El español en el mundo
Mario Daniel Martín
Podemos finalizar nuestra exploración sobre el destino de la comunidad hispanohablante y la lengua española en Australia destacando que la política inmigratoria australiana ha cambiado de enfoque a principios de los años noventa, debido a la recesión económica sufrida entonces por el país. La reunión familiar y el número de refugiados se redujo, y se empezó a favorecer la inmigración de personas altamente capacitadas y con buen dominio del idioma inglés (Brooks y Williams, 1995). Además, la política del multiculturalismo empezó a ser atacada abiertamente por grupos de ultraderecha y en forma más velada por la coalición conservadora que tomó el poder en 1996, y a partir de entonces, atacar a los inmigrantes (o por lo menos no reconocerlos o favorecerlos) ha vuelto a ser rentable políticamente. Esto no sólo se ha traducido en una ulterior reducción de la cuota anual de inmigrantes a partir de 1996 sino también en una nueva reducción del 25 % para el porcentaje de personas admitidas bajo el programa de reunión familiar (reducida una vez más en 1997 para excluir expresamente a familiares de edad madura), y una legislación que impide a los nuevos inmigrantes gozar de los beneficios y las ayudas tradicionalmente otorgadas a los mismos al ingresar al país (como seguro de salud, seguro de desempleo y clases de inglés) hasta que no cumplan dos años de residencia (Suvendrini y Pugliese, 1997).
El perfil del inmigrante a Australia para el nuevo milenio es el de alguien con un alto nivel de educación, un buen conocimiento del inglés, un alto grado de capacitación y experiencia laboral y suficiente dinero como para resistir durante dos años en el caso en que no consiga trabajo, lo que sucede en un alto porcentaje de los casos, ya que el mercado laboral australiano es particularmente difícil para los inmigrantes recién llegados que no tengan ya un trabajo esperándolos al ingresar a Australia, sin importar su nivel de capacitación (Masslen, 1998; Times International, 2/3/98: 40). Lo que esto significa para la comunidad de habla hispana es que difícilmente crezca en el futuro inmediato, salvo a través de la llegada de familiares de personas que hayan progresado económicamente en Australia, o de personas altamente capacitadas (es el caso por ejemplo de los venezolanos que empezaron a crecer a mediados de los noventa). En lo que respecta a los refugiados, la otra posible fuente de crecimiento para la comunidad, hemos visto anteriormente que también esta migración prácticamente se ha detenido. Por todo esto, el futuro de la comunidad de habla hispana como comunidad en sí dependerá del mantenimiento de la lengua y la cultura por la segunda y tercera generación, ya que puede sólo esperarse que el flujo migratorio de los hispanohablantes a Australia se detenga aún más en el futuro inmediato.
El gobierno conservador elegido en 1996 fue reelegido dos veces. Todos los logros alcanzados desde los años setenta fueron sistemáticamente desmantelados, incluyendo un corte a las ayudas concedidas a los estados para que promovieran el estudio de lenguas extranjeras y una significativa reducción en el presupuesto de las universidades. Esto se tradujo inmediatamente en el cuestionamiento de la necesidad de estudiar una lengua extranjera, que volvió a ser explícito en las cartas de los lectores en los periódicos, los columnistas de los mismos, los maestros, y hasta los decanos de las universidades. Los cortes significaron una reducción neta de cien puestos de trabajo en la enseñanza de lenguas en las universidades en toda Australia, que, como ya vimos, era de por sí muy limitada. Si bien el español solamente perdió dos puestos y medio, otras lenguas, como el maltés y la mayoría de las lenguas eslavas, desaparecieron por completo (Academy of the Humanities, 2000). La situación de otras lenguas europeas que tienen un gran número de inmigrantes en Australia, como el italiano, es mucho peor comparativamente. El italiano fue una de las lenguas más afectadas por los recortes (diez puestos a tiempo completo), y la creciente desaparición de la lengua en la enseñanza fue lo suficientemente preocupante como para que la comunidad italiana fuera a los tribunales contra una universidad que pretendía cerrar un programa de lengua establecido por un acuerdo firmado en los años setenta. Además, el gobierno italiano, consciente de la precaria situación en la que se encontraba la lengua, decidió invertir aproximadamente seis millones de dólares por año en la promoción del italiano en el período de 1996 a 1998 (Baldauf y Riva O´Phelan, 1997: 9), y la Fundazione Cazzamarca de Roma dio fondos para que nueve profesores enseñaran el italiano en las universidades en 1999 que, de otra forma, hubieran cancelado sus programas en esa lengua.
Todo esto representa, en términos políticos, una vuelta a la militancia en favor de las lenguas característica de los años setenta y ochenta. La comunidad de habla hispana también se movilizó en el pasado reciente. Una gran coalición de organizaciones comunitarias de habla hispana, maestros de español y representantes de las escuelas étnicas se manifestaron en Sidney para impedir que se cercenara el nivel avanzado en español en los exámenes de ingreso a la universidad. Este nivel es donde generalmente hacen dichos exámenes los hispanohablantes de segunda generación. Los argumentos a favor de cancelarlo eran muy similares a los argumentos que usaban los profesores universitarios en los años sesenta, en las que se quería reestablecer el desequilibrio percibido a favor de los inmigrantes. En este contexto, toda ayuda para el español y en general para las lenguas en Australia será bien recibida. En particular, la posibilidad de apertura del Instituto Cervantes en Sidney es vista con gran esperanza, tanto por los hispanistas australianos, como por la comunidad misma.