 |

|
La finalidad de este trabajo era doble. Primero, se trataba de aplicar los conceptos
de la teoría de marca al idioma español, ya que entendemos que para la divulgación y
difusión de nuestra lengua y de sus valores culturales es rigurosamente
necesaria una política de creación de una imagen de marca imaginativa y audaz, que debe
ser uno de los ejes estratégicos de toda la comunidad iberoamericana. Estrategia que le
corresponde liderar, en el buen sentido de la palabra y, por tanto, con la mayor
responsabilidad y con los mayores recursos, a instituciones como la Real Academia
Española y la Asociación de Academias de la Lengua y el Instituto Cervantes; pero que
también debe ser objeto de debate, para adoptar decisiones y habilitar recursos, en las
propias cumbres iberoamericanas y con una ayuda decidida de los Gobiernos. Sin una
política y una estrategia global, el crecimiento y consolidación de la lengua serán
insuficientes. Más aún: lo que desde estas páginas se reclama es una mayor, intensa y
consciente actuación de los poderes públicos, un liderazgo político. Aún hemos de
superar enormes carencias y ausencias, como puede ser nuestra escasa presencia en los
ámbitos científico y académico o en Internet, situación que no es la adecuada ni para
la realidad de millones de hablantes en español, ni para sus expectativas educativas.
Así, tal y como señala Francisco A. Marcos8:
«Nuestro problema es, sencillamente, que tenemos
una lengua que cuenta con un número muy elevado de hablantes, una rica tradición
cultural, especialmente en literatura, una gran cohesión interna, con una norma culta
bien aceptada y una contigüidad territorial muy predominante (España y Guinea Ecuatorial
son los países que quedan fuera de la continuidad geográfica del español,
precisamente). Sin embargo, esta lengua no se utiliza habitualmente como vehículo de
intercambio fuera de su amplio dominio geográfico y cede cada vez más espacio dentro del
mismo a usos de comunicación internacional, como la producción científica escrita, a
favor de otras, en especial el inglés. Curiosamente, el incremento de la calidad
científica de los trabajos de los hispanohablantes no se traduce en que haya cada vez
más personas interesadas en utilizar el español para fines científicos, sino en que
nuestros científicos se ven cada vez más atraídos por publicar en la lengua de la aldea
global, que es el inglés.»
La segunda finalidad que perseguíamos era poner
de manifiesto que es imposible realizar una adecuada política de imagen de marca de la
lengua sin contar aunque no hay que olvidar otros elementos con el mundo del
libro y con la industria editorial. Hasta hace unos años (y todavía hoy), cualquier
esfuerzo para potenciar el español y su unidad ha estado unido a la expansión de la
industria editorial, de suerte que la edición en español se ha convertido en un elemento
clave para una adecuada política de imagen de nuestra lengua y de nuestra cultura. Dado
que los datos disponibles sobre la producción y difusión editorial en el conjunto del
área idiomática dejan mucho que desear, hemos debido insistir en los españoles, que son
los que mejor conocemos. Pero, en todo caso, lo que sí queda claro es que la exportación
de libros, la difusión de nuestros autores, la presencia de filiales españolas en otros
países dentro y fuera del área idiomática y las políticas de ayuda a la
traducción son instrumentos eficaces y, además, baratos, pues no requieren inversiones
cuantiosas y proporcionan una altísima rentabilidad. |

|
Si admitimos, por tanto, la necesidad de
diseñar una adecuada política sobre la imagen de marca de la lengua española, deberemos
admitir también que es necesario elaborar y poner en marcha una estrategia política
editorial coherente y sólida que permita al sector privado hoy por hoy competitivo
y de una gran pluralidad y diversidad cultural contar con el apoyo del sector
público, para, sin chovinismo de ningún tipo, poder contribuir a fortalecer la unidad de
la lengua española y a potenciar su presencia en el mundo como signo de la identidad,
variedad y riqueza cultural de la comunidad iberoamericana. Es, a nuestro entender,
una obligación ineludible de los poderes públicos contribuir a ello, ya que es
prácticamente la única señal de identidad común que nos queda en un mundo globalizado.
Además, a través de esta política de Estado, se apoya la lectura y el libro como
instrumentos liberadores y enriquecedores de la sociedad y del individuo que sirven al
logro de una sociedad más justa, rica y plural. |

|
NOTA: |
|
8. Marcos,
Francisco A., «La lengua española en internet», Anuario del Instituto Cervantes. El
español en el mundo, Madrid, Plaza & Janés, 2000, pág. 308.
También en: http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/marcos/. |
|
|
|