Gonzalo Gómez Dacal
En este contexto, en el que los factores que determinan el incesante crecimiento del número de personas que hablan español en EE.UU. son tanto internos como externos, y en el que las Administraciones y las instituciones educativas han hecho de la lengua española un objetivo muy importante para la enseñanza y el aprendizaje, las intervenciones que pudieran tener otros países interesados en el futuro del idioma español no pueden omitir el considerar y valorar estos hechos.
Es así que aun teniendo cabida tanto iniciativas dirigidas a colaborar con las instituciones norteamericanas en el proceso de consolidación de una oferta de enseñanza del español amplia y de calidad (iniciativas de cooperación educativa) y las que se orientan a llevar a la práctica programas de enseñanza o promoción del español a través de instituciones propias (iniciativas de política educativa),16 no cabe duda de que las primeras son las que realmente se justifican en un país como EE.UU.
Abundan en la pertinencia de aplicar en EE.UU. el modelo de cooperación educativa para contribuir a la consolidación de la lengua española como una materia curricular en el sistema escolar norteamericano las propias dimensiones y complejidad de este país, que harían inviable una política educativa basada en una oferta directa de enseñanza de la lengua española a través de instituciones propias.
Con o sin cooperación educativa de terceros países (los de habla española en general y de España en particular), el futuro del español en EE.UU. está asegurado, y su condición de segunda lengua mayoritaria es fácil de pronosticar. Lo que resulta más difícil de predecir es cómo será el español que se hable en EE.UU. dentro de un siglo, y cuáles serán sus diferencias respecto del que se habla en países en los que es la primera lengua.
Las alteraciones que sufre en su fonética, vocabulario o estructura la lengua española que se habla en EE.UU. ya son ostensibles en el momento actual, a pesar de que todavía está muy viva la inmigración de ciudadanos procedentes de países en los que se habla español sin apenas o con no significativas concesiones a otros idiomas, lo que mantiene el idioma sin modificaciones acusadas; modificaciones que no obstante ya empiezan a ser claras en los «hispanos» que han nacido y/o se han educado en EE.UU.
No parece, sin embargo, que quepa hacer pronósticos, sin cautelas, desde la situación del español en los hablantes nacidos/educados en EE.UU., ya que el creciente número de personas que hablan español, y su localización preferente en determinadas zonas geográficas, junto con la creciente presencia de este idioma en el sistema escolar y en los medios de comunicación, pudieran ser factores con incidencia significativa en la capacidad de este idioma para ser modificado por la masiva presencia y utilización de la lengua inglesa por quienes lo utilizan en sus relaciones familiares o personales.