Francisco A. Marcos Marín
El universo de la lengua española castellana contiene elementos constitutivos que favorecen los esfuerzos que se hagan por lograr una coordinación y buscar un desarrollo convergente, lo cual es compatible con que diste mucho de ser uniforme. Las diferencias que existen entre los hablantes y las sociedades en las que vivimos se materializan en grados diversos de desarrollo, con su reflejo en una completa gama de infraestructuras, que va desde la carencia hasta la adecuación a los requisitos de la sociedad postindustrial, a veces en el mismo país. La capacidad adquisitiva y los niveles educativos también son heterogéneos. Algunos sectores pueden hacer frente al futuro por sí solos, otros necesitarán apoyo para lograrlo. Es preciso recordar a los hispanohablantes europeos que el español del siglo xxi o será americano o no será, y que España tiene todavía un papel que representar en la construcción de la cultura hispánica. Ese papel es parte de su actividad histórica y está ligado a los fundamentos de la cultura española, pero también es una de las garantías de futuro si, como se desprende de los estudios más recientes, la economía española, a partir del 2002, fuera impulsada por las telecomunicaciones, en primer lugar, por delante de cualquier otro factor de desarrollo económico. En 1998 las tecnologías de la información (entendidas como concepto amplio) movieron en España 40.267,8 millones de euros (6,7 billones de pesetas), un crecimiento de un 14 por ciento del mercado interno en un año. Estos incrementos no corresponden a venta de máquinas, puesto que el mercado del hardware descendió en casi un 1 por ciento. En este sentido, España empieza a tener un parque estable de aparatos, que son todavía un potente motor de crecimiento de la actividad económica en Argentina o Chile. El primer país en número de hispanohablantes, México, vive sometido a la presión tremenda, también lingüística, de la primera potencia del mundo, con quien comparte una larguísima y compleja frontera, además de buen número de ciudadanos que, sumados a los otros hispanos, convierten a un país como Estados Unidos en el tercero o cuarto de los que hablan español.
La década de 1990 se ha caracterizado, en lo que se refiere a la informatización del español, por un movimiento pendular. En su primera mitad, una serie de «visionarios» intentaron convencer a la sociedad hispanohablante de que el mundo global de las comunicaciones no era una fantasía y era necesario poner el español a la altura de otras lenguas, para las que se estaba consolidando un mercado. A partir de 1995, fecha en la que, al parecer, ese convencimiento llegó a hacerse inevitable para todas las instancias de la lengua española, asistimos a un movimiento de vuelta del péndulo, impulsado por una serie de «conversos», que dio origen a un conjunto de mitos y ritos sobre el español en internet, con el riesgo de desenfocar el cuadro. Entendemos que el año final del siglo xx debe aprovecharse para intentar llegar al 2001 con algunas cosas claras, que permitan invertir esfuerzo y dinero en proyectos fiables, y desearíamos que este informe contribuyera a ello, con una serie de objetivos y límites:
En este trabajo estamos más interesados en la reflexión que en la acumulación de datos, gráficos y estadísticas. Para quienes están más interesados en los aspectos cuantitativos que en el análisis y la reflexión, daremos referencias de las direcciones de la red a las que se puede acceder para obtener grandes cantidades de estos datos.
Desde luego, es grato reconocer que la reflexión es posible porque contamos con el trabajo previo de centenares de encuestadores, contadores, programadores y editores que dedican la mayor parte de su vida laboral a proporcionar cifras y permitir ampliar la perspectiva. Muy especialmente, estamos pensando en el equipo que redactó, con nuestra dirección, el informe de Fundesco sobre La lengua española en las autopistas de la información (1996) y en los redactores de diversos artículos técnicos de los Anuarios del Instituto Cervantes que precedieron al que hoy alberga estas páginas. Al redactarlas no hemos podido tener en las manos el último informe de la International Telecommunication Union, aún no distribuido, pero sí su resumen Challenges to the Network. Internet for Development. Executive Summary, de octubre de 1999. También hemos contado con un buen número de publicaciones distribuidas electrónicamente por la Unión Europea, especialmente un amplio número de resúmenes de informes de Andersen Consulting (a los que hay que añadir otros de distribución directa), así como las actas de varias reuniones de comisiones de estudio de la legislación para el comercio electrónico, la venta directa por correo y otros aspectos de las comunicaciones que inciden en la vida de la lengua.