Carmen Silva-Corvalán
La lengua española ha tenido una larga historia en lo que es hoy Estados Unidos. Fue llevada primero a La Florida, en 1513, por Juan Ponce de León. Gradualmente, los conquistadores españoles ocuparon lo que llegaría a denominarse Spanish Borderlands (Territorios Españoles Fronterizos), que incluían La Florida, Luisiana y el Suroeste (Craddock, 1992), donde el español pasó a ser la lengua de prestigio y continuó siéndolo por un período de entre dos y tres siglos (desde mediados del siglo xvii hasta la primera mitad del siglo xix).
El período colonial español fue más largo en Texas y Nuevo México, territorios que fueron explorados por españoles a partir de 1536. Los primeros asentamientos permanentes fueron establecidos en Nuevo México en 1598, y en Texas en 1659. En Colorado, por otro lado, el primer asentamiento permanente fue establecido por campesinos nuevo-mexicanos más tardíamente, en 1851.
Los españoles ya habían comenzado a explorar Arizona desde la década de 1530, pero no sería hasta 1700 cuando misioneros jesuitas que ejercían su labor en el sur de la región fundaron la primera misión. El primer presidio permanente fue fundado en 1752.
California fue la última de las regiones colonizadas por España en el Suroeste. La primera misión en Alta California se fundó en San Diego en 1769. En la década de 1840 había 21 misiones de San Diego a Sonoma, 4 presidios y 3 pueblos, pero la población no indígena tan sólo llegó a alcanzar una cifra máxima de siete mil personas.
México se independizó de España en 1821, pero la administración mexicana de las regiones del Suroeste duraría poco. Texas se declaró independiente quince años después, y la subsiguiente guerra entre Estados Unidos y México (1846-1848) terminó con el tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, por el cual se cedía a la nación victoriosa todo el territorio al oeste de Texas. Texas y California pasaron a ser estados de la Unión en 1845 y 1850, respectivamente, seguidos de Colorado en 1876. Una vez se constituyeron como nuevos estados, el inglés fue declarado inmediatamente como lengua única en la enseñanza en las escuelas públicas, así como la lengua de uso en los tribunales y en la administración. Arizona y Nuevo México, por el contrario, tuvieron que esperar mucho más tiempo, hasta 1912, para que se les admitiera como estados, posiblemente porque la mayoría de la población era hispana y básicamente hispanohablante, lo cual hacía difícil imponer el inglés como lengua única en la enseñanza y en la administración.
Hacia el final del siglo xix el número de hispanos en el Suroeste posiblemente alcanzó los cien mil, concentrados principalmente en Texas (Mc. Williams, 1990: 152). Esta situación cambió en el siglo xx: dos olas masivas de inmigración desde México, la una a partir del comienzo de la Revolución mexicana en 1910, la otra, después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, así como un número significativo de inmigrantes de Centro y Suramérica han rehispanizado el Suroeste. La inmigración desde Cuba y Puerto Rico ha tenido un efecto similar en Florida y el Noreste (García & Otheguy, 1988; Zentella, 1988). Hoy día, está claro que los hispanos han extendido su lengua y cultura a todos los estados de Estados Unidos.
Los dialectos coloniales hablados en Florida, Luisiana y el Suroeste han dado paso a las variedades traídas por los que han llegado durante el siglo xx, pero tales dialectos no desaparecerían sin dejar una huella importante en las lenguas indígenas, especialmente en forma de préstamos léxicos, y en el inglés, incluyendo un amplio espectro de palabras desde términos geográficos a políticos, que empezaron a ser adoptados desde los primeros momentos de contacto entre las dos culturas.
Por su parte, el español tomó préstamos en abundancia de las lenguas indígenas, especialmente del nahuatl; por ejemplo, coyote, chocolate, tiza, mesquite, aguacate y tomate. La influencia mutua del español y el inglés, especialmente en Nueva York, Florida y el Suroeste, es, por otro lado, una realidad ininterrumpida, aunque la dirección de la influencia ha cambiado: en los primeros momentos de contacto el inglés tomó más préstamos del español, mientras que durante el siglo xx el español ha tomado prestado mucho más del inglés, como sería de esperar en una situación en la que una lengua está subordinada a la otra tanto política como socialmente.
Los colonos anglos no pudieron sustraerse a la influencia de la lengua y cultura de los que les habían precedido en la colonización del Suroeste. En el siglo xviii, la vida en el Suroeste tenía un sabor rural; se desarrollaba principalmente en pequeñas poblaciones, y en ranchos en los que la cría de ganado era vital. Por entonces, los españoles y mexicanos ya estaban familiarizados con la flora y fauna de la región y con las prácticas de los vaqueros que el cine mitificaría más adelante. Los recién llegados pronto aprendieron muchas de las palabras españolas características del medio y las adaptaron a las reglas fonéticas y morfológicas del inglés: canyon (de cañón), mesa, sierra, arroyo, adobe, chaparral, saguaro, patio, hacienda, ranch (de rancho), sombrero, vaquero, rodeo, vigilante, desperado (de desesperado), burro, bronco, y muchas otras pasaron a formar parte del vocabulario inglés. Los nombres de los estados y de muchas ciudades, pueblos, ríos y montañas son también españoles: las ciudades de El Paso, Amarillo, Santa Fe, San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Palo Alto, los ríos Colorado, Brazos, Río Grande, las «Montañas Sandía» en Albuquerque, la «Sierra Nevada» en California, las «Montañas Sangre de Cristo» en Colorado y Nuevo México.
Otro tipo de préstamo que penetró en el inglés antes del siglo xx es lo que Hill (1993) denomina «Nouvelle Southwest Anglo Spanish», usado para promover comercialmente el Suroeste como la tierra del «déjalo para mañana», relajada, despreocupada. Estos préstamos están relacionados con la industria turística, sobre todo en Nuevo México, Arizona y la costa del sur de California, y han experimentado un considerable incremento en los últimos cincuenta años. Entre ellos se incluyen principalmente nombres de comidas, lugares, calles y celebraciones, como por ejemplo guacamole, enchilada, taco, tostada, tamale, margarita, fiesta; frecuentemente a los bares de los hoteles se les denomina «La Cantina» (que paradójicamente se refiere a un bar de poca categoría en Hispanoamérica), La Fiesta de los Vaqueros (un rodeo en Tucson), Cinco de Mayo, y lugares como La Villa, Calle de Paz, Playa del Rey. También son frecuentes las combinaciones de nombres españoles e ingleses, como Redondo Beach (Playa Redondo), Palos Verdes Estates (Fincas de Palos Verdes) o El Conquistador Hotel.