Tabla 1
Principales inversiones españolas en Iberoamérica (1991-1999).
Sector Empresa Inversión
(en millones de dólares)
* BSCH: Año 2000. Compra de Banespa, tercer banco público brasileño, por un importe de 3 990 millones de dólares y la adquisición de Serfin, tercer banco mexicano, por 1 560 millones de dólares.
* BBVA: Año 2000. Compra de Bancomer, segundo banco mexicano, por 2 470 millones de dólares.
* TELEFÓNICA: Año 2000. 20 000 millones de dólares: Operación Verónica. Compra total de las operadoras de Argentina, Brasil, Chile y Perú.
Banca BSCH*
BBVA*
5 700
4 890
Telecomunicaciones TELEFÓNICA* 12 000
Energía ENDESA
REPSOL
IBERDROLA
10 000
20 000
2 840
Tabla 2
Una década de inversiones españolas en Iberoamérica (1990-1999)
Inversión directa
(millones de dólares)
1990 1995 1999
* Incluye Panamá, Puerto Rico y otros centros del Caribe.
Argentina 136 919 16 378
Brasil 79 108 733
Chile 22 57 3 682
Colombia 3 24 455
México 82 242 321
Perú 2 309 142
Puerto Rico 111 458 312
Venezuela 15 5 307
Centros financieros* 776 2 566 2 229
Tabla 3
Los mayores grupos bancarios en Iberoamérica
  Activos  
(millardos de dólares)
Activos  
(millardos de dólares)
BSCH (España) 85,4 9,4
Bradesco (Brasil) 44,6 4,9
BBVA (España) 40,6 4,5
Banamex (México) 30,6 3,4
Bank Boston (Estados Unidos) 30 3,3
Ita (Brasil) 28,2 3,1
BCSH se afianza como primer grupo financiero de Iberoamérica con la compra de Banespa (Brasil) (2000).
BBVA, después de la compra de Bancomer (México), se sitúa como segundo grupo financiero en Iberoamérica (2000).
* Año 1999
Fuente elaboración propia.
Recuadro I
LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA (IED),
ANTECEDENTES CONCEPTUALES
  • (1) Existe un importante y todavía inconcluso debate al respecto. Mientras que para un grupo de autores la inversión extranjera es resultado de los flujos de bienes y servicios —con lo cual se asume que los flujos de capital se ajustan en forma «automática» al superávit o déficit en cuenta corriente—, para otros autores la inversión extranjera no presenta este «automatismo» y se rige bajo principios propios que van mucho más allá de los flujos comerciales y de servicios. volver

Los flujos de inversión extranjera —tanto de cartera como directa— pueden ser significativos desde varias perspectivas. Desde una perspectiva macroeconómica o de balanza de pagos, los flujos de inversión extranjera pueden ser relevantes para permitir un déficit en la cuenta corriente o incluso para realizar el servicio de la deuda externa, entre otros casos. La inversión extranjera puede entonces fungir como una importante palanca de financiación externa para la respectiva economía.1 Es importante considerar en este contexto que, independientemente de la forma específica de la inversión extranjera —ya sea directa o de cartera en sus diferentes modalidades— siempre y por definición requerirá de un servicio al exterior que varía temporalmente, ya sea de ganancias, dividendos y, en su caso, de abruptas salidas de inversión extranjera de cartera, entre otros.

Por otro lado, la inversión extranjera, y particularmente la directa, también tiene un impacto a nivel empresarial y de organización industrial en sus niveles local, regional y nacional. Ésta puede tener un efecto positivo en la eficiencia y productividad de las respectivas empresas, así como en el entorno socioeconómico local, regional y nacional. La implantación de nuevas tecnologías, procesos y estándares, formas de organización, de vinculación intra e interempresa, de comercio intra e interindustrial, así como la integración en y de una red económica y social, pueden llevar a impactos que no necesariamente se vislumbran desde una perspectiva macroeconómica. Los potenciales efectos en torno al proceso de aprendizaje, economías de escala y de economías de alcance (economics of scope) han sido destacados por múltiples autores y organizaciones internacionales. Es relevante señalar que la inversión extranjera no puede solo considerarse desde la perspectiva de las unidades económicas receptoras. Por el contrario, estos flujos también reflejan los intereses estratégicos de empresas multinacionales y de otras empresas en busca de acceso a mercados y de mayor competitividad de sus redes de producción y distribución global, entre otras razones. De igual forma es importante destacar que la inversión extranjera, en sus diferentes modalidades, depende esencialmente de aspectos históricos y temporales. Así, la funcionalidad de la misma puede variar significativamente según las características específicas tanto de las unidades receptoras como de las fuentes de la IED, incluyendo aspectos macroeconómicos, institucionales, de organización industrial y sociales, entre otros. Los argumentos anteriores conducen a que, en general, la IED, particularmente debido a su mayor permanencia en las economías receptoras y su impacto directo en el sector productivo, sea de mayor interés para los países en vías de desarrollo y permitan, concretamente en el caso de Iberoamérica, destacar flujos de IED según las principales estrategias empresariales corporativas. Fuente: UNCTAD. Informe sobre el comercio y el desarrollo. UNCTAD 2000.

Recuadro II
ESPAÑA: PRIMER INVERSOR EN BRASIL (2000)

El navegante español Vicente Yáñez Pinzón, que acompañó a Cristóbal Colón en su primer viaje a América en 1492, descubrió Brasil ocho años más tarde, pero después de conocer la desembocadura del río Amazonas siguió su camino. Estas tierras fueron conquistadas finalmente por el portugués Pedro Álvares Cabral. Actualmente, transcurridos unos quinientos años, los empresarios españoles no quieren pasar de largo ante la oportunidad de participar activamente en la economía brasileña. España encabeza la clasificación de inversores extranjeros en este gigantesco país, el quinto mayor del mundo en población (166 millones de habitantes) y en territorio (17 veces mayor al español). El industrial Estado de São Paulo produce un tercio de la economía brasileña. Los desembolsos durante el año 2000 ascendieron a 8.544 millones de dólares. Estados Unidos lideraba esta clasificación, antes de que el BSCH ganara la subasta del Banco de Estado de São Paulo (Banespa) con una oferta de 3 710 millones de dólares. Esta operación situó a España al primer lugar de la inversión extranjera, posición que había ocupado con 5 120 millones en 1998. Aquel año, se vendieron las compañías de telefonía de los estados de São Paulo, Río de Janeiro y Espirito Santo a Telefónica. En 1999, España había destinado 5 702 millones al mayor socio de Mercosur, pero ocupó el segundo puesto, detrás de Estados Unidos.

Brasil, una de las diez mayores economías del mundo, con una vez y media del PIB de España, recibió de nuestro país inversiones por 4 834 millones de dólares entre enero y octubre de 2000, lo que supone el 23,6 por ciento de las provenientes del exterior (en estas cifras y porcentajes, no se incluye la operación de compra de Banespa por parte del BSCH). En ese mismo período, Estados Unidos desembolsó 4 493 millones. Detrás figuran un conjunto de paraísos fiscales (Islas Caimán, Vírgenes, Bahamas y Bermudas), Francia y Portugal. El nacimiento de Mercosur (1991), la apertura y la estabilidad económicas de los noventa, y sobre todo el proceso de privatizaciones iniciado en el primer gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-1999) atrajeron a las empresas españolas, en especial las de servicios. La compra de antiguos monopolios estatales les permitió ingresar en sectores sin competencia. La siderúrgica Sidenor se hizo con la local Aços Villares. Además, se espera que el BBVA reaccione con alguna adquisición importante tras la compra de Banespa por el BSCH. La Agencia Nacional de Energía Eléctrica otorgó a un consorcio integrado por la española Eptisa la concesión para construir y explotar la fábrica hidroeléctrica de Murta, Estado de Minas Gerais. Endesa también está presente en este país, e Iberdrola se radicó en el negocio del gas y el petróleo, especialmente en el estado de Pernambuco (Salvador de Bahia), en donde es el líder eléctrico. España, que hasta hace cinco años ocupaba el decimotercer puesto en la clasificación de inversores extranjeros, destinó a Brasil unos 20 488 millones de dólares entre 1996 y 2000, según el censo de capitales del exterior del Banco Central. Solo lo sobrepasa Estados Unidos, con 23 914 millones. Las empresas españolas concretaron en Brasil unas 35 operaciones desde 1997 hasta la actualidad (2000). Entre 1994 y 1996 solo se habían cerrado tres. De aquellos 35 negocios, un 38 por ciento corresponde al sector de telecomunicaciones, Internet, publicidad y editorial, un 22 por ciento al financiero y un 20 por ciento al energético. Fuente: Sociedad Brasileña de Estudios y Empresas Transnacionales (Sobeet).

Recuadro III
EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO
MÉXICO-UNIÓN EUROPEA (TLCUE)

Las negociaciones comerciales con la Unión Europea se habían visto ensombrecidas durante 1999 debido al incremento arancelario por parte de México contra países con los que no existía acuerdo de libre comercio como medida para compensar la caída de los ingresos petroleros en 1999. Estas medidas afectaron directamente a las importaciones de la UE. No obstante lo anterior, en marzo de 2000 ambas partes firmaron el TLCUE, el cual entró en vigor el primero de julio de 2000. Las negociaciones con la UE —el segundo socio comercial (3,3 por ciento de las exportaciones y un 9,4 por ciento de las importaciones mexicanas en 1998) y con respecto a la IED en importancia de México— se iniciaron en 1998 e incluyen una serie de aspectos: En materia de IED y de flujos de capitales el tratado se basará en la Ley de Inversión Extranjera de 1993 y no requerirá de cambios en la misma en ningún sector.

Mientras que la desgravación arancelaria para los productos industriales mexicanos concluye en 2003, lo hace en el 2007 para los productos europeos. De manera inmediata un 82 por ciento de los productos industriales mexicanos se desgravarán y el restante en el 2003, mientras que un 47,6 por ciento de los bienes europeos importados entrarán libres de arancel a México inmediatamente, un 5,1 por ciento adicionalmente en el 2003, otro 5,6 por ciento en el 2005 y el restante 41,7 por ciento en el 2007. En el caso de los productos agrícolas procedentes de México los plazos de desgravación definitiva son de diez años, aunque se especificaron cuotas de importación y una lista de «productos sensibles» que no fueron incluidos en el TLCUE (maíz, frijol, trigo, entre otros) y que serían renegociados en el 2003. Así, un 58,17 de los productos procedentes de México se liberalizarán inmediatamente, un 10,04 por ciento en el 2003, un 5,3 por ciento en el 2008 y un 0,64 por ciento en el 2010. Por parte de los productos procedentes de la Unión Europea se liberalizarán en forma inmediata un 10,26 por ciento en el 2003 y un 7,85 por ciento en el 2008. En el caso de los productos pesqueros un 98 por ciento de las exportaciones mexicanas y un 68 por ciento de las exportaciones de la Unión Europea no gravarían arancel en el 2003.El TLCUE presenta una serie de reglas de origen —el punto de mayor dificultad en rubros como el sector automotriz, textil y plásticos, entre otros— en las que destacan aquellos plenamente obtenidos en sus respectivos territorios, los elaborados con insumos originarios o no originarios de ambos, siempre y cuando dichos insumos se transformen suficientemente. En el caso de los automóviles, por ejemplo, al inicio de TLCUE los productos beneficiados deberán tener un mínimo de 45 por ciento de contenido zonal y de un 60 por ciento a partir del 2005, con un crecimiento gradual para el período. Al igual que el TLCAN, el TLCUE considera mecanismos de solución de controversias. No obstante los logros alcanzados, también han surgido una serie de controversias. Por un lado, empresarios y cámaras han criticado la rápida desgravación en sectores específicos, particularmente en el industrial. Por otro lado, también se ha planteado que la participación de organizaciones e instituciones no gubernamentales, pero incluso directamente afectadas por el TLCUE, ha sido mínima y con mínimo poder de injerencia en las negociaciones. Fuente: Elaboración propia.

Recuadro IV
UNA DÉCADA DE INVERSIONES ESPAÑOLAS EN IBEROAMÉRICA (1990-1999)
Fuente: Elaboración propia

La inversión extranjera directa (IED) en Iberoamérica durante la década de los noventa se caracterizó por el fuerte aumento de las adquisiciones de empresas privadas por parte de multinacionales españolas. Siete grandes compañías —Telefónica, Endesa, Repsol, Iberdrola, Gas Natural, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria y Banco Santander Central Hispano— invirtieron alrededor de 50 000 millones de dólares entre 1991 y 1999, especialmente en el sector servicios. El Informe Mundial de Inversiones 2000 de la Unctad, destaca que durante 1999 se realizaron el 40 por ciento de las inversiones totales de Endesa y el 30 por ciento de las de Telefónica, BBVA y BSCH.

Entre 1991-1999, estas siete empresas españolas invirtieron en la zona 10 billones de pesetas, especialmente en el sector servicios. A la cabeza de estas se sitúan Endesa, Iberdrola, Repsol, Telefónica, BSCH y BBVA. Esto convierte a España en el primer país inversor de la Unión Europea y segundo a nivel mundial detrás de Estados Unidos.

La operación de fusión y adquisición más grande realizada por una compañía española en Iberoamérica (hasta el momento) el pasado año 1999, fue la compra por parte de Repsol del gigante argentino YPF por 15 200 millones de dólares. Con esta adquisición, Repsol se convirtió en la compañía más grande en la industria petrolífera argentina y se prepara para su futura expansión por toda la región, especialmente en países como Brasil, Chile y México, con inversiones previstas por valor de 7 000 millones de dólares hasta el año 2002.

La segunda operación más importante fue la adquisición que hizo Endesa España de la mayoría del holding eléctrico chileno Enersis por 3 500 millones de dólares. La entrada de Endesa en la región comenzó en 1992 en Argentina y se ha extendido posteriormente a Brasil, Colombia, Chile, República Dominicana, Perú y Venezuela. En la mayoría de los casos, a través de operaciones de privatización. De esta forma, la compañía española se convirtió en el operador de electricidad más grande de la zona, con inversiones por 8 000 millones de dólares, 25 millones de clientes y fuertes planes de reestructuración y consolidación de sus filiales regionales para mejorar su competitividad.

La estrategia de Telefónica es parecida, ya que su primera incursión en la región iberoamericana se produjo en 1990 en Argentina y Chile, y posteriormente continuó su expansión hacia Brasil, El Salvador, Guatemala, Perú, Puerto Rico y Venezuela. En 1999 registraba inversiones acumuladas por 10 000 millones de dólares y una base de clientes de 50 millones. Durante 1999, Telefónica registró las mayores ventas consolidadas en la región y la estrategia de la compañía pasa ahora por su consolidación y expansión hacia nuevos negocios. Los planes de expansión de Telefónica en los dos próximos años incluyen inversiones sustanciales en telefonía fija y móvil, así como en televisión por cable e Internet.

En cuanto a las inversiones bancarias protagonizadas por el BSCH y BBVA, ambas entidades son los líderes de la región, ocupando respectivamente el primer y segundo puesto.