Ángel Martín Municio
La previa delimitación conceptual del tema o parcela objeto de estudio resulta imprescindible cuando, como en este caso, cualquier actividad económica que se realice o cualquier tipo de producto que se comercialice en territorio español necesita de la lengua como factor de comunicación entre los distintos elementos del proceso productivo y las fases de su comercialización y venta. Frente a una concepción del estudio excesivamente amplia, que abarcaría el cien por cien de las actividades existentes, se impone una acotación de las actividades más directamente vinculadas; sin que tampoco ello suponga un desplazamiento hacia el extremo opuesto con la exclusiva vinculación de las denominadas «industrias de la lengua», descritas recientemente por Llisterri y Garrido (1998).
Parece, pues, que entre los criterios maximalistas, que abarcarían toda la economía, y los restringidos, enfocados a las modernas industrias de la lengua, surge la necesidad de abordar una selección de actividades esencialmente vinculadas a la lengua, cuando ésta es parte esencial del producto obtenido. Vinculación que, ahora, debería tomarse en un sentido amplio y considerar incluidas aquellas actividades que, aunque secundarias, fueran imprescindibles para la consecución de los productos o su distribución. Sería el caso de la industria del papel y el de los intermediarios de distribución en el caso de la industria editorial como actividad esencial.
A pesar de la aceptación del anterior criterio general, el límite de la selección de las actividades participantes en los estudios econométricos de la lengua encierra mucha toma de decisiones al respecto. De un lado, porque unas actividades se engarzan con otras sin que sea fácil establecer una delimitación clara; tal puede ser el caso de las instituciones de carácter público o privado encargadas de la promoción y enseñanza del español, o incluso las de su control y cuidado. Por otro lado, no es rara la existencia de actividades en las que se presentan contradicciones en torno a la utilización de la lengua entre las que tenemos el desarrollo de la informática y el fenómeno Internet o en las que la lengua se utiliza con fines diferentes de los generalmente establecidos tal sería el caso de la publicidad. En ambos casos se da, indudablemente, un aumento de las posibilidades de lengua escrita correo electrónico, procesadores de textos, etc., a la vez que la superioridad tecnológica de algunos países y áreas lingüísticas es capaz de disminuir las posibilidades de utilización de algunas lenguas; y, a la vez, por uno y otro motivo, aparece la necesidad de nuevos instrumentos para llevar a cabo la traducción de contenidos.
Ideas metodológicas que, al lado de las siguientes, habrán de ser tenidas en cuenta en el estudio econométrico en curso de la lengua española1.
A la vez que la delimitación de las actividades relevantes vinculadas económicamente al empleo de la lengua española, es necesario tener en cuenta la existencia de informaciones estadísticas, de carácter económico o traducibles a variables económicas. Informaciones que deben recogerse bajo la forma de clasificaciones normalizadas.
La necesidad de evaluar la participación de un conjunto de elementos en función de su impacto en el Producto Interior Bruto (PIB) de la economía española obliga a plantear y seleccionar las alternativas posibles: las «actividades productivas» o los «productos». Conjuntos fuertemente relacionados pero no idénticos, y que se presentan por separado como agregados en grandes categorías, de actividades o de productos, en la contabilidad nacional. La Oficina de Estadística de la Unión Europea definió en 1986 una clasificación de actividades (NACE, Nomenclature des Activités Economiques), relacionada con la CIIU (Clasificación Industrial Internacional Uniforme) y aprobada por el Reglamento de 1990 que obliga a los estados miembros. Bajo estos principios se elaboró la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE93), aprobada por RD 1560/1992 que entró en vigor el 1 de enero de 1993.
Posteriormente, la Unión Europea ha elaborado una versión europea de la Clasificación Central de Productos (CPC) de las Naciones Unidas, utilizando como criterio de organización el origen de la producción. De esta manera ha surgido la Clasificación Nacional de Productos por Actividades 1996 (CNPA96).
Así pues, de cada una de estas clasificaciones la Clasificación Central de Productos (CPC) y la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU) se han elaborado diferentes adaptaciones a ámbitos territoriales o económicos específicos la Unión Europea, por ejemplo, manteniendo siempre una relación estrecha con la clasificación de ámbito mundial (Carrasco, 2000).
Por otro lado, en un sistema de medición macroeconómica como la contabilidad nacional, se hace uso simultáneo de criterios diferentes de agregación para la elaboración y presentación de los resultados. Y así, en lo que hace referencia a una de las variables centrales del sistema contable la variable «producción», se utilizan las dos formas mencionadas de agregación: la clasificación de actividades y la clasificación de productos.
Cada una de estas formas se emplea para representar un tipo particular de información económica. El enfoque de las actividades se utiliza cuando se trata de presentar los datos económicos referidos a las estructuras de producción y costes; y los resultados aparecen en la contabilidad nacional en categorías de actividades agrarias, industriales, de servicios, etc. El enfoque de los productos se utiliza cuando se trata de presentar la relación entre la oferta y la demanda; o, dicho de otra forma, entre su origen a través de producción o importación y su destino o utilización demanda intermedia y demanda final. La actual base de la contabilidad nacional, CNE95, utiliza las dos clasificaciones anteriores de actividades y productos, desagregadas, respectivamente, en 74 ramas de actividad y 108 grupos de productos. Estas clasificaciones son, como es habitual en los sistemas contables, resultado de combinar distintos objetivos y elementos: los criterios internacionales y homogéneos que permiten la comparación de los diferentes países y, sobre todo, de los países del espacio económico común; las disponibilidades estadísticas; y la necesidad de describir el sistema económico de forma adecuada.
En orden a los objetivos propuestos para este estudio, es, en principio, la referencia a las actividades la más idónea para llegar al objetivo final del trabajo: la medida del impacto económico de las actividades soportadas por la lengua española. Sin embargo, en el actual sistema de cuentas nacionales se examinan las interacciones de las dos perspectivas mencionadas: actividades y productos. La perspectiva de las unidades que realizan la producción se presenta por la contabilidad nacional agregada en grandes categorías las ramas de actividad como las agrarias, industriales, de servicios, etc. La perspectiva del resultado de la producción los productos se presenta asimismo en la contabilidad nacional en una serie de grandes categorías. Sin que deje de contemplarse la estrecha vinculación entre ambas perspectivas, ya que, por ejemplo, la clasificación de actividades se define, entre otros criterios, de acuerdo con el tipo de productos elaborados. Por todo lo cual, en la metodología del estudio se combinan las dos perspectivas, la de los productos y la de las ramas de actividad.
La selección provisional de actividades, a partir de los códigos de la CNAE93, incluye los siguientes grupos:
Existirán, sin embargo, aspectos que no se corresponderán exactamente con las definiciones y criterios de las clasificaciones estándar; y en este caso, será preciso definirlos a partir de subconjuntos. Éste será el caso de las actividades complejas, al estilo de turismo, medio ambiente o cultura, con notable vinculación sobre todo la última al objeto de este estudio. De igual manera como ya ha sido mencionado, habrá que evitar definiciones excesivamente amplias, que conduzcan a considerar el cien por cien de las actividades existentes, dado que la lengua española es el vehículo universal que facilita la comunicación entre los distintos elementos y las diferentes fases del proceso productivo. Por ello, se impondrá llevar a cabo una restricción de las actividades en el sentido de seleccionar las directamente vinculadas.
En este mismo sentido, habrá que estudiar conjuntos de actividades vinculadas a la lengua de manera singular, como las actividades de instituciones públicas, en los ámbitos nacional e internacional, que, aunque limitadas en su relevancia económica, tienen una gran responsabilidad en el fomento y cuidado de la lengua. De ellas, son ejemplo muy representativo la Real Academia Española y el Instituto Cervantes.
Con estos planteamientos, una vez definida la selección de las actividades vinculadas a la utilización de la lengua española, se llevará a cabo la evaluación de la relevancia económica correspondiente a cada una de ellas. En la evaluación de la verdadera importancia económica de las actividades se impone la realización de una depuración, cuyo objeto es la medida de aquella parte que se emplea en la obtención de otros productos o valor añadido bruto (VAB). El VAB da una medida real de la importancia de una actividad, ya que descuenta del valor de la producción, la parte de los consumos intermedios. Además, se analiza en el sistema la variable producción, y se calcula, en segundo lugar, los valores del VAB y del PIB como medidas idóneas de la significación económica de un producto demanda o de una actividad oferta.
Para definir y comprender la variable producción, la contabilidad nacional distingue dos categorías: la producción de mercado y la producción no de mercado. La producción de mercado tiene como componente fundamental la vendida en el mercado a precios económicamente significativos; lo que se usa en el sentido de que el precio de un producto sirve para cubrir una parte significativa de los costes y está relacionado con el funcionamiento del mercado oferta y demanda. La producción de no mercado comprende la producción para uso final propio la que se utiliza por el propio productor para usos finales, y la producción elaborada sin fines de lucro, que se suministra gratuitamente o a precios económicamente poco significativos, por ejemplo, por las administraciones públicas. La metodología de las cuentas nacionales combina diferentes tipos de valoración para una misma variable, con la idea de reflejar las diferencias existentes en la percepción del precio según el tipo de agentes implicados en la operación económica; por ejemplo, la adquisición personal de un bien de consumo en un comercio responde a una percepción diferente del precio de la que tiene el productor que ha elaborado el mismo bien. Y en el caso de una variable del tipo de la producción, con distintas concepciones del precio, existen una serie de reglas para normalizar los tipos de valoración: precio de adquisición el que paga el comprador y precio básico definido por la unidad productora; de forma que el precio básico de un producto se valora por la suma de los costes en los que se incurre para su fabricación trabajo y capital, añadido de un componente impositivo y otros impuestos ligados a la producción. Y si al precio básico se añaden los impuestos sobre los productos, los márgenes que añadirán su comercialización y transporte, y, eventualmente el IVA que grava los productos, se obtiene el precio de adquisición.
Haciendo uso de los conceptos y métodos anteriores, así como de las clasificaciones vigentes en la actual base de la contabilidad nacional de España y de la delimitación de actividades y productos vinculados a la lengua española, la investigación que se lleva a cabo en el presente estudio comprende, en líneas generales: