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El profesor Manuel Castells, en su monumental trilogía La era de la información:
Economía, Sociedad y Cultura8, aborda en el primer volumen, La sociedad red, los contornos precisos de
la economía informacional y el proceso de globalización, analiza los parámetros de
productividad y competitividad en la economía informacional y sostiene que las empresas y
naciones o entidades económicas de distinto tipo, como las regiones de la Unión
Europea son los agentes reales del crecimiento económico y de la globalización.
Ambos han potenciado un acelerado proceso de convergencia e inmersión tecnológica que ha
hecho posible que, a finales del segundo milenio de la era cristiana, estemos ya
saboreando el gusto agridulce de la era de la información o el milenio digital, como lo
define la última ley que Estados Unidos ha incorporado a su ordenamiento legal para
regular el tráfico digital en sus redes de las distintas clases de contenidos.Para conceptualizar las características de esta
situación baste saber que (ver tabla 1, tabla 2 y tabla 3):
1. En marzo del año 2000 había 305 millones de
personas conectadas a la red de redes, es decir, enredadas en Internet.
2. En el año 2005, seremos 350 millones los que
formaremos parte de la red.
3. En el año 2007, solo en Europa, más de un 70
por ciento de los hogares estarán conectados a Internet.
4. En España, en diciembre de 1999, estaban
conectados 3,6 millones de personas (un 9,26 por ciento de la población).
5. En 1999, los ingresos generados por Internet
fueron de 180 000 millones de dólares.
6. En el año 2002, estos ingresos serán
multiplicados por nueve (1,2 billones de dólares utilizando billón como
millón de millones, y no en la concepción anglosajona de billion, que lo cuenta
por mil millones).
7. En estos momentos, el tráfico de IP supera al
del teléfono convencional.
8. En el 2002, el tráfico de IP será de 6 170
petabytes (Mega-Giga-Tera-Peta).
9. Por último, una curiosidad: ¿cómo se
calcula el valor real de estos activos inmateriales? El teorema de Robert Metcalf se
propone como la fórmula más adecuada para resolver la incógnita: el valor de una red
electrónica es igual al cuadrado del número de nodos que la integran.
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En este panorama, donde la convergencia de voz,
datos, vídeo e interactividad conforma lo que llamamos contenidos (información,
educación, entretenimiento), es donde hay que situar la importancia estratégica de los
derechos de propiedad intelectual que protegen a los creadores y confieren sustancia al
valor de sus intangibles: sus derechos de autor, su capital intelectual. Se añadirán
más detalles sobre este particular a la hora de hablar de la SGAE y de la gestión
colectiva de bienes intelectuales.
En resumen, es en la era de la
información cuando el capital intelectual desplazará en importancia, así como en valor
financiero y estratégico, a cualquier otro activo, sea material o inmaterial. Éste es un
hecho que define a las organizaciones de la era de la información: el conocimiento y la
información adquieren una realidad propia que se puede separar del movimiento físico de
bienes y servicios.
De esta divergencia se derivan dos conclusiones
principales. La primera es que, así como se administran los bienes físicos y
financieros, se puede hacer lo mismo con el conocimiento y los bienes que lo crean y
distribuyen. La segunda conclusión es que si el conocimiento es la mayor fuente de
riqueza, los individuos, las empresas y las naciones deben invertir en los bienes que lo
producen y procesan. Dicho de otra forma: si la inversión en I+D supera a la inversión
en bienes de equipo, la empresa pasa de ser un lugar para la producción a ser un lugar
para el pensamiento.
Ésta es la auténtica revolución
que trae la era de la información y sienta las bases de un nuevo orden económico. |

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NOTAS: |
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8. CASTELLS,
Manuel, La era de la información: la sociedad red, Madrid, Taurus, 1996.  |
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