Ángel Martín Municio
La misma etimología del término οικονομια (economía) yμετρον (medida) nos da ya una idea de su concepto al referirse al necesario carácter cuantitativo de los enfoques econométricos. El traslado de los métodos empleados en las Ciencias Naturales a los de la Economía tropezó en seguida con la diferente naturaleza de los fenómenos naturales y los económicos. Y, así, el carácter universal, determinista y experimentable de los hechos naturales no tiene su contrapartida correspondiente en los fenómenos económicos que, frente a aquellos, resisten a interpretaciones deterministas y presentan datos y regularidades propias del hecho particular estudiado. De forma que, para el abordaje científico de los fenómenos económicos de carácter no determinista, haya habido que esperar al desarrollo de métodos estadísticos especiales en los que basar la averiguación de relaciones entre las variables económicas, y el estudio de las inferencias estadísticas que plantean estas relaciones.
La econometría trata particularmente de los problemas de la economía en los que, si bien resulta imposible llevar a cabo experimentos controlados, es obligada la referencia a los datos económicos tomados de la realidad; circunstancia, por otro lado, de extensión general a los fenómenos sociales. De aquí que la econometría trate de realizar inferencias estadísticas a partir de datos no experimentales, y que su desarrollo vaya ligado a la cuantificación de los fenómenos y a los problemas del mundo económico.
Una característica distintiva de los estudios econométricos combinación de la teoría económica, de los métodos matemáticos y de los datos estadísticos es el uso de modelos, como expresión matemática formal y capaz de simular y verificar las relaciones entre las ideas y las variables económicas relativas a un determinado fenómeno complejo, con la participación explícita de variables aleatorias. Los modelos econométricos son muchísimo menos precisos que los modelos físicos y, por tanto, aproximaciones simplificadas de la realidad con participación de variables aleatorias caracterizadas por sus distribuciones de probabilidad. Modelos que, en última instancia, pretenden proporcionar conocimientos cuantitativos de la realidad económica y, a la vez, considerar las posibilidades de toma de decisiones encaminadas a la planificación presupuestaria, a la mejora o la previsión de las decisiones económicas, y a la modulación de los resultados económicos de algún proceso o sistema, así como prever su evolución.
Variable es cualquier actividad, producto o cantidad a la que, mediante medida, puede atribuirse valores numéricos diferentes. Las variables económicas que intervienen en los modelos pueden ser exógenas o independientes del fenómeno estudiado, y endógenas o determinadas por el fenómeno que el modelo pretende representar. La naturaleza aleatoria de las variables económicas genera modelos econométricos con un componente que se suele denominar «error» o «desviación », que sigue una ley de probabilidad y en la que están presentes las variables exógenas que intervienen en el modelo y los inevitables errores de medida de las cantidades económicas.
Las magnitudes económicas medidas no pueden considerarse generalmente como variables aleatorias independientes debido a la múltiple conexión entre los conceptos económicos.
Las variables anteriores están ligadas entre sí por relaciones establecidas mediante instrumentos matemáticos. Si Y es una variable endógena y si X es una variable exógena, el modelo podrá representarse simbólicamente por:
Y = f (X) + d
Y si la función f tiene el valor: f (X) = aX + b, el modelo se definirá por:
Y = aX + b + d
De manera que los modelos pueden estar soportados por una o por varias ecuaciones, pero siempre en cada ecuación interviene un número limitado de variables.
La construcción de modelos ha perseguido toda una colección de fines diferentes; y de acuerdo con su complejidad, los modelos tienen un número variable de ecuaciones. Así, 53 ecuaciones tiene el modelo Research Seminar in Quantitative Economics, de la Universidad de Michigan (Suits, 1967); 211 ecuaciones el modelo FRB-MIT-Penn: Federal Reserve Board-Massachusetts Institute of Technology-University of Pennsylvania (De Leeuw y Gramlich, 1968); 56 ecuaciones el modelo OBE: Office of Business Economics, U.S. Department of Comerce (Liebenberg et al., 1966); 68 ecuaciones el modelo de la London Business School: Quarterly Econometric Model of U.K. Economy (Ball et al., 1975); y 38 ecuaciones, el modelo holandés de la Central Planning Bureau (Wolff, 1967).
En la década de los sesenta se elaboraron en Polonia y Hungría los primeros modelos econométricos de economías con planificación central (Barczak et al., 1968).
Un modelo econométrico es, pues, esencialmente diferente del fenómeno real que representa y trata de sintetizar alguna realidad compleja y difícilmente asequible a la medida y el análisis.
Una revisión de la literatura que trata de los aspectos económicos de las lenguas y el multilingüismo ha sido llevada a cabo por miembros de los departamentos de investigación económica de Montreal (Grin, 1994 y 1996a; Vaillancourt, 1985). En esta revisión se describen los tratamientos de las lenguas desde perspectivas económicas; dentro de las cuales se examinan los atributos lingüísticos individuales, al lado de la formación y la experiencia, como factores de promoción económica; se identifican los factores que influyen sobre la utilización de las lenguas en los lugares de trabajo y de negocio; se estudia la dinámica de las lenguas en orden a su adquisición, mantenimiento y desplazamiento; y, finalmente, se contempla la importancia de la política lingüística y las repercusiones económicas del multilingüismo.
Dentro de estos antecedentes, son quizá los más inmediatos a nuestro objeto los que utilizan la lengua como medio de intercambio entre grupos de individuos (Carr, 1985) y la consideran, implícita y explícitamente, como capital humano (Hocevar, 1975). Lengua que, bajo estas condiciones de bien supercolectivo, adquiere un superior valor en dependencia del número de sus hablantes (Sabourin, 1985).
Desde otros ángulos, las relaciones entre las cualidades lingüísticas de los individuos y las ventajas económicas que suponen en los terrenos laborales y profesionales han sido examinadas de manera preferente en los lugares de confluencias de lenguas, al estilo de Québec (Vaillancourt, 1996), Estados Unidos (Carliner, 1980; Reimers, 1983; Chiswick, 1991) y Suiza (Grin, 1995 y 1996b). La dinámica de la adquisición y conservación de las lenguas se ha estudiado con modelos formales de lenguaje en individuos bilingües (Grin, 1990, 1992, 1993a), y en cuanto a los determinantes del aprendizaje de inglés de francófonos (Vaillancourt y Lefebvre, 1981; Vaillancourt y Payette, 1984) e hispanohablantes (Grenier, 1984). En el seno de esta dinámica, se ha estudiado asimismo la influencia del proceso de integración europea sobre lenguas minoritarias (Grin, 1993b).
Análisis económicos del tipo coste-beneficio han sido realizados en la evaluación de políticas lingüísticas particulares (Breton y Mieskowski, 1975) o en el diseño de alternativas políticas en la Unión Europea (Pool, 1996). También las circunstancias económicas del multilingüismo acompañan en la actualidad a diversas perspectivas políticas y comerciales, como los flujos migratorios, el desarrollo de entidades supranacionales al estilo de la Unión Europea, la desintegración de la Unión Soviética, la integración de las economías locales en una economía globalizada, y las estrategias de producción y mercados de las empresas. Algunas de las cuales han sido examinadas por Grin y Vaillancourt (2001).
En otros casos, las relaciones descritas entre la economía y el lenguaje pueden representar un intento de explicar las regularidades de las interacciones humanas, al estilo del lenguaje natural. Al ser el lenguaje, en buena parte, un mecanismo de comunicación, y si la teoría económica puede analizar el diseño de los sistemas sociales, la economía será capaz de explicar las instituciones sociales como regularidades derivadas de la optimización de ciertas funciones (Rubinstein, 2000). Dentro de esta misma idea general, se ha desarrollado un modelo para interpretar la discriminación social desde aspectos lingüísticos teóricos y empíricos (Becker, 1971; Arrow, 1974; Lang, 1986).
Dentro de los estudios econométricos llevados a cabo sobre fenómenos sociales, cabe destacar el realizado recientemente en el seno de la política científica del Reino Unido para esclarecer el significado económico de la investigación básica. Actualmente, se discute en muchos países la conveniencia de la asignación de fondos públicos a la creación de conocimiento fundamental, debido a la clase de beneficios que reportarían sobre los sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Martin y Salter (1996) han llevado a cabo estudios econométricos que muestran la correlación positiva entre la ciencia básica y su impacto económico, basada en las siguientes categorías de beneficios:
Beneficios que se encuentran interconectados y soportados mutuamente.