Francisco Moreno Fernández
La situación del español al inicio del siglo xxi en Brasil es de bonanza, de auge y de prestigio. En este momento se vive un crecimiento espectacular de la demanda de cursos de español, con todo lo que implica el proceso de enseñanza-aprendizaje de un idioma extranjero: necesidad de material impreso y sonoro, necesidad de profesorado y de organización de cursos, por citar sólo algunas de las principales áreas implicadas. A todo ello vamos a hacer referencia a continuación, pero resulta pertinente poner antes sobre la mesa una de las cuestiones clave de todo el entramado de hechos, procesos e intereses que comentamos.
Esa cuestión fundamental es el porqué: ¿por qué se están experimentando esa bonanza y ese auge?, ¿por qué el español se ha prestigiado?, ¿cuál es la razón de que hace tan sólo diez años apenas se demandaran cursos de español en centros públicos y privados y hoy presenten un crecimiento exponencial? La respuesta ha de recoger tres hechos de notable importancia en la vida económica, social y cultural del país, a saber: la creación de Mercosur, el mercado común de los países del sur de América, en 1991; la aparición de grandes empresas de origen español y de estrechos lazos comerciales con España, sobre todo a partir de 1996, y el peso de la cultura hispana en general. Estas circunstancias, además, han dado fruto en un terreno ya abonado por el trabajo de muchos hispanistas y profesores brasileños: una labor impagable de enseñanza y difusión de la lengua y la cultura en español.
Es útil recordar que el proceso de globalización de la economía, que caracteriza al mundo contemporáneo, está exigiendo de los países la adopción de medidas que favorezcan su inserción, de forma positiva, en el contexto internacional. En América Latina, el Acuerdo de Constitución de un Mercado Común del Sur Mercosur marca un comienzo que anima a la integración de los países, con el objetivo de conjugar los esfuerzos y de conquistar un espacio promisorio en el nuevo escenario económico internacional. El éxito del Mercosur, no obstante, requiere un esfuerzo progresivo para hacer posible una mayor cercanía y entendimiento entre los países miembros. En este sentido, el dominio de un idioma común es de fundamental importancia. (Diário do Senado Federal, 8-98: 12.711)
Del informe de Fogaça se desprende que el dominio de un idioma común tiene un valor fundamental, tanto para facilitar el entendimiento en las relaciones comerciales o culturales, como para la formación de una verdadera comunidad «latino-americana».
Estos principios y sentimientos han penetrado en el pueblo brasileño, sobre todo en los estados del sur y del sudeste, y se han traducido, junto a otros elementos, en una mirada interesada hacia el español, idioma de las naciones vecinas, y en una legislación concreta, derivada de los tratados internacionales, que favorece la difusión de esta lengua. Como prueba de ello cabe mencionar que la influencia del Mercosur ya ha hecho aumentar la demanda de profesionales que dominan el español: aunque el inglés y el alemán son lenguas muy apreciadas en el mercado brasileño, dado el alto nivel de inversiones de Estados Unidos y Alemania en Brasil, lo cierto es que, en un estudio realizado a partir de una base de 530 ejecutivos brasileños, un 47 por ciento de los entrevistados hablaba inglés con fluidez, un 27 por ciento hablaba español, un 10 por ciento, francés y sólo un 5 por ciento hablaba alemán (Michelotti, 1999: 29-30).
Los lazos comerciales con España se han estrechado y robustecido en el último lustro. El informe de Santiago Mora Poveda, elaborado sobre datos del Ministerio de Economía y Hacienda español, sostiene que Brasil, junto con Argentina, es el mercado más importante para la exportación española en Iberoamérica: este mercado pasó de 240 millones de dólares en 1993 a 1 300 millones en 1997; un crecimiento espectacular debido, según Mora, al empuje de las empresas españolas y a la política de apertura comercial practicada por Brasil desde 1992 y, sobre todo, desde el llamado «Plan Real» de 1994 (Mora Poveda, 1999: 181). A estas causas debemos sumar el protagonismo de las empresas españolas en todo el plan de privatizaciones del gobierno brasileño. Más adelante nos referiremos específicamente al comercio del libro entre España y Brasil.
La proximidad de las lenguas española y portuguesa hace que se sienta la cultura en español como algo afín y, hasta cierto punto, propio, y fomenta la actitud favorable de los brasileños hacia la cultura hispana. Si bien es cierto que esa misma proximidad puede llevar a la falta de motivación para estudiar y usar la lengua española, como ocurre en Portugal; no lo es menos que ante la necesidad o la obligatoriedad de estudiar una lengua extranjera, de las que pueden ser consideradas como más útiles, un hablante de portugués puede preferir el estudio del español al estudio de otras lenguas. Es frecuente encontrar brasileños que se consideran hablantes de español por el simple hecho de sentirse dominadores de unos pocos rasgos fonéticos o unidades léxicas. Esta confianza, unida a la facilidad de la intercomprensión, constituye un caldo de cultivo idóneo para la aparición de esa manifestación lingüística, tan voluble y heterogénea como pertinaz, a la que se da el nombre de portuñol. Semejante mezcla de lenguas se disuelve cuando el hispanohablante aprende bien portugués o el brasileño aprende bien español, pero persisten los posos inherentes a cualquier estado de lenguas en contacto.