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El español en el mundo

El libro y la imagen de marca de la lengua española

Antonio María Ávila Álvarez

5. La propensión exportadora

En primer lugar, hay que decir que el sector editorial español es un sector tradicionalmente exportador y que esto ya lo diferencia de otros sectores productivos: más de un 25 por ciento de la producción se exporta año tras año. Otro rasgo diferenciador adicional es que, en una balanza comercial tradicionalmente deficitaria, la partida 49, que supone prácticamente un 1 por ciento de toda la exportación española, se cierra siempre con superávit.

Para conocer esto, tenemos dos fuentes de datos: por un lado, el Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales y la Secretaría General de Estudios del Ministerio de Economía y Hacienda (tabla 7), y, por otro, la Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) (tabla 8 y gráfico 6Fuente: Comercio Exterior del Libro 1990-1999, FEDECALI, Madrid, 2000.). Ambas instituciones analizan la partida 49 del código arancelario TARIC. Los datos de Economía y Hacienda son más globales y no pueden ser disgregados, por lo que nos dan la cifra total de la partida 49, mientras que los libros están en la 4901. Los datos de FEDECALI, que tramita más de un 70 por ciento de la exportación de libros, son más detallados y pormenorizados, pero nos dan una cifra global más reducida, pues, al ser una institución de carácter voluntario, no todas las empresas usan sus servicios. Sin embargo, ambas fuentes coinciden en la tendencia.

En el período 1995-1999, las exportaciones a terceros países aumentaron casi un 25 por ciento, al pasar de 30 324 a 40 060 millones de pesetas, mientras que las operaciones intracomunitarias (Unión Europea) aumentaron, en el mismo período, algo más de un 75 por ciento. Pero, si analizamos los datos en pesetas constantes, en 1999 habríamos alcanzado los 51 081 millones de pesetas, con un incremento de casi un 35 por ciento con relación a 1995.

De hecho, desde 1990 hasta 1999, se ha incrementado la exportación en un 55,41 por ciento en valores constantes y en un 122,18 por ciento en pesetas corrientes. ¿Cuáles son las razones de esta propensión exportadora? Varias, a mi juicio.

En primer lugar, estarían las razones tradicionales. Ya desde los tiempos que siguieron al descubrimiento de América surgió una demanda de libros para contrarrestar los «escritos» indígenas (básicamente pictogramas y jeroglíficos como los del famoso Códice de Dresde), pero, sobre todo, de libros religiosos para atender a los colonos y también para que sirvieran como instrumento de evangelización. Así, el primer exportador de libros a América desde España fue Jacobo Cromberger, establecido en Sevilla, a quien, en 1525, el emperador Carlos V le dio la concesión exclusiva del comercio de libros con México, limitada a libros de horas y misales, catecismos, vocabularios, diccionarios y gramáticas. Estaba prohibida la exportación de libros de caballerías y de «otras mentirosas historias» que eran los más demandados. Pero, en barricas de vino y en toneles de frutos secos, viajaron también los Amadises y las Celestinas que tanto deleitaban a conquistadores y descubridores. Y así comenzó, al decir de Álvaro Garzón, la historia del mestizaje intelectual de Hispanoamérica.

Junto a esta corriente tradicional hay que señalar, en segundo lugar, la identidad idiomática, la existencia de una lengua común, auténtico condominio de veinte países, que es, en sí misma, un importante valor económico. Este valor económico del español es lo que, desde el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) se viene denominando «el español como recurso exportable» (ERE) y que, según cálculos del Instituto, con independencia de la actividad editorial, podría generar un negocio anual en torno a los 200.000 millones de pesetas (formación, viajes, educación, etc.).

Por otro lado, y en tercer lugar, se situaría la precariedad del mercado español interno, muy tardíamente alfabetizado, lo que, junto a factores históricos, culturales y climáticos, ha hecho que la tasa de lectura sea muy inferior a la media europea. Esta precariedad ha obligado al editor —sea grande, pequeño o mediano— a exportar. Es más, podríamos decir que ésta es la primera lección que aprenden los editores: exportar o morir.

1. Exportación

Por destino geográfico, un 46 por ciento de la exportación de libros va a Iberoamérica, un 45 por ciento a la Unión Europea, un 5 por ciento a Estados Unidos, un 2 por ciento al resto de Europa y un 2 por ciento al resto del mundo.

Del año 1999 hay que destacar un muy importante crecimiento de un 15,7 por ciento de la exportación a la Unión Europea, cifra que confirma la creciente presencia del libro español en este mercado durante los últimos años (el crecimiento de 1997-1998 también fue de un 15 por ciento). Francia, Reino Unido y Portugal son los mayores compradores.

Como se puede comprobar en la tabla 9, Iberoamérica sigue siendo la zona geográfica a la que se dirige la mayor parte de nuestras exportaciones de libros, aunque va perdiendo importancia relativa a medida que se afianzan nuestras exportaciones a la Unión Europea, zona que aún mantiene un gran potencial de crecimiento. Este mercado, el europeo, es de especial relevancia para el sector gráfico, cuyas cifras de exportación a estos países se han mantenido con respecto al año anterior. Pero el aumento más espectacular de las exportaciones hacia este mercado se produjo en el sector editorial, cuyas exportaciones crecieron un 31,6 por ciento.

Si nos fijamos en los datos de la tabla 10, podemos observar que, en los nueve países de la tabla, se concentra de forma ya habitual más de un 70 por ciento de la exportación del sector del libro, que en el año 1999 llegó a un 74,41 por ciento. Así pues, la concentración es muy acusada y estable.

La novedad más destacable de este año es que, por primera vez, un país no iberoamericano, como es Francia, ocupa la primera posición entre nuestros principales clientes de libros. Por otra parte, también es digno de reseña el incremento de nuestras exportaciones a Portugal, que, en este año de 1999, ha llegado a un 23 por ciento.

Por otra parte, en la evolución de las exportaciones (gráfico 7Fuente: Federación Española de Cámaras del Libro.) se aprecian las vicisitudes por las que han atravesado los diferentes países. Así, México evolucionó positivamente hasta el año 1994, en que se alcanzó la cifra de 11 121 millones de pesetas, cifra hasta ahora nunca alcanzada por otro país. Sin embargo, como consecuencia de la devaluación del peso mexicano a finales de 1994, las exportaciones a ese país cayeron a menos de la mitad en los años posteriores. La recuperación, que no se empezó a notar hasta 1997, se ha ido sosteniendo en los últimos años, pese a la ligera caída de un 1 por ciento en 1999, que solo afecta al sector gráfico, pues, en el sector editorial, las exportaciones a México experimentaron un ligero crecimiento de un 2 por ciento sobre 1998.

Argentina ha experimentado durante este mismo año un retroceso de un 13 por ciento, que se reduce a un 7,5 por ciento en el sector editorial. Sin embargo, sorprende que esta caída se deba a un notable descenso del precio por ejemplar, ya que el número de ejemplares vendidos a este país ha aumentado en un 57 por ciento.

El descenso más notable de nuestras exportaciones se da en Brasil. Tras un período de estabilidad hasta 1994, en 1995 se inicia un ascenso imparable de nuestras exportaciones, que sitúan a Brasil, en 1997, en el primer lugar de países importadores de libros de España, con una cifra de 9 511 millones de pesetas. Sin embargo, la fuerte crisis de 1998 hizo caer las exportaciones españolas de libros a Brasil en más de 4 000 millones de pesetas, descenso que, en 1999, alcanzó un 67 por ciento con relación al año anterior.

Otro país, cuyas importaciones de libros españoles han caído considerablemente durante 1999 ha sido Colombia donde, debido a la fuerte crisis económica y a los problemas sociales por los que atraviesa el país, las importaciones de libros han experimentado un descenso de un 22 por ciento.

Estados Unidos, por el contrario, continúa en 1999 con la tendencia iniciada el año anterior y nuestras exportaciones a este país se incrementaron en un 16 por ciento, lo que justifica el creciente interés que despierta este mercado entre nuestros exportadores y la decisión de asistir, por parte de la Federación de Gremios de Editores de España, a ferias del libro en Norteamérica como las de la BEA y la ALA, y organizar misiones comerciales inversas, para que bibliotecarios, libreros y distribuidores estadounidenses visiten la Feria LIBER.

2. Importación

En la evolución de las importaciones, a partir de 1992, se produce una clara recesión, ya que nuestras compras de libros al exterior caen un 48,09 por ciento con relación al año precedente. La recuperación de las importaciones no se produce hasta el año 1995, fecha a partir de la cual se estabilizan.

Aunque, como vemos (tabla 11, gráfico 8Fuente: Comercio Exterior del Libro 1999, FEDECALI, Madrid, 2000.), las cifras de exportación de libros han sido siempre superiores a las de importación, el saldo neto ha tenido sustanciales variaciones. Si bien, en los primeros años de la década de los noventa, la tasa de cobertura se mantuvo en torno a un 1,9 por ciento, la tendencia cambia a partir de 1992, en que supera el 4 por ciento, debido a un fuerte descenso de las importaciones. En los años posteriores, la tasa de cobertura se ha mantenido bastante estable, gracias al crecimiento continuado de nuestras exportaciones de libros y a una relativa estabilización de las importaciones desde 1995.

En cuanto a la procedencia geográfica de las importaciones (tabla 12, gráfico 9Fuente: Comercio Exterior del Libro 1999,
FEDECALI, Madrid, 2000.
), también la concentración es muy acusada, de suerte que los nueve países del siguiente cuadro acaparan un 98 por ciento de la importación del sector del libro. Las adquisiciones procedentes del Reino Unido suponen, por sí solas, casi un 50 por ciento del total de las importaciones españolas de libros. Un cierto descenso, en 1999, de nuestras importaciones de libros puede ser debido a la revalorización de la libra esterlina frente al euro.

3. Exportaciones en función de las materias

En la tabla 13 y el gráfico 10Fuente: Federación Española de Cámaras del Libro. no se han tenido en cuenta los datos referidos a las revistas exportadas, por la dificultad de su clasificación por materias. Y los precios vienen expresados en valor CIF, lo que explica también las diferencias con los datos globales del principio que están expresados en valor FOB.

Según estos datos, las Generalidades ocupan el primer lugar en las exportaciones de 1999, con un volumen de 10 108 millones de pesetas, lo que representa un 17,83 por ciento del total y significa un pequeño descenso de un 0,9 por ciento con respecto a 1998. Siguen las Bellas Artes, que alcanzan la cifra de 9.441 millones de pesetas, lo que representa un 16,64 por ciento del total y significa un descenso de un 22,87 por ciento, lo que les hace perder la primera posición que habían ocupado en 1998.

El grado de concentración que representan las cuatro primeras materias también desciende en 1999, ya que han pasado a un 50,88 por ciento del volumen total exportado desde el 57,71 por ciento que alcanzaron en 1998.

4. Participación de la Federación de Gremios de Editores de España en Ferias Internacionales del Libro

Íntimamente unida a la actividad exportadora está la organización y presencia en ferias internacionales del libro. Estas ferias, como la actividad exportadora, han de ser contempladas desde una doble perspectiva: como fortalecimiento del mercado y factor de cohesión lingüística —las celebradas en Iberoamérica— y como instrumento de expansión del idioma y del mercado español —las que tienen lugar fuera del espacio lingüístico.

Además de este matiz, debemos tener en cuenta que las ferias internacionales del libro, como cualquier feria, son, sin duda, acontecimientos comerciales, ya que son foros para establecer contactos y realizar negocios. Pero las ferias internacionales del libro, además de una realidad comercial, son también, y ése es su principal atractivo, acontecimientos culturales, que atraen a miles de visitantes y suscitan una gran atención de los medios de comunicación, así que les suelen dedicar informaciones, reportajes y entrevistas. Lo que significa una inversión nada desdeñable en la promoción de la imagen del país y de su lengua así como del conocimiento y difusión de sus creadores, inversión de altísima rentabilidad para toda la comunidad. La cultura, en general, y los libros, en particular, son elementos claves para la formación y consolidación de esa imagen. En el último quinquenio, los editores han estado presentes en las ferias internacionales que se detallan en la tabla 14.

El número total de ferias a las que se ha asistido en los últimos cinco años es de cincuenta, lo que da una media de diez ferias por año. De ellas, veintisiete han tenido lugar en países iberoamericanos, como se puede ver en la tabla 15.

Las otras veintitrés ferias han tenido escenarios tan diversos como Estados Unidos, países europeos —como Polonia, Reino Unido, Italia, Francia y Alemania—, e incluso Asia (concretamente, la ciudad de Tokio).

5. Inversión

El conjunto de circunstancias a las que antes nos hemos referido explica esta notable propensión exportadora, inicialmente a Iberoamérica y, posteriormente, a otras áreas geográficas. La industria editorial española ha seguido el camino clásico de los sectores productivos, tal como lo describió Vernon. A la exportación pura y dura de libros —lo que podemos definir como «exportación convencional»—, siguió la representación comercial y la instalación, a través de la inversión española en el exterior (tabla 16, gráfico 11 Fuente: Elaboración propia y gráfico 12 Fuente: Elaboración propia), con la constitución de filiales, bien por creación de estas, bien por adquisición de casas editoriales. Durante años, la inversión del mundo del libro supuso un 4 por ciento de la inversión española en el exterior. Aunque posteriormente, sobre todo desde principios de los noventa, con la llegada de las inversiones de los bancos y de las telecomunicaciones españolas, este porcentaje se redujo a un 1,5 y a un 0,5 por ciento, pero no por reducción de las cifras absolutas, sino porque la aparición de otros sectores con inversiones mayores ha reducido su participación en el porcentaje total.

Como señala el profesor Juan José Durán en un reciente estudio sobre la inversión española en Iberoamérica a partir de 1997, «aunque en términos de volumen el sector del libro no ha sido de los más representativos, sí lo ha sido, en cambio, en términos cualitativos y de continuidad en Iberoamérica».7

6.Red de filiales

Véanse las siguientes tablas y gráficos:

Tabla 17 Tabla 18 Gráfico 13 Gráfico 14 Gráfico 15 Gráfico 16 Gráfico 17 Gráfico 18 Gráfico 19 Gráfico 20 Gráfico 21 Gráfico 22 Gráfico 23

  • (7) Durán, Juan José, Multinacionales españolas en Iberoamérica. Valores estratégicos, Pirámide, 1999. volver
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