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El español en el mundo

Un viaje por Sefarad: la fortuna del judeoespañol

Carmen Hernández González

6. La ortografía del judeoespañol

La grafía aljamiada

En el período medieval los musulmanes y los judíos usaban habitualmente sus característicos alfabetos semíticos para escribir en lengua romance; de este modo surgió la llamada escritura aljamiada,término procedente de la lengua árabe que significa ‘lengua extranjera’. Los sefardíes utilizan el alfabeto hebreo en sus escritos no solo por un intento de mantenimiento de la caligrafía de sus textos sagrados, sino también porque era la letra hebrea la que se imponía en el sistema tradicional de educación judía.

Después de la expulsión, aunque en los Países Bajos e Italia los sefardíes escribían e imprimían sus libros en caracteres latinos, en Oriente y el norte de África fue habitual el mantenimiento de la escritura aljamiada: alfabeto hebreo pero lengua española. A partir del último tercio del siglo xix, como una consecuencia más del proceso de occidentalización de la lengua sefardí, se produce un abandono del sistema aljamiado de escritura para adoptar otras grafías latinas que sirvieran para representar lo característico de la fonética judeoespañola a partir de normas ortográficas conocidas de otras lenguas.

Las dificultades evidentes que planteaba la representación en caracteres hebreos de la fonética romance fueron muchas8. Algunos estudiosos han querido ver en el uso del aljamiado una de las causas de la decadencia del judeoespañol (vid. Renard, 1966; Bernardete, 1953) y es posible que la ambigüedad gráfica que se derivaba en muchos casos de los textos aljamiados incentivara el característico polimorfismo fonético del judeoespañol. La adaptación sucesiva, a lo largo de los siglos, del alefato para la representación del sistema románico ha permitido resultados cada vez más eficaces. En el siglo xviii los impresores sefardíes consiguieron crear un sistema muy coherente entre la grafía y la adecuación fonética.

Se desarrollan tres tipos diferentes de escritura en el aljamiado. Para los textos impresos se utilizan generalmente dos tipos de letra: la merubá o cuadrada, y la ras_í. La primera, de carácter anguloso y con representación de vocales, usada fundamentalmente en la literatura religiosa de los siglos xvii y xviii, tiene la función de resaltar algo en el texto y se emplea especialmente para cabeceras, títulos y en las iniciales de las estrofas de las composiciones que forman acrósticos. La ras_í (cuyo nombre obedece a las iniciales de Rabí S_elomó Yis_h.ac, autor de un comentario bíblico escrito en ese tipo de letra, publicado en el primer libro impreso en hebreo) es de diseño curvilíneo, carece de vocalización y de mayúsculas y es en la que está impresa la mayor parte de las obras en lengua sefardí.

Los textos manuscritos se escriben a base del llamado solitreo o soletreo.Se trata de una forma evolucionada de la letra cursiva usada en España durante la Edad Media; se utiliza para el uso diario y en ella nos ha llegado la mayoría de los textos literarios de Marruecos.

La grafía latina

Si los textos aljamiados de los que hablábamos antes fueran de uso exclusivo para los hebraístas, habría dejado de tener sentido el estudio de la lengua judeoespañola entre aquellos que desde el hispanismo nos ocupamos de ella en su vertiente histórica o en relación con problemas de la variación lingüística o de la difusión del español en el mundo. Porque también hispanistas y romanistas estamos legítimamente interesados en el español sefardí y porque es preciso acceder a las fuentes —orales y escritas— para poder examinar con rigor los diferentes aspectos que plantea su conocimiento, ha habido (y hay) un intento de búsqueda de la ortografía que mejor refleje las características fonéticas que los textos escritos, vestidos de hebreo, nos transmiten.

El problema sobre la ortografía latina del judeoespañol no es una novedad, aunque sí está de rabiosa (en el sentido de «total») actualidad, como lo demuestra el «Seminario sobre ortografía del ladino» (contrapartida española del que se organizó en Jerusalén en otoño de 1999) que tuvo lugar en el mes de octubre del año 2000 en el marco de las II Jornadas Sefardíes en La Rioja, y que suscitó un enorme interés entre el público asistente. Participaron en él filólogos y profesionales de la información con la intención de buscar salidas al problema. Veamos, aunque sea brevemente, las opciones fundamentales y su formulación.

  1. Se planteó una solución de carácter tradicional en la que se considera al ladino como una seña de identidad que se expresa de modo más coherente mediante la grafía aljamiada. Esta posibilidad, que es desde el punto de vista nacional la más adecuada, tiene el inconveniente de que en el mismo Israel un numeroso grupo de miembros de la comunidad no tiene ninguna práctica en la lectura del alfabeto ras_í y, por supuesto, en el mundo hispánico aún es menos común el conocimiento del mismo.
  2. Para poder salvar la dificultad que arriba planteábamos se han desarrollado varios sistemas de grafías en alfabeto latino, muchos de las cuales se apoyan en soluciones locales. De entre estos sistemas queremos destacar los siguientes por la importancia y difusión que tienen o pueden tener, no solo entre los hablantes todavía activos de judeoespañol, sino entre un público más amplio de países hispanohablantes o pertenecientes a la familia románica:
    1. ii.1. En abril de 1979 aparece el primer número de la revista Aki Yerushalayim («Aquí Jerusalén»), editada en Jerusalén y publicada a través de la asociación cultural Sefarad, que persigue el mantenimiento y la difusión de la cultura judeoespañola. Una de las preocupaciones de los responsables de esta revista, que en este momento dirige Moshe Shaul, es la normalización de la grafía sefardí para evitar el polimorfismo, intentando reflejar fielmente la fonética judeoespañola. El más grave de los inconvenientes es que la grafía que han desarrollado se aleja notablemente de la norma hispánica común y rompe el consenso ortográfico e, incluso, puede desviar la atención de elementos profundamente característicos de la lengua judeoespañola al focalizarla en un superficial rasgo externo (proklamimos nos muestra la característica i de la desinencia del perfecto simple en sefardí frente a la española, pero es la k con la que el término se ha escrito lo más llamativo para cualquier lector del mundo hispánico, y más si no está familiarizado con cuestiones gramaticales).
    2. ii.2. Hace ya seis lustros que Jacob M. Hassán viene preocupándose por los problemas de transcripción del judeoespañol y su correcta fijación textual (vid. Hassán, 1971, 1978, 1988, 1999). De hecho, la mayor parte de las prestigiosas publicaciones emanadas del grupo de investigadores que forman la escuela española de filología sefardí en el Instituto Arias Montano (en la actualidad Departamento de Estudios Hebraicos y Sefardíes, dentro del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas) sigue las pautas y fundamentos ortográficos propuestos por Hassán, que persiguen el respeto a las variedades fonéticas propias del sefardí pero adecuándose al consenso ortográfico hispánico. Dicho con sus propias palabras:

«Sobre una ortografía basada hasta donde sea posible en la del español normativo, los rasgos diferenciales de la fonética sefardí se representan mediante la adición de puntos, tildes, y otros signos diacríticos a ciertas letras. Es decir, que de esos signos complejos formados por un elemento letra plus un elemento diacrítico, el segundo indica en qué difiere del normativo en español el valor fonético del primero: el cual se elige de entre todos los posibles en función de la norma ortográfica española» (Hassán, 1978: 149).

Los avances de la informática, tanto en los procesadores de textos como en las páginas de Internet, han hecho posible superar los problemas y dificultades que plantean los signos diacríticos.

En las II Jornadas Sefardíes del año 2000 presentó el profesor Hassán diferentes sugerencias a propósito de la necesidad de que el sefardí tenga una ortografía en consonancia con la del español, dando cuenta así de su carácter de variedad de este y su adscripción a la familia de las lenguas románicas. Por wello, mantiene los fundamentos de su sistema de transcripción de textos renunciando a los signos diacríticos para indicar los rasgos fonéticos diferenciales: muchas lenguas de cultura presentan una separación evidente entre su pronunciación y su escritura (en inglés, por ejemplo, si una palabra nos es desconocida, su representación gráfica raramente es suficiente para deducir su pronunciación; y ello no es ningún inconveniente para que se haya consolidado en la actualidad como la lengua internacional de la ciencia, la técnica y el comercio, amén de su variedad literaria). De tener que renunciar, pues, a uno de los dos requisitos que preocupan a los especialistas y aficionados del mundo sefardí en lo que se refiere a su representación escrita —la ortografía normativa y la representatividad fonética— resultaría ineludible el primero.

En las variedades del español peninsular del sur las grafías s y z presentan diferentes soluciones fonéticas y no por eso se altera la norma ortográfica pertinente; y ¿qué decir de todos los millones de hablantes de español en cuya fonética no se practica la interdental sorda? ¿Eliminamos de su escritura las grafías c + e, i o z + a, o, u?

  • (8) Para lo relacionado con los problemas que conllevan los aspectos ortográficos y de lectura de los textos aljamiados es importante la lectura de D. Bunis (1975). volver
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