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Una serie de razones importantes llevaron al grupo entonces dominante, los anglos
blancos, a votar a favor de una medida que suprimía el carácter bilingüe y bicultural
del condado. En 1980, cuando se llevó a cabo el referéndum, era ya evidente que se
estaba incumpliendo la expectativa, muy asentada tradicionalmente, de la subordinación
sociocultural de la inmigración, y la mayoría nativa veía peligrar su identidad y su
poder en todo el sur de la Florida y, en particular, en Miami. La reacción que esto
produjo desembocó en una contienda que pronto alcanzó tintes etnocéntricos y hasta
xenófobos. La lengua española fue la protagonista indiscutible.
Castro (1992), que ha estudiado con
detenimiento este asunto, ha señalado los factores que desencadenaron el triunfo del
«English only» en el condado de Dade, el primero de una serie de episodios similares
producidos en otros lugares del país. |

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Entre 1960 y 1980 el crecimiento de la
población hispana, cubana esencialmente, fue excepcional: de un 5,3 % a un 35,7. Ya en
1970 los hispanos se habían convertido en la primera minoría de Miami, al superar a los
anglos negros, que no pasaban de un 15 %. La tendencia de este perfil demográfico
parecía hacer evidente que en la década de 1990 llegarían a ser el factor predominante
de la zona metropolitana.16 Se
trataba de una población que aumentaba de forma continua, aunque a diferentes tempos,
gracias a inmigraciones sucesivas, lo que ayudaba a mantener las costumbres, las lealtades
y los rasgos culturales del lugar de origen, entre ellos y de los más importantes, la
lengua.
Una situación tan particular
ofrecía un formidable reto al principio de «americanización» que ese país había
visto cumplirse una y otra vez. Desde los primeros momentos en Miami se hablaba más
español que en otras ciudades estadounidenses en las que también existía una gran
cantidad de inmigrantes hispanos. Lo común era que la lengua materna se hablara en casa,
y así ocurría también con los cubanos: un 91,9 % hablaba solo español, y un 4 % más,
lo usaba mayoritariamente (Cuban American Policy Center, 1977). Lo extraordinario era que
allí el español se oía también en el mundo de los negocios y en todo tipo de
actividades sociales (Strategy Research Corporation, 1984). El español era, por lo tanto,
una lengua pública; la ciudad se había convertido de facto en una comunidad bilingüe. |
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Lo chocante de este continuo oír hablar
español no era tanto su frecuencia como las características de quienes lo hablaban.
Didion (1987: 63) resume la cuestión en unas pocas palabras: «En Los Ángeles, por
contraste, el español era una lengua apenas sentida por los anglos, solo formaba parte
del ruido ambiental: la lengua hablada por la gente que trabajaba limpiando automóviles,
podando árboles o recogiendo mesas de restaurantes. En Miami, el español era hablado por
la gente que comía en los restaurantes y que eran los dueños de los automóviles y de
los árboles». En la escala socioauditiva, el contraste ofrecía una diferencia muy
considerable.
El poder económico de la comunidad,
además de ser fuerte y diverso, estaba integrado. Las empresas cubanas eran una fuente de
trabajo y de consumo para los negocios anglos, trataban comercialmente con ellos y, en
ocasiones, mantenían con estos una fuerte competencia, de la que a menudo resultaban
vencedores (Wilson y Martin, 1982). El reflejo de todo esto en las esferas política y
cultural era palpable.Otros hechos contribuyeron también a crear el ambiente de
inconformidad que dio paso a la decisión favorable al «English only». Además del
establecimiento del Programa de Educación Bilingüe en 1963, influyeron fundamentalmente
dos factores: la declaración del condado de Dade, diez años después, en la que
reconocía oficialmente su carácter bilingüe y bicultural, por un lado, y por otro, la
creación, en 1976, de la edición española del poderoso e influyente rotativo Miami
Herald. |
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La mencionada legislación de 1973 afirmaba
como consideración básica que «un largo y creciente porcentaje del condado de Dade es
de origen hispano [...] muchos de los cuales han mantenido la cultura y la lengua de sus
tierras nativas [y por lo tanto] se enfrentan a especiales dificultades en comunicarse con
departamentos gubernamentales y oficiales». La resolución concluía que «nuestra
población hispanohablante se había ganado, a través de su siempre creciente
participación en el pago de impuestos y de su participación activa en los asuntos
comunitarios, el derecho a ser servida y oída en todos los niveles del gobierno»
(Metro-Dade County, Board of County Commissioners, 1973).
La fundación de El Herald
constituyó el único caso en que un gran periódico estadounidense lanzara una tirada
diaria en español, sorprendente, sobre todo en Miami, siendo esta no la primera, sino la
tercera ciudad de la Unión tras Los Ángeles y Nueva York en cuanto a la
proporción del mercado hispano (Strategy Research Corporation, 1984). En la toma de esta
decisión no fueron ajenos dos factores contundentes: los bajos índices de suscripción
hispana del periódico y el poder consumidor de los hispanos del condado. Pero lo cierto
fue que El Herald, que nació como un encarte ofrecido gratis al solicitarlo, que
disponía de un presupuesto y un personal muy limitados, y que carecía de independencia
editorial, se convirtió con el tiempo en lo que es hoy: un poderoso miembro de las
empresas Herald, una institución periodística de primer orden, un actor cívico
sobresaliente y la voz editorial más influyente del Miami latino. |

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Estos tres notables sucesos, educativo (1963), político (1973) y periodístico (1976),
fueron para algunos pruebas innegables de la «invasión» hispana de la comunidad. Si ya
los ánimos de muchos nativos estaban algo exacerbados, estos acontecimientos provocaron
mayor malestar aún. Si bien no entre la elite.
Castro (1992, 117-118) subraya el
hecho de que los cubanos, a diferencia de otros grupos de inmigrantes hispanos, eran
mayormente blancos, de procedencia urbana, de clase media, relativamente educados, que en
la década de los sesenta habían sabido incorporarse a los mecanismos económicos del
poder. Además, no causaban conflicto de clase ni mostraban diferencias relevantes de
cosmovisión con las elites del país. Con mucha frecuencia, estos recién llegados eran
de la misma clase y de las mismas profesiones que ellas y manejaban el mismo lenguaje
social y profesional.
La creciente presencia de los
cubanos se hizo cada vez más influyente. Los cubanos se convirtieron en excelentes
interlocutores de los poderosos anglos, con los que mejor que nadie «negociaban» la
conservación de su herencia lingüística y cultural. Los éxitos se iban consiguiendo
paso a paso. En definitiva, estos recién llegados, con los que se podía convivir
socialmente, eran una buena clientela política y consumidora: se habían ganado el
«derecho» a ser servidos y escuchados en su propia lengua. |
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Si no la elite, una parte importante de la
población nativa aumentó su resentimiento ante la nueva situación: en lugar de
asimilarse con rapidez a la cultura dominante, o al menos, mostrar su subordinación a
ella, estos cubanos recién llegados parecían adueñarse de todo. Algunos anglos
decidieron abandonar el campo de batalla;17 otros, por el contrario, iniciaron la lucha: dio entonces comienzo el movimiento
antibilingüismo.
En noviembre de 1980 se sometió a
referéndum la medida que revocaba la política oficial de bilingüismo y biculturalismo
aprobada en 1973 por el condado metropolitano de Dade, al tiempo que se declaraba el
inglés como única lengua del gobierno. La medida fue aprobada por una gran mayoría,
dando vida al movimiento conocido como «English only».18 Un 71 por ciento de los anglos blancos dio su aprobación
al proyecto, siguiendo las pautas del «Citizens of Dade United», nombre del grupo de
acción política inscrito oficialmente para este propósito. En contra, un 56 % de los
negros19 y un 85 % de los hispanos. La elite anglo, que no se
sentía amenazada por el avance de los inmigrantes, también se opuso.
La medida prohibía (Sección 1)
«la asignación de fondos del Condado para el propósito de utilizar alguna otra lengua
que no fuera el inglés o alguna otra cultura que no fuera la de Estados Unidos», y
ordenaba (Sección 2) que «todas las reuniones gubernamentales del Condado, audiencias y
publicaciones deberían ser en la lengua inglesa únicamente» (Metro-Dade County, Board
of County Commissioners, 1980). |
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No cabe duda de que detrás de estos votos positivos había también razones económicas:
la terrible competencia que ofrecían los negocios hispanos, sobre todo los pequeños y
medianos, por una parte, y por otra, las dificultades que entrañaba para muchos el tener
que manejar una lengua extranjera, el español, para poder conseguir un trabajo, por
modesto que fuera. Esta especie de inversión de papeles (eran los extranjeros los que
tenían que saber inglés) resultó ser, además, particularmente irritante para muchos,
como también lo eran los carteles de «English spoken here» que mostraban algunos
establecimientos hispanos.
La realidad es que la lucha contra
el bilingüismo en Estados Unidos nació precisamente en Miami porque la ciudad había
sido pionera en su reconocimiento y porque los hispanos constituían allí un grupo
numeroso y de gran éxito. La lengua resultó ser el caballo de batalla, pero la guerra
era por el dominio étnico y la supremacía cultural. La lengua era, desde luego, el
constituyente axial de la cultura, la identidad y la nacionalidad.20
El triunfo del «English only» en
el condado (y también en otros lugares) hacía imposible la traducción al español de
documentos públicos y la continuación de una amplia gama de servicios bilingües. Los
que se veían más afectados por estas consecuencias, sobre todo por la última, era la
parte más débil de los inmigrantes: los viejos, los pobres, los recién llegados y los
individuos sin educación. Se perjudicaban también, pero en menor grado, algunas
actividades culturales, que no podían conseguir financiamiento oficial. |
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En 1984, George Valdés, entonces el único comisionado hispano del Board condal,
consiguió que la medida excluyera los servicios hospitalarios y otras prestaciones
médicas, servicios especiales para ancianos y minusválidos, la promoción turística, la
policía de urgencia, bomberos y ambulancias, rescates y servicios preparatorios
antihuracanes, todo a cambio de aceptar que el inglés era la única lengua oficial del
condado. A partir de aquí, sin embargo, el «English only» perdió considerable poder e
importancia. Pero los hispanos, con los cubanos al frente, no estaban decididos a quedar
como perdedores. Todo era cuestión de esperar la ocasión propicia. Entre tanto, el
avance económico continuaba y los hispanos iban alcanzando puestos administrativos de
relieve: a sus manos pasó la superintendencia del Sistema Escolar Público del condado,
la presidencia de la Florida International University, la presidencia de la South Florida
ALFCIO, la alcaldía de la ciudad de Miami y la gerencia del condado metropolitano de
Dade.
Desde principios y mediados de 1980
los cubanos empezaron a ganar un número cada vez más alto de cargos públicos en
municipalidades de gran población hispana, incluyendo la alcaldía de las dos mayores
ciudades del Gran Miami, y en distritos legislativos estatales. En la Metro Commission y
en el Dade County School Board, dos importantes cuerpos gubernamentales del condado,
había ahora hispanos, y también en la Greater Miami Chamber of Commerce, en la Dade
Comunity Foundation y en el Dade Public Education Fund. La primera mujer hispanocubana
llega al Congreso de Estados Unidos en 1988 (Malone, 1988). |
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La suerte estaba echada. En 1993 se revoca la medida de 1980 del «English only», y se
vuelve a la situación de 1973: un condado oficialmente bilingüe y bicultural.21 |
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NOTAS: |
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16. Se estaba ante una situación del todo novedosa.
En 1950 los hispanos constituían apenas un 4 % de la población del Gran Miami (unos
20.000). El sector anglo era absolutamente dominante. Mientras el número de hispanos
crecía de 30.000 a 50.000 entre 1950 y 1960, la población blanca nativa, un 80 % de todo
el censo, aumentaba de 337. 548 a 747. 748. 17. De hecho, la
población anglo blanca de Miami se ha ido reduciendo considerablemente desde 1970. En
1990 este sector había decrecido en un 21 % (161.748). Sin embargo, el total de la
población de la zona se duplicó: los negros triplicaron su número en esos 20 años, y
los hispanos lo multiplicaron 19 veces (Wallace, 1991). En torno a 1980 era frecuente ver
pegatinas en los automóviles (de anglos blancos) que decían: «Will the last American
out of south Florida please bring the flag?» [El último «americano» que salga del sur
de la Florida, por favor, ¿traerá la bandera?]
18. La
campaña a favor del English only coincidió con la llegada de los marielitos a
Miami, que trajo consigo una gran publicidad negativa. A pesar de lo injusto de las
generalizaciones que entonces se hicieron, la consideración de los cubanos como
«minoría modélica» se debilitó, con lo que se desatendió a la realidad, que contaba
otra historia: la mayoría de los cubanos eran individuos de medianos ingresos,
conservadores y blancos, con muy bajos índices de criminalidad y de dependencia de la
asistencia pública, y un alto porcentaje de participación en la fuerza laboral y en la
política (Castro, 1992: 122).
19. Castro
(1992: 121) indica que el voto negro no se movió sólo por razones económicas. Si así
hubiese sido, una cantidad superior de votantes habría apoyado la medida, |
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siendo como son los mayores candidatos a los trabajos de más bajo nivel. Pero a los
negros no les había ido mal: entre 1977 y 1985 su índice de empleo creció en un 25 %,
mientras que el de los anglos blancos se redujo en un 36 %. En ese mismo período, el
número de empleados negros clasificados como «oficiales», «administradores» y
«profesionales» se triplicó. Hay que añadir que muchos en esta colectividad debieron
de haber entendido el English only como una campaña racista, prejuiciada y
discriminatoria. Una pesquisa llevada a cabo por Miami Herald puso de manifiesto
que casi la mitad de los negros que votaron en contra de la medida pensaba que su
aprobación «sería un insulto para los hispanos» y que dañaría las relaciones entre
«latinos» y «no latinos». En contraste, sólo un 1 % de blancos pensó que el voto
positivo podría ser entendido como un insulto. 20. Varias encuestas
de opinión habían dejado saber que, mayoritariamente, los estadounidenses creían que
para ser un «verdadero americano» había que saber inglés. Pero en Miami ya pocos se
oponían a la necesidad y conveniencia de aprender inglés; rechazaban, eso sí, el
monolingüismo inglés, que es como el asunto era interpretado con frecuencia, al punto de
que se pensaba que el hecho de que el gobierno aceptara el bilingüismo era una
claudicación ante influencias extranjeras. Los cubanos nunca pudieron entender que los
«americanos» pensaran que era posible que ellos abandonaran «su» lengua.
21. Hace ya
más de una década que los candidatos presidenciales del país no sólo rechazan que en
sus programas de gobierno el inglés aparezca como lengua exclusiva, sino que ellos mismos
o algún familiar cercano ofrecen en español -además de la publicidad, claro- parte de
sus discursos: Tempora mutantur! |
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