Amparo Morales
Para muchos hispanos, los medios de comunicación en español constituyen la única fuente para practicar su lengua y para ayudar a sus hijos a aprenderla. Les mantiene, además, en contacto con sus tradiciones culturales acercándolos a la música, a los sucesos, a los acontecimientos, a las celebraciones, etc., de su país, al mismo tiempo que les informa sobre las noticias de la nación en la que viven. A los nacidos en Estados Unidos, la radio y la televisión en español les provee identificación cultural y sentido de pertenencia a un grupo étnico distinto. Todos los analistas insisten en la extraordinaria atención que han recibido los grupos hispanos por parte de los medios de comunicación del país y en la respuesta tan positiva que han obtenido de estos.
Al contrario de lo que ocurre con otros grupos, como los años de estancia en Estados Unidos ha hecho bilingües a gran parte de los ciudadanos latinos y monolingües en inglés a un grupo de ellos, los hispanos que viven allí pueden elegir la lengua (inglés o español) en la que prefieren oír las noticias, la música, los reportajes, etc. Esa ambivalencia, español o inglés, es objeto de reflexión continua por parte de los promotores de programas de radio y televisión. Se ha hecho costumbre señalar que un méxico-americano puede hablar inglés en el trabajo, español en casa y entretenerse en ambos idiomas (leer El Diario y el New York Times o ver Univisión y la CBS, por ejemplo). Los estudios de audiencia realizados señalan que los hispanos que hablan preferentemente en español (es decir, los hablantes que tienen el español como lengua dominante o preferida), utilizan los canales en español con mayor frecuencia que los de inglés. Pero muchos hispanos, sea cual sea la lengua de preferencia, desean oír su propia lengua materna y distraerse con su música en la radio y en la televisión, por lo que los receptores de los programas en español son, por ahora, parte importante de la audiencia de los medios de comunicación de Estados Unidos.
Se asegura que ya antes de 1930 había emisoras de radio que tenían programas en español durante algunas horas del día y que, debido a su gran demanda, la International Broadcasting Company (IBC) se estableció en 1939 en El Paso con el propósito exclusivo de producir y vender programas en español (Kanellos, 1993: 647). Entre 1950 y 1960 existía radio y televisión a tiempo parcial que servía a unos pocos hispanos en Nueva York y en Texas. Fue en 1960, con la llegada de tecnología de satélite, cuando los canales más grandes de televisión y radio comenzaron a transmitir programas en español. Con la fusión de la SICC (Spanish International Communication Corporation) y la SIN (Spanish International Network), que posteriormente formó el grupo Univisión, la televisión en español recibió el empujón definitivo. En opinión de los analistas (Valdés, 1996), a pesar del poder alcanzado por los grupos hispanos, el desarrollo de los medios de comunicación en español es aún lento, especialmente cuando se compara con los datos demográficos. Las razones que dan algunos de ellos para justificar esos retrasos es que los programas están dirigidos a los que hablan español y están pagados, en su mayor parte, por los que hablan inglés. En términos generales, las emisoras dirigidas al mercado hispano tienen más problemas en conseguir promotores que las que emiten en inglés19. Otra queja constante es que esta empresa continúa proporcionando poco empleo a los hispanos o, por lo menos, menos del que les correspondería por su representatividad numérica. Los propietarios hispanos son, también, escasos; poseen un 25 por ciento del mercado hispano, porcentaje que disminuye un tanto en las grandes ciudades.
Por otro lado, en opinión de las agencias que estudian los medios de comunicación, como Nielsen (televisión), Arbitron (radio) y Traffic Audit Bureau (prensa), se hace difícil predecir cuál será la mejor orientación en las campañas publicitarias para los hispanos. Éstos constituyen una audiencia en crecimiento constante y heterogénea en cuanto a su nivel educativo y a su procedencia étnica y cultural, incluso de perfil lingüístico difícil de predecir. A esta dificultad, se une la ambigüedad de las categorías disponibles para los recuentos. Frente a estas dificultades y a los comentarios desalentadores de los analistas que creen que no se ha hecho suficiente, los datos muestran un avance arrollador de los medios de comunicación en español en los últimos años. Como datos generales, no siempre comparativos, presentamos en nota los que ofrecía Fishman (1985) sobre radio y televisión en distintas lenguas minoritarias de Estados Unidos20.
Las encuestas sobre radiodifusión indican que los grupos hispanos oyen mucho la radio. Se calcula que lo hacen de 26 a 30 horas a la semana y, desde luego, prefieren oír radio en español. Así se demuestra en la lengua preferida en las emisoras (Valdés, 1996: 206). Como dato curioso vale señalar que, contrariamente a otros grupos, el hispano no altera sus hábitos de oyente radiofónico ni con el cambio de las estaciones del año, ni por los horarios (Arbitron, 1993). La audiencia se mantiene uniforme en sus preferencias a lo largo del día y del año. Además, frente a todas las previsiones negativas, la radio no ha declinado con la llegada de la televisión.
La radio hispana comenzó en 1920 con una sola emisora y unas horas a la semana en español (Valdés, 1996). Posteriormente, Raúl Cortez crea la KCOR-AM en español de San Antonio en 1946. En 1981 son ya 253 emisoras (185 AM y 68 FM) las que transmiten totalmente en español. Además, existen otras con transmisiones parciales. La expansión real empezó en 1984 cuando las cadenas comenzaron a incorporar los grandes adelantos tecnológicos. Hoy hay más de quinientas emisoras que transmiten, por lo menos, diez horas a la semana en español. En el BCY (Broadcasting & Cable Yearbook) de 1999 aparecen listadas 528 emisoras de radio bajo el formato de «Spanish»21. La NAA (Newspaper Association of America) en su Marketer’s Guide to Media, 2000 ofrece resultados muy similares para el 2000, aunque no exactamente iguales22. Estas discrepancias obedecen a los distintos modos de catalogar los programas y al alcance de los datos recogidos, pero son, hoy por hoy, los que ofrecen datos pormenorizados más fiables23. Para obtener las cantidades que aparecen en las tablas 12, 13, 14, 15 y 16, manejamos las dos fuentes de información nombradas (1 BCY y la NAA). En la tabla 12 se recogen datos generales de los porcentajes de emisoras de radio en español respecto a los totales de Estados Unidos, obtenidos de la información del BCY.
Lo significativo de estas cifras comparativas se aprecia cuando los datos se contrastan con los de otras lenguas; las emisoras de radio hispanas o «en español» sobrepasan con mucho a las de las otras lenguas minoritarias como se ve en la tabla 13, con datos del BCY. La comparación interna de los datos de la tabla de la nota 20 (Fishman, 1985: 95-98) mostraban un total de 2 333 emisoras de radio de lenguas minoritarias, de las cuales 845 pertenecían al español (36,21 por ciento) y la más próxima era el polaco con 234 (10 por ciento). En cuanto a televisión, las 154 de español representaban un 60 por ciento del total de 257. Así pues, ya en 1982, fecha de los datos de Fishman, el español se distinguía por su vitalidad. Fishman (1985: 15) insistía en la alta representación de los hispanos en radio y televisión. Contrastados los datos de población con los de representatividad en la radio, hasta donde es posible y siguiendo las tablas presentadas (tablas 9, 13 y B), se observa un auge espectacular por parte del español, tanto en términos demográficos como de representatividad en los medios de comunicación dinámicos. Frente a las otras lenguas extranjeras de Estados Unidos, indudablemente, el español está muy bien representado. Los altos índices demográficos y las distintas nacionalidades que constituyen la población hispana propicia la abundancia de emisoras radiofónicas. Los países que hablan español quieren ver reflejadas sus costumbres y su idiosincrasia en emisoras particulares. Los programas incluyen principalmente noticias, charlas, deportes y música hispanoamericana.
En la tabla 14 aparecen las cantidades de emisoras de radio hispanas por estado, siendo Texas, California, Florida y Nuevo México los estados con mayor número de ellas.
Las ciudades con mayor número de emisoras de radio en español son El Paso, Los Ángeles, Miami, San Diego, Houston, Fresno y Dallas (NAA, 2000). Las cadenas de radio en español más repetidas en la información que proporciona la NAA son: Caballero, Katz Hispanic, Lotus Communication Corporation y a gran distancia ABS/SBS (Spanish Broadcasting System), Roslin Radio y Z Spanish24.
La primera emisora de televisión en español en Estados Unidos fue San Antonio KCOR-TV, que transmitía por el canal 41 ya en 1955, fundada por la misma persona que había iniciado la radio en español, Raúl Cortez. Antes habían comenzado algunos programas en español en los canales de inglés. Con la incorporación en 1961 de las grandes corporaciones de radio y televisión, la SICC y la SIN, que luego formarán el gran consorcio de Univisión, empieza la verdadera expansión de la televisión hispana.
La SICC y la SIN permanecen sin cambio durante veinticinco años hasta 1986 en que aparece la nueva cadena, Telemundo. En 1988, Galavisión, que era una cadena pequeña, se transforma en un servicio de cable de 24 horas al día con programas alimentados por satélite. Al principio gran parte de los programas de películas, novelas o entretenimiento se producían en España o Iberoamérica transmitidos directamente desde México por Televisa o Suramérica, pero los más recientes son programas en español producidos en Estados Unidos.
La adición de tres cadenas de televisión en menos de quince años ha revolucionado el escenario de los medios de comunicación en Estados Unidos; ahora hay emisoras que transmiten continuamente en español. Las tres cadenas más grandes (Univisión, Telemundo y Galavisión) transmiten a sesenta y cuatro países.
En 1976, SICC se anticipaba a las cadenas en inglés (CBS, ABC, NBC y FOX) distribuyendo programas vía satélite y, en 1993, Telemundo alquila el operador privado más grande por satélite25. Más tarde aparecen otras, entre las que se encuentra International TeleMúsica Inc. que produce un show semanal con vídeos, música, entretenimiento, promociones, etc., para una audiencia constituida por jóvenes hispanos de Estados Unidos e Iberoamérica; esta cadena tiene filiales en Ecuador y Centroamérica. Otra cadena es Viva Televisión Network Inc., en 1992, con propietario hispano, que produce dieciséis horas diarias de programación en español. Home Box Office’s Selecciones en español se inauguró en 1989 para proveer a las emisoras de cable HBO y Cinemax películas dobladas y deportes en español. El modo de dar el servicio es, entre otros, proveer un «Second Audio Program» (SAP)26, sistema que existía en algunas cadenas inglesas para ofrecer programas selectos y que ahora se ha hecho muy popular para incluir programas en español. La FOX, por ejemplo, en 1994 comienza a emitir programas para los receptores hispanos que hablan inglés y para América Latina27. En octubre de 1993, Music Tel (MTV) comienza a operar en español con música y vídeos para Iberoamérica y Estados Unidos. La competencia que ofrecen los canales en español a los de inglés es importante, aunque los analistas hispanos (Valdés, 1996: 4) consideren que los porcentajes de emisoras y programas aún estén por debajo de sus datos demográficos. En 1998, las cadenas Univisión y Telemundo contrataron a Nielsen Media Research para el diseño de una medida de audiencia especial para la televisión en español. Se creó el NHTI (Nielsen Hispanic Television Index), que, según todos los comentarios, le ha dado a la televisión en español el instrumento de credibilidad necesario para colocarla a la par con la televisión en inglés28.
Cuando se quieren precisar datos para medir los logros obtenidos, la información se hace más insegura. Las categorías manejadas no están definidas del mismo modo y las cantidades no son siempre fiables; no se cuenta lo mismo, aunque los nombres de las categorías sean iguales. Todo ello, porque el «formato en español» puede tener muchas variantes de horario y cambios en la orientación de los programas. Existen aún muchos problemas clasificatorios y eso hace que los datos no sean siempre comparables.
En la tabla 15, se presentan los que ofrece la NAA (2000) sobre las cadenas de televisión y sus emisoras, recogidos de las ciudades de mayor concentración de hispanos.
El Broadcasting & Cable Yearbook (B&CY) de 1999 ofrece cantidades más conservadoras: solo 48 emisoras de televisión en español de un total general para toda la nación de 1 589, es decir un 3,02 por ciento. Estas emisoras aparecen con sus nombres y localización en la tabla 1629.
Los canales de televisión por estados se recogen en la tabla 17 (BCY, 1999).
Por encima de las discrepancias numéricas, que las dificultades señaladas puedan producir, los estados con mayor número de emisoras en español son California y Texas. Les siguen, de lejos, Florida y Nueva York. No siempre la representatividad de los medios de comunicación orales corresponde a la de los datos de población. San Diego, por ejemplo, tiene más emisoras de radio y televisión en español que San Francisco, que tiene mayor cantidad de hablantes (NAA). Hay que considerar que, cuando se manejan cantidades absolutas, las cifras pueden llevar a engaño. Indudablemente, no siempre la mayor cantidad indica mayor representatividad relativa.
Valdés (1995: 296) presenta las emisoras de las cadenas hispanas ordenadas por audiencia. Los cinco primeros lugares los ocupan las ciudades de Los Ángeles, Nueva York, Miami, San Francisco, Chicago y San Antonio30. Para los fines de este artículo, los datos de Valdés, NAA y los del BCY manifiestan lo mismo: la importancia que ha alcanzado la televisión en español en estos momentos. Son datos cambiantes y no siempre coincidentes porque la expansión del mercado es acelerada y las categorías que maneja, imprecisas.
Los medios de comunicación impresos, conocidos tradicionalmente como medios de comunicación no dinámicos, a pesar de que hoy ya cuentan con ediciones electrónicas, incluyen periódicos, revistas, publicaciones varias y propaganda. Estados Unidos exportó 4 500 millones de dólares en libros, periódicos y panfletos en 1999 e importó 3 500 millones (US Industry, 2000: 25-26). El intercambio de libros de Estados Unidos con España y América Latina ha crecido considerablemente en los últimos años, y México es el mayor proveedor de Estados Unidos. Tanto España, como México, aumentan sus ventas de año en año, pero tienen oscilaciones. Aunque España ofrece la mayor seguridad en el embarque y calidad de impresión y edición, la dirección de la demanda parece estar cambiando. Se señala (Publishers Weekly, 243) que actualmente los autores hispanoamericanos son los más solicitados y por ello una mayor cantidad de distribuidores pide los libros a países de Iberoamérica. Según los datos del The Bowker Annual (1998) los datos generales respecto a la importación de libros ofrecen las siguientes cifras (tabla 18).
Estos datos indican que la importación de libros en español ha ido en aumento. Si unimos las cantidades de España, México, Colombia, Ecuador y Argentina, el total de libros importados en 1997 en español fue de casi 43 millones de ejemplares.
Aproximadamente, en el mercado local de Estados Unidos hay 1 485 periódicos diarios y 8 200 semanales. Según los analistas, estos datos suponen un descenso de un 16 por ciento desde 1950, aunque eso no empaña el desarrollo de la industria. El número de periódicos de la mañana se ha doblado: de 322 en 1950 pasó a 721 en 1998, y el número de periódicos vespertinos bajó en 1998 a 781, de 1 450 en 1950. La circulación también descendió a 56,2 millones en 1998, de 62,8 millones en 1987. Las encuestas señalan que el descenso obedece a la competencia que ofrece la televisión, especialmente en el horario nocturno. Así pues, el comentario general es que ha crecido en número, pero que ha disminuido en intensidad.
La pequeña inversión que se necesita para publicar un periódico local, junto con la ausencia de licencia gubernamental para ello, ha favorecido que la prensa en español haya existido en Estados Unidos desde hace más de un siglo. La prensa escrita en español comenzó en 1808 en Nueva Orleans con un periódico comercial, El Misissipí, de cuatro páginas, que ofrecía traducción al inglés de muchos de sus artículos y cuyos anuncios estaban en inglés. Su contenido temático estaba orientado a los inmigrantes y les proporcionaba mucha información de sus países de origen (Wilson & Gutiérrez, 1985: 175). Posteriormente se crearon otros, bilingües o en español, y algunos monolingües en inglés que, realizados en las zonas limítrofes mexicanas, discutían temas hispanos de interés. Tenían como motivación discutir las acciones políticas, los problemas de las uniones obreras, etc. Los primeros periódicos escritos en español (como cualquier otro periódico de minoría) utilizaban un español normativo, similar al europeo y estaban dirigidos a la elite. Este tipo de periódico hoy solo se conserva en algunos núcleos minoritarios o surge esporádicamente de tiempo en tiempo31. En Kanellos (2000), se recoge la historia de la prensa hispana en Estados Unidos hasta 1960 y se ofrece amplia bibliografía de los periódicos de esa época.Según los datos de Fishman (1985) el español, en 1982, con 174 publicaciones en total ya iba a la cabeza de todas las otras lenguas extranjeras en Estados Unidos32. En la actualidad existen más de trescientos periódicos hispanos (en español o inglés) de gran tirada con circulación nacional o regional, además de revistas y publicaciones de negocios33. De los periódicos listados en Hispanic Media & Market 1993, dirigidos al público hispano, 102 son en español, 36 son bilingües y 6 en inglés (Hispanic Market Connection, 1993: 5). Queda demostrado con ello que los hispanos prefieren leer en español, de otro modo no se podría explicar este uso mayoritario de prensa en español34. En la tabla 19 aparecen los periódicos diarios de mayor circulación clasificados como hispanos en la NAA (aunque no todos están escritos en español) como su título indica.
El Nuevo Herald, La Opinión, Diario Las Américas, El Diario/La Prensa y Noticias del Mundo son los periódicos hispanos más representativos por tamaño y circulación (Kanellos, 1993). La Opinión, en Los Ángeles, es el más antiguo y está en el mercado desde 1926 con alrededor de quinientos trabajadores. Además de los citados, existen otros muchos periódicos hispanos de menor importancia y difusión.
Existen grandes diferencias regionales en cuanto a hábitos de lectura, lo cual se manifiesta en la tirada de los periódicos. Las encuestas señalan un dato muy específico: California es el estado en que se oye más radio y se ve más televisión, pero donde se leen menos periódicos. Se señala, como dato curioso muy repetido, que a pesar de que El Nuevo Herald de Miami tiene una circulación similar a la de La Opinión de Los Ángeles, los domingos éste tiene una tirada de 63 382, frente a 126 398 de El Nuevo Herald y eso, a pesar de que la población de Miami es aproximadamente la mitad de la de Los Ángeles.
En la edición de 1991 del Hispanic Media & Markets se ofrecían sesenta y cinco títulos de revistas bajo la categoría de Consumer Magazines35. Kanellos (1993) lista las nueve revistas de circulación nacional más importantes dirigidas al público hispano. Cuatro de ellas están en español: Temas, Réplica, Más (More) y La familia de hoy36, y están orientadas a temas generales o familiares. La más antigua, Temas, salió en 195037. Las dos primeras son mensuales con una distribución que sobrepasa los 100 000 ejemplares. Más (More) es bimensual, promueve los programas de Univisión, y La familia de hoy es la revista bimestral de la Time-Warner Corp.
Las bilingües más importantes son: Vista de Miami (suplemento mensual que se insertaba en treinta y un periódicos de gran tirada) con una circulación de 924 000 y Saludos hispanos, bimestral, con 300 000 ejemplares. Es la publicación oficial del «Consejo Unido del pueblo que habla español» y se distribuye en las universidades. Tiene los artículos en ambos idiomas side by side. Ambas salieron en 198538.
Come se sabe, un 40 por ciento del mercado mundial del libro está en inglés, y Estados Unidos y el Reino Unido son los líderes mundiales en producción39 y en exportación. En años recientes, los editores extranjeros han intensificado su presencia en Estados Unidos adquiriendo editoras estadounidenses y formando las grandes compañías multinacionales. Los países más representativos en esta empresa son Australia, Canadá, Japón, Reino Unido, Alemania y Francia40. Las editoriales más grandes del mundo (incluyendo alemanas, francesas y algunas españolas) se han establecido en Estados Unidos. Si se exceptúan los datos del Gobierno (tabla 18), no son muchas las cifras disponibles sobre el mercado del libro español en Estados Unidos y, por lo pronto, no hay un distribuidor general, sino solo regionales (Publishers Weekly, 245: 37), lo cual dificulta la recogida de datos estadísticos. El comercio del libro para los hispanos comprende un mercado en español y otro en inglés, además del bilingüe, que va adquiriendo cada vez más auge. Según las descripciones que se hacen de ese mercado, éste tiene la ventaja de que la distribución se hace tanto en las grandes librerías, como Borders y Barnes & Noble, como en las muy pequeñas familiares (mom-and-pops), e incluso en las llamadas «bodegas», donde se vende de todo. Los libros de mayor éxito son las novelas iberoamericanas y los libros religiosos.
Es lamentable comprobar los pocos datos de conjunto que existen sobre la distribución de libros en español en Estados Unidos. Es difícil conseguir estadísticas globales sobre este mercado, aunque las parciales que proceden de diversas fuentes indican que ha crecido y que ha mejorado considerablemente en los últimos años41. Por otro lado, han aumentado las editoras que imprimen en español y las traducciones al español (Hoffert, 1999).