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El español en el mundo > Anuario 2001 > A. M. Ávila. Conclusión
El español en el mundo

El libro y la imagen de marca de la lengua española

Antonio María Ávila Álvarez

7. Conclusión

La finalidad de este trabajo era doble. Primero, se trataba de aplicar los conceptos de la teoría de marca al idioma español, ya que entendemos que para la divulgación y difusión de nuestra lengua —y de sus valores culturales— es rigurosamente necesaria una política de creación de una imagen de marca imaginativa y audaz, que debe ser uno de los ejes estratégicos de toda la comunidad iberoamericana. Estrategia que le corresponde liderar, en el buen sentido de la palabra y, por tanto, con la mayor responsabilidad y con los mayores recursos, a instituciones como la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua y el Instituto Cervantes; pero que también debe ser objeto de debate, para adoptar decisiones y habilitar recursos, en las propias cumbres iberoamericanas y con una ayuda decidida de los Gobiernos. Sin una política y una estrategia global, el crecimiento y consolidación de la lengua serán insuficientes. Más aún: lo que desde estas páginas se reclama es una mayor, intensa y consciente actuación de los poderes públicos, un liderazgo político. Aún hemos de superar enormes carencias y ausencias, como puede ser nuestra escasa presencia en los ámbitos científico y académico o en Internet, situación que no es la adecuada ni para la realidad de millones de hablantes en español, ni para sus expectativas educativas. Así, tal y como señala Francisco A. Marcos8:

«Nuestro problema es, sencillamente, que tenemos una lengua que cuenta con un número muy elevado de hablantes, una rica tradición cultural, especialmente en literatura, una gran cohesión interna, con una norma culta bien aceptada y una contigüidad territorial muy predominante (España y Guinea Ecuatorial son los países que quedan fuera de la continuidad geográfica del español, precisamente). Sin embargo, esta lengua no se utiliza habitualmente como vehículo de intercambio fuera de su amplio dominio geográfico y cede cada vez más espacio dentro del mismo a usos de comunicación internacional, como la producción científica escrita, a favor de otras, en especial el inglés. Curiosamente, el incremento de la calidad científica de los trabajos de los hispanohablantes no se traduce en que haya cada vez más personas interesadas en utilizar el español para fines científicos, sino en que nuestros científicos se ven cada vez más atraídos por publicar en la lengua de la aldea global, que es el inglés.»

La segunda finalidad que perseguíamos era poner de manifiesto que es imposible realizar una adecuada política de imagen de marca de la lengua sin contar —aunque no hay que olvidar otros elementos— con el mundo del libro y con la industria editorial. Hasta hace unos años (y todavía hoy), cualquier esfuerzo para potenciar el español y su unidad ha estado unido a la expansión de la industria editorial, de suerte que la edición en español se ha convertido en un elemento clave para una adecuada política de imagen de nuestra lengua y de nuestra cultura. Dado que los datos disponibles sobre la producción y difusión editorial en el conjunto del área idiomática dejan mucho que desear, hemos debido insistir en los españoles, que son los que mejor conocemos. Pero, en todo caso, lo que sí queda claro es que la exportación de libros, la difusión de nuestros autores, la presencia de filiales españolas en otros países —dentro y fuera del área idiomática— y las políticas de ayuda a la traducción son instrumentos eficaces y, además, baratos, pues no requieren inversiones cuantiosas y proporcionan una altísima rentabilidad.

Si admitimos, por tanto, la necesidad de diseñar una adecuada política sobre la imagen de marca de la lengua española, deberemos admitir también que es necesario elaborar y poner en marcha una estrategia política editorial coherente y sólida que permita al sector privado —hoy por hoy competitivo y de una gran pluralidad y diversidad cultural— contar con el apoyo del sector público, para, sin chovinismo de ningún tipo, poder contribuir a fortalecer la unidad de la lengua española y a potenciar su presencia en el mundo como signo de la identidad, variedad y riqueza cultural de la comunidad iberoamericana. Es, a nuestro entender, una obligación ineludible de los poderes públicos contribuir a ello, ya que es prácticamente la única señal de identidad común que nos queda en un mundo globalizado. Además, a través de esta política de Estado, se apoya la lectura y el libro como instrumentos liberadores y enriquecedores de la sociedad y del individuo que sirven al logro de una sociedad más justa, rica y plural.

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