 |

|
A la vista de los datos expuestos, estamos en disposición
de extraer algunas conclusiones:
La sociedad de la información
está en pleno desarrollo, y su futuro es muy promisorio.
La expansión de la sociedad de la
información no se da por igual en todas las lenguas: el inglés se ha visto beneficiado
mucho más que cualquier otro idioma.
El español empieza a quedar
relegado o, cuando menos, desaprovecha las inmensas posibilidades que esta sociedad
globalizada le ofrece.
El buen ritmo de crecimiento de
internautas en los países hispanohablantes no se está viendo afectado por el frenazo del
español en la red.
|
 |
Es decir, nos enfrentamos a un problema grave, de fondo, que va más allá de los límites
lingüísticos o culturales. Parecería darse una cierta resignación por parte de los que
hablamos en español. Asumimos que el idioma natural, la lingua franca en nuestras
relaciones con las nuevas tecnologías ha de ser el inglés, y que el español está para
otras cosas: la vida familiar, la literatura. Al coincidir casi exactamente las capas
sociales que disfrutan de mejor educación conocimiento fluido del idioma
inglés y las que tienen acceso a las modernas tecnologías, no se echa de menos ni
se demanda un internet en español. En un elevadísimo porcentaje, mayor cuanto menor es
el PIB per cápita del país, el individuo argentino, mexicano o español que dispone de
los medios económicos para adquirir los equipos y pagar la conexión a la red, también
tiene al inglés como lengua de uso frecuente.Y así, vamos dejándonos llevar hacia un modelo de
relaciones donde la tecnología, las ciencias y la economía las hablamos y vivimos en
inglés, y sólo para el resto «todo lo que no es globalizable» conservamos la
lengua de nuestros mayores.
Pues bien, hay que combatir
activamente este tipo de planteamientos, que parecen desconocer o menospreciar la
influencia real que tiene en nuestras vidas en todos los aspectos, también en la
cultura el actual modelo de relaciones sociales y económicas que se conoce como
sociedad de la información.
Si se nos acepta, por tanto, este
discurso circular que parte de la lengua, soporte fundamental de la información (la cual,
a su vez, es la base de la sociedad de la información, cuya influencia en nuestras vidas
supera ampliamente los aspectos tecnológicos para avanzar sobre la economía, la cultura
y las relaciones personales), llegamos otra vez al idioma y comprendemos así que es parte
de un engranaje, un eslabón de la cadena, que no podemos despachar desde posiciones
simplistas. Lo cierto es que la lengua es parte, y parte fundamental, de este negocio, y
así debemos considerarla si la queremos salvar de los indudables peligros que la acechan. |

|
No está mal que nos refiramos a nuestro idioma
desde la pulcritud de su vocabulario, la armonía de su sintaxis o la belleza de sus
textos; pero hoy existen otros temas más urgentes para debatir:
Si la aplicación de las nuevas
tecnologías aporta ventajas para la enseñanza, promoción y defensa del idioma español.
Si lo que se ha venido en
denominar «industrias de la lengua», que abarcan desde la traducción automática a los
conversores voz-texto, están suficientemente desarrolladas en nuestro idioma.
Si podemos mejorar la capacidad
del español para generar los neologismos que el desarrollo tecnológico demanda.
Si la estructura de nuestro idioma
es adecuada en términos fonéticos, ortográficos, sintácticos y semánticos para su uso
en las redes globales, y cómo corregir las posibles deficiencias.
Si los grupos económicos de
países hispanohablantes comprometidos con nuestro idioma van a estar o no presentes en el
selecto club de grandes consorcios multinacionales que dominarán el negocio de la
comunicación en un futuro inmediato.
Si, además de en términos
sentimentales, somos capaces de pensar en nuestra lengua como el bien económico que
indiscutiblemente es: nuestro mayor activo en ese gran mercado global que es la sociedad
de la información.
En definitiva, si las
instituciones públicas y privadas van a dar una respuesta a la necesidad económica,
social y política de colocar la lengua española, dentro de la sociedad de la
información, en el lugar que le debería corresponder por su importancia demográfica y
cultural; lugar del que, desgraciadamente, estamos hoy muy lejos.
|
|
|
|
|
|