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El español en el mundo > Anuario 2001 > R. Casilda. Conclusiones
El español en el mundo

Una década de inversiones españolas en Iberoamérica (1990-2000)

Ramón Casilda Béjar

3. Conclusiones

La amplia presencia de la banca española, unida a las actividades de empresas no financieras, ha captado la atención de instituciones regionales y multilaterales. Asimismo, ha revelado las limitaciones de los marcos nacionales de regulación ante la creciente globalización de los mercados internacionales. Así, decisiones adoptadas en Europa o España afectan a usuarios en el continente iberoamericano, provocando reacciones a múltiples niveles, cuyos resultados solo se verán en el futuro.

Ante el contexto que impone la globalización, la banca española tiene como fortalezas las muy favorables posiciones alcanzadas en Iberoamérica (las empresas también). No obstante, merece la pena nuevamente destacar lo apuntado por la CEPAL en su informe sobre inversiones extranjeras en Iberoamérica (1999): «[…] al comenzar el nuevo siglo, es muy probable que las empresas españolas estén llegando a la fase más compleja de su estrategia de expansión en América Latina: lograr su plena aceptación y asimilación por parte de los mercados, las autoridades y los clientes de la región».

Los bancos españoles, conscientes de esta situación, y con el aprendizaje durante estos años en el manejo de las inversiones internacionales, afrontarán este reto no solo desde la mera percepción económica, sino integrando además las sensibilidades del entorno, tanto culturales como sociales. En este sentido, a continuación, basándose en el informe de la CEPAL5 exponen sus conclusiones en La inversión extranjera en América Latina y el Caribe en 1999, que permiten visualizar lo que desde Iberoamérica se piensa y escribe sobre el proceso inversor extranjero y, especialmente, sobre la situación y perspectivas de las inversiones españolas y bancarias:

«Las inversiones españolas en la región han alcanzado magnitudes que han sorprendido a la mayoría de los analistas. Éste no ha sido un fenómeno concertado —a pesar de contar con el apoyo del Gobierno de España—, ni hay tras él una estrategia común; más bien las empresas españolas, al ir encontrando oportunidades de inversión, han materializado una «apuesta estratégica» por América Latina. Como resultado de este proceso, limitado a unas pocas empresas, España se ha convertido en un exportador neto de capital.»

A pesar de pertenecer a distintos sectores económicos y desarrollar estrategias diferentes, las empresas españolas que están invirtiendo en Iberoamérica poseen y enfrentan varios elementos comunes, entre los que destacan los siguientes:

  • Una creciente competencia entre España y la Unión Europea en la estrategia de expansión internacional en Iberoamérica.
  • La opción por las estrategias de expansión internacional, como un elemento común en los esfuerzos por incrementar su valor bursátil.
  • Las empresas españolas más activas en Iberoamérica son el resultado de recientes y amplios programas de privatización en su país de origen.
  • Las estrategias de expansión internacional se han basado en la compra de activos existentes, en su mayor parte por la vía de los esquemas de privatización implementados por las autoridades iberoamericanas.
  • Las empresas españolas iniciaron su estrategia de expansión regional en el cono sur de Iberoamérica (Argentina y Chile), para luego extenderse a otros países de habla hispana (Perú, Colombia, Venezuela y México).
  • La mayoría ha apuntado a Brasil como destino más importante y, a partir de 1998, han invertido allí grandes cantidades de recursos; para expandirse a escala regional, las empresas españolas han aprovechado vacíos en la reglamentación de los países, hecho que en la actualidad les está generando múltiples inconvenientes.

De este modo, algunas de las principales empresas españolas han sido agentes clave, en particular, en las ramas de servicios recientemente liberalizadas. Aprovechando el renovado entorno económico iberoamericano, estas entidades —mediante una estrategia de adquisiciones— buscaron alcanzar el tamaño necesario para competir en un mercado europeo y mundial crecientemente globalizado. Así, unas pocas empresas españolas se han convertido en líderes en tres sectores clave del nuevo panorama económico iberoamericano, como lo son las telecomunicaciones, la energía y la banca, contribuyendo de manera positiva a la competitividad sistemática de las economías receptoras.

No obstante, en este proceso no han estado ausentes las dificultades. De hecho, en los últimos meses de 1999 se intensificó una actitud crítica ante la masiva y rápida inserción de las empresas españolas en los principales mercados iberoamericanos, en muchos de ellos en calidad de operadores monopolistas, con amplios márgenes de ganancia. Con algunos componentes de nacionalismo, pero sobre todo con una preocupación legítima respecto del futuro funcionamiento de los mercados, la opinión pública —tanto en Iberoamérica como en España— está manifestando su inquietud por esta ya llamada «reconquista española».

  • Por la parte iberoamericana, la agresiva estrategia de adquisiciones por las empresas y bancos españoles ha revelado graves deficiencias en los marcos de regulación de los mercados en que estas entidades operan o proyectan hacerlo. De hecho, en varios países de la región, las autoridades económicas están evaluando la posición dominante en que se han situado algunas de estas empresas españolas. Si por considerar que la concentración de estas empresas afectara a la libre competencia o perjudicara a los usuarios y la resolución fuera negativa, podría exigírseles que se deshicieran de algunos activos.
  • Por la parte española, también se han planteado algunas preocupaciones. En primer lugar, la fuerte apuesta de los bancos y empresas de ese origen en Iberoamérica ha sido castigada por los mercados bursátiles internacionales. Desde mediados de 1998, y con la agudización de las dificultades en Brasil, la clasificación de riesgo y el valor de las acciones de las principales empresas españolas sufrieron retrocesos, en algu-nos casos significativos. Esto obligó a las autoridades españolas a solicitar a sus empresas que evaluaran con extrema prudencia sus futuras inversiones en la región. Por otra parte, la creciente concentración que algunas firmas españolas están mostrando en mercados iberoamericanos contravendría las regulaciones vigentes para el mercado español. Esta situación es muy clara en el caso de la energía eléctrica, ya que la legislación española establece expresamente la separación de las actividades de generación, transmisión y distribución. A pesar de no existir una disposición que las obligue a respetar estas normas en sus operaciones en el exterior, es posible que se dicte en el futuro si surgieran dificultades en mercados iberoamericanos muy concentrados.

Asimismo, la concentración de las inversiones españolas en los sectores de servicios, además de sus posibles efectos sobre la competitividad sistemática, podría ejercer un fuerte impacto en la balanza de pagos de algunas economías iberoamericanas. El hecho de que estas inversiones se orienten al abastecimiento de mercados internos —y de no mediar mejoras de la capacidad exportadora y de atracción de capitales— se podrían producir tensiones entre las autoridades locales y las empresas desde la perspectiva de la balanza de pagos.

A las puertas de un nuevo siglo, es muy probable que las empresas españolas estén llegando a la fase más compleja de su estrategia de expansión en Iberoamérica: lograr la plena aceptación y asimilación por parte de los mercados, las autoridades y los clientes de la región.

Finalmente, solo deseo agregar algo tan reconocido por parte de nuestros bancos y empresas: «Iberoamérica es un área de expansión natural para las entidades y empresas españolas, porque las raíces culturales y el idioma común facilitan el acceso a los mercados y la clientela.» Por lo cual se hace tan evidente como necesario integrar aspectos pegados al terreno, factores tan decisivos como importantes, como hemos venido insistiendo a lo largo de este trabajo: aspectos culturales, sociales, comunicativos, y como colofón nuestra gran arma, el idioma, como fuente permanente de nuestra real ventaja competitiva, nuestro supremo valedor en estos países, que comparten una historia de más de cinco siglos, lo cual verdaderamente ni se improvisa, ni se compra en los mercados internacionales. Todo este riquísimo acervo que determina nuestra presencia económica nos recuerda a su vez nuestra proximidad psico-cultural, nuestro perenne compromiso histórico.

Aunar e integrar estos factores, junto a nuestra capacidad imaginativa6, será la gran baza que debemos cuidar —que estamos obligados a cuidar—, potenciar y administrar con la humildad y mesura propia de las grandes cruzadas históricas.

  • (5) CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Naciones Unidas. volver
  • (6) Véase para más detalle en cuanto a imagen e inversiones: Ramón Casilda Béjar «Imagen de marca e inversiones en Iberoamérica», en ABC Economía, Madrid, 12 de marzo de 2000 volver
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