Eduardo Bautista García
La segunda parte de este trabajo se va a dedicar a concretar las teorías y pensamientos ya expuestos, al caso específico de España y al contexto cultural en que ésta se encuentra. Es decir, el espacio cultural iberoamericano, por un lado, y, por otro, la situación de España como estado miembro de una realidad política supranacional: la Unión Europea y sus programas y directivas relacionadas con el concepto de capital intelectual y los retos del tercer milenio. El sociólogo Mario Gaviria describe en su obra La séptima potencia10 una aproximación a la España contemporánea ; en especial a la de los últimos treinta años; desde un enfoque distinto y novedoso. Su análisis de las estadísticas y de los datos objetivos publicados por las distintas autoridades y agencias mundiales le permiten asegurar y demostrar argumentalmente que España, lejos de ser el país castigado sistemáticamente por su pasado imperial e irrecuperable, es la séptima potencia mundial, y que los niveles de organización, integración social, participación ciudadana y distribución de la riqueza son los mejores a lo largo de toda su historia.
No es mi objetivo abundar o cuestionar esta tesis, por otro lado bien documentada en su trabajo, sino partir de un enfoque donde quepa el optimismo y los grandes proyectos de futuro, a partir del reconocimiento de un espacio para el desarrollo de un programa ambicioso y bien planificado al mismo tiempo, que nos permita desempeñar junto a los países de nuestra huella cultural común un papel protagonista en el milenio digital. Esto será así, siempre y cuando identifiquemos correctamente las acciones y estrategias prioritarias, valorando así el principal activo que hoy en día nos asiste y que no es otro que el ingente capital intelectual de nuestros pueblos.
El profesor Gaviria11 antepone el paradigma de la espiral virtuosa contra el estigma del círculo vicioso para interpretar adecuadamente el futuro de España como país y para marcar un tono nuevo de aproximación al análisis de su realidad social, política, cultural y científica.
La España que nos interesa es la que se refleja en algunas cifras que paso a exponer y que se refieren al impacto en el producto interior bruto (PIB) de las industrias del ocio y del entretenimiento. Estas cifras están elaboradas por un equipo de la Facultad de Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid por encargo de la Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores12.
Estos datos permiten avanzar una hipótesis de trabajo en una dirección bien definida: las industrias de la cultura en España son un activo importante. Sin embargo, yo diría más: son un sector estratégico que hay que potenciar sabiendo que su rentabilidad ; no sólo económica, sino también social y cultural; puede producir resultados espectaculares.
En relación con la participación del empleo generado por las actividades culturales, resalta un mayor nivel de intensidad laboral en España, si lo comparamos con el empleo total de las respectivas economías. Los datos arrojan un resultado de una participación de un 7,34 por ciento en el año 1995, frente a un 5,02 por ciento para Estados Unidos y a un 5 por ciento para el Reino Unido.
La realidad macroeconómica expuesta anteriormente se refleja en la actividad diaria de los distintos subsectores que configuran esta industria. A continuación, se presentará una serie de datos que describen con gran detalle la realidad en España en 1999. Estos datos se refieren a los campos artísticos cuya gestión de los derechos de autor tiene encomendada la SGAE. La información, extraída del Anuario SGAE 2000 de las Artes Escénicas, Musicales y Audiovisuales, permite dibujar un panorama acerca de la estructura de la oferta y del nivel de la demanda en nuestro país.
En 1999 se representaron 38 745 obras de teatro, en sus distintos géneros. De estas, un 31,6 por ciento tuvo lugar en la Comunidad de Madrid y un 15,6 por ciento, en Barcelona. En total, el número de espectadores fue de 9 736 735, concentrándose en Madrid (27,9 por ciento), Cataluña (17,1 por ciento) y la Comunidad Valenciana (10,7 por ciento). Respecto a la recaudación, ésta ascendió a 12 882 millones de pesetas. Madrid, con un 45 por ciento, y Cataluña, con un 25,4 por ciento, acaparan la mayoría de los ingresos obtenidos por taquilla (tabla 6).
En 1999 se desarrollaron 4 362 funciones de danza. Madrid recoge un 25,9 por ciento de estas sesiones, seguido por Cataluña, con un 20,3 por ciento. La Comunidad Valenciana muestra un alto volumen de actividad, sobre todo en lo que se refiere a la danza profesional (alcanza un 9,6 por ciento del total de representaciones). Estas funciones se han repartido un total de 1.746.042 espectadores ; un 19,8 por ciento correspondientes a Madrid y un 15 por ciento a Cataluña. La recaudación ascendió a un total de 2 222 millones de pesetas, mostrando la habitual concentración en Madrid (32,3 por ciento) y Cataluña (16,9 por ciento).
En 1999 se ofrecieron 1 265 representaciones del género lírico, de las cuales un 36,8 por ciento tuvieron lugar en Madrid, un 12 por ciento en Cataluña y un 7,7 por ciento en Andalucía. En total, estas funciones obtuvieron 793 448 espectadores y 2 299 millones de pesetas de recaudación en taquilla: un 49,9 por ciento en Madrid y un 18 por ciento en Barcelona.
La música clásica en directo también ha experimentado un crecimiento en su actividad. De las 13 384 sesiones de conciertos celebradas en 1998 se pasó a las 17 150 sesiones celebradas en 1999. La Comunidad Valenciana, con 2 601 sesiones, se posiciona en el primer lugar del panorama nacional, seguida por Madrid (2 391) y Cataluña (2 182). Este incremento se ve reflejado en el número de espectadores, que en 1999 alcanzó el total de 5 632 275. En lo que se refiere a la recaudación, en 1999 se han obtenido por taquilla 4 948 millones de pesetas (un 21 por ciento más que en 1999), los cuales se han concentrado principalmente en Madrid (un 30,7 por ciento) y en Cataluña (un 24,5 por ciento). Entre las principales salas, según recaudación, se encuentra el Auditorio Nacional de Música de Madrid, seguido del Palau de la Música y el Auditorio de Barcelona (tabla 7).
La música moderna en directo ha experimentado, entre 1998 y 1999, un gran crecimiento. Así, en el último año, se han celebrado 56 845 sesiones, con un total de 20 105 944 espectadores, recaudando por taquilla una cifra global de 12 787 millones de pesetas, frente a los 11 687 millones obtenidos en 1998, lo que supone un crecimiento de casi un 10 por ciento. Por comunidades, Cataluña y Andalucía destacan en cuanto al número de espectadores, y representan un 17,1 y un 17,2 por ciento, respectivamente, del total. De igual modo, la recaudación por taquilla se concentra en Cataluña (27,7 por ciento) seguida, en este caso, por Madrid (18,5 por ciento) (tabla 8).
Pese a crecer el número de unidades vendidas respecto a 1998 en un 1,4 por ciento, con 59,5 millones de unidades vendidas, el valor de las ventas disminuyó de los más de 100 000 millones de 1998 a 98 424 millones en 1999. Esta situación de decrecimiento se ha producido también en los principales mercados internacionales. En España, se debe destacar el auge experimentado por el CD single, soporte del que se han vendido casi 2,5 millones de unidades (un 84,6 por ciento más que en 1998). Respecto a los títulos más vendidos, llama la atención la evolución de los discos de origen español en las principales listas de ventas, pasando de 15 en 1993 a 25 en 1998. Pese a que los discos nacionales superan a los extranjeros en las listas de ventas, el repertorio nacional global ha descendido de un 42 a un 36 por ciento, ocupando este hueco los artistas denominados ‘latinos’ (tabla 9 y tabla 10).
La exhibición cinematográfica en España está experimentando también una llamativa mejora. En 1999, ha crecido en 269 el número de pantallas respecto al año anterior. De nuevo, son Madrid ; con 526 pantallas (16,1 por ciento); y Barcelona ; con 428 pantallas (13,1 por ciento); las provincias que muestran una mayor acumulación de salas de cine. El crecimiento de estas cifras se acompaña de un impresionante aumento en el numero de sesiones, que han alcanzado un global de 2 917 393. El total de espectadores en el último ejercicio ha sido de 126 millones, concentrados un 20,3 por ciento en Madrid y un 16,7 por ciento en Barcelona.
Los ingresos por taquilla pasan de los 65 825 millones de pesetas registrados en 1998 a 80 341 millones. Además, la recaudación del cine español ha representado un 14,3 por ciento del total frente a un 65,1 por ciento correspondiente al cine de origen estadounidense, lo que supone un fuerte incremento de la taquilla del cine nacional, frente a las cifras del año anterior (un 11,6 por ciento para España y un 79 por ciento para el cine estadounidense). De los 1 968 largometrajes exhibidos a lo largo de 1999, 230 ; un 11,7 por ciento; corresponden a cine español, lo que supone cierto retroceso, pero compensado con el comentado aumento de la recaudación en taquilla (tabla 11 y tabla 12).
Sin embargo, estos datos positivos de 1998 contrastan con lo que los avances de datos disponibles en la fecha en que terminó la redacción de este artículo nos indican sobre lo ocurrido en el año 2000. Así, con datos provisionales, la participación sobre el total de ingresos por taquilla del cine español ha descendido a un 9,6 por ciento, mientras que el estadounidense ha llegado a un 82 por ciento. Confiamos en que este descenso no sea ningún indicio de tendencia, sino únicamente un dato coyuntural subsanable.
El consumo de minutos de televisión por persona y por día se estableció, en 1999, en 213, frente a los 210 de 1998, lo que muestra una tendencia estable con ligero aumento en la demanda de televisión. Los ingresos obtenidos por publicidad por las cadenas también han aumentado en el último ejercicio, pasando de 287 192 millones de pesetas en 1998 a 331 593 millones de pesetas para 1999, coherente con el aumento del número de anuncios publicitarios emitidos (de 455 419 se ha pasado a 506 467) y los minutos dedicados a publicidad (de 1 313 405 se ha pasado a 1 434 180).
Entre los cinco primeros programas que más audiencia tuvieron en 1999, tres de ellos fueron partidos de fútbol, solo superados por el Especial Campanadas de TVE-1 y por el episodio navideño de la serie Médico de familia (de Telecinco).
Sin embargo, el diagnóstico sobre la nueva realidad española también tiene sus sombras. Por un lado, tal y como demuestran los resultados del Informe SGAE sobre hábitos de consumo cultural13, las prácticas culturales ; con la única excepción de la televisión; no han llegado a la mayor parte de la población española.
Como datos significativos, debe comentarse que un 51 por ciento de los españoles declara no leer nunca; que un 61 por ciento no acude nunca a las salas de cine, y un 75,4 por ciento no asiste nunca a una representación teatral. Además, los datos negativos se acentúan ; con la excepción también, en este caso, del cine; cuanto menor es la edad de los entrevistados. Esta realidad, como parece obvio a primera vista, supone un futuro incierto. Este futuro, sin embargo, puede ser positivo, siempre y cuando se tomen las medidas adecuadas para el desarrollo de la oferta y para la difusión de la cultura entre todos los ciudadanos de España, momento en el cual la industria de la cultura y el ocio alcanzaría su plena potencialidad.
Por otro lado, las inversiones necesarias en España para desarrollar una industria de liderazgo cultural y mediático de carácter internacional deberían destinarse, casi en su totalidad, a infraestructura. Esto no supone una buena noticia para empezar, ahora que uno de los síntomas del Estado del bienestar es la retirada lenta, pero inexorable, del capital público de las inversiones culturales. Además de todo esto, no existe todavía una tradición de inversiones de capital privado en grandes operaciones de rentabilidad cultural.
Aquí entran en juego la iniciativa pública y la privada, de mutuo acuerdo, en busca de una sinergia que nos permita subsanar el déficit estructural empresarial y partir en el pelotón de cabeza en la carrera hacia el milenio digital, desarrollando nuestro propio concepto de sociedad de la información y rentabilizando nuestro capital intelectual.
Además, la proyección natural de España hacia Hispanoamérica, y nuestra condición de puerta de Europa, sitúa a España en una encrucijada de intereses a medio y largo plazo que cada día adquieren más importancia, a medida que los mercados se integran y las grandes alianzas crean espacios gigantescos de negocio. En este sentido, España debe desempeñar un papel de cooperación, de integración, de puesta en contacto de unos mercados con otros, y nunca aprovecharse de su condición para explotar mercados en crecimiento. Es precisamente en el sector que nos ocupa ; el de la cultura y el ocio; donde estas relaciones en plano de igualdad cobran su mayor sentido, ya que son manifestaciones de una raíz común que contribuyen al enriquecimiento cultural mutuo y que, juntas, deben conquistar espectadores en terceras áreas: Europa, Estados Unidos y Japón como objetivos prioritarios.
En este sentido, las expresiones culturales de los distintos pueblos iberoamericanos deberían conformar el punto de encuentro ideal, el contexto general, de las relaciones comerciales. Una política de penetración empresarial basada en el reconocimiento mutuo de la cultura y el apoyo decidido a sus distintas manifestaciones sería mucho más eficaz, a medio plazo, en lo que se refiere a la creación de vínculos económicos entre las distintas áreas. En este sentido, las grandes corporaciones españolas no deberían olvidarse de que las producciones culturales iberoamericanas, al igual que en el caso español, son un importante activo económico, y como tal debe ser apoyado y relanzado. Además, con el apoyo por parte de estas organizaciones a la cultura local, se conseguiría profundizar en el deseado proceso de imbricación con la sociedad que recibe a estas corporaciones. La Sociedad General de Autores y Editores, como principal sociedad gestora de los derechos de autor en España e Iberoamérica y como agente reconocido de promoción cultural, se encuentra en condiciones de prestar su ayuda a que en Iberoamérica tenga lugar este encuentro entre economía y cultura.
Hay, por otra parte, un elemento añadido: se trata del valor intrínseco del castellano, como lengua común, como capital intelectual de casi cuatrocientos millones de hablantes con unas perspectivas de crecimiento continuo en Brasil y en Estados Unidos.
Junto a todo esto, se produce una explosión de la «cosa latina» en la música, en el cine, en la literatura, en las artes plásticas y, en general, en los medios de comunicación, que permite aventurar que la cultura latina abandona los espacios marginales, donde hasta ahora se desenvolvía más o menos bien, y se dirige a la primera línea de atención donde están los grandes movimientos de liderazgo cultural y económico, es decir, donde está el protagonismo.
No creo que esto signifique un desplazamiento de la cultura dominante ; la angloamericana; , sino más bien un compartir los escenarios de éxito y del fracaso, pero ya jugando en primera división, y sobre todo aprovechando una oportunidad única para aprender las claves del éxito y sobrellevar mejor el peso del fracaso relativo.
Otro aspecto donde no hay que retroceder ni un milímetro es en el marco jurídico y legal de la protección de la propiedad intelectual. Un país con tanto capital intelectual no puede enfriar sus cotas de protección, salvo que quiera ceder espacio en el futuro.
España es un país de creadores y a lo largo de su historia así lo ha demostrado. La única forma de potenciar al máximo esta riqueza es reconocerla y cuidarla para que, en las condiciones adecuadas, genere la plusvalía que se espera de ella estando bien administrada. El sistema de derecho de autor es la fórmula adecuada y óptima para potenciar y desarrollar el capital intelectual de los españoles y no el sistema de copyright, que solo contempla el valor intrínseco de la obra. Tanto es así, que varios insignes juristas y expertos están llamando la atención de las autoridades estadounidenses sobre los vacíos legales que están poniendo en peligro el capital intelectual de los creadores estadounidenses.
Ralph Oman, titular de la cátedra de Propiedad Intelectual en la Facultad de Derecho de la Universidad George Washington y ex Registrador de la Oficina del Copyright de los Estados Unidos, con motivo de la aprobación del Digital Millenium Copyright Act, expresó sus preocupaciones de la siguiente forma:
«La tecnología digital plantea varias opciones a los encargados de fomentar las políticas de derecho de autor, opciones que a su vez plantean algunos peligros reales a los derechos de los autores, no solo procedentes de piratas y ‘ciberintrusos’ que se burlan de la ley, sino también por la impresión cada día más difundida de que las leyes tradicionales de derecho de autor están empezando a envejecer. En nuestro esfuerzo para proteger a gran número de participantes que tienen intereses propios (proveedores de servicios, comerciantes de material protegido por el derecho de autor, bibliotecarios, empresas prestatarias de servicios públicos que revenden transmisiones por satélites, compañías telefónicas, educadores, compañías de cable, la lista es larga), corremos el riesgo de pensar que naturalmente hemos protegido a los autores y a los titulares del derecho de autor. Pues bien, no es así. Evidentemente esos intereses merecen protección contra los abusos, pero sus derechos no deben confundirse nunca con los derechos de los autores. La mejor legislación de derecho de autor de todo el mundo ha protegido siempre el derecho del creador frente a las atribuciones de los titulares de las tecnologías que ganan dinero explotando las creaciones de los autores. Siempre ha sido así, tanto si la tecnología es la prensa de imprimir como si se trata de emisiones de radio o de televisión, impresoras de láser, máquinas fotocopiadoras, grabadoras de cintas digitales, ordenadores centrales u ordenadores personales que tienen una vasta capacidad de almacenamiento y búsqueda electrónicos. El debate en torno a la tecnología y los intereses de los autores es la esencia misma de la reflexión acerca del derecho de autor: el núcleo que hace que esa legislación sea históricamente única, socialmente revolucionaria y una causa por la que merece la pena luchar. El Congreso, los tribunales y las organizaciones internacionales como la OMPI y la Unesco deben reafirmar los propósitos fundamentales del derecho de autor. El autor ser humano ocupa el centro de nuestro universo del derecho de autor y debemos preservar ese núcleo vital a medida que una era va abriendo paso a otra y que una tecnología se desvanece y da paso a otra. El autor debe gozar de la facultad de autorizar o prohibir usos de su expresión creativa en Internet. Quienes creemos en la propiedad intelectual y defendemos los objetivos del Convenio de Berna no deberíamos pensar que nuestro cometido consiste en planear un nuevo futuro normativo para nuestro mercado digital, sino hallar las maneras de poner el entorno digital bajo el control del autor. Hagamos de la tecnología digital no solo una simple bendición para todos los ciudadanos sino también un instrumento leal de los derechos de los autores».
El sistema de derecho de autor es la mejor garantía de un espacio óptimo de desarrollo de nuestras potencialidades creativas y de nuestras empresas de bienes y servicios culturales.
Para concluir, y volviendo al tema central de este trabajo, recordaré las palabras del profesor José Ramón Lasúen, uno de los más destacados economistas españoles, durante la presentación del citado estudio sobre la participación de la industria de la cultura y el ocio en el PIB español:
«Todo el mundo ha aceptado que estamos en una etapa postindustrial, pero aún queda por definir cuál será el núcleo fundamental de la economía. Yo he llegado a la conclusión de que será la creación y sus derivados. No se trata de la microelectrónica, sino del mundo de la creación de nuevas emociones y sensaciones.»