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El español en el mundo

El español en la Florida: Los cubanos de Miami

Humberto López Morales

1. Introducción

Muchos son ya los investigadores que en los últimos lustros se han encargado de estudiar desde diversas perspectivas el «fenómeno hispano» en Estados Unidos y, consecuentemente, la situación lingüística de los inmigrantes que constituyen esos núcleos demográficos. Morales (1999), en un reciente y muy documentado análisis del estado de la cuestión, ha trazado un perfil exacto de la situación general.1

No es nueva en la bibliografía especializada la afirmación de que los únicos lazos de unión que pueden observarse entre los diferentes grupos de inmigrados hispánicos están en la lengua —aunque se trate de diferentes variedades dialectales del español— y, si bien en menor grado, en la religión católica. Esta circunstancia hace muy recomendable que, además de los siempre útiles trabajos de conjunto, otros exámenes se centren monográficamente en determinadas entidades democulturales, o incluso en aspectos muy concretos de ellas, en especial, los lingüísticos. Estos estudios aparecen hoy cada vez con mayor frecuencia, por lo que van siendo abundantes los datos, análisis y predicciones de que disponemos. El propósito de estas páginas no es otro que ofrecer una detallada síntesis de uno de los componentes de mayor interés en todo este amplio proceso que ha llegado a convertir a Estados Unidos en el cuarto país hispanohablante del mundo, solo superado, en cuanto al número de usuarios del español, por México, España y Argentina.

Aunque la diáspora cubana ha llevado a esos hombres y mujeres a lugares muy diversos y distantes, un 85 % de ellos —algo más de un millón— ha terminado por radicarse en suelo estadounidense, donde constituyen un 4,7 % del total de la población de ese país.2 Es verdad que, a veces en proporciones muy modestas, podían y pueden encontrarse cubanos en casi todos los estados de la Unión, pero también lo es el hecho de que la gran mayoría haya decidido vivir en el Gran Miami, bien en el mismo corazón de la ciudad, bien en zonas periféricas. La preferencia por Miami es cada vez más explicable: la cercanía geográfica a las costas cubanas, la semejanza climatológica y, sobre todo, la creciente «atmósfera» cubana que domina este enclave,3 y en la que ocupa un lugar destacado el manejo asiduo del español en la vida pública, que han dado a esta ciudad, desde el principio de las inmigraciones, una cohesión sociocultural única entre los núcleos hispánicos de Estados Unidos: Miami es la «capital del exilio» y su meca, la ciudad «cubana» de mayor población, inmediatamente después de La Habana.

Aunque en esta ciudad floridana conviven inmigrantes procedentes de otros países de habla española, en su mayoría centroamericanos y caribeños, los cubanos constituyen hoy algo más de un 70 % de los hispanohablantes de la ciudad; aun en el condado de Dade, extenso territorio en el que está enclavado Miami, la población cubana es de un 30 %, cifras que por fuerza acarrean influencias culturales y económicas de gran peso.4

En 1961, el recién fundado Cuban Refugee Program, deseando aliviar las «presiones» generadas por el gran número de cubanos en Miami, y en el sur de la Florida en general, diseñó y ejecutó un amplio plan de relocalizaciones. Entre febrero de ese mismo año y agosto de 1978, 300.232 personas fueron trasladadas a diferentes estados, principalmente a Nueva York, Nueva Jersey, California e Illinois. El Programa obtuvo un éxito sobresaliente en aquel momento, pues logró alejar del enclave miamense a un 64 % de todos los cubanos llegados en esa época.5 Pero a partir de 1972 comenzó a producirse un fuerte proceso de retorno. El abandono de aquellas residencias —convertidas de facto en provisionales— logró que en 1980, el porcentaje de cubanos que vivía en la zona subiera de un 48 a un 52% (Pérez, 1985: 30).

La concentración cubana en el sur de la Florida aumentó en 1980 con la llegada de los marielitos, la mayoría de los cuales permaneció en Miami. La década siguiente ha hecho crecer aún más estas proporciones, gracias a la llegada de nuevos inmigrantes, los balseros, y a los jubilados, que tras años de trabajo en otros lugares del país, regresaban a la «meca». En 1990, Miami era ya la tercera gran concentración de hispanos de Estados Unidos, solo superada por Los Ángeles y Nueva York, cuyos primeros asentamientos databan de mucho tiempo atrás. Miami es hoy la primera zona metropolitana de Estados Unidos de más de dos millones de habitantes con una mayoría hispana (Wallace, 1991: 1A). Gráfico 1

Esta importante concentración marca una diferencia radical con respecto a mexicanos y puertorriqueños, los grupos más populosos de inmigrantes hispanos en Estados Unidos, que, por el contrario, han venido dispersándose cada vez más de sus lugares de origen.

  • (1) Aquí actualiza los datos ofrecidos en un trabajo de 1992, pero publicado cuatro años más tarde (para la bibliografía más reciente sobre el tema, cf. Morales y Cardona, 1999). volver
  • (2) Con excepción de Estados Unidos, los destinos más frecuentes fueron Puerto Rico, diversos países hispanoamericanos —Venezuela y México entre los favoritos— y España, aunque en ocasiones estos lugares fueron transitorios. De todos ellos, el exilio más estudiado ha sido el de Puerto Rico. De la amplia bibliografía existente, véase Esteve (1984), Montaner (1991), y Cobas y Duany (1995), trabajos que se complementan entre sí. volver
  • (3) Un neoyorquino, David Rieff (1987: 224), afirmaba hace más de diez años que «Cubans have largely taken control of the “athmosphere” of the city», lo que indudablemente lleva a su conclusión «Cubans are probably the only people who really do feel confortable in Dade County these days [...] and Miami is their own town» (la cursiva es mía). Las obsesiones de Rieff, que no son ni aisladas ni esporádicas, siguen hoy en pie, incluso mucho más fortalecidas. volver
  • (4) Pérez (1992) ofrece estas y otras estadísticas de interés. Repárese también en el hecho concomitante de que los cubanos son la mayoría —un 56 %— de todos los individuos de la zona nacidos en el extranjero. volver
  • (5) Según Prohías y Casal (1973: 109), el período más intenso de relocalizaciones se produce entre 1965, y 1973. En el primero de estos años, un 42 % de los cubanos vivía todavía en el condado de Dade; cinco años después, y a pesar de que no cesaban las olas inmigratorias, era sólo de un 40 %. volver
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