Ramón Casilda Béjar
Podemos comenzar precisando el significado que en el sector financiero tiene el término‘internacionalización’. Desde nuestro punto de vista, el proceso de internacionalización financiera es aquel por el que los agentes e instituciones que conforman el sistema financiero de un país se ven obligados, si quieren defender su posición competitiva, a superar los límites nacionales para buscar mercados a escala mundial.4
La internacionalización de las finanzas de un país es un tema claramente relacionado con lo que se ha dado en llamar mundialización o globalización de los mercados financieros. De hecho, ambos términos, internacionalización y globalización, muy a menudo son usados como sinónimos en la literatura financiera.
La integración a escala internacional de nuestro sistema financiero es un hecho inevitable tras la apertura exterior de la economía española. Una economía en desarrollo que necesita altos niveles de financiación, cubiertos insuficientemente con el ahorro nacional, que a su vez busca en el exterior mejores oportunidades de rentabilidad y riesgo.
Las dos últimas décadas han significado para las finanzas españolas un importante cambio desde la óptica internacional. Nos hemos quedado atrás en el proceso de mundialización financiera. El sistema financiero español está a la altura del desarrollo estructural y organizativo de los sistemas más avanzados, que cuentan con un elevado nivel de competencia, posibilitando a los inversores españoles tener ante sí un amplio abanico de posibilidades: desde los mercados domésticos, pasando por los mercados extranjeros y los euromercados.
Nos reafirmamos en la idea de que la integración de España en la CEE, en 1986, ha actuado como motor en el proceso de internacionalización de nuestro sistema financiero, así como en la fase expansiva de crecimiento de la economía a partir de 1985. La adaptación de la legislación española a las Directivas de la Comunidad y la participación activa en el proyecto de Unión Europea han sido fundamentales para la integración de las finanzas españolas, primero a escala europea y posteriormente a escala mundial.
Por todo lo cual, la expansión internacional de la banca española ha sido propiciada por la integración en la Comunidad Europea y la creación, primero, del Mercado Único y, posteriormente, de la moneda única el euro, lo cual creó una influencia de efecto inmediato, como se puede comprobar por el aumento de las tomas de inversiones en Iberoamérica. Además, en este nuevo contexto comunitario, se comenzaron también a tejer alianzas y acuerdos de colaboración con entidades fundamentalmente comunitarias.
Este proceso de internacionalización de la banca española tomó una particular y singular fuerza desde los inicios de los años noventa, especialmente al irse constatando un número de variables e incógnitas que presionan sobre el futuro de la actividad bancaria más tradicional, esto es, la práctica de actuaciones al por menor de las entidades españolas, donde su liderazgo en Iberoamérica es una realidad.
Por consiguiente, el fenómeno de la internacionalización no resulta un hecho aislado; por el contrario, forma parte de un creciente proceso de globalización en la industria de los servicios financieros al que España no puede sustraerse. La proyección de la actividad financiera apunta a un escenario de globalización de los mercados, con una tenue diferenciación entre los domésticos y los internacionales, en los que concurrirán conglomerados que actúan como supermercados financieros, con filiales para ofertas específicas e incluso con entramados de empresas de otros sectores, así como de otros bancos e instituciones con especialización geográfica. Este fenómeno, desde nuestro punto de vista, tiene que ver fundamentalmente con dos factores:
La conjunción de estos dos factores alimenta el proceso de expansión internacional, que ni está limitado a la banca española, ni ha llegado a su fin, sino que forma parte del proceso de crecimiento económico en un mundo sin fronteras financieras.
A su vez, este proceso creciente de internacionalización global que vive la banca española está orientado por cuatro vectores básicos:
También la creciente presencia en el exterior obliga a tener muy claros y definidos los criterios sobre los cuales se apoya esta expansión internacional:
Realizadas estas consideraciones, entendemos que las oportunidades para un crecimiento rentable de las entidades financieras se encuentran en la expansión internacional prudente de sus actividades, de modo que se distribuyan más adecuadamente los riesgos y se disponga de una mayor flexibilidad para barajar el binomio riesgo-rentabilidad esencial en el negocio bancario.
Como hemos manifestado, consideramos a Iberoamérica como una gran región del mundo, no solo por su extensión y por su población, sino sobre todo por el papel que desempeña, particularmente relevante en los últimos tiempos. Nadie en España puede sentirse indiferente ante este continente no solo físico y económico, sino también cultural; condición esta, por cierto, que se ha mostrado decisiva para la rápida expansión llevada a cabo. Se pueden argumentar diferentes razones para justificar la expansión de la banca española en el continente iberoamericano, pero fundamentalmente consideramos las siguientes:
Por estos motivos y otros, Iberoamérica es, y seguirá siendo, un punto de referencia para la banca española. En general unos países más y otros menos, todo el continente presenta un gran potencial de negocio desde el punto de vista financiero. El grado de bancarización es bastante bajo: si en España un 99 por ciento de las personas mayores de dieciocho años tiene relaciones bancarias, en Iberoamérica este porcentaje no supera el 40 por ciento de media. Es decir, que en el negocio de banca al por menor todavía hay mucho terreno por recorrer en aquel continente.
Lo mismo se puede decir de la gestión de fondos de pensiones privados. Ahora estos productos en clara ascendencia mueven en la zona unos 20 billones de pesetas, y se espera que se multiplique por seis en quince años. Es en este contexto en el que hay que encuadrar las políticas expansivas de las diferentes entidades.
Realmente, resultan significativas, tanto cuantitativa como cualitativamente, las compras realizadas, durante el año 2000, por BSCH en México Banco Serfin con un desembolso de 1 560 millones de dólares y en Brasil Banco Banespa por 3 990 millones, sumando un total de 5 550 millones de dólares. BBVA, por su parte, invirtió en la compra de Bancomer en México 2 470 millones de dólares. Con estas tres operaciones, cuyo importe se eleva a 8 020 millones de dólares, se superarán las inversiones bancarias del año 1999. Por su parte, en el ámbito no bancario, si consideramos la operación realizada por Telefónica al adquirir sus filiales en Argentina, Brasil, Chile y Perú por 20 000 millones de dólares, más el desembolso de Telefónica Móviles en México y la importante adquisición realizada por Terra a la compañía americana de Internet Lycos 12 500 millones de dólares, las inversiones totales del año 2000 pueden marcar un hito histórico.
El principal argumento que ha llevado al sector bancario a realizar estas cuantiosas inversiones en Iberoamérica ha sido el alto grado de maduración alcanzado por la banca española en nuestro país, en donde la alta bancarización de la población mayor de dieciocho años, unida a la agresividad competitiva y al creciente poder negociador de los clientes fruto de su mayor cultura financiera y nuevos hábitos de consumo y socioculturales hacen que la lucha comercial sea tan agresiva como persistente. Esta situación, que no decrece, sino que por el contrario aumenta de modo sensible tanto directa como indirectamente, conlleva una notable disminución en los márgenes financieros obtenidos por las entidades que operan en el mercado español, razón que les llevó a replantearse sus estrategias de negocio. La profunda transformación sufrida por la actividad bancaria en las dos últimas décadas unida a la entrada de nuestro país en la Unión Europea y la posterior adopción de la Unión Económica y Monetaria con la entrada en vigor del euro ha propiciado un incremento extremo de la rivalidad en el sector. Esto, unido a la liberalización del sector financiero, ha hecho de la internacionalización la principal arma para crecer y aumentar el negocio de los bancos españoles. Y el destino elegido por estos han sido los mercados iberoamericanos.
La situación inversa ocurría en los países de Iberoamérica, donde el nivel de bancarización, al contrario de lo que sucede en nuestro país, era muy bajo, y el sistema financiero carecía de un alto grado de modernización y eficiencia. Además, la liberalización y desregulación creciente de este sector ofrecía amplias oportunidades de hacer negocio, ya que los márgenes de intermediación eran altos y, por consiguiente, la rentabilidad que se podía obtener era muy superior a la española.
A todo esto habría que añadir la gran proximidad cultural, escasa «distancia» o «barrera psicológica» existente entre estos países y España, lo que ha allanado considerablemente el camino, unido a la importancia estratégica de esta zona geográfica para establecer alianzas y, en su caso, acuerdos con otros bancos europeos y americanos.
Los mayores bancos españoles han invertido durante los últimos diez años (1990-2000) una suma total de 16.140 millones de dólares en su proceso de expansión iberoamericana (véase tabla 1). Así, el BSCH y el BBVA han visto en la región una oportunidad única para alcanzar una dimensión que les permita competir mejor en los exigentes mercados financieros internacionales, y de este modo mantener su identidad, diversificar riesgos y defenderse de una posible adquisición hostil de un competidor. También para hacer valer su posición de liderazgo en futuras alianzas, fusiones o acuerdos con bancos europeos encaminados a crear una banca paneuropea de liderazgo mundial.
En este escenario, los bancos españoles lograron una rápida y extensa presencia en las principales economías regionales al liderar la creciente penetración de la banca extranjera en los respectivos sistemas financieros. Entre 1996 y 1999, la participación de los bancos extranjeros en los depósitos totales aumentó de un 16 a un 40 por ciento, mientras que más de un 65 por ciento de los préstamos, y casi un 70 por ciento del patrimonio de los sistemas bancarios de las siete mayores economías regionales son controlados en algún grado por entidades extranjeras, contando con las recientes adquisiciones de Serfin en México por parte del BSCH y de Bancomer por BBVA en el mismo país, y de Banespa en Brasil por BSCH. Solo BSCH, BBVA y el Citicorp están presentes en todas ellas. Actualmente, las entidades españolas superan un 60 por ciento de los activos de los veinte mayores bancos extranjeros, lo que significa que por sí solos superan a los estadounidenses, líderes históricos del sector en la región (véase tabla 3).
En Iberoamérica, los bancos españoles, más que cumplir con el papel tradicional de acompañar a las empresas no financieras en su proceso de internacionalización (proveyéndolas de financiación y servicios financieros), han desarrollado una estrategia de expansión en su actividad principal, la banca comercial (familias y Pymes), intentando además estar presente en el mayor número de mercados posibles, fondos de inversión, seguros, fondos de pensiones, leasing y factoring.
Hasta la fecha, el resultado más evidente ha sido el fortalecimiento de los sistemas financieros locales, que enfrentados a dos crisis financieras internacionales de gran magnitud (a finales de 1994 y a mediados de 1998), han tenido una reacción más consistente que en el pasado; en particular en el caso de la crisis de la deuda externa (década de los ochenta) y más recientemente ante la crisis que viene afectando a Argentina, donde los bancos españoles tienen un papel destacado en el fortalecimiento del sistema bancario.
Actualmente, después de más de diez años de un amplio y extenso proceso de liberalización y desregulación financiera, el panorama iberoamericano de los mercados bancarios, de seguros y de los fondos de pensiones se ha visto enormemente modificado por la masiva presencia de entidades financieras globales. Esta fuerte dinámica de internacionalización ha dado lugar a fuertes polémicas en Iberoamérica. Las autoridades políticas y económicas, los empresarios, los accionistas, los mercados y los clientes han planteado sus diferentes puntos de vista ante un fenómeno inédito en términos de rapidez y magnitud, como lo ha sido la dinámica expansión de la banca española en las principales áreas de negocio del sector bancario y financiero iberoamericano. En este contexto, medidas tomadas por las autoridades económicas para garantizar la libre competencia han llevado a entidades como el BSCH a desprenderse de sus participaciones en bancos de la región (Banco Santiago en Chile), o en el caso de la compra de Bancomer por BBVA, donde sectores interesados esgrimían como argumento la fuerte concentración que se produciría, perjudicando al consumidor y anulando la competencia en algunas zonas de México (paradójicamente la fuerza para adjudicarse Bancomer resultó de la garantía financiera y de gestión del BBVA).
Por consiguiente, se puede decir, en términos generales, que tras la compra por parte del BSCH del tercer banco mexicano Serfin, junto a la adquisición del tercer banco público brasileño, Banespa, y la realizada por BBVA al también mexicano Bancomer, segundo en el ranking, lo que le ha permitido, al fusionarlo con Probursa, constituirse en el primer grupo financiero de México estas relevantes posiciones les han llevado al liderazgo, con lo que esta primera etapa de la expansión internacional de las grandes entidades financieras españolas en la región ha terminado… por el momento. Se resalta nuevamente la estrategia que responde a la apuesta decidida del grupo hacia Iberoamérica, así como la confianza en el crecimiento de los países de la región, descartando en su estrategia tomar posiciones en entidades financieras junto a socios locales. Esta fase ha concluido; prueba de ello son las recientes OPAS lanzadas por BSCH y BBVA respectivamente.
Por parte del BSCH, se ha anunciado el lanzamiento de una OPA por un 67 por ciento del capital de la entidad brasileña Banespa, que actualmente está en poder de accionistas minoritarios. El precio ofrecido es de 1 300 millones de euros, y la operación está aún pendiente de la aprobación por parte de la Comisión de Valores Brasileña y del Banco de España.
Los socios del BSCH The Royal Bank of Scotland y Societé Generale respaldarán la compra del octavo banco brasileño con la aportación de 753 millones de euros. Esto viene a reflejar la confianza que BSCH tiene en el mercado brasileño basada en su potencial de crecimiento y en los principales indicadores económicos del país.
Asimismo, BBVA tiene la intención de adquirir el capital total de su filial argentina, Banco Francés, y el de la colombiana, BBVA Ganadero, mediante OPAS por valor de 770 millones de dólares (828 millones de euros). BBVA controla un 68 por ciento del Banco Francés (segunda entidad privada del país con un 9,2 por ciento de cuota de mercado) y un 85,12 por ciento del colombiano Ganadero, siendo este el tercer banco del país con un 7,3 por ciento de coste de mercado. La oferta se dirigirá a un 32 por ciento del capital en el caso del banco argentino y a un 14 por ciento del mismo en el caso de la entidad colombiana.
En efecto, la situación en términos de tamaño es altamente favorable y permite pensar que BSCH se constituirá como el primer grupo financiero en la región con 96 943 millones de dólares en activos y una cuota de mercado próxima a un 11 por ciento, mientras que BBVA cuenta con 78 000 millones de dólares, con un 10,2 por ciento de mercado, situándose en segundo lugar. En cuanto a depósitos se refiere, BSCH mantiene un 11 por ciento de cuota de mercado frente a un 8,5 por ciento del BBVA y en créditos las cuotas son de un 10,5 y de un 9,3 por ciento respectivamente.
La competencia cada vez más global de BBVA y BSCH gira en torno a las posiciones similares de liderazgo de banca comercial en la mayoría de los mercados regionales. Además, fortalecidos por las respectivas fusiones, han comenzado un activo proceso de diversificación, combinando las inversiones en banca con aquellas destinadas a los mercados de seguros, y muy especialmente a su participación en la administración de fondos de pensiones, donde BBVA es el líder regional, y más recientemente hacia la salud privada, las telecomunicaciones y energía, sectores donde otros inversionistas españoles son muy activos.
Respecto a los riesgos competitivos, los bancos españoles han realizado algunos ajustes en su estrategia en la región, teniendo presente la disminución de los márgenes de beneficio como resultado de la alta competencia, tanto por parte de los bancos extranjeros, como de los locales, que espoleados por sus competidores más directos la banca española han ajustado sus organizaciones para ofrecer mejores servicios y precios. Esta situación, y la mayor vulnerabilidad externa relativa de estos mercados (crisis financiera de 1998), han provocado la necesidad de realizar activos programas de saneamiento y mejoras comerciales de las sucursales regionales, dotándolas de nuevos productos financieros, tanto de pasivo como de activo, siendo esto una réplica con adaptación local a las existentes en el mercado español, reforzado por unas plataformas y sistemas tecnológicos avanzados.
Desde la perspectiva iberoamericana, el ingreso de los bancos extranjeros, y en particular de las entidades españolas, ha tenido un positivo impacto en la modernización de los sistemas financieros regionales, algo tan fundamental para dinamizar el desarrollo económico y empresarial. En términos generales, las instituciones bancarias han introducido nuevos instrumentos, gestión y tecnologías; han incrementado los niveles de competencia con efectos directos sobre el acceso y valor del crédito, y han dado mayor fortaleza y estabilidad a los mercados locales. No obstante, también se presentan algunas dificultades, como el incremento de la concentración y la transferencia hacia los clientes fundamentalmente particulares y pymes, de los efectos de la mayor competencia y eficiencia de los mercados financieros internacionales.
La decidida apuesta iberoamericana que la banca española está realizando hay que valorarla muy favorablemente, por el momento. Ahora bien, este vigor empresarial, que representa para la banca algo muy positivo, debe tener, además, efectos beneficiosos para el conjunto de la economía española fundamentados en tres puntos:
Estamos, pues, en un momento idóneo de la banca para afrontar con éxito las convicciones de liderazgo gracias a los puntos que ya se han señalado: nivel de capitalización, rentabilidad y capacidad de gestión.
A su vez, esta dinámica conlleva diferentes movimientos que seguramente modificarán muchas cosas en nuestras instituciones:
En definitiva, ante esta continuada escalada de los bancos españoles en Iberoamérica, poniendo en juego importantes inversiones que la sitúan en una posición privilegiada, habrá que esperar no obstante un tiempo para verificar su consolidación y la certeza de sus planteamientos estratégicos que se enmarcan más allá del estricto negocio bancario para adentrarse en el negocio global financiero.
Además, resulta gratificante comprobar que esta disputa comercial entre los grandes de la banca española, BSCH-BBVA, (véanse gráfico 8 y gráfico 9) que se reproduce en el continente iberoamericano, no ha hecho más que comenzar. Al presente es BSCH el que acumula más experiencia, pues el Santander lleva más de cuarenta años en esta región.
Respecto a los riesgos latentes de la expansión internacional, son significativas las palabras del entonces gobernador del Banco de España con motivo de la presentación del informe anual sobre la economía española de 1995, donde advirtió que «estas prospecciones son legítimas en sí, pero indudablemente entrañan riesgos y requieren por parte de las entidades un análisis riguroso y prudente de sus estrategias».
En cuanto a las oportunidades que se ciernen sobre los bancos españoles en su expansión internacional, hay que tener muy presente que su capacidad y su confianza no es ciega ni voluntarista, sino que se fundamenta en lo que ya hemos señalado respecto a lo que el sector bancario ha realizado con éxito durante los últimos años, esto es: pasar de una banca amparada en altos márgenes y escasa capacidad competitiva hacia otra con márgenes y estructura de negocio muy distintos en consonancia a los de los países con sistemas financieros avanzados. Afortunadamente, en la actualidad el sistema bancario español es uno de los más competitivos del mundo y se encuentra, por lo tanto, preparado para operar en condiciones similares a las entidades internacionales más eficientes cuya ley de actuación se concentra en conseguir resultados satisfactorios para sus accionistas, proporcionando un considerable valor añadido a sus clientes y a las economías de los países donde prestan su actividad.