Ramón Casilda Béjar
La amplia presencia de la banca española, unida a las actividades de empresas no financieras, ha captado la atención de instituciones regionales y multilaterales. Asimismo, ha revelado las limitaciones de los marcos nacionales de regulación ante la creciente globalización de los mercados internacionales. Así, decisiones adoptadas en Europa o España afectan a usuarios en el continente iberoamericano, provocando reacciones a múltiples niveles, cuyos resultados solo se verán en el futuro.
Ante el contexto que impone la globalización, la banca española tiene como fortalezas las muy favorables posiciones alcanzadas en Iberoamérica (las empresas también). No obstante, merece la pena nuevamente destacar lo apuntado por la CEPAL en su informe sobre inversiones extranjeras en Iberoamérica (1999): «[…] al comenzar el nuevo siglo, es muy probable que las empresas españolas estén llegando a la fase más compleja de su estrategia de expansión en América Latina: lograr su plena aceptación y asimilación por parte de los mercados, las autoridades y los clientes de la región».
Los bancos españoles, conscientes de esta situación, y con el aprendizaje durante estos años en el manejo de las inversiones internacionales, afrontarán este reto no solo desde la mera percepción económica, sino integrando además las sensibilidades del entorno, tanto culturales como sociales. En este sentido, a continuación, basándose en el informe de la CEPAL5 exponen sus conclusiones en La inversión extranjera en América Latina y el Caribe en 1999, que permiten visualizar lo que desde Iberoamérica se piensa y escribe sobre el proceso inversor extranjero y, especialmente, sobre la situación y perspectivas de las inversiones españolas y bancarias:
«Las inversiones españolas en la región han alcanzado magnitudes que han sorprendido a la mayoría de los analistas. Éste no ha sido un fenómeno concertado a pesar de contar con el apoyo del Gobierno de España, ni hay tras él una estrategia común; más bien las empresas españolas, al ir encontrando oportunidades de inversión, han materializado una «apuesta estratégica» por América Latina. Como resultado de este proceso, limitado a unas pocas empresas, España se ha convertido en un exportador neto de capital.»
A pesar de pertenecer a distintos sectores económicos y desarrollar estrategias diferentes, las empresas españolas que están invirtiendo en Iberoamérica poseen y enfrentan varios elementos comunes, entre los que destacan los siguientes:
De este modo, algunas de las principales empresas españolas han sido agentes clave, en particular, en las ramas de servicios recientemente liberalizadas. Aprovechando el renovado entorno económico iberoamericano, estas entidades mediante una estrategia de adquisiciones buscaron alcanzar el tamaño necesario para competir en un mercado europeo y mundial crecientemente globalizado. Así, unas pocas empresas españolas se han convertido en líderes en tres sectores clave del nuevo panorama económico iberoamericano, como lo son las telecomunicaciones, la energía y la banca, contribuyendo de manera positiva a la competitividad sistemática de las economías receptoras.
No obstante, en este proceso no han estado ausentes las dificultades. De hecho, en los últimos meses de 1999 se intensificó una actitud crítica ante la masiva y rápida inserción de las empresas españolas en los principales mercados iberoamericanos, en muchos de ellos en calidad de operadores monopolistas, con amplios márgenes de ganancia. Con algunos componentes de nacionalismo, pero sobre todo con una preocupación legítima respecto del futuro funcionamiento de los mercados, la opinión pública tanto en Iberoamérica como en España está manifestando su inquietud por esta ya llamada «reconquista española».
Asimismo, la concentración de las inversiones españolas en los sectores de servicios, además de sus posibles efectos sobre la competitividad sistemática, podría ejercer un fuerte impacto en la balanza de pagos de algunas economías iberoamericanas. El hecho de que estas inversiones se orienten al abastecimiento de mercados internos y de no mediar mejoras de la capacidad exportadora y de atracción de capitales se podrían producir tensiones entre las autoridades locales y las empresas desde la perspectiva de la balanza de pagos.
A las puertas de un nuevo siglo, es muy probable que las empresas españolas estén llegando a la fase más compleja de su estrategia de expansión en Iberoamérica: lograr la plena aceptación y asimilación por parte de los mercados, las autoridades y los clientes de la región.
Finalmente, solo deseo agregar algo tan reconocido por parte de nuestros bancos y empresas: «Iberoamérica es un área de expansión natural para las entidades y empresas españolas, porque las raíces culturales y el idioma común facilitan el acceso a los mercados y la clientela.» Por lo cual se hace tan evidente como necesario integrar aspectos pegados al terreno, factores tan decisivos como importantes, como hemos venido insistiendo a lo largo de este trabajo: aspectos culturales, sociales, comunicativos, y como colofón nuestra gran arma, el idioma, como fuente permanente de nuestra real ventaja competitiva, nuestro supremo valedor en estos países, que comparten una historia de más de cinco siglos, lo cual verdaderamente ni se improvisa, ni se compra en los mercados internacionales. Todo este riquísimo acervo que determina nuestra presencia económica nos recuerda a su vez nuestra proximidad psico-cultural, nuestro perenne compromiso histórico.
Aunar e integrar estos factores, junto a nuestra capacidad imaginativa6, será la gran baza que debemos cuidar que estamos obligados a cuidar, potenciar y administrar con la humildad y mesura propia de las grandes cruzadas históricas.