Amparo Morales
No hay que olvidar que Estados Unidos representa, hoy por hoy, el quinto grupo en cuanto a número de hablantes de español en el mundo (solo precedido por México, Argentina, Colombia y España) y que muy pronto podría ser el segundo. Lo que suceda allí tendrá importantes repercusiones para el futuro de nuestro idioma; la variedad de lengua que se hable será significativa para la caracterización del español general. El español de los medios de comunicación de Estados Unidos se ha definido siempre como una modalidad neutra de cuidada articulación, gramática precisa y pocas palabras regionales o coloquiales (Kanellos, 1993: 647). Generalmente los locutores tienen experiencia de trabajo en países donde se habla español como lengua materna, lo cual les permite mantenerse alejados de las variedades dialectales y modismos extremos. Es un hecho comprobado que las grandes cadenas radiofónicas y televisivas prefieren contratar a locutores de países iberoamericanos.
La situación actual del español en Estados Unidos presenta algunas circunstancias particulares que podrían entorpecer el mantenimiento de ese español neutral o normativo que persiguen los medios de comunicación. Son estas:
Respecto al code-switching, éste se va imponiendo en el habla, en la literatura y en los medios de comunicación. En algunos programas de radio de Texas y California se usa una variedad de este tipo llamada «tejano» (derivada de «chicano») que ha alcanzado gran popularidad. Se están confeccionando diccionarios de code-switching con el fin, según algunos de sus autores, de normalizar una práctica que ya define un comportamiento habitual de los usuarios42 . Aunque los periódicos y revistas se mantienen más conservadores y tienden a utilizar un español internacional o general, la gran cantidad de anglicismos léxicos y construcciones innovadoras que incorporan, motivadas por la confluencia con el inglés, crean un estilo poco cuidado.
Por otro lado, el proceso de «familismo» está creando actitudes lingüísticas poco favorables para la enseñanza del español. Algunos hablantes, motivados por ideales nacionalistas legítimos, consideran que es la variedad lingüística que aprendieron de niños la que debe identificarlos, y se aferran a ella y a sus variantes dialectales, como la manifestación más clara de ese amor a sus tradiciones e ideales43. Si consideramos que Estados Unidos es el lugar de encuentro de diferentes grupos nacionales que hablan español, este tipo de actitud lingüística de defensa de las variantes dialectales del lugar de origen, y en la que lo normativo se ve como una imposición de otros grupos, puede extenderse y hacer muy difícil el mantenimiento de una norma estandarizada del español.
En un artículo de Hispania (1999), muy significativo para apreciar el uso del español en los departamentos de español de las universidades estadounidenses, cuyo título es muy sugerente («El español, ¿lengua muerta en nuestra profesión?»), se presentaban varias opiniones sobre el tema. Se recogían los comentarios de algunos profesores que intentaban explicar por qué habiendo alcanzado tanta popularidad y extensión el español oral en la nación, los programas graduados, cada vez más ampliados, habían olvidado, sin embargo, el uso de la lengua. Entre las causas más importantes que se barajaban, todas de tipo práctico, estaba la obligación de publicar en la lengua que dominaba el comité de evaluación de tenure(cátedra vitalicia) y la necesidad de que les entendieran sus colegas y especialistas. El artículo termina con la opinión de la Dra. Estelle Irizarry, activa defensora del español. Sus últimas palabras, motivadas por su esfuerzo constante y deseos de remediar la situación, son muy significativas. Citamos: «Pero creo que hay en esto algo de arrogancia y esnobismo, tal vez nacido de un sentido de inferioridad (ante el inglés, o aun el francés, digamos) y un deseo de divorciarse de la lengua (y de la gente común que la habla)» (Irizarry, en Pardiñas-Barnes, 1999: 189). Para completar esta opinión presentamos en la tabla 20 los datos correspondientes al período 1994-1998 de las tesis doctorales que sobre temas hispánicos se publican en español en los departamentos de español de las universidades estadounidenses según se recogen anualmente en Hispania44.
Los porcentajes se mantienen muy similares e indican que más de la mitad de las tesis de estos departamentos, con temas directamente relacionados con la cultura hispánica, se escriben en inglés.
Hay que considerar otro aspecto relacionado con el uso lingüístico. Nos referimos a la crítica ya tan repetida de los programas bilingües. Además de que paulatinamente se van eliminando, los programas existentes no son programas de enriquecimiento, es decir, no favorecen el bilingüismo sino que, por el contrario, son programas cuyo objetivo más claro es nivelar al estudiante hispano con el estadounidense para evitar deficiencias educativas. La educación bilingüe en Estados Unidos quiere lograr con ellos, y aparentemente no han dado el fruto esperado, que los niños de los grupos minoritarios adquieran las herramientas lingüísticas necesarias en inglés para lograr su cabal desempeño escolar y universitario. El problema es que, aunque el desplazamiento al inglés sea un hecho en las generaciones jóvenes, eso no garantiza que ese inglés sea el que corresponde adecuadamente a cada nivel de estudio, ni que con él se puedan equiparar los estudiantes con los que tienen el inglés como lengua materna.
Así pues, la tendencia al monolingüismo en inglés se ve casi como una necesidad curricular. Solo en localidades muy limitadas se implantan programas bilingües aditivos, es decir, que quieren preservar la lengua materna, a la vez que desarrollar las habilidades en la segunda. Son conocidos los buenos resultados de programas como los de Calexico y Miami. A falta de datos precisos, podemos inferir que en ellos se crean verdaderos bilingües. Hay que tener en cuenta que en estos últimos casos los logros van unidos a la mayor posibilidad de usar el español que presentan estas comunidades: hay más hablantes de esa lengua y hay más voluntad de hablarla. Si esas características se dieran en todas las comunidades, el español como lengua oral en Estados Unidos se vería fortalecido. A la larga, lo que se necesita es una reforma en la enseñanza que mejore tanto la del español como la del inglés, las dos lenguas con mayor número de hablantes de la nación y que en sus aspectos didácticos están un tanto descuidadas. Fortalecer la enseñanza y fortalecer el bilingüismo van de la mano.