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El español en el mundo

La situación del español en Estados Unidos

Carmen Silva-Corvalán

1. Hispanos en Estados Unidos: aspectos demográficos1

La situación del español en Estados Unidos está estrechamente ligada a los movimientos migratorios del siglo xx, y así como en este país se han debatido desde los comienzos de su historia las ventajas y desventajas de la inmigración, también la presencia del español y otras lenguas, además del inglés, ha causado ásperos debates. Al empezar el tercer milenio, las actitudes hacia la inmigración y el bilingüismo o multilingüismo no son del todo positivas, en gran medida debido al enorme aumento de las tasas de inmigración desde países no europeos sucedido en las últimas décadas. Mientras el censo de 1960 indica que un 75 % de la población nacida fuera de Estados Unidos había nacido en Europa, un 9,8 % en Asia y un 9,4 % en Latinoamérica2, el censo de 1990 muestra, en cambio, que sólo un 22,9 % ha nacido en Europa, un 26,3 % en Asia y un elevado 44,3 % proviene de Latinoamérica (Schmidley & Gibson, 1999: 11). La tabla 1 muestra el sólido aumento de la población latinoamericana en Estados Unidos entre 1960 (9,4 %) y 1997, año en que esta población alcanza un 51,3 % del total de individuos nacidos fuera de Estados Unidos3.

Cuatro países latinoamericanos están entre los que han aportado los grupos más numerosos de inmigrantes a Estados Unidos en la última década: México, Cuba, República Dominicana y El Salvador. México es, con diferencia, el país de origen de la mayoría de los latinoamericanos residentes en Estados Unidos, como puede deducirse de la tabla 1, y a partir de 1980 es el país de donde proviene el mayor número de inmigrantes en general. De hecho, en 1997 la población estadounidense nacida en México (unos siete millones) es seis veces mayor que la del país que le sigue en número de inmigrantes, Filipinas, de donde han venido alrededor de un millón de personas (Schmidley & Gibson, 1999: 12).

La visión del inmigrante mexicano en particular ha sido diferente de la del europeo e incluso de la del asiático en cuanto a que aquél, como los puertorriqueños y los franco-canadienses que emigraban a Estados Unidos a principios del siglo xx, se consideraban «inmigrantes temporales». Para estos tres grupos no era difícil mantener contacto con su pasado geográfico, bastaba un viaje de a lo sumo dos o tres días para estar ya en el país natal, donde muchos habían dejado a su familia o donde otros iban en busca de una esposa. La temporalidad de la inmigración es, sin embargo, una percepción equivocada. Una minoría insignificante regresa definitivamente a México después de haber residido legalmente en Estados Unidos. Además, los méxico-americanos nacidos en Estados Unidos se identifican fácilmente con la cultura americana y no demuestran interés en invertir el camino hecho por sus padres. A pesar de esta realidad, la percepción de que los hispanos resisten la asimilación, reforzada en publicaciones que datan desde la primera mitad del siglo xx (v. Taylor 1932), tiende a mantenerse.

Por otro lado, la tendencia a mantener contacto frecuente con el país de origen se mantiene viva, especialmente en el caso de México, Puerto Rico, e incluso algunos países centroamericanos. Los inmigrantes buscan, además, establecerse en regiones y barrios donde existen ya grupos de paisanos, lo que conduce al establecimiento de comunidades en las que es posible desarrollar las actividades diarias (laborales, comerciales, sociales, domésticas) en español, sin que resulte necesario el uso del inglés. El contacto regular con los países de origen y el alto porcentaje de población hispanohablante en extensos sectores urbanos ciertamente contribuyen a la consolidación y expansión del español en Estados Unidos. El visitante hispanohablante a ciudades tales como Miami, Los Ángeles, San Antonio, Chicago, Nueva York, sentirá la presencia del español en la prensa, la televisión y la radio; en los anuncios que se leen en las calles; en conversaciones que se oyen en parques y calles; en los comercios, restaurantes y hoteles; en fin, en la vida cotidiana de muchas ciudades de Estados Unidos.

Según el censo de 1990, la población hispana de Estados Unidos constituía entonces un 8,9 % de la población total, lo que equivale aproximadamente a 22,5 millones de hispanos. Se calcula que quedaron sin censar poco más de un millón de hispanos y que el censo del 2000 (el censo se realiza cada diez años) indicará que la población hispana constituye más de un 11 % de la población total. Se estima que en 1996 la población hispana era ya de 28,4 millones o 10,8 % de la población de Estados Unidos (Reed, 1997). Más de la mitad de estos hispanos reside en lo que se conoce como el «Suroeste», los estados de California, Arizona, Colorado, Nuevo México y Texas. Además de en el Suroeste, hay concentraciones altas de población hispana en los estados de Nueva York y Florida, como se puede ver en la tabla 2. Les sigue el estado de Illinois, con cerca de un millón de hispanos y Washington D.C., con poco más de seiscientos mil. La tabla 2 indica además el número de personas, entre los mayores de cinco años, que declaran hablar español en casa.

En los ocho estados mencionados, así como en la capital, Washington D.C., poco más de catorce millones de personas mayores de cinco años declara hablar español en casa. Este número corresponde a un 14 % de la población total, un porcentaje un tanto engañoso ya que la población total incluye a personas de cinco o menos años de edad, mientras que la pregunta del censo sobre la lengua hablada en el hogar no se aplica a éstos sino sólo a «personas mayores de cinco años».

La relevancia social del español en las comunidades hispanas es más evidente si se considera el porcentaje solamente de la población hispana que usa este idioma en el hogar. La tabla 3 muestra estos porcentajes en los ocho estados incluidos en la tabla 1; el cálculo se ha hecho a partir de los datos proporcionados por el censo de 1990. Nótese aquí también que el porcentaje de hispanohablantes mayores de cinco años se calcula sobre la población total, incluyendo aquéllos que tienen cinco o menos años de edad.

La proporción de hablantes de español no tiene una relación directa con la densidad de la población hispana en los diferentes estados. En Florida, los hispanos constituyen un 12,1 % de la población total (ver tabla 2); sin embargo, un 92 % de los hispanos habla español en casa. Por el contrario, como queda reflejado en la tabla 3, en el estado con el mayor porcentaje de hispanos, Nuevo México, sólo un 69 % de éstos usa el español en casa; el mismo porcentaje se obtiene en Arizona, donde la población hispana constituye sólo un 18,8 % de la población total. Colorado y Nueva York tienen una proporción de población hispana casi idéntica a la de Florida (12,8 % y 12,3 %, respectivamente); sin embargo, el porcentaje de usuarios del español es de un 48 % en Colorado y llega hasta un 84 % en Nueva York. Levemente más bajo que en Nueva York es el porcentaje de hablantes de español en Illinois, cuya población hispana es solamente un 7,9 % de la total. Sólo Texas y California muestran una relación similar entre porcentaje de población hispana, 25,5 % y 25,4 %, y porcentaje de hispanos que usan el español en casa, 79 % en Texas y 72 % en California. Queda claro que la proporción de hispanos en la población general no es un factor predictivo de la realidad del idioma español en los estados examinados. Esta realidad no depende solamente de números totales de hispanos, sino de factores más complejos, como el peso económico y político de los hispanos en diferentes regiones, la antigüedad de residencia y la compacidad de la población hispana en estas regiones, así como también de las actitudes hacia el español y el inglés.

La proyección oficial para el año 2010 es que los hispanos serán el grupo étnico minoritario más grande (13,8 %) y que para el 2050 constituirán un 25 % de la población total, estimada para entonces en unos cuatrocientos millones de habitantes (Day, 1996). El aumento se pronostica tomando en consideración la tasa de nacimientos en la población hispana, más alta que la de otros grupos, y el número de individuos que emigran desde países hispanos, número también superior al de otros grupos. En 1997, por ejemplo, cerca de la mitad de los aproximadamente 800.000 inmigrantes fueron hispanos.

La representación que tendrán los individuos de origen hispano en el conjunto de Estados Unidos no se corresponde necesariamente con un crecimiento paralelo de los hablantes de español. En el contexto demográfico descrito, la utilización del español como instrumento habitual de comunicación y, por tanto, su importancia social, dependen en gran medida del uso que de esta lengua haga la población hispana y, en este sentido, se observa un desplazamiento masivo hacia el inglés a partir del establecimiento permanente en Estados Unidos.

De hecho, comparando datos de los censos de 1970, 1980 y 1990, se ha observado (Hernández, 1997) que el porcentaje de hablantes de español no crece al mismo ritmo que el de la población hispana. La tabla 4 indica claramente que el porcentaje de hispanohablantes dentro de la población hispana ha bajado paulatinamente a partir de 1970 en cuatro de los cinco estados del Suroeste. Solamente en California ha habido un pequeño aumento con respecto a 1980, pero no con respecto a 1970. El descenso relativo del número de hispanohablantes ocurre a pesar de que el número de hispanos ha llegado casi a triplicarse entre 1970 y 1990 en California y Arizona.

Aun con todo, la relevancia del español en el Suroeste es innegable. Un 82,6 % de los hispanos mayores de cinco años utiliza el español en la vida cotidiana. Este alto porcentaje es un indicador de la espléndida realidad que tiene el idioma español en la sociedad estadounidense a principios del tercer milenio.

Aunque la tabla 4 indica una baja en el porcentaje de hispanohablantes en el Suroeste, una comparación de los datos globales para Estados Unidos correspondientes a 1980 y 1990 muestra que en relación a la población general, el porcentaje de hispanohablantes ha aumentado.

Los resultados de los dos últimos censos oficiales (1980 y 1990, U.S. Bureau of the Census 1982 y 1993) coinciden en indicar que, tras el inglés, la lengua hablada por el mayor número de personas es el español. En 1980, la población total de Estados Unidos era de 226.545.805. De éstos, 14.603.683 —o sea, un 6,4 %— eran hispanos y 11.116.194 mayores de cinco años declararon hablar español en casa. Es decir, un 4,9 % de la población total declara que habla español en casa. Como indicamos en la tabla 5, este número aumenta a más de diecisiete millones de hispanohablantes en 1990 (7 % de la población total). Se argumenta, sin embargo, que este incremento no es resultado del mantenimiento y transmisión del español a las nuevas generaciones, nacidas en Estados Unidos, sino más bien consecuencia de la llegada de nuevos grupos de inmigrantes, especialmente mexicanos y centroamericanos, durante la década de los ochenta.

Esta interpretación más pesimista es la que sustenta un detallado análisis estadístico realizado por Bills en 1989 (cf. Bills, 1989), es decir, sin considerar aún el censo de 1990. La tabla 6 presenta cifras más detalladas, tomadas del censo de 1990, pero no resulta fácil especular sobre el futuro del español a partir solamente de ellas.

Como se observa en la tabla 6, el porcentaje de niños y jóvenes que hablan español en casa (9,2 %) es superior al de los mayores de 18 años (7,1 %), pero al mismo tiempo un porcentaje mayor de hispanos entre los 5 y los 17 años habla también inglés, 84,6 %, comparado con un 70,7 % para los mayores de 17 años. Esto, sumado al hecho de que la instrucción escolar es de transición hacia el monolingüismo en inglés, podría interpretarse como indicador de un desplazamiento más acelerado de la población más joven hacia la lengua mayoritaria. Es interesante comparar estos porcentajes con los de todas las otras lenguas habladas en casa en Estados Unidos, las que en conjunto no superan el porcentaje de hispanohablantes. Nótese que el porcentaje de jóvenes con buena competencia en inglés es casi igual en los dos grupos de jóvenes, 84,6 % y 86,0 %. Este es un dato comparativo importante dada la falsa percepción entre la población en general de que son los hispanohablantes quienes no aprenden la lengua mayoritaria.

En los últimos veinte años, el contacto con nuevos grupos de inmigrantes hispanos se ha intensificado en Estados Unidos (ver tabla 1). Así pues, a pesar del éxito de los esfuerzos por establecer el inglés como lengua oficial única en ya dieciséis estados y la falta de apoyo a las lenguas minoritarias, la importancia del español en la sociedad estadounidense se ha mantenido gracias al aumento de la población hispana, a su relevancia económica y a su creciente poder político. La tabla 7 lista los estados en los que se ha aprobado la ley que establece el inglés como lengua oficial.

Es interesante notar que de cuarenta y cinco estados que en la década de 1980 votaron la proposición de establecer sólo el inglés como lengua oficial, sólo catorce la aprobaron. En estos catorce, sin embargo, están incluidos cuatro estados en los que la población hispanohablante es bastante numerosa (ver tabla 2): California, Arizona, Colorado y Florida.

La situación social y lingüística que caracteriza a las comunidades hispanas bilingües español-inglés es de una gran complejidad, complejidad que refleja la intrincada situación demográfica y social propia de estas comunidades. Frecuentes movimientos migratorios de zonas rurales a urbanas y continuas olas de inmigrantes, ya sea por motivos políticos o económicos, son causa de cambios demográficos que remecen la estructura familiar y comunal a la vez que renuevan el contacto con variedades funcionalmente completas del idioma español. En lo lingüístico se desarrolla el típico continuo de competencia bilingüe y en lo social es evidente también una amplia gama de niveles socioeconómicos. Esta gama se extiende desde el nivel más bajo de trabajador indocumentado hasta las esferas más altas, donde encontramos hispanos desempeñando quehaceres de importancia en círculos políticos, educativos, comerciales, industriales, artísticos, etcétera.

A pesar de ello, como veremos más adelante, comparados con otros grupos «minoritarios» en Estados Unidos, los hispanos en general parecen experimentar mayores problemas de aculturación. No existen, que sepamos, estudios científicos que sostengan una relación entre estas dificultades y factores tales como diferencias culturales o bajo nivel de ingresos, pero sí se culpa a menudo, sin apoyo empírico confiable, al bilingüismo, con o sin dominio completo del inglés, de ser la causa de los males sociales que aquejan a grandes grupos de hispanos.

  • (1) El término «hispano» se usa aquí porque es el utilizado por las Oficinas del Censo de Estados Unidos para ciudadanos con ascendientes de Hispanoamérica o España. No obstante, parece que, en general, la mayoría de las personas a las cuales va dirigido el término en cuestión prefieren el término latino a hispano. volver
  • (2) Latinoamérica incluye Brasil y otros países no hispanohablantes. Sin embargo, los inmigrantes de estos países constituyen una muy pequeña minoría. La población nacida en sólo  cuatro países de habla hispana, México, Cuba, República Dominicana y El Salvador, representaba en 1990 un 70 % del total de los nacidos en Latinoamérica. volver
  • (3) El censo oficial podría no reflejar correctamente la realidad de la lengua española en Estados Unidos, pues hay miles de hispanos no documentados que no siempre se incluyen en datos censales. Es importante tener presente este hecho al interpretar las estadísticas presentadas en este capítulo. volver
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