Humberto López Morales
Esta comunidad, de unos tres cuartos de millón de personas, se muestra muy fuertemente cohesionada en aspectos socioculturales. Se parte de la base de que los cubanos son parte integrante, y así se sienten, de la tradición cultural hispánica, muy reconocida en todos sitios; el hispanismo estadounidense mismo es, desde principios del siglo xx, de los más sólidos que existen. Ahí están los centros universitarios, las revistas científicas especializadas, los centenares de libros impresos, los congresos, simposios y otros encuentros de gran relieve (Anaya-Las Américas, 1974). Hay que reconocer, sin embargo, que esta incuestionable marca de estatus cultural no suele descender al hombre de la calle.
Las manifestaciones socioculturales más visibles en la comunidad son de tres tipos:
En 1963 Miami creó su programa de educación bilingüe. Es muy significativo que aunque en Nueva York, California y el Suroeste existían grandes concentraciones hispánicas desde hacía ya bastante tiempo, el condado de Dade fue pionero en este tipo de actividad educativa: Coral Way Elementary School enseñó inglés y español a los hispanohablantes y español a los anglos. Este magnífico sistema de enseñanza bilingüe, que no perseguía solo conseguir la transición de los inmigrados hacia el inglés, sino también el fortalecimiento de su lengua materna, y que también se enseñaba a los alumnos anglohablantes, fue extendido pronto a otras escuelas del sistema del condado. La gran cantidad de maestros cubanos que se hallaban en el exilio miamense contribuyó en gran medida a facilitar las cosas. Más tarde, sirvió de modelo a otros estados de la Unión.
En cuanto a las manifestaciones culturales, debe anotarse que las representaciones teatrales son constantes, incluyendo la puesta en escena de zarzuelas, una tradición muy arraigada en Cuba. Los festivales de teatro que se celebran año tras año alcanzan notables cotas de éxito. Se anuncian con alta frecuencia conferencias y mesas redondas, en las que participan intelectuales prestigiosos, muchos de los cuales intervienen en peñas literarias y en tertulias, y se realizan presentaciones de libros con asombrosa asiduidad. Instituciones como la Sociedad Pro-Arte Grateli y locales como el Teatro de Bellas Artes se ocupan de excelentes actividades musicales, y son varios los museos y salones que acogen exposiciones de arte. Incluso centros ajenos a la cultura cubana, como el Koubek Memorial Center de la Universidad de Miami, el Miami-Dade Community College y la Florida International University, organizan seminarios de música, literatura, historia y folclore, y exposiciones varias. De todo ello quedan pruebas abundantes en la rica colección de carteles que ha inventariado Varona (1993).
Por otro lado, la otrora incipiente industria editorial va en aumento y el consumo de libros en español supera fácilmente las cotas del año anterior14. Un ejemplo sobresaliente es el de la Enciclopedia de Cuba, que a principios de los años setenta contaba con ocho volúmenes y que hoy consta de catorce. El sorprendente éxito de las últimas ediciones de la Feria del Libro es un buen índice de esta realidad. La comunidad de Miami, que desde muy pronto se unió a la producción creativa y crítica de los cubanos en el exilio (Lindstron, 1982; Fernández y Fernández, 1983; Hospital, 1988; Kanellos, 1989, García, 1996: 171-207), ha comenzado a aportar nombres a las nóminas de importantes premios literarios españoles: Matías Montes Huidobro, premio Café Gijón de novela 1997, y Daína Chaviano, premio Azorín 1998.
Los medios de comunicación, por su parte, sin olvidar la faceta publicitaria (Jong Davis, 1988; Soruco, 1996) han presenciado un auge realmente espectacular. En 1959 solo existía el Diario las Américas, de propiedad nicaragüense; diez años después, se publicaban muchos periódicos, periodiquitos tabloides, revistas y boletines. Es verdad que algunos llegaron solamente a publicar un número, pero otros, en cambio, han vivido durante veinte años15. Algunas de estas publicaciones tenían su historia cubana (Alerta, El Mundo, Bohemia, El Avance Criollo, El Imparcial, Isla, Occidente) y renacían ahora en el exilio, mientras que las demás nacían de nuevo cuño. El Diario las Américas amplió considerablemente su estructura y, en consecuencia, su plantilla en 1960; muchos de los nuevos periodistas eran cubanos, y cubanos eran los temas a los que más atención se dedicaba, en especial los relativos al exilio. La recién fundada versión española del Miami Herald llegaba a 36.000 hogares en 1979. En 1987 se reorganizó del todo, convirtiéndose en un periódico independiente; en 1990 vendía 102.289 ejemplares de la edición diaria, y 118.799 de la dominical. Sus directores y una gran parte de sus profesionales eran cubanos. Entre tanto, se fundaba el Colegio de Periodistas.
Algo similar sucedió con la radio y la televisión. En 1963, tres estaciones locales transmitían algunas horas diarias en español. Muy poco después se inauguraba WQBM, La Cubanísima, y en 1965, WFAB, La Fabulosa, con transmisión completa en español. En 1973 nace la primera estación radial de propiedad cubana, WRHC Cadena Azul, con 24 horas de constante programación. Ya para 1980 había diez emisoras. En 1998 se traslada por completo a Miami, desde Washington, Radio Martí. Las encuestas ponen de manifiesto que la WQBM es la más escuchada en todo el sur de la Florida.
La primera cadena de televisión en fundarse es WLTV, Canal 23, asociada a Univisión, que comenzaba y cerraba su programación con el himno nacional cubano y vistas de la añorada isla. En 1980 consiguió los índices más altos de audiencia de todas las cadenas que operaban en la Florida, sobrepasando ampliamente a la ABC, la NBC y la CBS; en 1986 recibió 23 nominaciones del premio Emmy, más del doble que ninguna otra cadena de la zona. Al Canal 23 se le unieron más tarde otras dos cadenas que también transmitían exclusivamente en español, el Canal 51, asociado a Telemundo, y el Canal 40, conocido como TeleMiami.
Tampoco puede desconocerse la fundamental actividad de los «municipios». En principio son organizaciones sociales de ayuda mutua, pero también llevan a cabo actividades culturales y recreativas. De los 126 que existían en Cuba, 114 están representados en Miami. Su principal misión es ayudar, incluso económicamente, a los amigos y vecinos que los conforman, fomentando y conservando entre sus asociados, en su mayoría de la clase obrera, una camaradería especial. Algunos de ellos son famosos por sus programas musicales e históricos, también por sus tertulias, sus ferias y sus fiestas; son varios los que publican sus propios periodiquitos. Todos tienen en común un objetivo básico: recordar a todos que son cubanos, no «americanos».
Por otra parte, la Miami hispánica muestra orgullosa sus museos y sus monumentos: el Museo de Bahía de Cochinos, el Museo Cubano de Arte y Cultura, el Monumento a la Herencia Cultural Cubana, el Cuban Memorial Boulevard, el Club de Dominó, situado en el parque Máximo Gómez, la torre de la Libertad, el parque José Martí, la Casa del Beisbol Cubano, la plaza de la Cubanidad, la ermita de la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba y, por supuesto, la Pequeña Habana, que se extiende a ambos lados de la calle 8, y en la que destaca su paseo de la Fama.
Sin embargo, con excepción de los medios de comunicación, todo lo anotado hasta aquí no puede compararse, en cuanto a medios de fomentar la cohesión sociocultural, con las actividades populares. El calendario es muy denso, pero entusiasma y hermana a una notable cantidad de asistentes y participantes. Hay conmemoraciones patrióticas (parada del aniversario [del nacimiento] de José Martí, héroe nacional por antonomasia, celebración del «Grito de Baire», ceremonia de aniversario de bahía de Cochinos, celebración del 20 de mayo, día de la independencia, y celebración del «Grito de Yara»), religioso-festivas (parada de los Reyes Magos, televisada a todo el país), festivas (la Gran Romería Hispano-Americana y, sobre todo, el gran carnaval de Miami, junto a sus famosas comparsas y otras muchas actividades, que atraen a miles de visitantes y que también se televisa de costa a costa) y culturales (Festival Ernesto Lecuona y el Hispano Heritage Festival); los cubanos participan también, muy activamente, en el Hispanic Festival of the Americas, en el Inter-American Festival y en el Miami Film Festival, que incluye muchas películas en español (Cuban Heritage Trail, 1994).