüísticas, hay que distinguir tres elementos: el viaje, el alojamiento y el curso; a éstos se pueden añadir complementos como visitas turísticas y culturales, deportes u otro tipo de actividades. Los clientes pueden adquirir cada uno de estos elementos por separado o conjuntamente en un paquete.
El público-objetivo de las estancias lingüísticas podría clasificarse por su edad en tres grandes grupos:
Si bien hasta ahora los principales clientes de las estancias lingüísticas han sido los escolares y los universitarios (en el caso del español especialmente este segundo grupo, ya que nuestro idioma se estudia normalmente como segunda lengua extranjera), cada vez está aumentando más el número de adultos que parten al extranjero para mejorar o poner al día sus conocimientos, debido a la creciente importancia de los idiomas en el mundo laboral.
Se puede decir que el sector de los escolares está experimentando en estos momentos un menor crecimiento, debido, por una parte, a la saturación del mismo y, por otra, al descenso de la natalidad. Sin embargo, el mercado de los jóvenes y el de los adultos tiene una situación mucho más dinámica. (gráfico 2)
Aunque la oferta de posibles países de destino para los estudiantes franceses es muy amplia, la demanda se centra en los países anglófonos, y más concretamente en el Reino Unido, Irlanda y los Estados Unidos, que conjuntamente acaparan un 80 % de la demanda. En cuanto a los destinos diferentes de los anglófonos, hay que señalar una tendencia en los últimos años a sustituir Alemania por España, en consonancia con las opciones de lenguas escogidas en la enseñanza. De todos modos, estos países, junto con Italia, representan un porcentaje relativamente pequeño dentro de los destinos escogidos.
También habría que señalar un gran interés, por parte de los estudiantes, en realizar sus estancias en destinos alejados de Francia, lo que podría llevar en los próximos años a un aumento de las estancias en países de Hispanoamérica, aunque es difícil que representen un porcentaje significativo del mercado.
A continuación se exponen un par de productos, poco utilizados hasta ahora, pero que en la actualidad están siendo cada vez más demandados, a saber, las prácticas en una empresa en el extranjero y los trabajos temporales en el extranjero.
Las prácticas en una empresa en el extranjero son un producto muy demandado en los últimos años. Esta forma de estancia lingüística permite el perfeccionamiento del idioma, adaptado a un contexto profesional, al tiempo que se ponen en práctica los conocimientos adquiridos durante los estudios. Evidentemente se trata de llevar a cabo un trabajo que sea útil para la empresa, pero que al mismo tiempo proporcione al becario la oportunidad de aprender sobre el funcionamiento de la empresa o del sector. Las prácticas en empresas son muy frecuentes en Francia, hasta el punto de que muchas escuelas (tanto de negocio como de ingenieros) las han incorporado como parte de sus planes de estudio. Por ello, no es extraño que a esta experiencia laboral se quiera incorporar un elemento de internacionalización, cada vez más valorado en una economía globalizada, y que puede ser un aspecto decisivo en el currículum del estudiante. Para llevar a cabo esta experiencia es necesario un cierto dominio del idioma de trabajo utilizado en la empresa, ya que de otro modo el becario no podría realizar ninguna tarea de utilidad para la misma. Por este motivo, algunos promotores de este tipo de estancias se aseguran de que el becario tenga un conocimiento suficiente del idioma antes de enviarlo a la empresa; para ello pueden realizar exámenes de nivel y cursos intensivos, ya sea en el país de origen o en el de destino. Respecto al viaje y al alojamiento, los puede conseguir el becario por su cuenta o incluirse en un paquete por parte del promotor. Por lo que respecta a la posibilidad de hacer estas prácticas en España, nos encontramos con la gran dificultad que supone la poca tradición existente hasta ahora entre el empresariado español de recibir becarios. Este fenómeno apenas ha hecho más que despuntar, especialmente entre las compañías multinacionales implantadas en nuestro país y algunas grandes empresas españolas, aunque todavía muchos empresarios no acaban de ver las ventajas que un becario puede aportar a su empresa. Sin embargo, algunas cámaras de comercio españolas han iniciado ya actividades en este campo.
Hay pues, en este sector, un importante nicho de mercado que podría ser desarrollado por organizadores españoles de estancias lingüísticas: bien buscando prácticas, bien organizando paquetes enteros que incluyesen alojamiento, viaje y exámenes de nivel de español. El público objetivo serían los alumnos de las grandes écoles, que se caracterizan por ser estudiantes con una buena preparación y un alto nivel adquisitivo.
Con esta denominación se designan los trabajos, normalmente de escasa cualificación profesional, que se realizan por personas que llevan a cabo estancias lingüísticas en el extranjero, como medio para sufragar total o parcialmente dicha estancia. Realmente no se corresponde con un tipo de estancia específica, sino que puede ser un complemento a varias modalidades de ellas. Por ello, no se trataría de un producto nuevo, sino más bien de un complemento a la oferta ya existente. Es decir, consistiría en ofrecer junto a los productos más tradicionales (los distintos tipos de estancias lingüísticas) la posibilidad de realizar complementariamente un trabajo.
Las estancias lingüísticas están organizadas por los que podríamos denominar como promotores. Los promotores pueden ser sociedades comerciales (con una licencia de agencia de viajes) o asociaciones no lucrativas, que deben tener una autorización de la Secretaría de Estado de Turismo francesa. Estos promotores suelen ser franceses o multinacionales, que operan en coordinación con uno o varios socios locales del país de destino.
Es muy importante destacar el cambio que se ha producido en este sector en la última década, y que aún no ha concluido. En su origen, muchos de estos promotores no eran más que profesores de enseñanza secundaria, academias de idiomas o asociaciones de padres que organizaban estancias a pequeña escala (especialmente en el Reino Unido). En una segunda etapa, pasaron a constituirse como asociaciones culturales, ya que ello les reportaba importantes ventajas desde un punto de vista fiscal. Durante los últimos años de la década de los años setenta y la de los ochenta, este sector ha experimentado un crecimiento espectacular, por lo que algunas de estas asociaciones alcanzaron importantes cifras de negocios.
La reciente reforma fiscal que somete al mismo tipo impositivo del IVA tanto a las asociaciones como a las sociedades mercantiles ha propiciado que muchas de las que se dedicaban a la promoción de estancias lingüísticas se hayan transformado en sociedades, aunque otras continúan bajo la forma de asociaciones. De esta forma se restablece un equilibrio entre el sector comercial y el asociativo, acusado hasta ahora, con frecuencia, de competencia desleal por una actuación comercial encubierta.
En la actualidad el mercado está bastante atomizado, con unos pocos organizadores de estancias lingüísticas que acaparan cuotas importantes del mercado, caracterizadas por atender a diferentes edades (niños, jóvenes y adultos) y ofrecer diferentes tipos de estancias, y una multitud de organizadores de pequeño tamaño (más de trescientos) que proponen estancias más específicas.
Asimismo, son necesarios una serie de permisos relativos a la organización de viajes y turismo en el caso de que la estancia incluya alojamiento y viaje; dichos permisos no son necesarios si el objeto de la venta se ciñe exclusivamente a cursos de idioma.
Las agrupaciones de promotores aparecieron a finales de los años setenta, época dorada de las estancias lingüísticas, para hacer frente a la proliferación de nuevos operadores y a la falta de seriedad de algunos de ellos. Para desmarcarse del resto, aquellos más preocupados por la calidad se agruparon en torno a los certificados de calidad, que en un principio consistían exclusivamente en un compromiso de respeto de ciertos mínimos de calidad impuestos por la propia agrupación.
El precio suele ser un factor clave en la elección de la estancia. Aunque por otra parte, éste es un producto en el que la calidad y la seguridad son muy importantes por el riesgo que implican, especialmente para los más jóvenes. Hay una gran diferencia de precios entre las distintas organizaciones, por lo que se debe prestar mucha atención a lo que cada una de ellas ofrece: profesores titulados o estudiantes, tipo de alojamiento, actividades complementarias, etc.
Este factor constituye un elemento decisivo en la oferta enfocada a jóvenes y estudiantes, pero tiene un peso mucho menor en las estancias intensivas para adultos. Este segundo tipo de estancias, que se dirigen normalmente a ejecutivos, suelen ser pagadas por las empresas en las que éstos trabajan, que están dispuestas a aceptar un precio alto a cambio de una enseñanza y alojamiento de alta calidad.
La ausencia hasta 1992 de una reglamentación oficial en Francia que garantizase la calidad de las estancias lingüísticas llevó a muchos profesionales a unirse para crear sus propios certificados de calidad. Sin embargo, estos certificados adolecían de un problema de credibilidad de cara a los posibles usuarios y padres de alumnos, ya que eran los propios profesionales quienes se constituían en juez y parte al mismo tiempo.
La aparición en 1992 de la ley 92/645 de 13 de julio, que fija las condiciones de organización y venta de viajes y estancias en el extranjero, supone una base normativa para este sector, aunque hemos de tener en cuenta que incide principalmente en los aspectos turísticos (es decir, viaje y alojamiento).
En los últimos años han surgido algunas iniciativas para llevar a cabo un control riguroso de la calidad en este sector. Entre ellos cabe citar el contrato Approuvé para la mejora de la calidad de los servicios de las estancias y las prácticas lingüísticas.
También hay que tener en cuenta las normas AFNOR (homóloga francesa de AENOR en España) sobre este sector, que están referidas a la información que se ofrece al consumidor sobre el producto, la familia, los instrumentos que se ponen a disposición de los participantes, el proceso pedagógico, etc.
Las estancias lingüísticas comparten canales de comercialización con otros productos de la industria turística, aunque también poseen canales específicos. A continuación se detallan algunos de estos canales:
La feria más importante de este sector es Expolangues, que se celebra en París y que cuenta con una importante presencia española. También existe otra feria en Lyon, llamada Linguissimo, que tiene una menor trascendencia.
Las posibles acciones promocionales irían encaminadas a difundir la oferta española entre el público objetivo, especialmente a través de los medios de aprendizaje de la lengua española. Una de las herramientas más importantes para la difusión de la oferta española puede ser una mayor utilización de la base de datos en línea que ofrece el Instituto Cervantes en su página web. Esta base de datos es un instrumento muy completo y claro, aunque adolece de dos problemas principales: su falta de difusión entre los potenciales usuarios y la falta de un acceso directo y sencillo.
Para paliar el alcance, en cierta medida, regional de las ferias del sector (Expolangues y Linguissimo) sería interesante la realización de misiones itinerantes que fueran recorriendo otras regiones de Francia y presentando una oferta española variada, seria y capaz de satisfacer las necesidades de diferentes públicos.
Por último, y dada la situación actual de este mercado, habría que reforzar la oferta española para proporcionar unos productos suficientemente interesantes en los nuevos sectores emergentes, y de modo especial en el de prácticas en empresas y en el de adultos. Para acceder a este último sector, es fundamental tomar en consideración la vía de los comités de empresa y los departamentos de recursos humanos y formación existentes en las mismas.
Íntimamente ligado al aprendizaje de la lengua se encuentra el material didáctico. Este concepto hay que entenderlo en un sentido amplio, pues cada vez son más los elementos que se pueden utilizar como apoyo a la enseñanza del idioma, incluyendo algunos carentes de soporte material como las aplicaciones informáticas sobre Internet. Precisamente esta heterogeneidad es lo que dificulta enormemente poder conseguir cifras sobre el comercio bilateral de material didáctico entre España y Francia.
Aún careciendo de datos, se puede afirmar que la práctica totalidad del material utilizado para la enseñanza del español en primaria y secundaria es de origen francés, así como una parte muy importante de los métodos de aprendizaje autodidacta y de las gramáticas. Sin embargo, en otros tipos de enseñanza (no reglada o universitaria) se suelen utilizar métodos editados en España.
La primacía de los métodos franceses en la enseñanza escolar se explica en gran medida porque éstos se adaptan mejor a las directrices pedagógicas establecidas por el Ministerio de Educación francés. En este punto es fundamental el papel que desempeñan los inspectores pedagógicos. Unido a lo anterior, habría que señalar el problema de rentabilidad que supone para las editoriales españolas adaptar sus métodos a la cultura educativa francesa.
Por lo que se refiere a los métodos de aprendizaje autodidacta y a las gramáticas, la preeminencia francesa se explica por su mejor adaptación a un público francófono, apareciendo nuevamente aquí el problema de rentabilidad al que se acaba de aludir.
Un último elemento que se debe señalar es el énfasis que ponen los métodos franceses de aprendizaje de idiomas en los aspectos culturales, en detrimento, en algunas ocasiones, de los comunicativos; siendo éste quizá uno de los rasgos más marcados en su cultura de enseñanza de lenguas.
Las actividades que se han descrito hasta ahora tienen como denominador común el estar ligadas de forma más o menos directa con el aprendizaje del español, cosa que no ocurre con los servicios de traducción. El objeto de la traducción puede ser literario, comercial, jurídico o de cualquier otro tipo. También se podrían incluir en este sector las llamadas «auditorías lingüísticas», cuya labor consiste en revisar la corrección de un texto desde un punto de vista lingüístico.
Hay que señalar la incidencia que tienen estos servicios en el comercio bilateral, ya que son muchos los documentos que deben traducirse en este tráfico comercial (desde etiquetas e instrucciones hasta contratos). Como se ha señalado en el análisis del entorno, las relaciones comerciales entre España y Francia son muy intensas, lo que origina una gran actividad en este sector, que por otra parte es difícilmente cuantificable.
Otro aspecto destacable es la posibilidad de utilizar las nuevas tecnologías de tratamiento de la información en estos servicios. Concretamente, la existencia de Internet posibilita la realización de trabajos de traducción a distancia con un coste muy reducido.