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En este contexto, en el que los
factores que determinan el incesante crecimiento del número de personas que hablan
español en EE.UU. son tanto internos como externos, y en el que las Administraciones y
las instituciones educativas han hecho de la lengua española un objetivo muy importante
para la enseñanza y el aprendizaje, las intervenciones que pudieran tener otros países
interesados en el futuro del idioma español no pueden omitir el considerar y valorar
estos hechos.
Es así que aun teniendo cabida
tanto iniciativas dirigidas a colaborar con las instituciones norteamericanas en el
proceso de consolidación de una oferta de enseñanza del español amplia y de calidad
(iniciativas de cooperación educativa) y las que se orientan a llevar a la práctica
programas de enseñanza o promoción del español a través de instituciones propias
(iniciativas de política educativa),16 no cabe duda de que las primeras son las que realmente se justifican en un país
como EE.UU.
Abundan en la pertinencia de aplicar
en EE.UU. el modelo de cooperación educativa para contribuir a la consolidación de la
lengua española como una materia curricular en el sistema escolar norteamericano las
propias dimensiones y complejidad de este país, que harían inviable una política
educativa basada en una oferta directa de enseñanza de la lengua española a través de
instituciones propias. |

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Con o sin cooperación educativa de terceros países (los de habla española en general y
de España en particular), el futuro del español en EE.UU. está asegurado, y su
condición de segunda lengua mayoritaria es fácil de pronosticar. Lo que resulta más
difícil de predecir es cómo será el español que se hable en EE.UU. dentro de un siglo,
y cuáles serán sus diferencias respecto del que se habla en países en los que es la
primera lengua.
Las alteraciones que sufre en su
fonética, vocabulario o estructura la lengua española que se habla en EE.UU. ya son
ostensibles en el momento actual, a pesar de que todavía está muy viva la inmigración
de ciudadanos procedentes de países en los que se habla español sin apenas o con
no significativas concesiones a otros idiomas, lo que mantiene el idioma sin
modificaciones acusadas; modificaciones que no obstante ya empiezan a ser claras en los
«hispanos» que han nacido y/o se han educado en EE.UU.
No parece, sin embargo, que quepa
hacer pronósticos, sin cautelas, desde la situación del español en los hablantes
nacidos/educados en EE.UU., ya que el creciente número de personas que hablan español, y
su localización preferente en determinadas zonas geográficas, junto con la creciente
presencia de este idioma en el sistema escolar y en los medios de comunicación, pudieran
ser factores con incidencia significativa en la capacidad de este idioma para ser
modificado por la masiva presencia y utilización de la lengua inglesa por quienes lo
utilizan en sus relaciones familiares o personales. |